sábado, 31 de octubre de 2009

¿Qué es un Hypermiler?

Vía Muy Interesante

Roland Emmerich

Vía Muy Interesante

Cleaner

Dirección: Renny Harlin.
País: USA.
Año: 2007.
Duración: 90 min.
Género: Thriller.
Interpretación: Samuel L. Jackson (Tom Cutler), Ed Harris (Eddie Lorenzo), Eva Mendes (Ann Norcut), Luis Guzmán (detective Wallace), Keke Palmer (Rose Cutler), Robert Forster (Arlo Grange), Maggie Lawson (Cherie), Edrick Browne (detective Darrin).
Guión: Matthew Aldrich.
Producción: Avi Lerner, Michael P. Frannigan, Samuel L. Jackson, Steve Golin, Alix Madigan-Yorkin y Lati Grobman.
Música: Richard Gibbs.
Fotografía: Scott Kevan.
Montaje: Brian Berdan.
Diseño de producción: Richard Berg.
Vestuario: Susanna Puisto.

Tras haber visto y comentado 12 rounds (del mismo director, Renny Harlin y todavía no estrenada en España), esta producción es una perita en dulce. No hay la traca pirotécnica de la anterior, pero nos encontramos ante un thriller solvente y convencional, paradigma de la previsibilidad. Está claro que los guionistas no saben con qué historia sorprendernos.

En esta ocasión el protagonista es Tom, un limpiador, el Cleaner que da nombre a la cinta, quien aparece tras la escena del crimen, para devolver el ambiente a su estado natural. Un buen día recibe un aviso para ir a un domicilio. El precinto policial está cortado. Se encuentra con un sofá blanco regado con sangre y despojos humanos. Lo deja todo como los chorros del oro y cuando al día siguiente va a la misma casa a cobrar, quien le atiende es una mujer, Ann, que dice no haber precisado sus servicios.

Tom no da crédito y comienza a investigar. El muerto no es otro que el tesorero de un alto mando policial, un tal Vaughn, a quien lo le vemos en toda la película, que tiene comprado a buena parte del cuerpo de policía. La mujer del presunto difunto se relacionará con Tom, el cual no quiere salir a la luz pues en el pasado hizo algunos trabajillos para Vaughn. Debe Tom cuidar también de su hija, la cual no tiene madre, pues ésta fue asesinada. El padrino de la hija de Tom se llamada Eddie que como no podía ser de otro modo, no es trigo limpio y cierra el círculo completando la nómina de sospechosos.

Apuntar que la película está hecha sin grandes efectismos (nada que ver con la citada 12 rounds), tampoco hay nada que la haga sobresaliente. Samuel L. Jackson y Ed Harris cumplen en sus respectivos papeles. Eva Mendes, la compungida viuda, no se nos muestra tan sexy como de costumbre. La historia deviene en un thriller de suspense, que apenas intriga, dado que en un espacio tan cerrado, no hay margen para la elucubración y la historia además de un refrito sin mucho sabor a duras penas logra entretener.

Cleaner ya está en los cines por si queréis verla. Ha tardado un par de años en estrenarse. ¿por qué será?. Se me ocurren muchas maneras de gastarme 8 euros.

viernes, 30 de octubre de 2009

jueves, 29 de octubre de 2009

El Congreso aprueba la ley de seguridad vial que instaura las multas 'express'

Rubalcaba: "No sancionamos por placer, sino para que la gente no lo vuelva a hacer"
Consulta todos los cambios de la nueva ley de tráfico en EL PAÍS.com

Los que quieren pagar lo tendrán más fácil, y aquellos que no deseen hacerlo sufrirán el cerco del nuevo procedimiento sancionador, que se asemeja a la filosofía de los juicios rápidos, acercando la sanción al momento en que el conductor comete la infracción. La reforma de la Ley de Seguridad Vial, la que establece las multas express, ha recibido hoy el beneplácito definitivo del Congreso, con importantes discrepancias entre los grupos parlamentarios, especialmente del PP.

• 5.000 profesores de autoescuela menos desde enero
• El Gobierno salva en el último momento la ley de las 'multas express'

El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, señaló esta mañana en el hemiciclo que la nueva norma supondrá un régimen sancionador "más inmediato", que, sin embargo, no lesiona ningún derecho de defensa de los conductores. "Todos estamos de acuerdo en que cuanto más cerca esté el castigo de la infracción tanto mayor es su valor pedagógico", ha subrayado el titular de Interior, que ha insistido en que "no castigamos por el placer de hacerlo, sino para que la gente no lo vuelva a hacer". Rubalcaba aseguró que se trata de un sistema más fácil de gestionar para la administración y más transparente para el ciudadano. Y señaló que sólo perjudicará a los infractores que deseen "aprovechar la hojarasca administrativa para escabullirse".

Por último, el ministro subrayó que "hoy las carreteras son más seguras" y que desde 2003 "2.000 personas no han perdido la vida gracias, entre otras cosas, a la labor legislativa de esta Cámara", en referencia a la aprobación de la ley del permiso por puntos y a la reforma del Código Penal en materia de seguridad vial.

Durante la fijación de posiciones de los distintos grupos, el Grupo Popular por boca de su portavoz Federico Souvirón mostró su rotundo rechazo a la reforma, porque considera que "tiene poco que ver con la seguridad vial, sino con la recaudación rápida a costa de los derechos de los ciudadanos". Ha calificado la reforma de "barbaridad en términos jurídicos" y constituye una más en el listado de "adherencias indeseables" que, dijo, "eliminaremos cuando lleguemos al Gobierno".

Por su parte, Juan Carlos Corcuera, portavoz del Grupo Socialista ha indicado que la nueva norma "establece unas reglas claras y transparentes y acaba con un sistema largo y farragoso" que podía prolongarse entre cinco meses y dos años, y ha destacado que se han reducido de 27 a 20 los supuestos que restan puntos.

El grueso de la ley entrará en vigor dentro de seis meses, salvo en el caso de las sanciones que dejan de restar puntos desde su publicación en el BOE, en los próximos días. Con respecto a éstas se establece, primero, que los expedientes en trámite por estas infracciones se cancelarán de oficio y que los agentes dejarán de multar inmediatamente por estos conceptos. El Tablón Edictal electrónico (que sustituirán a los boletines provinciales) donde se publicarán las denuncias que no hayan podido ser notificadas estará en funcionamiento en un año.

Estas son las principales novedades de la ley:
Multas express
La nueva ley establece un descuento del 50% por pronto pago de las multas, es decir, si se abona el importe en 20 días naturales tras la notificación de la sanción. Este punto ha sufrido varias modificaciones desde que comenzó la tramitación de la ley. En un primer momento sólo se contemplaba el 40% de descuento y el plazo estipulado para el pronto pago era de 15 días naturales; posteriormente se subió al 50%; y al final el Senado mantuvo el porcentaje de descuento en la mitad del monto de la sanción y se aumentó el plazo para poder pagar o presentar alegaciones a 20 días naturales. La ley que se vota hoy establece que el presunto infractor deberá recibir en dos ocasiones la notificación, y no una como establecía una versión anterior del texto.

Los radares
La nueva ley va enfocada fundamentalmente a modificar el sistema sancionador, pero también se ha actualizado la tabla de sanciones que restan puntos. La sanción que más se endurece es la de usar sistemas para intentar interceptar la señal de los radares. Es decir, no está permitido nada que vaya más allá de las tradicionales bases de datos de los GPS. Las sanciones que dejan de restar puntos, como por ejemplo el aparcar o estacionar en el carril bus, lo harán desde el mismo día de la aprobación de la norma. También se archivarán los expedientes abiertos desde que comenzó a tramitarse la reforma, en diciembre de 2008, por sanciones que dejan ahora de quitar puntos.

Los márgenes de error
Entre las novedades que contempla el texto se encuentra la aclaración de que Tráfico no multará a partir del primer kilómetro de exceso de velocidad, sino que respetará los márgenes de error de los radares, que están entre el 3% y el 10%.

Para intentar que los infractores morosos sigan quedando impunes, la nueva norma establece que cuando un automovilista tenga sin pagar cuatro sanciones firmes por infracciones graves o muy graves se impedirá que pueda realizar gestiones en Tráfico con los vehículos de los que es titular.

El lobby cazador también tuvo su papel en el proyecto. El Grupo Popular y CiU unieron sus fuerzas para que no se descolgara del texto una enmienda que exime de responsabilidad a los dueños de cotos de caza en caso de que uno de los animales de estos espacios provoque un accidente.

El dinero de las multas, para las víctimas
El dinero que se recaude con las multas irá destinado a la mejora de la seguridad vial y las víctimas de accidentes de tráfico. Además, el texto exige al Gobierno que en el plazo de un año revise las condiciones de la señalización vertical.

Un precepto permite a la grúa retirar los vehículos de las zonas de estacionamiento regulado (las conocidas zonas azules). La grúa podrá actuar en caso de que el automovilista no haya abonado ni un euro o en caso de que (y esta es la novedad) se exceda el triple del tiempo abonado.

ELSA GRANDA - Madrid - 29/10/2009
EL PAÍS

Peridids y la Política

EL PAÍS

Espectaculo abyecto

Aguirre moviliza a sus fieles y lleva el pulso por el poder en Caja Madrid hasta el Ayuntamiento.

El pulso cainita entre las facciones del PP madrileño avanzó ayer imparable hacia las instituciones públicas que dirige el partido. El Grupo Popular del Ayuntamiento de Madrid votó, tras solicitar el concejal aguirrista Ángel Garrido la dimisión de Manuel Cobo, sobre la continuidad en el cargo del vicealcalde y portavoz popular en el Ayuntamiento, perseguido públicamente por las declaraciones a EL PAÍS en las que denunciaba las maneras políticas "de vómito" de Esperanza Aguirre en el conflicto de Caja Madrid. La votación fue favorable al alcalde Ruiz-Gallardón y a Cobo -19 votos rechazaron la destitución y 13 la aprobaron-, pero lo grave del caso es que la terrible división interna del PP ha estallado también en el Ayuntamiento de la capital. La corporación, escenario soterrado en los últimos años de escaramuzas entre aguirristas y gallardonistas, ha quedado ya marcado a la luz pública por diferencias irreconciliables.

Con bastante desfachatez y pocos escrúpulos, la presidenta de Madrid está aplicando la vieja técnica de negociar con una mano y presionar con la otra. Mientras se proclama dispuesta a admitir la candidatura de Rodrigo Rato a la presidencia de Caja Madrid, como quiere Mariano Rajoy, los alcaldes de estricta observancia aguirrista exigen la sanción a Manuel Cobo y en el Ayuntamiento de Madrid cunde la división entre los concejales; mientras asegura que ella no ha pedido la cabeza de Cobo a cambio de aceptar a Rato -lo cual no sería sino una burda forma de chantaje-, califica como "injurias" las declaraciones del vicealcalde y deja bien claro a la dirección nacional del partido cuál es el resultado que espera. Aguirre quiere ganar a cualquier precio esta pugna por el poder en Caja Madrid y para ello parece dispuesta a movilizar a sus fieles y llevar este pulso al escenario político que le convenga.
Rajoy ha evidenciado una vez más que carece de autoridad en el partido; y, como suele suceder cuando falta autoridad, se ha llegado a una situación extrema en la que es obligado un puñetazo encima de la mesa. Aunque Rajoy encuentre la fórmula para sancionar a Cobo sin daño para sí mismo y para el partido, quedarán sin resolver las ambiciones políticas insatisfechas de la presidencia de Madrid y su capacidad para desestabilizar el partido.

Caja Madrid necesita con urgencia un presidente y una nueva dirección que se ponga a trabajar en sus debilidades -elevada morosidad, activos excesivamente dependientes de negocios en recesión- y en las decisiones de recapitalización. Si existe un atisbo de acuerdo entre Rajoy y Aguirre sobre el nuevo presidente, ha de aplicarse sin tardanza. Porque Caja Madrid no es una entidad cuya suerte resulte indiferente para el sistema financiero; el daño que se le cause por desidia o irresponsabilidad lo pagarán también otras cajas, cuyas expectativas de inversión, solvencia y depósitos sufrirán por el descrédito. Por eso, además de un espectáculo político abyecto, los dirigentes del PP están incurriendo en negligencia culposa.

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• Personaje: Esperanza Aguirre
• Los concejales aguirristas fracasan en su intento de destituir a Cobo


Editorial EL PAÍS, 29/10/200
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El gato negro

No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño. Mañana voy a morir y quisiera aliviar hoy mi alma. Mi propósito inmediato consiste en poner de manifiesto, simple, sucintamente y sin comentarios, una serie de episodios domésticos. Las consecuencias de esos episodios me han aterrorizado, me han torturado y, por fin, me han destruido. Pero no intentaré explicarlos. Si para mí han sido horribles, para otros resultarán menos espantosos que barrocos. Más adelante, tal vez, aparecerá alguien cuya inteligencia reduzca mis fantasmas a lugares comunes; una inteligencia más serena, más lógica y mucho menos excitable que la mía, capaz de ver en las circunstancias que temerosamente describiré, una vulgar sucesión de causas y efectos naturales.

Desde la infancia me destaqué por la docilidad y bondad de mi carácter. La ternura que abrigaba mi corazón era tan grande que llegaba a convertirme en objeto de burla para mis compañeros. Me gustaban especialmente los animales, y mis padres me permitían tener una gran variedad. Pasaba a su lado la mayor parte del tiempo, y jamás me sentía más feliz que cuando les daba de comer y los acariciaba. Este rasgo de mi carácter creció conmigo y, cuando llegué a la virilidad, se convirtió en una de mis principales fuentes de placer. Aquellos que alguna vez han experimentado cariño hacia un perro fiel y sagaz no necesitan que me moleste en explicarles la naturaleza o la intensidad de la retribución que recibía. Hay algo en el generoso y abnegado amor de un animal que llega directamente al corazón de aquel que con frecuencia ha probado la falsa amistad y la frágil fidelidad del hombre.
Me casé joven y tuve la alegría de que mi esposa compartiera mis preferencias. Al observar mi gusto por los animales domésticos, no perdía oportunidad de procurarme los más agradables de entre ellos. Teníamos pájaros, peces de colores, un hermoso perro, conejos, un monito y un gato.

Este último era un animal de notable tamaño y hermosura, completamente negro y de una sagacidad asombrosa. Al referirse a su inteligencia, mi mujer, que en el fondo era no poco supersticiosa, aludía con frecuencia a la antigua creencia popular de que todos los gatos negros son brujas metamorfoseadas. No quiero decir que lo creyera seriamente, y sólo menciono la cosa porque acabo de recordarla.

Plutón —tal era el nombre del gato— se había convertido en mi favorito y mi camarada. Sólo yo le daba de comer y él me seguía por todas partes en casa. Me costaba mucho impedir que anduviera tras de mí en la calle.

Nuestra amistad duró así varios años, en el curso de los cuales (enrojezco al confesarlo) mi temperamento y mi carácter se alteraron radicalmente por culpa del demonio. Intemperancia. Día a día me fui volviendo más melancólico, irritable e indiferente hacia los sentimientos ajenos. Llegué, incluso, a hablar descomedidamente a mi mujer y terminé por infligirle violencias personales. Mis favoritos, claro está, sintieron igualmente el cambio de mi carácter. No sólo los descuidaba, sino que llegué a hacerles daño. Hacia Plutón, sin embargo, conservé suficiente consideración como para abstenerme de maltratarlo, cosa que hacía con los conejos, el mono y hasta el perro cuando, por casualidad o movidos por el afecto, se cruzaban en mi camino. Mi enfermedad, empero, se agravaba —pues, ¿qué enfermedad es comparable al alcohol?—, y finalmente el mismo Plutón, que ya estaba viejo y, por tanto, algo enojadizo, empezó a sufrir las consecuencias de mi mal humor.

Una noche en que volvía a casa completamente embriagado, después de una de mis correrías por la ciudad, me pareció que el gato evitaba mi presencia. Lo alcé en brazos, pero, asustado por mi violencia, me mordió ligeramente en la mano. Al punto se apoderó de mí una furia demoníaca y ya no supe lo que hacía. Fue como si la raíz de mi alma se separara de golpe de mi cuerpo; una maldad más que diabólica, alimentada por la ginebra, estremeció cada fibra de mi ser. Sacando del bolsillo del chaleco un cortaplumas, lo abrí mientras sujetaba al pobre animal por el pescuezo y, deliberadamente, le hice saltar un ojo. Enrojezco, me abraso, tiemblo mientras escribo tan condenable atrocidad.

Cuando la razón retornó con la mañana, cuando hube disipado en el sueño los vapores de la orgía nocturna, sentí que el horror se mezclaba con el remordimiento ante el crimen cometido; pero mi sentimiento era débil y ambiguo, no alcanzaba a interesar al alma. Una vez más me hundí en los excesos y muy pronto ahogué en vino los recuerdos de lo sucedido.

El gato, entretanto, mejoraba poco a poco. Cierto que la órbita donde faltaba el ojo presentaba un horrible aspecto, pero el animal no parecía sufrir ya. Se paseaba, como de costumbre, por la casa, aunque, como es de imaginar, huía aterrorizado al verme. Me quedaba aún bastante de mi antigua manera de ser para sentirme agraviado por la evidente antipatía de un animal que alguna vez me había querido tanto. Pero ese sentimiento no tardó en ceder paso a la irritación. Y entonces, para mi caída final e irrevocable, se presentó el espíritu de la perversidad. La filosofía no tiene en cuenta a este espíritu; y, sin embargo, tan seguro estoy de que mi alma existe como de que la perversidad es uno de los impulsos primordiales del corazón humano, una de las facultades primarias indivisibles, uno de esos sentimientos que dirigen el carácter del hombre. ¿Quién no se ha sorprendido a sí mismo cien veces en momentos en que cometía una acción tonta o malvada por la simple razón de que no debía cometerla? ¿No hay en nosotros una tendencia permanente, que enfrenta descaradamente al buen sentido, una tendencia a transgredir lo que constituye la Ley por el solo hecho de serlo? Este espíritu de perversidad se presentó, como he dicho, en mi caída final. Y el insondable anhelo que tenía mi alma de vejarse a sí misma, de violentar su propia naturaleza, de hacer mal por el mal mismo, me incitó a continuar y, finalmente, a consumar el suplicio que había infligido a la inocente bestia. Una mañana, obrando a sangre fría, le pasé un lazo por el pescuezo y lo ahorqué en la rama de un árbol; lo ahorqué mientras las lágrimas manaban de mis ojos y el más amargo remordimiento me apretaba el corazón; lo ahorqué porque recordaba que me había querido y porque estaba seguro de que no me había dado motivo para matarlo; lo ahorqué porque sabía que, al hacerlo, cometía un pecado, un pecado mortal que comprometería mi alma hasta llevarla —si ello fuera posible— más allá del alcance de la infinita misericordia del Dios más misericordioso y más terrible.

La noche de aquel mismo día en que cometí tan cruel acción me despertaron gritos de: —¡Incendio!— Las cortinas de mi cama eran una llama viva y toda la casa estaba ardiendo. Con gran dificultad pudimos escapar de la conflagración mi mujer, un sirviente y yo. Todo quedó destruido. Mis bienes terrenales se perdieron y desde ese momento tuve que resignarme a la desesperanza.

No incurriré en la debilidad de establecer una relación de causa y efecto entre el desastre y mi criminal acción. Pero estoy detallando una cadena de hechos y no quiero dejar ningún eslabón incompleto. Al día siguiente del incendio acudí a visitar las ruinas. Salvo una, las paredes se habían desplomado. La que quedaba en pie era un tabique divisorio de poco espesor, situado en el centro de la casa, y contra el cual se apoyaba antes la cabecera de mi lecho. El enlucido había quedado a salvo de la acción del fuego, cosa que atribuí a su reciente aplicación. Una densa muchedumbre habíase reunido frente a la pared y varias personas parecían examinar parte de la misma con gran atención y detalle. Las palabras —¡extraño!, ¡curioso!— y otras similares excitaron mi curiosidad. Al aproximarme vi que en la blanca superficie, grabada como un bajorrelieve, aparecía la imagen de un gigantesco gato. El contorno tenía una nitidez verdaderamente maravillosa. Había una soga alrededor del pescuezo del animal.
Al descubrir esta aparición —ya que no podía considerarla otra cosa— me sentí dominado por el asombro y el terror. Pero la reflexión vino luego en mi ayuda. Recordé que había ahorcado al gato en un jardín contiguo a la casa. Al producirse la alarma del incendio, la multitud había invadido inmediatamente el jardín: alguien debió de cortar la soga y tirar al gato en mi habitación por la ventana abierta. Sin duda, habían tratado de despertarme en esa forma. Probablemente la caída de las paredes comprimió a la víctima de mi crueldad contra el enlucido recién aplicado, cuya cal, junto con la acción de las llamas y el amoniaco del cadáver, produjo la imagen que acababa de ver.

Si bien en esta forma quedó satisfecha mi razón, ya que no mi conciencia, sobre el extraño episodio, lo ocurrido impresionó profundamente mi imaginación. Durante muchos meses no pude librarme del fantasma del gato, y en todo ese tiempo dominó mi espíritu un sentimiento informe que se parecía, sin serlo, al remordimiento. Llegué al punto de lamentar la pérdida del animal y buscar, en los viles antros que habitualmente frecuentaba, algún otro de la misma especie y apariencia que pudiera ocupar su lugar.

Una noche en que, borracho a medias, me hallaba en una taberna más que infame, reclamó mi atención algo negro posado sobre uno de los enormes toneles de ginebra que constituían el principal moblaje del lugar. Durante algunos minutos había estado mirando dicho tonel y me sorprendió no haber advertido antes la presencia de la mancha negra en lo alto. Me aproximé y la toqué con la mano. Era un gato negro muy grande, tan grande como Plutón y absolutamente igual a éste, salvo un detalle. Plutón no tenía el menor pelo blanco en el cuerpo, mientras este gato mostraba una vasta aunque indefinida mancha blanca que le cubría casi todo el pecho.
Al sentirse acariciado se enderezó prontamente, ronroneando con fuerza, se frotó contra mi mano y pareció encantado de mis atenciones. Acababa, pues, de encontrar el animal que precisamente andaba buscando. De inmediato, propuse su compra al tabernero, pero me contestó que el animal no era suyo y que jamás lo había visto antes ni sabía nada de él.

Continué acariciando al gato y, cuando me disponía a volver a casa, el animal pareció dispuesto a acompañarme. Le permití que lo hiciera, deteniéndome una y otra vez para inclinarme y acariciarlo. Cuando estuvo en casa, se acostumbró a ella de inmediato y se convirtió en el gran favorito de mi mujer.

Por mi parte, pronto sentí nacer en mí una antipatía hacia aquel animal. Era exactamente lo contrario de lo que había anticipado, pero —sin que pueda decir cómo ni por qué— su marcado cariño por mí me disgustaba y me fatigaba. Gradualmente, el sentimiento de disgusto y fatiga creció hasta alcanzar la amargura del odio. Evitaba encontrarme con el animal; un resto de vergüenza y el recuerdo de mi crueldad de antaño me vedaban maltratarlo. Durante algunas semanas me abstuve de pegarle o de hacerlo víctima de cualquier violencia; pero gradualmente —muy gradualmente— llegué a mirarlo con inexpresable odio y a huir en silencio de su detestable presencia, como si fuera una emanación de la peste.

Lo que, sin duda, contribuyó a aumentar mi odio fue descubrir, a la mañana siguiente de haberlo traído a casa, que aquel gato, igual que Plutón, era tuerto. Esta circunstancia fue precisamente la que lo hizo más grato a mi mujer, quien, como ya dije, poseía en alto grado esos sentimientos humanitarios que alguna vez habían sido mi rasgo distintivo y la fuente de mis placeres más simples y más puros.

El cariño del gato por mí parecía aumentar en el mismo grado que mi aversión. Seguía mis pasos con una pertinencia que me costaría hacer entender al lector. Dondequiera que me sentara venía a ovillarse bajo mi silla o saltaba a mis rodillas, prodigándome sus odiosas caricias. Si echaba a caminar, se metía entre mis pies, amenazando con hacerme caer, o bien clavaba sus largas y afiladas uñas en mis ropas, para poder trepar hasta mi pecho. En esos momentos, aunque ansiaba aniquilarlo de un solo golpe, me sentía paralizado por el recuerdo de mi primer crimen, pero sobre todo —quiero confesarlo ahora mismo— por un espantoso temor al animal.

Aquel temor no era precisamente miedo de un mal físico y, sin embargo, me sería imposible definirlo de otra manera. Me siento casi avergonzado de reconocer, sí, aún en esta celda de criminales me siento casi avergonzado de reconocer que el terror, el espanto que aquel animal me inspiraba, era intensificado por una de las más insensatas quimeras que sería dado concebir. Más de una vez mi mujer me había llamado la atención sobre la forma de la mancha blanca de la cual ya he hablado, y que constituía la única diferencia entre el extraño animal y el que yo había matado. El lector recordará que esta mancha, aunque grande, me había parecido al principio de forma indefinida; pero gradualmente, de manera tan imperceptible que mi razón luchó durante largo tiempo por rechazarla como fantástica, la mancha fue asumiendo un contorno de rigurosa precisión. Representaba ahora algo que me estremezco al nombrar, y por ello odiaba, temía y hubiera querido librarme del monstruo si hubiese sido capaz de atreverme; representaba, digo, la imagen de una cosa atroz, siniestra…, ¡la imagen del patíbulo! ¡Oh lúgubre y terrible máquina del horror y del crimen, de la agonía y de la muerte!

Me sentí entonces más miserable que todas las miserias humanas. ¡Pensar que una bestia, cuyo semejante había yo destruido desdeñosamente, una bestia era capaz de producir tan insoportable angustia en un hombre creado a imagen y semejanza de Dios! ¡Ay, ni de día ni de noche pude ya gozar de la bendición del reposo! De día, aquella criatura no me dejaba un instante solo; de noche, despertaba hora a hora de los más horrorosos sueños, para sentir el ardiente aliento de la cosa en mi rostro y su terrible peso —pesadilla encarnada de la que no me era posible desprenderme— apoyado eternamente sobre mi corazón.

Bajo el agobio de tormentos semejantes, sucumbió en mí lo poco que me quedaba de bueno. Sólo los malos pensamientos disfrutaban ya de mi intimidad; los más tenebrosos, los más perversos pensamientos. La melancolía habitual de mi humor creció hasta convertirse en aborrecimiento de todo lo que me rodeaba y de la entera humanidad; y mi pobre mujer, que de nada se quejaba, llegó a ser la habitual y paciente víctima de los repentinos y frecuentes arrebatos de ciega cólera a que me abandonaba.

Cierto día, para cumplir una tarea doméstica, me acompañó al sótano de la vieja casa donde nuestra pobreza nos obligaba a vivir. El gato me siguió mientras bajaba la empinada escalera y estuvo a punto de tirarme cabeza abajo, lo cual me exasperó hasta la locura. Alzando un hacha y olvidando en mi rabia los pueriles temores que hasta entonces habían detenido mi mano, descargué un golpe que hubiera matado instantáneamente al animal de haberlo alcanzado. Pero la mano de mi mujer detuvo su trayectoria. Entonces, llevado por su intervención a una rabia más que demoníaca, me zafé de su abrazo y le hundí el hacha en la cabeza. Sin un solo quejido, cayó muerta a mis pies.

Cumplido este espantoso asesinato, me entregué al punto y con toda sangre fría a la tarea de ocultar el cadáver. Sabía que era imposible sacarlo de casa, tanto de día como de noche, sin correr el riesgo de que algún vecino me observara. Diversos proyectos cruzaron mi mente. Por un momento pensé en descuartizar el cuerpo y quemar los pedazos. Luego se me ocurrió cavar una tumba en el piso del sótano. Pensé también si no convenía arrojar el cuerpo al pozo del patio o meterlo en un cajón, como si se tratara de una mercadería común, y llamar a un mozo de cordel para que lo retirara de casa. Pero, al fin, di con lo que me pareció el mejor expediente y decidí emparedar el cadáver en el sótano, tal como se dice que los monjes de la Edad Media emparedaban a sus víctimas.

El sótano se adaptaba bien a este propósito. Sus muros eran de material poco resistente y estaban recién revocados con un mortero ordinario, que la humedad de la atmósfera no había dejado endurecer. Además, en una de las paredes se veía la saliencia de una falsa chimenea, la cual había sido rellenada y tratada de manera semejante al resto del sótano. Sin lugar a dudas, sería muy fácil sacar los ladrillos en esa parte, introducir el cadáver y tapar el agujero como antes, de manera que ninguna mirada pudiese descubrir algo sospechoso.

No me equivocaba en mis cálculos. Fácilmente saqué los ladrillos con ayuda de una palanca y, luego de colocar cuidadosamente el cuerpo contra la pared interna, lo mantuve en esa posición mientras aplicaba de nuevo la mampostería en su forma original. Después de procurarme argamasa, arena y cerda, preparé un enlucido que no se distinguía del anterior y revoqué cuidadosamente el nuevo enladrillado. Concluida la tarea, me sentí seguro de que todo estaba bien. La pared no mostraba la menor señal de haber sido tocada. Había barrido hasta el menor fragmento de material suelto. Miré en torno, triunfante, y me dije: —Aquí, por lo menos, no he trabajado en vano—.
Mi paso siguiente consistió en buscar a la bestia causante de tanta desgracia, pues al final me había decidido a matarla. Si en aquel momento el gato hubiera surgido ante mí, su destino habría quedado sellado, pero, por lo visto, el astuto animal, alarmado por la violencia de mi primer acceso de cólera, se cuidaba de aparecer mientras no cambiara mi humor. Imposible describir o imaginar el profundo, el maravilloso alivio que la ausencia de la detestada criatura trajo a mi pecho. No se presentó aquella noche, y así, por primera vez desde su llegada a la casa, pude dormir profunda y tranquilamente; sí, pude dormir, aun con el peso del crimen sobre mi alma.

Pasaron el segundo y el tercer día y mi atormentador no volvía. Una vez más respiré como un hombre libre. ¡Aterrado, el monstruo había huido de casa para siempre! ¡Ya no volvería a contemplarlo! Gozaba de una suprema felicidad, y la culpa de mi negra acción me preocupaba muy poco. Se practicaron algunas averiguaciones, a las que no me costó mucho responder. Incluso hubo una perquisición en la casa; pero, naturalmente, no se descubrió nada. Mi tranquilidad futura me parecía asegurada.

Al cuarto día del asesinato, un grupo de policías se presentó inesperadamente y procedió a una nueva y rigurosa inspección. Convencido de que mi escondrijo era impenetrable, no sentí la más leve inquietud. Los oficiales me pidieron que los acompañara en su examen. No dejaron hueco ni rincón sin revisar. Al final, por tercera o cuarta vez, bajaron al sótano. Los seguí sin que me temblara un solo músculo. Mi corazón latía tranquilamente, como el de aquel que duerme en la inocencia. Me paseé de un lado al otro del sótano. Había cruzado los brazos sobre el pecho y andaba tranquilamente de aquí para allá. Los policías estaban completamente satisfechos y se disponían a marcharse. La alegría de mi corazón era demasiado grande para reprimirla. Ardía en deseos de decirles, por lo menos, una palabra como prueba de triunfo y confirmar doblemente mi inocencia.

—Caballeros —dije, por fin, cuando el grupo subía la escalera—, me alegro mucho de haber disipado sus sospechas. Les deseo felicidad y un poco más de cortesía. Dicho sea de paso, caballeros, esta casa está muy bien construida… (En mi frenético deseo de decir alguna cosa con naturalidad, casi no me daba cuenta de mis palabras). Repito que es una casa de excelente construcción. Estas paredes… ¿ya se marchan ustedes, caballeros?… tienen una gran solidez.

Y entonces, arrastrado por mis propias bravatas, golpeé fuertemente con el bastón que llevaba en la mano sobre la pared del enladrillado tras de la cual se hallaba el cadáver de la esposa de mi corazón.

¡Que Dios me proteja y me libre de las garras del archidemonio! Apenas había cesado el eco de mis golpes cuando una voz respondió desde dentro de la tumba. Un quejido, sordo y entrecortado al comienzo, semejante al sollozar de un niño, que luego creció rápidamente hasta convertirse en un largo, agudo y continuo alarido, anormal, como inhumano, un aullido, un clamor de lamentación, mitad de horror, mitad de triunfo, como sólo puede haber brotado en el infierno de la garganta de los condenados en su agonía y de los demonios exultantes en la condenación.

Hablar de lo que pensé en ese momento sería locura. Presa de vértigo, fui tambaleándome hasta la pared opuesta. Por un instante el grupo de hombres en la escalera quedó paralizado por el terror. Luego, una docena de robustos brazos atacaron la pared, que cayó de una pieza. El cadáver, ya muy corrompido y manchado de sangre coagulada, apareció de pie ante los ojos de los espectadores. Sobre su cabeza, con la roja boca abierta y el único ojo como de fuego, estaba agazapada la horrible bestia cuya astucia me había inducido al asesinato y cuya voz delatadora me entregaba al verdugo. ¡Había emparedado al monstruo en la tumba!

FIN
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viernes, 23 de octubre de 2009

Forges y Aznar

EL PAÍS

¿Es cierto que la leche pierde vitaminas cuando la calientas en el microondas?

Vía Quo

Ensalada de Patatas Alemana

Cocina Ligera

Flor de melocotón, por Josér María Gotarda (Ideal Cocktail Bar, Barcelona)

Ingredientes:
4 cl de ginebra Tanqueray, 2 cl de licor Elderflower, 4 láminas finas de jenjibre fresco, medio melocotón en rodajas finas, 10 cl de Bitter Lemon Fever Tree.

Elaboración:
Batir y mezclar en una coctelera con mucho hielo la ginebra, el licor y jenjibre. Servir en un vaso tipo high-ball o en un vaso alto donde previamente colocaremos unos trozos de melocotón, que machacaremos para obtener su esencia y aroma. Colar la mezcla de la coctelera dos veces oara no dejar elementos es suspensión. Añadir hielo picado, el Bitter Lemon y unas rodajas de limón.
- ANEL FERNÁNDEZ - 13-07-2009
EL PAÍS

jueves, 22 de octubre de 2009

En qué gasta España (Presupuestos Generales del Estado 2008-1010)

Forges y el Caso Gúrtel

EL PAÍS

Windows Mobile, a la caza del smartphone

Microsoft trabaja a contrarreloj para incluir sus Windows Mobile en los celulares, lejos del liderazgo de Nokia y amenazado por el Android de Google y el exclusivo iPhone -La nueva versión 6.5 ofrece más versatilidad y un mercado de aplicaciones abierto a todos los desarrolladores
.
Si hiciéramos una encuesta entre usuarios de teléfonos móviles -y hay más de 44 millones de líneas sólo en España- ni siquiera el 0,001% de ellos sabría con qué sistema operativo funciona su terminal. El cliente identifica su móvil con otras características mucho menos estratégicas. De hecho, los barómetros de hábitos de consumo que hace periódicamente The Phone House, la mayor cadena de distribución de teléfonos, demuestran que el primer motivo por el que se cambia de móvil son las promociones, y el segundo, la avería. A la hora de comprar otro terminal, los potenciales compradores se fijan en la cámara de fotos que incorporan.

Con esta introducción, resulta difícil comprender el revuelo empresarial y, sobre todo, mediático, que se ha armado respecto a la batalla de los sistemas operativos en el móvil. Pero el asunto no es baladí. El móvil es el aparato más popular con el que convive la humanidad.

Hay 4.000 millones de ellos repartidos por el mundo. Los ordenadores apenas superan los 1.000 millones. Hacerse con ese mercado no deja de ser un bocado apetitoso. Microsoft ya lo hizo hace dos décadas en el terreno de la informática con su tan exitoso como controvertido Windows y, desde entonces, no ha soltado ese liderazgo. Ahora nadie quiere dejarle al gigante el terreno libre en el mundo celular.

Symbian
Un sistema operativo controla todo el funcionamiento de un aparato (ya sea el pecé o el móvil), desde la apertura del menú al almacenamiento de archivos, las instalaciones de aplicaciones o la compatibilidad con otros programas externos.

En el móvil, el gigante es Symbian, el sistema operativo apadrinado por Nokia. Si tenemos en cuenta que casi la mitad de los móviles llevan la marca finlandesa es fácil deducir que más del 50% de los móviles se equipan con este sistema. Sin embargo, lo que cuenta no es el mercado total, sino el de los smartphones, los llamados teléfonos inteligentes, es decir, aquellos que no sólo son capaces de hablar y enviar sms sino navegar por Internet, enviar correos electrónicos, procesar archivos multimedia, en resumen, funcionar como ordenadores en miniatura. Son los más caros y, por tanto, los que más márgenes dejan a los fabricantes tanto de hardware como de software.
En ese mundo de los smartphone, también Nokia es el líder pero con mucho menos peso, y con tendencia descendente imparable. Así, a finales del primer trimestre, estaban equipados con Symbian (el sistema de Nokia) el 49,3% de los smartphone, frente al 57% de un año antes, según la consultora Gartner, mientras que Blackberry OS, desarrollado por RIM, subía en ese periodo desde el 13,3% hasta el 20% y el iPhone OS , el sistema del terminal de Apple, doblaba su cuota hasta el 10,8%. Por detrás van Windows Mobile, con un 9%, casi tres puntos menos que el año anterior, y Android, el sistema de Google, que va subiendo. Y luchando por meterse en la clasificación está WebOS, con el que funcionan los Palm.

Sin embargo, se trata de una foto poco representativa. Los smartphones están aún en su prehistoria, y en menos de un año, puede cambiar todo el panorama. Y es que fabricantes de ordenadores como Acer o Dell ya han anunciado que equiparán sus netbook o ultraportátiles con sistemas operativos de móvil como Android, que van a competir con el mismísimo Windows 7.

Esta revolución, que promete un maná de ingresos mucho más jugoso que el de los propios pecés, no puede dejar indiferente a Microsoft. La empresa de Redmond supo ver pronto el potencial de este mercado, y lanzó Windows Mobile en 2003, que competía únicamente con Symbian, en el que entonces se integraban la mayor parte de los fabricantes como Motorola, Samsung o Sony Ericsson. Pero pronto los nuevos teléfonos táctiles le han pillado con el pie cambiado.

La aparición estelar del iPhone y, sobre todo, la amenaza de Android ha forzado a Microsoft a reaccionar. Su recién estrenado Windows Mobile 6.5 va en esa línea de reconquistar el mercado y ganarse el corazón de los fabricantes. Un nuevo interfaz más ágil, la aplicación My Phone, que permite tener una copia de seguridad en la web y, sobre todo, Marketplace, la tienda de aplicaciones, pretende recuperar el terreno período.

De hecho, Microsoft va tras las huellas de Apple en muchos aspectos. Su Marketplace está diseñado para que los desarrolladores cuelguen sus programas libremente a cambio de recibir el 70% de los beneficios que generen. Adivinen qué porcentaje cobra Apple en su tienda App Store. ¡Exactamente el 70%! Como ya ocurre con algunas aplicaciones de Nokia, en su propia tienda Ovi Store, Microsoft permitirá probar cualquier programa durante un día.

LG (Layla), Samsung (Omnia 2), Sony Ericsson (Xperia2), Toshiba (Tg01) y HTC (Touch Diamind 2) van a lanzar terminales con el 6.5.Pese al rediseño del navegador Explorer, equipado con Adobe Flash Lite, que promete experiencias en Internet similares a las del PC, y la compatibilidad inmejorable con los programas Office y el correo Outlook, Microsoft no considera suficientemente actualizado este programa y ya prepara Windows Mobile 7. Por algo será.

La amenaza se llama Android
La competencia es dura y le pisa los talones. Nokia se ha hecho con el control de Symbian y lo ha abierto a los desarrolladores. No conforme con ello, ha comenzado a equipar sus terminales como el N900 con Maemo 5, la plataforma móvil desarrollada sobre Linux que permite, entre otras facilidades las descargas masivas de ficheros a través de programas P2P como eMule o BiTtorren.

Google está echando toda la carne en el asador con su Android, con 10.000 aplicaciones ya disponibles y compañías como LG, Motorola, Samsung y HTC apostando por él. De hecho, Gartner prevé que en 2012, será el segundo sistema operativo. Equipará el 18% de los smartphone, sólo superado por Symbian ((37% de cuota). La firma ofrece perspectivas poco halagüeñas para Windows Mobile, apenas el 9% del mercado, superado por Blackberry e iPhone.

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RAMÓN MUÑOZ 22/10/2009
EL PAÍS

Instalando Windows 7

La mayoría de la gente se cambia de sistema operativo cuando cambia de ordenador; pero para los que quieren adaptarse a Windows 7, éstos son los pasos. El cambio de sistema siempre crea inquietud: archivos que se pierden, programas que dejan de funcionar, webcam incompatibles... Windows 7 no es una excepción. Así que lo primero que hay que hacer es copiar y guardar todos los archivos que no se quieran perder. Los programas se pueden volver a instalar con sus discos originales o actualizar desde sus respectivas páginas, igual que los controladores de los aparatos. Windows 7 advierte que hay dos formas de instalación: la que mantiene una copia de los archivos antiguos, del anterior sistema, y la que borra totalmente el disco y hace una instalación limpia desde cero. Esta última es la más recomendable, pero no guardará nada. Lo mejor sería hacer una limpieza previa del disco duro, un formateo completo, y después instalar el nuevo sistema en una partición del disco para tal fin, algo que es obligatorio si se parte de Windows XP.

TRES VERSIONES 'DOBLES'
El nuevo sistema operativo no tiene una sola versión, hay seis opciones diferentes y una séptima, mucho más reducida que las anteriores, dedicada a los nuevos miniportátiles llamada Windows 7 Starter. Las tres fundamentales son:
Windows 7 Home Premium. Cuesta 199,99 euros, y su actualización, 119,99 euros.
Windows 7 Professional. Cuesta 309 euros, y su actualización, 285 euros.
Windows 7 Ultimate. Cuesta 319 euros, y su actualización, 299 euros.
Todas contienen versiones tanto para 32 bits como para 64 bits.

Las que incluyen una N en el nombre no llevan el reproductor multimedia de Microsoft, Windows Media Player, tal y como establece el acuerdo con la UE.

Lo mismo ocurre con los navegadores. En principio llevará preinstalada una versión mermada de Internet Explorer 8 que mostrará al arrancarse por primera vez una página con los cinco navegadores más populares (Safari, Google, Explorer, Firiefox y Opera) para elegir y, en teoría, eliminar Internet Explorer si se desea. El resto del contenido del DVD es exactamente igual, y tienen los mismos precios.

REQUISITOS TÉCNICOS
Antes que nada, deberá comprobar cuál es la opción que realmente puede instalar en su ordenador, dependiendo del procesador, la cantidad de RAM o el tamaño del disco duro. Las recomendaciones son: procesador de 32 bits (x86) o 64 bits (x64) a un gigahercio (1 GHz); memoria RAM de un gigabyte (1 GB) para 32 bits o memoria RAM de 2 GB para 64 bits; espacio disponible en el disco duro de 16 GB para 32 bits o 20 GB para 64 bits; dispositivo gráfico DirectXC 9 con controlador WDDM 1.0 o superior.

GUÍA DE ELECCIÓN
Microsoft ha puesto al alcance de quien lo desee una aplicación para guiarle en su elección; la encontrará en: www.microsoft.com/windows/windows-7/upgrade-advisor.aspx, el problema es que sólo está en inglés y es una versión beta. Si puede elegir entre varias versiones, decídase por lo que realmente necesita y, sobre todo, por lo que está dispuesto a pagar. Con los precios que tienen ahora los ordenadores, desembolsar 319 euros sólo por el sistema operativo puede no ser la mejor opción, quizá un ordenador nuevo, que ya lleve instalado Windows 7, le cueste menos del doble de lo que vale sólo el sistema operativo.

HOME PREMIUM
La versión más sencilla y económica, Home Premium, puede que sea la más adecuada para el hogar, donde las tareas diarias se centran en el correo electrónico, la navegación por la Red, escuchar música, ver vídeos, crear fácilmente una red doméstica y conectar todos los equipos y las impresoras o jugar en común. Si, además de todo esto, necesita estar conectado con su trabajo de forma segura a través de una red o quiere seguir utilizando aplicaciones que ejecutaba en Windows XP, la versión Professional será su mejor elección. Si es de los que lo necesitan todo, la facilidad de trabajo y entretenimiento de Home, las funciones específicas para la empresa de Professional, ejecutar programas específicos de XP, y todo esto simultáneamente, en varios idiomas y con la máxima seguridad (Bit Locker), su elección será Ultimate, sobre todo teniendo en cuenta que sólo cuesta 10 euros más que la versión precedente, una diferencia tan pequeña cuando se pagan más de 300 euros que puede hacer inútil la versión Professional.

DESDE WINDOWS XP
Si va a optar por una de las opciones de actualización, tenga muy en cuenta que no es lo mismo actualizarse desde Windows XP que desde Windows Vista, siempre con ambos puestos al día y actualizados a los últimos Service Pack. Si es XP, está obligado a comprar la versión Professional o la Ultimate, la Home Premium no le servirá. Además deberá tener mucho cuidado con grabar y guardar todos los archivos y programas que tenga instalados, ya que la instalación de Windows 7 puede borrarle todo el contenido del disco y lo perdería todo. El modo de Windows XP requiere un programa de virtualización, que podrá descargarse gratuitamente, Windows Virtual PC, para poder seguir trabajando con aquellos programas que sólo sean compatibles con XP y no con Windows 7.

DESDE WINDOWS VISTA
Si se actualiza desde Vista, sólo se podrá hacerlo desde una versión a otra basada en la misma arquitectura, 32 o 64 bits. Si se tiene Vista Home Basic o Premium, se puede actualizar a cualquier versión de Windows 7. Si tiene Vista Bussiness, sólo podrá hacerlo a Professional o Ultimate, y si es Vista Ultimate, lo podrá hacer sólo a la equivalente en Windows 7 Ultimate. Si tiene una máquina potente, llena de programas, con varios perfiles de usuario registrados y muchos aparatos conectados al ordenador, tendrá que armarse de paciencia a la hora de actualizarlo, puede que tenga que perder un día completo en ello. Si es de los que entienden de esto, empezará por hacer una o más copias de seguridad del contenido del disco duro, luego lo formateará a cero, borrándolo todo, y hará las particiones que consideres oportunas. Así podrá instalar desde cero el nuevo sistema en apenas media hora, ahorrándose problemas y, sobre todo, mucho tiempo. Luego, claro está, tendrá que rescatar de las copias todo lo que necesite.

SIMPLIFICAR LO COTIDIANO
Así presenta Microsoft su nuevo sistema operativo Windows 7, y realmente es mucho más fácil trabajar con él que con sus antecesores. Por ejemplo, en los aspectos más básicos, como los del hogar, todos los ordenadores que tienen instalado Windows 7 se reconocen al momento en la misma red interna, comparten su música o vídeo, las impresoras o cualquier documento de una forma mucho más rápida y sencilla de controlar. Se ha añadido un nuevo menú Compartir con para que todo esto sea más fácil, pero sin perder el control de lo que se comparte y de cómo se comparte.

LA BARRA DE TAREAS
Lo primero que llama la atención es el nuevo escritorio y la barra de tareas en la parte inferior. Ahora se puede mantener allí cualquier programa y acceder a él con un solo clic. Los iconos son más grandes y más fáciles de usar, se pueden seleccionar y arrastrar para ordenarlos, y basta con pasar el cursor por encima para ver las miniaturas de las ventanas abiertas y seleccionar la que se desee.

'JUMP LIST'
La nueva función Jump list deja siempre a mano los últimos archivos en los que se ha trabajado. Basta con hacer clic con el botón derecho en cualquiera de los iconos de la barra de tareas para que abra un submenú con los últimos archivos usados con ese programa, o abiertos en esa carpeta, o las últimas páginas visitadas con ese navegador. También se pueden arrastrar y dejar anclados varios documentos y así acceder a ellos rápidamente con un clic.

EL ESCRITORIO
Ahora más que nunca se simplifica el trabajo con ventanas en el Escritorio. Por ejemplo, para comparar dos ventanas no hay que redimensionarlas a mano y colocarlas a un lado y otro de escritorio; ahora basta con arrastrar hasta un lado una y hasta el otro lado la otra para que se redimensionen automáticamente. Si se arrastra a la parte superior, se abrirá completamente hasta llenar toda la pantalla; al separarlas de estos lados vuelven a su tamaño original. Para mostrar el escritorio limpio basta con mover el ratón a la parte derecha de la barra de tareas: todas las ventanas quedarán transparentes. Si tiene varias abiertas y desea sólo una, coloque el cursor en la parte de arriba y agítela, verá como desaparecen las demás ventanas. Vuelva a agitarla y aparecerán de nuevo.

BÚSQUEDAS
Las carpetas de archivos se pueden organizar en bibliotecas. Puede tener una biblioteca de fotos, por ejemplo, que le proporciona acceso rápido a todas las imágenes que tiene repartidas en todo su disco duro, o incluso en varias unidades de discos duros. Esto es muy práctico porque muchas aplicaciones no reconocen automáticamente los archivos que hay en las carpetas de Mis documentos, por ejemplo, y tienden a depositar el contenido en sus propias carpetas. De esta forma se facilitan mucho las búsquedas. Sólo tiene que empezar a escribir cualquier cosa en el apartado del botón Inicio para que se vayan mostrando los resultados, tanto si se trata de un correo electrónico como de una fotografía, un documento propio o de cualquier otro tipo. Esta función también es muy práctica cuando se tienen que hacer copias de seguridad.

CONTROLADORES AL DÍA
Por fin se han unificado en un mismo Panel de control todos los aparatos conectados al ordenador. Se llama Device stage y sirve para interactuar con cualquier aparato compatible conectado al equipo. En el momento en que se conecte se abrirá y buscará automáticamente el conector (plug-in) más adecuado, tanto en el propio sistema como a través de Internet. Además, puede proporcionar información adicional. Pero, como siempre, quizás su antigua impresora no sea compatible con Windows 7, y no logre encontrar ningún controlador para hacerla funcionar. (Un controlador es un programa que le dice a una pieza de hardware cómo trabajar con un sistema operativo).

64 BITS
Para muchos el paso a Windows 7 también supondrá la transición a un ordenador más potente y a un sistema operativo de 64 bits, con el que puede utilizar mucha más memoria RAM que con los sistemas de 32 bits y tener un mejor rendimiento en aplicaciones muy exigentes, como las de vídeo o fotografía. Vista y XP también tenían versiones de 64 bits, pero la versión de XP nunca fue popular y la versión de Vista empezó a funcionar muy tímidamente el año pasado.

WINDOWS 7 GRATIS
Si se compró el ordenador después del 25 de junio de 2009 (hasta el día 31 de enero de 2010) y se incluyó en el programa de Opción de actualización de Windows 7, podrá actualizarse gratuitamente a una versión comparable a la que tiene de Windows Vista en el mismo idioma. Los últimos equipos ya se venden preparados para 64 bits, por lo que no debería haber problemas con los controladores, y la actualización es mucho más fácil que desde XP. Una de las opciones de instalación de Windows 7 ya indica que puede mantener los programas instalados y los archivos en sus carpetas para que no tenga que trasladarlos posteriormente.

VELOCIDAD
Microsoft alardea del incremento de velocidad con el nuevo sistema, pero la realidad es que depende del ordenador donde se ejecute, la cantidad de RAM, el procesador... Es muy probable que no note grandes diferencias al principio, salvo para la función de reposo y reactivación, mucho más cómoda y sobre todo mucho más rápida.

PREPARADO PARA SER TÁCTIL
Facilita su integración a los fabricantes de ordenadores, sobre todo los portátiles y los de escritorio con pantallas táctiles.

MENOS AVISOS
Al igual que Vista, Windows 7 le pedirá dos veces si realmente desea hacer cambios en la configuración o instalar programas, para garantizar la seguridad, pero lo hace con menos frecuencia y las instrucciones se puede desactivar fácilmente.

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ANTONIO ESPEJO 22/10/2009
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miércoles, 21 de octubre de 2009

Si las letras fueran de colores

Si las letras fueran de colores
las palabras serían irreales
desentonarían el color y el sentido de la frase,
sin embargo me gusta la idea
de dar color a lo que escribo, de manera
que pondré los colores según me venga en gana.

Me influirá la luz,
el color de la tierra,
la música que escucho al escribir,
tu ausencia o tu presencia,
o bien que sea de noche y llueva,
de día y luzca el sol.

En cuyo caso crearé poemas submarinos
o suaves moldeados como el barro
o azul eléctrico
o negro o transparente
o verde agua
o rojo sangre.
Escrito por Musaraña
Benacazón, 18.04.1994

CANTE HONDO

A todos nos han cantado
en una noche de juerga
coplas que nos han matado...

Corazón, calla tu pena;
a todos nos han cantado
en una noche de juerga.

Malagueñas, soleares
y seguiriyas gitanas...
Historias de mis pesares
y de tus horitas malas.

Malagueñas, soleares
y seguiriyas gitanas...

Es el saber popular,
que encierra todo el saber:
que es saber sufrir, amar,
morirse y aborrecer.

Es el saber popular,
que encierra todo el saber.

Manuel Machado

EL ESPEJO

El tiempo es un espejo con distintas imágenes
que brillan en su fondo como una procesión de fuegos fatuos
hasta que el humo las dispersa,
y entonces
siempre ocurre lo mismo:
aparece tu rostro,
y sé que para verte tengo que hacer un gran viaje desde mis
ojos a los tuyos,
y desvivir distancias, advertencias y defunciones,
pues sólo puedo verte traspasando un espejo
y se astilla el cristal cuando paso por él,
y cada esquirla es una herida,
y vivir es tan sólo un espejo sangrando,
un espejo que se vuelve a quebrar todos los días cuando
paso por él para mirarte,
porque no hay solución,
no hay claveles adrede,
y al romperse el espejo se multiplican las imágenes
y apareces en todas ellas como eres:
radiante y casual,
pero no puedo verte,
no te veo,
pues en el fondo de mis ojos queda un poco de humo.

Esto es lo que me pasa,
porque el humo me llama por mi nombre,
habla mi propia lengua,
para hacerme saber que todo lo profundo es doloroso,
y hay que ser consecuentes con el humo,
llevarle de la mano mientras quede en el aire una vedija,
pero esto no es tan fácil, pues al hacerlo muchas veces,
puedes quedar desencarnado,
como si te estuvieras viendo en un espejo que se deshiela;
y por esta razón vivimos juntos
mientras nacen las cosas si las tocas,
y van haciéndose reales,
contributivas,
tuyas, porque te quiero tanto,
de tal modo
que me sangran los ojos al mirarte como si todo lo que nos
une fuese una despedida.

Luis Rosales