jueves, 31 de diciembre de 2009

miércoles, 30 de diciembre de 2009

martes, 29 de diciembre de 2009

Salsas cómo se espesan

Cocina Sana

Pescadilla rellena de Espárragos

Cocina Ligera

Milhojas de Mozzarella y Tomate

Cocina Ligera

Ensalada de Espárragos, Aguacate y Salmón

Cocina Ligera

lunes, 28 de diciembre de 2009

HA HA, GOOD ONE, JAPAN


EMBED-Terrifying Sniper Prank on Japanese TV - Watch more free videos
If you think Fox or TLC are exploitative and cruel to the people they feature on some of their programs, keep this in mind: Fox wouldn’t last a month in Japan. In this clip from Japanese TV, a man is led to believe that a sniper is killing the people in the room with him. HA HA HA HA! Hoooo, that’s rich! Did you see the way he was paralyzed with the fear of imminent death? Oh, man, Japan. You are such a kidder.

Los nueve vuelos de la bola

La perspectiva es importante

La importancia del plano

domingo, 27 de diciembre de 2009

Bulletproof glass demonstration


A woman holds a small rectangle of bullet-proof glass in front of her face while a man (her husband?) stands off in the distance and fires a rifle at the glass. (via Richard Wiseman)

Posted by Mark Frauenfelder permalink

Beware of adorable, homicidal lamps

Amazing Stuntman


Amazing Stuntman - The best free videos are right here

sábado, 26 de diciembre de 2009

Happy - Un Cuento sobre la Felicidad

Happy: Un Cuento sobre la Felicidad (Happy-Go-Lucky, 2008)

Dirección y guión: Mike Leigh.
Reparto: Sally Hawkins (Poppy), Alexis Zegerman (Zoe), Andrea Riseborough (Dawn), Samuel Roukin (Tim), Sinéad Matthews (Alice), Kate O’Flynn (Suzy), Sarah Niles (Tash), Eddie Marsan (Scott), Sylvestra Le Touzel (Heather), Nonso Anozie (Ezra), Jack MacGeachin (Nick).
Producción: Simon Channing Williams.
Música: Gary Yershon.
Fotografía: Dick Pope.
Montaje: Jim Clark.
Diseño de producción: Mark Tildesley.
Vestuario: Jacqueline Durran.
Reino Unido 2008

En muchas de las quinielas para los Oscar de este año figura esta película, sobre todo para que su actriz protagonista, Sally Hawkins, opte en esa categoría a llevarse la estatuilla. Una vez vista, lo veo muy difícil.

La historia es la de una mujer que, atendiendo al título, debemos suponer que es feliz, pero viendo la forma de comportarse da la impresión de ser una de esas personas cargantes que vive en su mundo y no tiene capacidad de tomarse las cosas en serio.

Es profesora de primaria en un colegio de Londres e incapaz de estar un minuto sin abrir la boca. La historia nos muestra un momento de su vida, no tiene un inicio claro ni un final, pero parece que esa felicidad que busca en su día a día puede llegar a lograrla.

La seguimos en sus andanzas por la ciudad, entre sus sesiones de salto en colchoneta, las sesiones de masaje para recuperarse de ellas y las salidas con sus amigas.

En el colegio en que trabaja llega a conocer a un trabajador social que se siente atraído por ella, esa es la historia de amor que nos cuentan y que hace que ella consiga su felicidad, pese a estar a punto de truncarse esa relación por culpa del profesor con el que da clases de conducir.

El profesor de la autoescuela es uno de los perturbados personajes que llaman la atención en la película. La protagonista tiene su cosa, pero ese tipo es un desequilibrado, racista con un agrio carácter al que le falta capacidad para relacionarse con personas en general.

Por otra parte la protagonista se apunta con la directora del colegio a clases de flamenco. Algo que será muy folclórico para los ingleses, pero es de risa verlo desde la perspectiva de nuestro país. La profesora que les da las clases haría buena pareja con el profesor de la autoescuela, porque también da la impresión de haber sufrido un trauma de joven y haberse quedado tocada. La interpreta una tal Karina Fernández, que debuta en el cine. He visto la versión doblada, que es penosa, no sé cómo será la original.

La actriz protagonista, Sally Hawkins, parece una especie de versión femenina de Jim Carrey, ya que es insolente, no para de hacer el tonto y mostrarse tan inmadura como los alumnos a los que da clases. Así que ni Oscar ni nada, a mí no me ha gustado por ser un personaje muy exagerado.

El personaje del profesor de la autoescuela lo interpreta un rostro conocido, Eddie Marsan, de esos actores que nos suenan y no sabemos de qué. También lo he visto en alguna quiniela como secundario para los Oscar, pero según se van estrenando las favoritas esta película pierde enteros.

Quien sí me ha gustado más es otra de las actrices secundarias, Alexis Zegerman, que interpreta un personaje mucho más calmado, cabal, que apoya a su amiga sin necesidad de ser tan esperpéntica como el resto del reparto.
Sin embargo la historia que cuenta la película sí resulta entretenida, aunque sin pasar de ahí. Creo que no es una comedia, porque no trata de temas graciosos ni hace chistes, aunque la alegría de la protagonista dota a la película de un carácter risueño en general. Tampoco es un drama, yo diría más que es una película realista y punto. Cuenta una historia de unas personas que llevan una vida más o menos normales, que hacen cosas más o menos normales y que se ven en situaciones que tampoco se salen demasiado de lo normal. Demasiada normalidad.

Por cierto, el título de la película original, Happy-go-lucky es una expresión anglosajona que se suele escribir tal cual, para referirse justo al tipo de persona que se retrata en esta película, una persona alegre y despreocupada. Lo de Un cuento sobre la felicidad queda bastante cursi y no refleja del todo los matices de esa expresión. Titular la película con algún equivalente en castellano tampoco hubiera quedado muy bien (algo como “viva la virgen”), pero sí que a veces nos referimos con la expresión “happy” a gente de ese estilo, lo podrían haber dejado así, sólo happy. A ese respecto he encontrado este interesante artículo que habla sobre las traducciones y esta en particular.

Escrito por Mr. McGuffin

Animation Reel

Animation Reel from kattapoga on Vimeo.

Google en china y en inglaterra..., encuentra las diferencias...

viernes, 25 de diciembre de 2009

Feliz Navidad - Three Tenors

El Roto y la Navidad

Feliz Navidad

Feliz Navidad
Frohe Weihnachten
Merry Christmas
Joyeux Noël
Buon Natal
God jul
Feliz Natal
Hyvää joulua
Veselé vánoce
Vrolijk kerstfeest

EL GATO CON BOTAS

Un molinero dejó como única herencia a sus tres hijos, su molino, su burro y su gato. El reparto fue bien simple: no se necesitó llamar ni al abogado ni al notario. Habrían consumido todo el pobre patrimonio.


El mayor recibió el molino, el segundo se quedó con el burro, y al menor le tocó sólo el gato. Este se lamentaba de su mísera herencia:

-Mis hermanos, decía, podrán ganarse la vida convenientemente trabajando juntos; lo que es yo, después de comerme a mi gato y de hacerme un manguito con su piel, me moriré de hambre.

El gato, que escuchaba estas palabras, pero se hacía el desentendido, le dijo en tono serio y pausado:

-No debéis afligiros, mi señor, no tenéis más que proporcionarme una bolsa y un par de botas para andar por entre los matorrales, y veréis que vuestra herencia no es tan pobre como pensáis.

Aunque el amo del gato no abrigara sobre esto grandes ilusiones, le había visto dar tantas muestras de agilidad para cazar ratas y ratones, como colgarse de los pies o esconderse en la harina para hacerse el muerto, que no desesperó de verse socorrido por él en su miseria.

Cuando el gato tuvo lo que había pedido, se colocó las botas y echándose la bolsa al cuello, sujetó los cordones de ésta con las dos patas delanteras, y se dirigió a un campo donde había muchos conejos. Puso afrecho y hierbas en su saco y tendiéndose en el suelo como si estuviese muerto, aguardó a que algún conejillo, poco conocedor aún de las astucias de este mundo, viniera a meter su hocico en la bolsa para comer lo que había dentro. No bien se hubo recostado, cuando se vio satisfecho. Un atolondrado conejillo se metió en el saco y el maestro gato, tirando los cordones, lo encerró y lo mató sin misericordia.

Muy ufano con su presa, fuese donde el rey y pidió hablar con él. Lo hicieron subir a los aposentos de Su Majestad donde, al entrar, hizo una gran reverencia ante el rey, y le dijo:

-He aquí, Majestad, un conejo de campo que el señor marqués de Carabás (era el nombre que inventó para su amo) me ha encargado obsequiaros de su parte.

-Dile a tu amo, respondió el rey, que le doy las gracias y que me agrada mucho.

En otra ocasión, se ocultó en un trigal, dejando siempre su saco abierto; y cuando en él entraron dos perdices, tiró los cordones y las cazó a ambas. Fue en seguida a ofrendarlas al rey, tal como había hecho con el conejo de campo. El rey recibió también con agrado las dos perdices, y ordenó que le diesen de beber.

El gato continuó así durante dos o tres meses llevándole de vez en cuando al rey productos de caza de su amo. Un día supo que el rey iría a pasear a orillas del río con su hija, la más hermosa princesa del mundo, y le dijo a su amo:

-Sí queréis seguir mi consejo, vuestra fortuna está hecha: no tenéis más que bañaros en el río, en el sitio que os mostraré, y en seguida yo haré lo demás.

El marqués de Carabás hizo lo que su gato le aconsejó, sin saber de qué serviría. Mientras se estaba bañando, el rey pasó por ahí, y el gato se puso a gritar con todas sus fuerzas:

-¡Socorro, socorro! ¡El señor marqués de Carabás se está ahogando!

Al oír el grito, el rey asomó la cabeza por la portezuela y reconociendo al gato que tantas veces le había llevado caza, ordenó a sus guardias que acudieran rápidamente a socorrer al marqués de Carabás. En tanto que sacaban del río al pobre marqués, el gato se acercó a la carroza y le dijo al rey que mientras su amo se estaba bañando, unos ladrones se habían llevado sus ropas pese a haber gritado ¡al ladrón! con todas sus fuerzas; el pícaro del gato las había escondido debajo de una enorme piedra.

El rey ordenó de inmediato a los encargados de su guardarropa que fuesen en busca de sus más bellas vestiduras para el señor marqués de Carabás. El rey le hizo mil atenciones, y como el hermoso traje que le acababan de dar realzaba su figura, ya que era apuesto y bien formado, la hija del rey lo encontró muy de su agrado; bastó que el marqués de Carabás le dirigiera dos o tres miradas sumamente respetuosas y algo tiernas, y ella quedó locamente enamorada.

El rey quiso que subiera a su carroza y lo acompañara en el paseo. El gato, encantado al ver que su proyecto empezaba a resultar, se adelantó, y habiendo encontrado a unos campesinos que segaban un prado, les dijo:

-Buenos segadores, si no decís al rey que el prado que estáis segando es del marqués de Carabás, os haré picadillo como carne de budín.

Por cierto que el rey preguntó a los segadores de quién era ese prado que estaban segando.

-Es del señor marqués de Carabás, dijeron a una sola voz, puesto que la amenaza del gato los había asustado.

-Tenéis aquí una hermosa heredad, dijo el rey al marqués de Carabás.

-Veréis, Majestad, es una tierra que no deja de producir con abundancia cada año.

El maestro gato, que iba siempre delante, encontró a unos campesinos que cosechaban y les dijo:

-Buena gente que estáis cosechando, si no decís que todos estos campos pertenecen al marqués de Carabás, os haré picadillo como carné de budín.

El rey, que pasó momentos después, quiso saber a quién pertenecían los campos que veía.

-Son del señor marqués de Carabás, contestaron los campesinos, y el rey nuevamente se alegró con el marqués.

El gato, que iba delante de la carroza, decía siempre lo mismo a todos cuantos encontraba; y el rey estaba muy asombrado con las riquezas del señor marqués de Carabás.

El maestro gato llegó finalmente ante un hermoso castillo cuyo dueño era un ogro, el más rico que jamás se hubiera visto, pues todas las tierras por donde habían pasado eran dependientes de este castillo.

El gato, que tuvo la precaución de informarse acerca de quién era éste ogro y de lo que sabia hacer, pidió hablar con él, diciendo que no había querido pasar tan cerca de su castillo sin tener el honor de hacerle la reverencia. El ogro lo recibió en la forma más cortés que puede hacerlo un ogro y lo invitó a descansar.

-Me han asegurado, dijo el gato, que vos tenias el don de convertiros en cualquier clase de animal, que podíais, por ejemplo, transformaros en león, en elefante.

-Es cierto, respondió el ogro con brusquedad, y para demostrarlo, veréis cómo me convierto en león.

El gato se asustó tanto al ver a un león delante de él que en un santiamén se trepó a las canaletas, no sin pena ni riesgo a causa de las botas que nada servían para andar por las tejas.

Algún rato después, viendo que el ogro había recuperado su forma primitiva, el gato bajó y confesó que había tenido mucho miedo.

-Además me han asegurado, dijo el gato, pero no puedo creerlo, que vos también tenéis el poder de adquirir la forma del más pequeño animalillo; por ejemplo, que podéis convertiros en un ratón, en una rata; os confieso que eso me parece imposible.

-¿Imposible?, repuso el ogro, ya veréis; y al mismo tiempo se transformó en una rata que se puso a correr por el piso.

Apenas la vio, el gato se echó encima de ella y se la comió.

Entretanto, el rey que al pasar vio el hermoso castillo del ogro, quiso entrar. El gato, al oír el ruido del carruaje que atravesaba el puente levadizo, corrió adelante y le dijo al rey:

-Vuestra Majestad sea bienvenida al castillo del señor marqués de Carabás.

-¡Cómo, señor marqués, exclamó el rey, este castillo también os pertenece! Nada hay más bello que este patio y todos estos edificios que lo rodean; veamos el interior, por favor.

El marqués ofreció la mano a la joven princesa y, siguiendo al rey que iba primero, entraron a una gran sala donde encontraron una magnífica colación que el ogro había mandado preparar para sus amigos que vendrían a verlo ese mismo día, los cuales no se habían atrevido a entrar, sabiendo que el rey estaba allí.

El rey, encantado con las buenas cualidades del señor marqués de Carabás, al igual que su hija, que ya estaba loca de amor, viendo los valiosos bienes que poseía, le dijo, después de haber bebido cinco o seis copas:

-Sólo dependerá de vos, señor marqués, que seáis mi yerno.

El marqués, haciendo grandes reverencias, aceptó el honor que le hacia el rey; y ese mismo día se casó con la princesa. El gato se convirtió en gran señor, y ya no corrió tras las ratas sino para divertirse.

MORALEJA
En principio parece ventajoso
contar con un legado sustancioso
recibido en heredad por sucesión;
más los jóvenes, en definitiva
obtienen del talento y la inventiva
más provecho que de la posición.

OTRA MORALEJA
Si puede el hijo de un molinero
en una princesa suscitar sentimientos
tan vecinos a la adoración,
es porque el vestir con esmero,
ser joven, atrayente y atento
no son ajenos a la seducción.
Fin.

Autor: Perrault

Jerarquia

Setenta y Dos...

Sí, 72 me caen hoy...

jueves, 24 de diciembre de 2009

ADESTE FIDELES PAVAROTTI, DOMINGO,CARRERAS

Pavarotti Domingo Carreras - Silent Night

RAPHAEL El tamborillero 2000

Pavo Relleno de Navidad

Pavo de Navidad

Cocina Ligera

Te siento en mi costado

Te siento en mi costado
porque vives conmigo desde siempre,
pero si en mi sombra no apareces
y casi sin notarlo te veo marchar de mí
el sol se me oscurece de repente.

Llueve el cielo arena y polvo negro
que se pega a mi cuerpo y a mi pelo
se me caen a pedazos los recuerdos aquellos,
naciéndome en las sienes otros nuevos
por donde te me acercas otra vez
me miras, me sonríes,
me tocas y me muero.

Escrito por Musaraña
Sant Moritz. Suiza 07.02.90

LOS GATOS LO SABRÁN

La lluvia caerá aún
sobre tus dulces suelos,
una lluvia ligera
como una aliento o un paso.
Aún la brisa y el alba
florecerán ligeras
igual que con tu paso,
y entonces volverás.
Entre flores y alféizares
los gatos lo sabrán.

Seguirán otros días,
seguirán otras voces.
Sonreirás a solas.
Los gatos lo sabrán.
Oirás viejas palabras,
voces cansadas, vanas
igual que trajes viejos
de las fiestas de ayer.

Tú también harás gestos.
Responderás palabras –
Rostro de primavera,
tú también harás gestos.

Los gatos lo sabrán.
Rostro de primavera,
y la lluvia ligera,
y el alba de jacinto
que el corazón laceran
de aquel que no te espera,
son la sonrisa triste
que te ilumina a solas.
Seguirán otros días,
voces y despertares.
Sufriremos al alba,
rostro de primavera.

Cesare Pavese

Hoy me gusta la vida mucho menos...

Hoy me gusta la vida mucho menos,
pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.
Casi toqué la parte de mi todo y me contuve
con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.

Hoy me palpo el mentón en retirada
y en estos momentáneos pantalones yo me digo:
¡Tanta vida y jamás!
¡Tantos años y siempre mis semanas!...
Mis padres enterrados con su piedra
y su triste estirón que no ha acabado;
de cuerpo entero hermanos, mis hermanos,
y, en fin, mi ser parado y en chaleco.

Me gusta la vida enormemente
pero, desde luego,
con mi muerte querida y mi café
y viendo los castaños frondosos de París
y diciendo:
Es un ojo éste; una frente ésta, aquélla... Y repitiendo:
¡Tanta vida y jamás me falla la tonada!
¡Tantos años y siempre, siempre, siempre!

Dije chaleco, dije
todo, parte, ansia, dije casi, por no llorar.
Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado
y que está bien y está mal haber mirado
de abajo para arriba mi organismo.

Me gustará vivir siempre siempre! siempre, así fuese de barriga,
porque, como iba diciendo y lo repito,
¡tanta vida y jamás y jamás! ¡Y tantos años,
y siempre, mucho siempre, siempre siempre!

César Vallejo

¡ FELIZ NAVIDAD !

¡ FELIZ NAVIDAD !

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Tus cinco toritos negros

Contra mis cinco sentíos,
tus cinco toritos negros:
torito negro tus ojos,
torito negro tu pelo, ..
torito negro tu boca,
torito negro tu beso,
y el más negro de los cinco
tu cuerpo, torito negro.

Barreras puse a mis ojos,
tus ojos me las rompieron.
Barreras puse a mi boca,
tu boca las hizo leño.

Puse mi beso en barreras,
tu beso las prendió fuego.
Barreras puse a mis manos,
las hizo sombra tu pelo.
y puse barreras duras
de zarzamora a mi cuerpo,
y saltó sobre las zarzas
el tuyo, torito negro.

¡Deja, que no quiero verte!
¡Déjame, que no te quiero!

Y luego monté mis ojos
sobre un caballo de miedo;
tus ojos me perseguían
como dos toritos negros.
y luego metí mis manos
bajo un embozo de fuego;
...tu pelo se me enredaba
igual que un torito negro.
y luego junté mi boca'
contra la cal de mi encierro;
...tu boca estaba acechando
igual que un torito negro.
y luego mordí mi almohada
para contener mi beso;
tu beso me corneaba
igual que un torito negro.
y luego arañé mi carne,
de tentación y deseo,
para que no gritara
que yo te estaba queriendo;
y tu cuerpo encandilado
mimbre, luna, bronce y fuego
se me plantó ante mis ojos
igual que un torito negro.

¡Deja, que no quiero verte!
¡Déjame, que no te quiero!

El aire del cuarto estaba
temblando con tu recuerdo.

Cien caballos en mis venas,
al galope por mi cuerpo;
y yo, jinete sin rienda,
luchando por contenerlos.

Cien herreros en mi boca,
trabajando con mis besos,
y yo queriendo ser fragua
para poder deshacerlos.

Cien voces en mi garganta
gritándome que te quiero,
y yo, ¡mentira infinita!,
gritando que no te quiero.

Salí a por aire al balcón...
me tropecé con el cielo;
aquel cielo quieto y hondo,
verde, blanco, azul y negro,
igual que el de aquella noche
de nuestro primer encuentro,
en que me hirieron al paso
tus cinco toritos negros.

Y me acordé de aquel aire
que jugaba con tu pelo
como un niño a quien le gustan
los caracolillos negros.

Y me acordé de aquel rayo
de luna, fino y torero,
que puso dos banderillas
de luz en tus ojos negros.

Y de aquel dolor de labios
que nos quedó de aquel beso,
y de aquel dolor de brazos,
y de aquel dolor de huesos
y de aquella caracola
de amor, que quedó por dentro
con un mar de amor dormido;
" ¡que te quiero!, ¡que te quiero!"
y se me escapó la voz..,;
grité: " ¡Te quiero!, ¡te quiero!"
Y ya no junté mi boca
contra la cal de mi encierro,
y ya no mordí mi almohada
para contener mi beso,
y ya no arañé mi carne
de tentación y deseo.

Pegué mi boca a tu boca,
junté mi beso a tu beso,
y otra vez aquel dolor
de cintura, brazo y huesos...
pensando en aquella noche
de nuestro primer encuentro.

¡Te quise siempre! ¡Te quise!
¡Te quiero siempre! ¡Te quiero!

Aunque no puedo quererte,
¡te quiero!.

Aunque no debo quererte,
¡te quiero!

Aunque en cunas de tu casa
se está meciendo un almendro
¡te quiero!

Aunque yo tengo dos lirios
que se me cuelgan del cuello,
¡te quiero!
y aunque ponga mis barreras
de zarzamora y sarmiento
para que nunca la salten
tus cinco toritos negros:
torito negro tus ojos,
torito negro tu pelo,
torito negro tu boca,
torito negro tu beso.

Y el más negro de los cinco
tu cuerpo, torito negro.

¡Te quise siempre!
¡Te quise!
¡Te quiero siempre!
¡Te quiero!

Manuel Benítez Carrasco

DE NUEVO LLEGARÁ SIN TI LA NOCHE

De nuevo llegará sin ti la noche,
de turbias sombras llenaré mi cama,
pasaré las horas gimiendo reproches
a quien no me permita dormir con mi ama.

La noche llegará y sin ti, feroces,
se tornarán las estrellas que me sostienen,
tu ausencia será un tormento a voces,
tus ojos, lejanos, no me darán el brillo que me mantiene.

Seguirás enclaustrada en otros brazos,
daré a otra los besos que llevan tu nombre,
comeré a puñados los silencios al preguntar por tu regazo
mientras piensas en mí, enterrada en otro hombre.

No habrá nada digno de alegría,
nada habrá con un sentido claro,
ni tu ni yo encontraremos faro
hasta que tu piel no se distinga de la mía.

"CARMONA"

LOS OTROS DONES

El olvido. Alguna tarde en que la lluvia
nos hizo inmortales. La nostalgia de saber
que el ojo no es el tacto. La distancia.
La espera de un sábado en la universidad. Una fila
en la que nos sustituimos
como si fuéramos uno. Una noche oscura
sin saber a dónde íbamos.
Un sueño en Santa Rita después
de una misa oficiada sólo por nosotros.
Las tardes de los viernes.
La violencia y los abortos.
Las veces en que la poesía se fue
de nosotros pero igual construimos el poema.
El recuerdo. Sentir que estamos muertos.
El dolor del otro y la alegría
de habernos mirado.
Mujer, perdona todo esto.
El perdón. Este poema
que aún no has escuchado.

(El libro de los viernes)
Gilberto Hernández Matos

martes, 22 de diciembre de 2009

La Fragua de Vulcano

Why Americans are Flat?

Why America is Fat
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Loteria de Navidad 2009

¡¡¡ SUERTE A TODOS !!!

Merry Chris...is

lunes, 21 de diciembre de 2009

Llega el Invierno

Hoy sobre las 18'45 hemos entrado en EL INVIERNO.

Test - Aprendes de tus patinazos

Vía Muy Interesante

Va de Fobias

Vía Muy Interesante

THE RINGS OF THE EARTH , 3DS Max Animation

domingo, 20 de diciembre de 2009

Inversores - abróchense el cinturón

Los expertos prevén que la volatilidad sea la nota dominante en los mercados durante 2010.

Peligro sordo. Esta expresión taurina se utiliza cuando en los primeros tercios el toro da muestras de nobleza. El matador se confía e inicia en los medios la faena de muleta con la mente puesta ya en la puerta grande. El animal, de repente, cambia su actitud y desarrolla fiereza y malas intenciones. El maestro, en el mejor de los casos, debe renunciar al triunfo que saboreaba ufano; en el peor, acaba en la enfermería. En determinados momentos los mercados financieros también pueden esconder ese peligro sordo e incluso dar un buen revolcón (en la cuenta corriente) al inversor. Los expertos avisan: cuidado con 2010. Sobre el papel, las condiciones son mucho más favorables que hace unos meses (la recuperación mundial está en marcha y los mercados de crédito avanzan hacia su normalización). Sin embargo, existen aún muchas incertidumbres y puntos débiles. Cualquier contratiempo puede cortocircuitar la reactivación económica y con ello obligar a replantearse las estrategias de inversión. Ahí están sin ir más lejos los sustos de Dubai y Grecia. Conviene, por tanto, tener un plan B.

• Atentos a los bancos centrales
La Bolsa es el activo más atractivo, sobre todo para el primer semestre del año
Los analistas ven riesgos en la deuda pública y prefieren la renta fija privada

Hoy por hoy existe unanimidad entre los analistas: la renta variable se presenta como la mejor opción de inversión el año que viene. La ausencia de alternativas favorece a la Bolsa. Los activos sin riesgo apenas ofrecen remuneración (la rentabilidad de las Letras del Tesoro a un año, por ejemplo, se sitúa en el 0,6%), la deuda pública a medio y largo plazo tiene una baja remuneración y, además, cuenta con el riesgo de subidas en los tipos de interés oficiales, la deuda corporativa ha agotado en parte su potencial tras un magnífico 2009 para los bonos empresariales y en el mercado inmobiliario parece que el ajuste todavía no se ha completado.

Pero el atractivo de la renta variable no viene sólo por la debilidad de los activos competidores, sino que la inversión en Bolsa también tiene fortalezas propias como es una valoración que, aunque no está tan barata como a comienzos de 2009, tampoco se puede decir que esté cara, y una más que aceptable retribución al accionista. En el caso de la Bolsa española, por ejemplo, el PER [ratio que relaciona el valor en Bolsa con los beneficios] era de 12,2 veces al cierre de noviembre pasado, frente a un promedio de 14,8 veces en los últimos 30 años. Por su parte, la rentabilidad media por dividendo del parqué español se acerca al 4,7%.

"Las Bolsas siguen teniendo recorrido debido al buen momento del ciclo económico, la mejora de los beneficios empresariales, la creciente demanda de acciones conforme los bonos se tornen más arriesgados, una política monetaria que permanecerá expansiva aún un tiempo y una baja inflación", argumentan los expertos de Deutsche Bank en su informe de estrategia para 2010.

Bloomberg ha hecho una encuesta entre 10 bancos de inversión acerca del nivel en el que prevén que termine el año el índice S&P 500. La media de los pronósticos sitúa este indicador en 1.223 enteros en diciembre de 2010, lo que supone un potencial del 11,79% con respecto a su cotización actual. En el caso del mercado español, Negocios ha solicitado a 12 sociedades de Bolsa una proyección similar para el Ibex 35. La proyección media de los analistas sitúa el índice en 13.365 puntos al finalizar el próximo ejercicio, cota que se sitúa un 14,77% por encima del nivel actual del selectivo.

Ahora bien, si los analistas coinciden en señalar la renta variable como la mejor opción -lo que no quiere decir ni mucho menos que deba ser el único activo en una cartera, sino que su peso en ésta debe encajar con el perfil de riesgo y el horizonte temporal de cada inversor-, también hay bastante unanimidad en advertir que el mejor momento para la Bolsa se concentrará sobre todo en la primera parte de 2010. Los expertos consideran que los primeros meses del año serán positivos para la renta variable gracias a la elevada liquidez que hay en el sistema, pero más adelante las Bolsas podrían experimentar una corrección. "Históricamente, después de una recuperación económica suele haber una recaída tras la retirada de las políticas de estímulo y la subida de los tipos de interés", afirma Ignacio Cantos, director de renta variable de Atlas Capital.

En un año donde los mercados parece que pueden ir de más a menos, las casas de Bolsa se decantan por una gestión muy activa, rotando las carteras de inversión (ver las estrategias recomendadas en las páginas 6 y 7) desde apuestas con un corte más cíclico (consumo, industriales o materias primas) hasta valores de carácter más defensivo (telecomunicaciones, eléctricas o farmacia). "Esperamos un buen comportamiento de las compañías más cíclicas a corto plazo, si bien la perspectiva de una progresiva retirada de los estímulos monetarios podría dañar la cotización de las empresas que dependan del gasto público y del ciclo europeo", advierten desde el Banco Sabadell.

En cuanto a la distribución geográfica, éste es un aspecto cada vez más difícil difuso. Las grandes compañías cotizadas en las principales Bolsas son multinacionales con una gran diversificación en la procedencia de sus ingresos. Ahora bien, hecha esta salvedad, parece que sí hay una tendencia a sobreponderar otros mercados en detrimento del español debido a que se espera que la economía doméstica tarde más que otras en decir adiós a la recesión.

En el mercado español, los valores favoritos son precisamente aquellos en cuya facturación pesa más el negocio exterior, principalmente en Latinoamérica, dadas las mejores perspectivas económicas de esta región. "Seguimos apostando por un mejor comportamiento de los mercados estadounidense y europeo frente al doméstico. España es todavía de los pocos países que no han salido de la crisis", argumentan desde Inversis Banco.

Las perspectivas para los activos de renta fija (monetarios, deuda pública y bonos corporativos) no son tan optimistas como la visión que el consenso del mercado tiene para la renta variable. En el caso de los activos monetarios (las letras del Tesoro son quizá el máximo exponente) tienen poco atractivo, con unos tipos de interés en mínimos históricos. Su presencia en las carteras sólo se aconseja como reserva en caso de corrección en las Bolsas y como alternativa a la renta fija de mayor duración. "No estaríamos en monetarios hasta el segundo trimestre en EE UU, como pronto, que es cuando el mercado podría descontar que la Reserva Federal podría empezar a subir el precio del dinero", explican en Banco Sabadell. "Puede ser más una opción por la divisa que por la subida de tipos, pero exclusivamente en EE UU", añaden.

En el caso de la deuda pública, la previsión es que los tipos a largo plazo repunten por la previsible subida de los tipos de interés, las elevadas emisiones de los Tesoros y la menor demanda institucional. Por tanto, la relación rentabilidad-riesgo empezaría a dejar de ser interesante (hay que recordar que el precio del bono se mueve de forma inversa a su tipo de interés) y los expertos aconsejan infraponderar esta clase de activos en las carteras.

UBS, por ejemplo, augura una "pobre" evolución de la deuda pública en 2010. En su informe de estrategia, el banco suizo aconseja "reducir posiciones en bonos de los Gobiernos y evitar los vencimientos más largos". Esta entidad reconoce que estos bonos aún juegan un papel en las carteras de los inversores, "protegiéndolos en escenarios extremos". No obstante, aconseja sustituir parte de este papel por bonos corporativos a medio plazo, e incluso -para aquellos inversores con mayor tolerancia al riesgo-, por bonos de alta rentabilidad.

La deuda corporativa ha sido uno de los activos más demandados en 2009, permitiendo a las compañías compensar las restricciones de liquidez a las que se enfrentaron a finales del pasado año. El volumen de emisión de bonos en Europa alcanzó a finales de noviembre 278.000 millones de euros, el doble que en todo 2008. Los analistas consideran que este activo todavía tiene recorrido el próximo ejercicio, pero advierten de que habrá que ser mucho más selectivos a la hora de escoger el tipo de emisor ya que los diferenciales se están estrechando con las rentabilidades que ofrecen los gobiernos.

Otro de los activos estrella en 2009 han sido las materias primas, lo cual no ha dejado de causar perplejidad, ya que en un entorno de recesión mundial, la teoría académica sugiere que los precios de las commodities deberían caer. El petróleo sube un 60%; el oro, un 26%; el platino, un 56%, el cobre duplica su precio en lo que va de año... "Hay una serie de factores que explican esta subida y que se mantendrán en los próximos meses", explican los analistas de la gestora Threadneedle. "Las autoridades monetarias se han embarcado en un proceso de pedir al vecino en el cual la emisión de dinero y la consecuente devaluación de las monedas locales han sido los principales instrumentos para revitalizar las economías. Mientras que las divisas que se han considerado tradicionalmente refugio seguro se debilitaban casi al mismo tiempo, los inversores han buscado otras alternativas".

En su Global Outlook 2010, Barclays reconoce que el rebote de las materias primas en general "está próximo a llegar a su madurez", aunque advierte de que todavía hay potencial en algunas commodities. Los analistas del banco británico recomiendan invertir en petróleo, cobre y níquel, "los mayores beneficiaros de una recuperación en las economías de la OCDE". También aconsejan apostar por el maíz y el azúcar debido a la creciente demanda de los biocarburantes. Sin embargo, aconsejan reducir posiciones en el mercado de plata, ya que este material precioso es al que más le afectaría un escenario para el dólar de mayor estabilidad.

El año 2010 parece que no podrá asegurar rentabilidad a los inversores. A cambio, promete bastante volatilidad. Quizá no venga mal en este contexto recordar una de las recomendaciones del mítico gestor de Fidelity Peter Lynch en su libro Un paso por delante de la Bolsa: "Todo el mundo tiene el cerebro suficiente para ganar dinero en el mercado, pero no todo el mundo tiene el suficiente estómago. Si es de los que son susceptibles de vender toda su cartera en momentos de pánico, mejor que se quede al margen".

Atentos a los bancos centrales
Las decisiones que tomen los bancos centrales el próximo año serán la clave para ajustar el tempo a seguir en las estrategias de inversión. La atención del mercado no se centrará tanto en cuándo y con qué intensidad se subirá el precio oficial del dinero (no se espera que los primeros movimientos se produzcan antes del primer semestre en EE UU, mientras que para Europa se prevé que la primera revisión llegue después del verano) sino en las decisiones acerca de la retirada de las medidas de liquidez no convencionales -políticas bautizadas como quantitative easing-.

La duda será saber el impacto que las estrategias de salida de bancos centrales y Gobiernos tendrán en la incipiente recuperación económica. ¿La retirada de las ayudas fiscales frustrará el crecimiento del consumo privado? ¿El drenaje de liquidez incrementará las primas de riesgo en los mercados financieros? "Es deseable una ejecución coordinada y progresiva de estas estrategias que no suponga una vuelta atrás en el camino recorrido. No hay que olvidar que la recuperación es todavía débil y que queda por aflorar un importe relevante de activos deteriorados", señalan en Ahorro Corporación. Desde Link Securities coinciden en este diagnóstico: "El consumo privado y la inversión empresarial deberán coger el relevo de la incitativa pública, ya que los distintos Gobiernos irán retirando los estímulos fiscales, forzados por sus elevados déficits públicos. Igualmente los bancos centrales comenzarán a subir los tipos por miedo a un repunte en los precios".

DAVID FERNÁNDEZ 20/12/2009
EL PAÍS

Luis García en "El Corazón de Doñana", completo

Alberto Cortez - Cuando tu te hayas ido - Las Palmeras

Ennio Morricone - The good The bad The Ugly

sábado, 19 de diciembre de 2009

Cronología con los hitos del año 2009

Entra en los Links puestos a continuación y avega por los acontecimientos importantes de los doce meses en el especial resumen del año de ELPAÍS.com

http://www.elpais.com/especial/resumen-anual/temas/el-paro/
http://www.elpais.com/especial/resumen-anual/mes-a-mes.html
http://www.elpais.com/especial/resumen-anual/protagonistas.html
http://www.elpais.com/especial/resumen-anual/nos-dejaron.html


EL PAÍS

Nuevo paisaje televisivo

Directivos de Telecinco y Prisa
19-12-2009

De izquierda a derecha, Ramiro Sánchez de Lerín, secretario del Consejo de Telefónica; Giuseppe Tringali, consejero delegado de Telecinco; Juan Luis Cebrián, presidente de la Comisión Ejecutiva y consejero delegado de PRISA; Rodolfo Martín Villa, presidente de Sogecable; Fedele Confalonieri, presidente de Mediaset; Ignacio Polanco, presidente de PRISA; Paolo Vasile, consejero delegado de Telecinco; Pedro García Guillén, consejero delegado de Sogecable, y Alejandro Echevarría, presidente de Telecinco, ayer en el acto de firma del acuerdo.

La fusión de T5 y Cuatro marca el inicio de una profunda reordenación del mercado audiovisual.

La fusión de Telecinco y Cuatro (televisión en abierto de Sogecable, la filial televisiva de PRISA, editora de este periódico), anunciada ayer, más la prevista entre Antena 3 y La Sexta implican una revolución completa en la estructura del mercado audiovisual español. Las fusiones pretenden conformar empresas más fuertes, con una cuota de mercado mayor. El límite que no puede superarse por prescripción legal es el 27% del share. El mayor grupo resultante, Telecinco más Cuatro, llega al 25,2% de la cuota. El objetivo es hacer frente a los dos problemas más graves del mercado televisivo: la fragmentación de las audiencias y la profunda caída de la publicidad en pantalla. En el primer semestre de 2009 la facturación publicitaria descendió casi el 30%. De los 3.644 millones que consiguió en el primer semestre de 2008 se pasó a 2.578 millones.

• Empresa: PRISA (Promotora de Informaciones, S.A. (PRISA))
• Empresa: TELECINCO (Gestevision Telecinco S.A.)

El primer problema, el de la fragmentación de audiencias, es estructural y el segundo, supuestamente coyuntural. Pero, de momento, el hundimiento de la publicidad tendrá consecuencias en la gestión de las televisiones. Se ha acabado la era de ingresos publicitarios y gastos (como los derivados de los derechos futbolísticos) crecientes. A partir de ahora será necesario un mayor control y una gestión diferente de las audiencias.

El negocio de las televisiones no puede sostenerse con unos ingresos publicitarios hundidos, costes de operación crecientes debido al encarecimiento de los contenidos y audiencias cada vez más dispersas y fragmentadas. Era necesaria una reordenación a gran escala, con la creación de grupos económica y financieramente más potentes, capaces de aglutinar audiencias y enfocados hacia un modelo de plataformas televisivas, con ocho canales diversificados en cada uno de los grupos. Ambas fusiones permiten construir empresas con economías de escala más adecuadas y mayor capacidad para organizar los contenidos. Ése es el proceso que comenzó ayer.

Los hechos han demostrado que no había mercado suficiente para una nueva cadena (La Sexta) y que el Gobierno actuó irreflexivamente al no calcular los límites, en su interés por facilitar una licencia a un grupo de comunicación afín. También ha quedado claro que no había un plan organizado para ordenar el mercado televisivo. Las fusiones vienen a salvar ese lastre.

Si te ha interesado esta información, te recomendamos:
• Empresa: PRISA (Promotora de Informaciones, S.A. (PRISA))
• Empresa: TELECINCO (Gestevision Telecinco S.A.)

Editorial EL PAÍS, 19/12/2009

Un pacto climático bajo mínimos

Obama acuerda con China y los países emergentes un pacto que considera "un primer paso".
- La Cumbre del Clima rebaja sus expectativas para salvar la cara.

Consulta el especial sobre la cumbre del clima de Copenhague.

Estados Unidos, China y otros gigantes en desarrollo como China, India y Brasil cerraron este viernes por la noche un acuerdo raquítico para salvar la cara en la Cumbre del Clima de Copenhague. Tras acordarlo a puerta cerrada, Obama comunicó el acuerdo a la UE, que lo aceptó. El texto, de tres folios, ni incluye cifras de reducción de emisiones -todos los países se comprometen a presentarlas el 1 de febrero de 2010- y no incluye el concepto "verificación" de emisiones, que tanto molestaba a China. En su lugar, la transparencia que era clave queda como que habrá un sistema "internacional de análisis y consultas" que queda por definir.

• La cuenta atrás del clima
• Obama insiste en que sin la transparencia china el acuerdo no es posible
• "EE UU engañó al mundo en Kioto. No lo repitamos"
• El ecologista español que se coló en la gala de Copenhague será juzgado
• Toda la presión para China
• Prisión preventiva para el director español de Greenpeace.

Tan vago era el resultado de una cumbre tan grande y con tantas expectativas que los presidentes que gestaron el acuerdo salieron cada uno por una puerta sin hacerse la foto de familia.

Con el pacto, los gigantes pretendieron salvar un trámite. 24 horas de negociaciones con jefes de Estado y Gobierno no dieron para más. Y como nadie quería aparecer como el que rompió el acuerdo, los negociadores optaron por ir rebajándolo hasta cerca del suelo.

El texto sí mantiene el objetivo de que la temperatura no suba más de dos grados centígrados para evitar "una interferencia peligrosa" con el clima. Pero sólo dice que las emisiones deberán tocar techo "lo antes posible" -al principio de la cumbre el objetivo era fijarlo en 2020- y no fija objetivos para 2050.

El embajador brasileño de cambio climático, Sergio Serra, explicó que el acuerdo se cocinó en una reunión convocada a media tarde por el primer ministro chino Wen Jiabao. Primero acudieron Lula y los presidentes de India y Sudáfrica, los cuatro grandes emergentes y una hora después apareció Obama. Una vez acordado, el presidente de EEUU fue "a comunicárselo a los europeos", según Serra.

"Ningún país está del todo satisfecho pero es un paso significativo e histórico", dijo un portavoz de la Casa Blanca. El acuerdo "no es suficiente para combatir la amenaza del cambio climático pero es un importante primer paso".
Serra admitió que es "un acuerdo de compromiso". Sobre por qué no habían informado a la UE, Serra lo despachó con un "no creo que la UE tenga ningún problema ya que la clave de EEUU que exigía la transparencia de los países en desarrollo y la UE no fue tan dura".

La fórmula de la transparencia deja claro que la comunicación a la ONU la hará cada país y que "se respetará la soberanía nacional". Las acciones de reducción de emisiones que se hagan con dinero internacional sí estarán sujetas al completo sistema de comprobación. China ha declarado que no quería dinero sino no verse sujeta a las reglas de la contabilidad internacional".

Obama explicó que el acuerdo "no será legalmente vinculante pero cada país enseñará al mundo lo que está haciendo".Aunque el acuerdo queda muy lejos de las aspiraciones de la UE, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, afirmó que "todos los países aceptan el acuerdo" y pasadas las 23.00 seguía sin dar una valoración oficial. Los Veintisiete seguían debatiendo si el acuerdo era suficiente como para elevar su oferta de reducción de emisiones hasta el 30%. "Confío en que subamos la oferta", explicó en los pasillos Josef Matthias Leinen, el portavoz del Parlamento Europeo, que a la vez se mostró "decepcionado" con el resultado.

Los textos reflejaban el lúgubre ambiente que todo el día presidió la cumbre. Obama llegó a primera hora de la mañana a Copenhague, se reunió con Wen Jiabao, y se unió a la negociación que desde la noche antes llevaban a cabo a puerta cerrada 25 países escogidos. Allí estaban las grandes potencias (EE UU, China, Alemania, Reino Unido, Francia, India, Japón, Brasil, Rusia o México) pero también España y Suecia (por la UE), Leshoto, Etiopía o Suráfrica, Sudán (por África) Maldivas (por las islas que se van a hundir con la subida del nivel del mar) y Arabia Saudí (por los países petroleros).

Los primeros ministros entraban y salían aunque sobre las dos de la mañana del viernes la mayoría dejó a sus delegados. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, estuvo por la noche y volvió a las 08.46 de este viernes y permaneció todo el día en el centro de convenciones.

Uno de los presentes explicó que estar en la reunión a puerta cerrada era sentirse parte de algo importante: "En un momento el negociador chino, Su Wei, entró gritando y el sudanés -que preside el G77- le mandó callar llevándose tranquilamente el índice a los labios e indicándole su silla".

Durante la madrugada del viernes, comenzaron a preparar borradores de lo que iban a llamar el Acuerdo de Copenhague, que queda muy lejos de lo pactado en Bali en 2007, cuando los países acordaron tener aquí un tratado que sustituyera al de Kioto, que caduca en 2013. En noviembre pasado, en Barcelona, quedó claro que no habría tal tratado y que en su lugar bastaría con un acuerdo político, y ayer ya valía casi cualquier cosa.

La reunión a puerta cerrada se prolongó tanto que hizo la situación era insostenible fuera de allí. En el plenario, los primeros ministros que no habían sido elegidos esperaban con cara de palo. El circuito cerrado de televisión enfocaba al israelí Simón Peres, al turco Erdogan o a Hugo Chávez y Evo Morales sin cara de pasarlo bien. No son gente acostumbrada a esperar.

Azorado, el primer ministro danés, Lars Okke Rasmussen, paseaba por la tribuna y cada cierto tiempo pedía perdón por el retraso. Finalmente, a media mañana, los principales dirigentes entraban al lugar de la reunión. Los días previos habían hablado más de 100 líderes -a tres minutos cada uno que ninguno respetó- en sesiones maratonianas hasta la madrugada. La cumbre sólo reservó para ayer los discursos de Obama y Wen Jibao. Quedó claro así quién mandaba: los únicos que podían bloquear la negociación y sacarla adelante.

Cuando por fin entraron, los delegados pensaron que había llegado el momento que llevaban dos semanas -dos años en realidad- esperando. Que esa era la hora en la que Obama y Jibao despejarían el camino para que el mundo recibiera la foto y el acuerdo que iba a salvar el planeta. Pero Jiabao se enredó en un discurso frío leído a toda velocidad del que no se sacó nada en claro.
Obama, tenso
Después de Jiabao subió Obama a la tribuna. La UE aún esperaba que hiciera algún movimiento en reducción de emisiones, un guiño al menos de que podía ampliar su oferta de recortar el 17% la emisión en 2020 respecto a 2005 (lo que supone sólo un 4% respecto a 1990). Pero Obama no se movió. En un discurso frío, tenso, como si estuviera enfadado, puso toda la presión en China. Sin transparencia, declaró, el acuerdo serán "palabras vacías en una página de papel". El presidente de EE UU llevaba un discurso preparado para el acuerdo. En el texto que repartió la Casa Blanca ponía "las piezas del acuerdo ya están claras", pero él leyó "deberían estar claras".

Obama venía para firmar un acuerdo y se encontraba con una situación bloqueada y con todos los focos sobre su cara. "La última vez que fue a Copenhague se volvió sin nada" subtitulada la CNN, en alusión a la ceremonia en la misma ciudad dos meses antes en la que Río venció a Chicago como sede de los Juegos Olímpicos.

"Podemos abrazar este acuerdo y ser parte de la historia y mejorar la vida de nuestros hijos y nietos. O podemos elegir el retraso con los mismos argumentos inamovibles durante décadas mientras el peligro crece hasta que sea irreparable. No hay tiempo que perder. América ha elegido su opción. Estamos dispuestos a hacerlo pero tiene que haber movimientos de todas las partes".

Tras los discursos, la negociación volvió a la puerta cerrada durante otras largas horas. Sólo el brasileño Lula da Silva mostró algo de pasión. Tras declararse "frustrado", anunció que Brasil estaba dispuesta a poner dinero sobre la mesa pese a ser un país en desarrollo: "Si es necesario que hagamos más sacrificio, Brasil está dispuesto a poner dinero para ayudar a otros países, lo haremos. Lo que no estamos de acuerdo es que las principales figuras del planeta firmen cualquier papel sólo para decir que han firmado un acuerdo". Lula afirmó que sólo "un milagro" podría salvar Copenhague. "Como creo en Dios creo en los milagros", concluyó. Es dudoso si lo ocurrido por la noche puede ser calificado de tal.

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• Tema: Cambio climático
• La cuenta atrás del clima
• Obama insiste en que sin la transparencia china el acuerdo no es posible
• ENTREVISTA: "EE UU engañó al mundo en Kioto. No lo repitamos"
• El ecologista español que se coló en la gala de Copenhague será juzgado
• REPORTAJE: Toda la presión para China
• Prisión preventiva para el director español de Greenpeace.

RAFAEL MÉNDEZ (Enviado especial) - Copenhague - 18/12/2009
EL PAÍS

Elroto y los índices de audiencia

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Apio Marchito

Cocina Sana

Strudel de Manzana

Receta: Strudel de Manzana - Mujer
¡Un rico y nutritivo postre! Aprende a cocinar un sabroso strudel de manzana y sorprende a todos tus invitados.

Perdices estofadas con chocolate y col

Cocina Ligera

viernes, 18 de diciembre de 2009

Erlich y la Cumbre del Clima

EL PAÍS

Forges y Copenhague

EL PAÍS

Berenjenas con Pimiento al Sésamo

Cocina Ligera

Masa de Pizza.


La base para todas las Pizzas.

Ingredientes:
1 kg. de harina
500 gr de agua
20 grs de levadura
50 grs de aceite de oliva
20 grs de sal

Elaboración:
Primero poner en un bol la harina y mezclar con la levadura, añadir el agua y seguir mezclando; después añadir la sal y a continuación el aceite de oliva. Añadir unos 50grs más de agua en caso de que la masa no quede bien ligada. Dejar reposar 24 horas en la nevera y sacar una hora antes de cocinar protegida con un trapo para evitar costras.

Fabián Martín

Nike Sandwich

jueves, 17 de diciembre de 2009

Mujeres, hombres y el lenguaje no verbal

Navegando por la Red he encontrado estos graciosos dibujos que pretenden mostrar las diferentes percepciones, por sexos, del lenguaje no verbal. ¿Qué ocurre cuándo dos hombres se encuentran? ¿Y si son dos mujeres? Evidentemente es una generalización -de las que dice el Metamodelo del Lenguaje de la Programación Neurolingüística que no se debe hacer, y una exageración. En cualquier caso, me han parecido divertidas. Lo importante es recordar la importancia que tiene el lenguaje no verbal mediante el cual enviamos mensajes inconscientes a los demás. ¿Controlas tu lenguaje no verbal?

PUBLICADO POR MÓNICA PÉREZ DE LAS HERAS

El Vampiro


Sucedió en medio de las disipaciones de un duro invierno en Londres. Apareció en diversas fiestas de los personajes más importantes de la vida nocturna y diurna de la capital inglesa, un noble, más notable por sus peculiaridades que por su rango.

Miraba a su alrededor como si no participara de las diversiones generales. Aparentemente, sólo atraían su atención las risas de los demás, como si pudiera acallarlas a su voluntad y amedrentar aquellos pechos donde reinaba la alegría y la despreocupación. Los que experimentaban esta sensación de temor no sabían explicar cual era su causa. Algunos la atribuían a la mirada gris y fija, que penetraba hasta lo más hondo de una conciencia, hasta lo más profundo de un corazón. Aunque lo cierto era que la mirada sólo recaía sobre una mejilla con un rayo de plomo que pesaba sobre la piel que no lograba atravesar
.

Sus rarezas provocaban una serie de invitaciones a las principales mansiones de la capital. Todos deseaban verle, y quienes se hallaban acostumbrados a la excitación violenta, y experimentaban el peso del —ennui—, estaban sumamente contentos de tener algo ante ellos capaz de atraer su atención de manera intensa.

A pesar del matiz mortal de su semblante, que jamás se coloreaba con un tinte rosado ni por modestia ni por la fuerte emoción de la pasión, pese a que sus facciones y su perfil fuesen bellos, muchas damas que andaban siempre en busca de notoriedad trataban de conquistar sus atenciones y conseguir al menos algunas señales de afecto. Lady Mercer, que había sido la burla de todos los monstruos arrastrados a sus aposentos particulares después de su casamiento, se interpuso en su paso, e hizo cuanto pudo para llamar su atención… pero en vano. Cuando la joven se hallaba ante él, aunque los ojos del misterioso personaje parecían fijos en ella, no parecían darse cuenta de su presencia. Incluso su imprudencia parecía pasar desapercibida a los ojos del caballero, por lo que, cansada de su fracaso, abandonó la lucha.

Mas aunque las vulgares adúlteras no lograron influir en la dirección de aquella mirada, el noble no era indiferente al bello sexo, si bien era tal la cautela con que se dirigía tanto a la esposa virtuosa como a la hija inocente, que muy pocos sabían que hablase también con las mujeres.

Sin embargo, pronto se ganó la fama de poseer una lengua meritoria. Y bien fuese porque la misma superaba al temor que inspiraba aquel carácter tan singular, o porque las damas se quedaron perturbadas ante su aparente odio del vicio, el caballero no tardó en contar con admiradoras tanto entre las mujeres que se ufanaban de su sexo junto con sus virtudes domésticas, como entre las que las manchaban con sus vicios.

Por la misma época, llegó a Londres un joven llamado Aubrey. Era huérfano, con una sola hermana que poseía una fortuna más que respetable, habiendo fallecido sus padres siendo él niño todavía.

Abandonado a sí mismo por sus tutores, que pensaban que su deber sólo consistía en cuidar de su fortuna, en tanto descuidaban aspectos más importantes en manos de personas subalternas, Aubrey cultivó más su imaginación que su buen juicio. Por consiguiente, alimentaba los sentimientos románticos del honor y el candor, que diariamente arruinan a tantos jóvenes inocentes.

Creía en la virtud y pensaba que el vicio lo consentía la Providencia sólo como un contraste de aquella, tal como se lee en las novelas. Pensaba que la desgracia de una casa consistía tan sólo en las vestimentas, que la mantenían cálida, aunque siempre quedaban mejor adaptadas a los ojos de un pintor gracias al desarreglo de sus pliegues y a los diversos manchones de pintura.

Pensaba, en suma, que los sueños de los poetas eran las realidades de la existencia.

Aubrey era guapo, sincero y rico. Por tales razones, tras su ingreso en los círculos alegres, le rodearon y atosigaron muchas mujeres, con hijastras casaderas, y muchas esposas en busca de pasatiempos extraconyugales. Las hijas y las esposas infieles pronto opinaron que era un joven de gran talento, gracias a sus brillantes ojos y a sus sensuales labios.

Adherido al romance de sus solitarias horas, Aubrey se sobresaltó al descubrir que, excepto en las llamas de las velas, que chisporroteaban no por la presencia de un duende sino por las corrientes de aire, en la vida real no existía la menor base para las necedades románticas de las novelas, de las que había extraído sus pretendidos conocimientos.

Hallando, no obstante, cierta compensación a su vanidad satisfecha, estaba a punto de abandonar sus sueños, cuando el extraordinario ser antes mencionado y descrito se cruzó en su camino.

Le escrutó con atención. Y la imposibilidad de formarse una idea del carácter de un hombre tan completamente absorto en sí mismo, de un hombre que presentaba tan pocos signos de la observación de los objetos externos a él —aparte del tácito reconocimiento de su existencia, implicado por evitar su contacto, dejando que su imaginación ideara todo aquello que halagaba su propensión a las ideas extravagantes —pronto convirtió a semejante ser en el héroe de un romance. Y decidió observar a aquel retoño de su fantasía más que al personaje en sí mismo.

Trabó amistad con él, fue atento con sus nociones, y llegó a hacerse notar por el misterioso caballero. Su presencia acabó por ser reconocida.

Se enteró gradualmente de que Lord Ruthven tenía unos asuntos algo embrollados, y no tardó en averiguar, de acuerdo con las notas halladas en la calle, que estaba a punto de emprender un viaje.

Deseando obtener más información con respecto a tan singular criatura, que hasta entonces sólo había excitado su curiosidad sin apenas satisfacerla, Aubrey les comunicó a sus tutores que había llegado el instante de realizar una excursión, que durante muchas generaciones se creía necesaria para que la juventud trepara rápidamente por las escaleras del vicio, igualándose con las personas maduras, con lo que no parecerían caídos del cielo cuando se mencionara ante ellos intrigas escandalosas, como temas de placer y alabanza, según el grado de perversión de las mismas.

Los tutores accedieron a su petición, e inmediatamente Aubrey le contó sus intenciones a Lord Ruthven, sorprendiéndose agradablemente cuando éste le invitó a viajar en su compañía.

Muy ufano de esta prueba de afecto, por parte de una persona que aparentemente no tenía nada en común con los demás mortales, aceptó encantado. Unos días más tarde, ya habían cruzado el Canal de la Mancha.
Hasta entonces, Aubrey no había tenido oportunidad de estudiar a fondo el carácter de su compañero de viaje, y de pronto descubrió que, aunque gran parte de sus acciones eran plenamente visibles, los resultados ofrecían unas conclusiones muy diferentes, de acuerdo con los motivos de su comportamiento.

Hasta entonces, Aubrey no había tenido oportunidad de estudiar a fondo el carácter de su compañero de viaje, y de pronto descubrió que, aunque gran parte de sus acciones eran plenamente visibles los resultados ofrecían conclusiones muy diferentes, de acuerdo con los motivos de su comportamiento.

Su compañero era muy liberal: el vago, el ocioso y el pordiosero recibían de su mano más de lo necesario para aliviar sus necesidades más perentorias. Pero Aubrey observó asimismo que Lord Ruthven jamás aliviaba las desdichas de los virtuosos, reducidos a la indigencia por la mala suerte, a los cuales despedía sin contemplaciones y aun con burlas. Cuando alguien acudía a él no para remediar sus necesidades, sino para poder hundirse en la lujuria o en las más tremendas iniquidades, Lord Ruthven jamás negaba su ayuda.

Sin embargo, Aubrey atribuía esta nota de su carácter a la mayor importunidad del vicio, que generalmente es mucho más insistente que el desdichado y el virtuoso indigente.

En las obras de beneficencia del Lord había una circunstancia que quedó muy grabada en la mente del joven: todos aquellos a quienes ayudaba Lord Ruthven, inevitablemente veían caer una maldición sobre ellos, pues eran llevados al cadalso o se hundían en la miseria más abyecta.

En Bruselas y otras ciudades por las que pasaron, Aubrey se asombró ante la aparente avidez con que su acompañante buscaba los centros de los mayores vicios. Solía entrar en los garitos de faro, donde apostaba, y siempre con fortuna, salvo cuando un canalla era su antagonista, siendo entonces cuando perdía más de lo que había ganado antes. Pero siempre conservaba la misma expresión pétrea, imperturbable, con la generalmente contemplaba a la sociedad que le rodeaba.

No sucedía lo mismo cuando el noble se tropezaba con la novicia juvenil o con un padre infortunado de una familia numerosa. Entonces, su deseo parecía la ley de la fortuna, dejando de lado su abstracción, al tiempo que sus ojos brillaban con más fuego que los del gato cuando juega con el ratón ya moribundo.

En todas las ciudades dejaba a la florida juventud asistente a los círculos por él frecuentados, echando maldiciones, en la soledad de una fortaleza del destino que la había arrastrado hacia él, al alcance de aquel mortal enemigo.

Asimismo, muchos padres sentándose coléricos en medio de sus hambrientos hijos, sin un solo penique de su anterior fortuna, sin lo necesario siquiera para satisfacer sus más acuciantes necesidades.
Sin embargo, cuanto ganaba en las mesas de juego, lo perdía inmediatamente, tras haber esquilmado algunas grandes fortunas de personas inocentes.

Este podía ser el resultado de cierto grado de conocimiento capaz de combatir la destreza de los más experimentados.

Aubrey deseaba a menudo decirle todo esto a su amigo, suplicarle que abandonase esta caridad y estos placeres que causaban la ruina de todo el mundo, sin producirle a él beneficio alguno. Pero demoraba esta súplica, porque un día y otro esperaba que su amigo le diera una oportunidad de poder hablarle con franqueza y sinceridad. Cosa que nunca ocurrió.

Lord Ruthven, en su carruaje, y en medio de la naturaleza más lujuriosa y salvaje, siempre era el mismo: sus ojos hablaban menos que sus labios. Y aunque Aubrey se hallaba tan cerca del objeto de su curiosidad, no obtenía mayor satisfacción de este hecho que la de la constante exaltación del vano deseo de desentrañar aquel misterio que a su excitada imaginación empezaba a asumir las proporciones de algo sobrenatural.

No tardaron en llegar a Roma, y Aubrey perdió de vista a su compañero por algún tiempo, dejándole en la cotidiana compañía del círculo de amistades de una condesa italiana, en tanto él visitaba los monumentos de la ciudad casi desierta.

Estando así ocupado, llegaron varias cartas de Inglaterra, que abría con impaciencia. La primera era de su hermana dándole las mayores seguridades de su cariño; las otras eran de sus tutores; y la última le dejó asombrado.

Si antes había pasado por su imaginación que su compañero de viaje poseía algún malvado poder, aquella carta parecía reforzar tal creencia. Sus tutores insistían en que abandonase inmediatamente a su amigo, urgiéndole a ello en vista de la maldad de tal personaje, a causa de sus casi irresistibles poderes de seducción, que tornaban sumamente peligrosos sus hábitos para con la sociedad en general.

Habían descubierto que su desdén hacia las adúlteras no tenía su origen en el odio a ellas, sino que había requerido, para aumentar su satisfacción personal, que las víctimas —los compañeros de la culpa— fuesen arrojadas desde el pináculo de la virtud inmaculada a los más hondos abismos de la infamia y la degradación. En resumen: que todas aquellas damas a las que había buscado, aparentemente por sus virtudes, se habían quitado la máscara desde la partida de Lord Ruthven, y no sentían ya el menor escrúpulo en exponer toda la deformidad de sus vicios a la contemplación pública.

Aubrey decidió al punto separarse de un personaje que todavía no le había mostrado ni un solo punto brillante en donde posar la mirada. Resolvió inventar un pretexto plausible para abandonarle, proponiéndose, mientras tanto, continuar vigilándolo estrechamente y no dejar pasar la menor circunstancia acusatoria.

De este modo, penetró en el mismo círculo de amistades que Lord Ruthven, y no tardó en darse cuenta de que su amigo estaba dedicado a ocuparse de la inexperiencia de la hija de la dama cuya mansión frecuentaba más a menudo. En Italia, es muy raro que una mujer soltera frecuente los círculos sociales, por lo que Lord Ruthven se veía obligado a llevar adelante sus planes en secreto. Pero la mirada de Aubrey le siguió en todas sus tortuosidades, y pronto averiguó que la pareja había concertado una cita que sin duda iba a causar la ruina de una chica inocente, poco reflexiva.

Sin pérdida de tiempo, se presentó en el apartamento de su amigo, y bruscamente le preguntó cuáles eran sus intenciones con respecto a la joven, manifestándole al propio tiempo que estaba enterado de su cita para aquella misma noche.

Lord Ruthven contestó que sus intenciones eran las que podían suponerse en semejante menester. Y al ser interrogado respecto a si pensaba casarse con la muchacha, se echó a reír.

Aubrey se marchó, e inmediatamente redactó una nota alegando que desde aquel momento renunciaba a acompañar a Lord Ruthven durante el resto del viaje. Luego le pidió a su sirviente que buscase otro apartamento, y fue a visitar a la madre de la joven, a la que informó de cuanto sabía, no sólo respecto a su hija, sino también al carácter de Lord Ruthven.

La cita quedó cancelada. Al día siguiente, Lord Ruthven se limitó a enviar a su criado con una comunicación en la que se avenía a una completa separación, mas sin insinuar que sus planes hubieran quedado arruinados por la intromisión de Aubrey.

Tras salir de Roma, el joven dirigió sus pasos a Grecia, y tras cruzar la península, llegó a Atenas.

Allí fijó su residencia en casa de un griego, no tardando en hallarse sumamente ocupado en buscar las pruebas de la antigua gloria en unos monumentos que, avergonzados al parecer de ser testigos mudos de las hazañas de los hombres que antes fueron libres para convertirse después en esclavos, se hallaban escondidos debajo del polvo o de intrincados líquenes.

Bajo su mismo techo habitaba un ser tan delicado y bello que podía haber sido la modelo de un pintor que deseara llevar a la tela la esperanza prometida a los seguidores de Mahoma en el Paraíso, salvo que sus ojos eran demasiado pícaros y vivaces para pretender a un alma y no a un ser vivo.

Cuando bailaba en el prado, o correteaba por el monte, parecía mucho más ágil y veloz que las gacelas, y también mucho más grácil. Era, en resumen, el verdadero sueño de un epicuro.

El leve paso de Ianthe acompañaba a menudo a Aubrey en su búsqueda de antigüedad. Y a veces la inconsciente joven se empeñaba en la persecución de una mariposa de Cachemira, mostrando la hermosura de sus formas al dejar flotar su túnica al viento, bajo la ávida mirada de Aubrey que así olvidaba las letras que acababa de descifrar en una tablilla medio borrada.

A veces, sus trenzas relucían a los rayos del sol con un brillo sumamente delicado, cambiando rápidamente de matices, pudiendo ello haber sido la excusa del olvido del joven anticuario que dejaba huir de su mente el objeto que antes había creído de capital importancia para la debida interpretación de un pasaje de Pausanias.

Pero, ¿por qué intentar describir unos encantos que todo el mundo veía, mas nadie podía apreciar?
Era la inocencia, la juventud, la belleza, sin estar aún contaminadas por los atestados salones, por las salas de baile.

Mientras el joven anotaba los recuerdos que deseaba conservar en su memoria para el futuro, la muchacha estaba a su alrededor, contemplando los mágicos efectos del lápiz que trazaba los paisajes de su solar patrio.

Entonces, ella le describía las danzas en la pradera, pintándoselas con todos los colores de su juvenil paleta; las pompas matrimoniales entrevistas en su niñez; y, refiriéndose a los temas que evidentemente más la habían impresionado, hablaba de los cuentos sobrenaturales de su nodriza.

Su afán y la creencia en lo que narraba, excitaron el interés de Aubrey. A menudo, cuando ella contaba el cuento del vampiro vivo, que había pasado muchos años entre amigos y sus más queridos parientes alimentándose con la sangre de las doncellas más hermosas para prolongar su existencia unos meses más, la suya se le helaba a Aubrey en las venas, mientras intentaba reírse de aquellas horribles fantasías.

Sin embargo, Ianthe le citaba nombres de ancianos que, por lo menos, habían contado entre sus contemporáneos con un vampiro vivo, habiendo hallado a parientes cercanos y algunos niños marcados con la señal del apetito del monstruo. Cuando la joven veía que Aubrey se mostraba incrédulo ante tales relatos, le suplicaba que la creyese, puesto que la gente había observado que aquellos que se atrevían a negar la existencia del vampiro siempre obtenían alguna prueba que, con gran dolor y penosos castigos, les obligaba a reconocer su existencia.

Ianthe le detalló la aparición tradicional de aquellos monstruos, y el horror de Aubrey aumentó al escuchar una descripción casi exacta de Lord Ruthven.

Pese a ello, el joven, persistió en querer convencer a la joven griega de que sus temores no podían ser debidos a una cosa cierta, si bien al mismo tiempo repasaba en su memoria todas las coincidencias que le habían incitado a creer en los poderes sobrenaturales de Lord Ruthven.

Aubrey cada día sentíase más ligado a Ianthe, ya que su inocencia, tan en contraste con las virtudes fingidas de las mujeres entre las que había buscado su idea de romance, había conquistado su corazón. Si bien le parecía ridícula la idea de que un muchacho inglés, de buena familia y mejor educación, se casara con una joven griega, carente casi de cultura, lo cierto era que cada vez amaba más a la doncella que le acompañaba constantemente.

En algunas ocasiones se separaba de ella, decidido a no volver a su lado hasta haber conseguido sus objetivos. Pero siempre le resultaba imposible concentrarse en las ruinas que le rodeaban, teniendo constantemente en su mente la imagen de quien lo era todo para él.

Ianthe no se daba cuenta el amor que por ella experimentaba Aubrey, mostrándose con él la misma chiquilla casi infantil de los primeros días. Siempre, no obstante, se despedía del joven con frecuencia, mas ello se debía tan sólo a no tener a nadie con quien visitar sus sitios favoritos, en tanto su acompañante se hallaba ocupado bosquejando o descubriendo algún fragmento que había escapado a la acción destructora del tiempo.

La joven apeló a sus padres para dar fe de la existencia de los vampiros. Y todos, con algunos individuos presentes, afirmaron su existencia, pálidos de horror ante aquel solo nombre.

Poco después, Aubrey decidió realizar una excursión, que le llevaría varias horas. Cuando los padres de Ianthe oyeron el nombre del lugar, le suplicaron que no regresase de noche, ya que necesariamente debería atravesar un bosque por el que ningún griego pasaba, una vez que había oscurecido, por ningún motivo.

Le describieron dicho lugar como el paraje donde los vampiros celebraban sus orgías y bacanales nocturnas. Y le aseguraron que sobre el que se atrevía a cruzar por aquel sitio recaían los peores males.

Aubrey no quiso hacer caso de tales advertencias, tratando de burlarse de aquellos temores. Pero cuando vio que todos se estremecían ante sus risas por aquel poder superior o infernal, cuyo solo nombre le helaba la sangre, acabó por callar y ponerse grave.

A la mañana siguiente, Aubrey salió de excursión, según había proyectado. Le sorprendió observar la melancólica cara de su huésped, preocupado asimismo al comprender que sus burlas de aquellos poderes hubiesen inspirado tal terror.

Cuando se hallaba a punto de partir, Ianthe se acercó al caballo que el joven montaba y le suplicó que regresase pronto, pues era por la noche cuando aquellos seres malvados entraban en acción. Aubrey se lo prometió.

Sin embargo, estuvo tan ocupado en sus investigaciones que no se dio cuenta de que el día iba dando fin a su reinado y que en el horizonte aparecía una de aquellas manchas que en los países cálidos se convierten muy pronto en una masa de nubes tempestuosas, vertiendo todo su furor sobre el desdichado país.

Finalmente, montó a caballo, decidido a recuperar su retraso. Pero ya era tarde. En los países del sur apenas existe el crepúsculo. El sol se pone inmediatamente y sobreviene la noche. Aubrey se había demorado con exceso. Tenía la tormenta encima, los truenos apenas se concedían un respiro entre sí, y el fuerte aguacero se abría paso por entre el espeso follaje, en tanto el relámpago azul parecía caer a sus pies.

El caballo se asustó de repente, y emprendió un galope alocado por entre el espeso bosque. Por fin, agotado de cansancio, el animal se paró, y Aubrey descubrió a la luz de los relámpagos que estaba en la vecindad de una choza que apenas se destacaba por entre la hojarasca y la maleza que le rodeaba.

Desmontó y se aproximó, cojeando, con el fin de encontrar a alguien que pudiera llevarle a la ciudad, o al menos obtener asilo contra la furiosa tormenta.

Cuando se acercaba a la cabaña, los truenos, que habían callado un instante, le permitieron oír unos gritos femeninos, gritos mezclados con risotadas de burla, todo como en un solo sonido. Aubrey quedó turbado. Mas, soliviantado por el trueno que retumbó en aquel momento, con un súbito esfuerzo empujó la puerta de la choza.
No vio más que densas tinieblas, pero el sonido le guió. Aparentemente, nadie se había dado cuenta de su presencia, pues aunque llamó, los mismos sonidos continuaron, sin que nadie reparase al parecer en él.

No tardó en tropezar con alguien, a quien apresó inmediatamente. De pronto, una voz volvió a gritar de manera ahogada, y al grito sucedió una carcajada. Aubrey se halló al momento asido por una fuerza sobrehumana. Decidido a vender cara su vida, luchó mas en vano. Fue levantado del suelo y arrojado de nuevo al mismo con una potencia enorme. Luego, su enemigo se le echó encima y, arrodillado sobre su pecho, le rodeó la garganta con las manos. De repente, el resplandor de varias antorchas entrevistas por el agujero que hacía las veces de ventana, vino en su ayuda. Al momento, su rival se puso de pie y, separándose del joven, corrió hacia la puerta. Muy poco después, el crujido de las ramas caídas al ser pisoteadas por el fugitivo también dejó de oírse.

La tormenta había cesado, y Aubrey, incapaz de moverse, gritó, siendo oído poco después por los portadores de antorchas.

Entraron a la cabaña, y el resplandor de la resina quemada cayó sobre los muros de barro y el techo de bálago, totalmente lleno de mugre.

A instancias del joven, los recién llegados buscaron a la mujer que le había atraído con sus chillidos. Volvió, por tanto, a quedarse en tinieblas. Cual fue su horror cuando de nuevo quedó iluminado por la luz de las antorchas, pudiendo percibir la forma etérea de su amada convertida en un cadáver.

Cerró los ojos, esperando que sólo se tratase de un producto espantoso de su imaginación. Pero volvió a ver la misma forma al abrirlos, tendida a su lado.

No había el menor color en sus mejillas, ni siquiera en sus labios, y en su semblante se veía una inmovilidad que resultaba casi tan atrayente como la vida que antes lo animara. En el cuello y en el pecho había sangre, en la garganta las señales de los colmillos que se habían hincado en las venas.
— ¡Un vampiro! ¡Un vampiro! —gritaron los componentes de la partida ante aquel espectáculo.

Rápidamente construyeron unas parihuelas, y Aubrey echó a andar al lado de la que había sido el objeto de tan brillantes visiones, ahora muerta en la flor de su vida.

Aubrey no podía ni siquiera pensar, pues tenía el cerebro ofuscado, pareciendo querer refugiarse en el vacío. Sin casi darse cuenta, empuñaba en su mano una daga de forma especial, que habían encontrado en la choza. La partida no tardó en reunirse con más hombres, enviados a la búsqueda de la joven por su afligida madre. Los gritos de los exploradores al aproximarse a la ciudad, advirtieron a los padres de la doncella que había sucedido una horrorosa catástrofe. Sería imposible describir su dolor. Cuando comprobaron la causa de la muerte de su hija, miraron a Aubrey y señalaron el cadáver. Estaban inconsolables, y ambos murieron de pesar.

Aubrey, ya en la cama, padeció una violentísima fiebre, con mezcolanza de delirios. En estos intervalos llamaba a Lord Ruthven y a Ianthe, mediante cierta combinación que le parecía una súplica a su antiguo compañero de viaje para que perdonase la vida de la doncella.

Otras veces lanzaba imprecaciones contra Lord Ruthven, maldiciéndole como asesino de la joven griega.

Por casualidad, Lord Ruthven llegó por aquel entonces a Atenas. Cuando se enteró del estado de su amigo, se presentó inmediatamente en su casa y se convirtió en su enfermero particular.

Cuando Aubrey se recobró de la fiebre y los delirios, se quedó horrorizado, petrificado, ante la imagen de aquel a quien ahora consideraba un vampiro. Lord Ruthven —con sus amables palabras, que implicaban casi cierto arrepentimiento por la causa que había motivado su separación— y la ansiedad, las atenciones y los cuidados prodigados a Aubrey, hicieron que éste pronto se reconciliase con su presencia.

Lord Ruthven parecía cambiado, no siendo ya el ser apático de antes, que tanto había asombrado a Aubrey. Pero tan pronto terminó la convalecencia del joven, su compañero volvió a ofrecer la misma condición de antes, y Aubrey ya no distinguió la menor diferencia, salvo que a veces veía la mirada de Lord Ruthven fija en él, al tiempo que una sonrisa maliciosa flotaba en sus labios. Sin saber por qué, aquella sonrisa le molestaba.

Durante la última fase de su recuperación, Lord Ruthven pareció absorto en la contemplación de las olas que levantaba en el mar la brisa marina, o en señalar el progreso de los astros que, como el nuestro, dan vueltas en torno al Sol. Y más que nada, parecía evitar todas las miradas ajenas.

Aubrey, a causa de la desgracia sufrida, tenía su cerebro bastante debilitado, y la elasticidad de espíritu que antes era su característica más acusada parecía haberle abandonado para siempre.

No era tan amable del silencio y la soledad como Lord Ruthven, pero deseaba estar solo, cosa que no podía conseguir en Atenas. Si se dedicaba a explorar las ruinas de la antigüedad, el recuerdo de Ianthe a su lado le atosigaba de continuo. Si recorría los bosques, el paso ligero de la joven parecía corretear a su lado, en busca de la modesta violeta. De repente, esta visión se esfumaba, y en su lugar veía el rostro pálido y la garganta herida de la joven, con una tímida sonrisa en sus labios.

Decidió rehuir tales visiones, que en su mente creaban una serie de amargas asociaciones. De este modo, le propuso a Lord Ruthven, a quien se sentía unido por los cuidados que aquel le había prodigado durante su enfermedad, que visitasen aquellos rincones de Grecia que aún no habían visto.

Los dos recorrieron la península en todas las direcciones, buscando cada rincón que pudiera estar unido a un recuerdo. Pero aunque lo exploraron todo, nada vieron que llamase realmente su interés.

Oían hablar mucho de diversas bandas de ladrones, mas gradualmente fueron olvidándose de ellas atribuyéndolas a la imaginación popular, o a la invención de algunos individuos cuyo interés consistía en excitar la generosidad de aquellos a quienes fingían proteger de tales peligros.

En consecuencia, sin hacer caso de tales advertencias, en cierta ocasión viajaban con muy poca escolta, cuyos componentes más debían servirles de guía que de protección. Al penetrar en un estrecho desfiladero, en el fondo del cual se hallaba el lecho de un torrente, lleno de grandes masas rocosas desprendidas de los altos acantilados que lo flanqueaban, tuvieron motivos para arrepentirse de su negligencia. Apenas se habían adentrado por paso tan angosto cuando se vieron sorprendidos por el silbido de las balas que pasaban muy cerca de sus cabezas, y las detonaciones de varias armas.

Al instante siguiente, la escolta les había abandonado, y resguardándose detrás de las rocas, empezaron todos a disparar contra sus atacantes.

Lord Ruthven y Aubrey, imitando su ejemplo, se retiraron momentáneamente al amparo de un recodo del desfiladero. Avergonzados por asustarse tanto ante un vulgar enemigo, que con gritos insultantes les conminaban a seguir avanzando, y estando expuestos al mismo tiempo a una matanza segura si alguno de los ladrones se situaba más arriba de su posición y les atacaba por la espalda, determinaron precipitarse al frente, en busca del enemigo…

Apenas abandonaron el refugio rocoso, Lord Ruthven recibió en el hombro el impacto de una bala que le envió rodando al suelo. Aubrey corrió en su ayuda, sin hacer caso del peligro a que se exponía, mas no tardó en verse rodeado por los malhechores, al tiempo que los componentes de la escolta, al ver herido a Lord Ruthven, levantaron inmediatamente las manos en señal de rendición.

Mediante la promesa de grandes recompensas, Aubrey logró convencer a sus atacantes para que trasladasen a su herido amigo a una cabaña situada no lejos de allí. Tras hacer concertado el rescate a pagar, los ladrones no le molestaron, contentándose con vigilar la entrada de la cabaña hasta el regreso de uno de ellos, que debía percibir la suma prometida gracias a una orden firmada por el joven.

Las energías de Lord Ruthven disminuyeron rápidamente. Dos días más tarde, la muerte pareció ya inminente. Su comportamiento y su aspecto no había cambiado, pareciendo tan inconsciente al dolor como a cuanto le rodeaba. Hacia el fin del tercer día, su mente pareció extraviarse, y su mirada se fijó insistentemente en Aubrey, el cual sintiose impulsado a ofrecerle más que nunca su ayuda.
—Sí, tú puedes salvarme… Puedes hacer aún mucho más… No me refiero a mi vida, pues temo tan poco a la muerte como al término del día. Pero puedes salvar mi honor. Sí, puedes salvar el honor de tu amigo.
— Decidme cómo —asintió Aubrey—, y lo haré.
—Es muy sencillo. Yo necesito muy poco… Mi vida necesita espacio… Oh, no puedo explicarlo todo… Mas si callas cuanto sabes de mí, mi honor se verá libre de las murmuraciones del mundo, y si mi muerte es por algún tiempo desconocida en Inglaterra… yo… yo… ah, viviré.
—Nadie lo sabrá.
— ¡Júralo! — Exigió el moribundo, incorporándose con gran violencia—. ¡Júralo por las almas de tus antepasados, por todos los temores de la naturaleza, jura que durante un año y un día no le contarás a nadie mis crímenes ni mi muerte, pase lo que pase, veas lo que veas!

Sus ojos parecían querer salir de sus órbitas.
—¡Lo juro! —exclamó Aubrey.

Lord Ruthven de dejó caer sobre la almohada, lanzando una carcajada, y expiró.

Aubrey se retiró a descansar, mas no durmió pues su cerebro daba vueltas y más vueltas sobre los detalles de su amistad con tan extraño ser, y sin saber por qué, cuando recordaba el juramento prestado se sentía invadido por un frío extraño, con el presentimiento de una desgracia inminente.

Se levantó muy temprano al día siguiente, e iba ya a entrar en la cabaña donde había dejado el cadáver, cuando uno de los ladrones le comunicó que ya no estaba allí, puesto que él y sus camaradas lo habían transportado a la cima de la montaña, según la promesa hecha al difunto de que lo dejarían expuesto al primer rayo de luna después de su muerte.

Aubrey se quedó atónito ante aquella noticia. Junto con varios individuos, decidió ir adonde habían dejado a Lord Ruthven, para enterrarlo debidamente. Pero una vez en la cumbre de la montaña, no halló ni rastro del cadáver ni de sus ropas, aunque los ladrones juraron que era aquel el lugar en que dejaron al muerto.
Durante algún tiempo su mente perdiese en conjeturas, hasta que decidió descender de nuevo, convencido de que los ladrones habían enterrado el cadáver tras despojarlo de sus vestiduras.

Harto de un país en el que sólo había padecido tremendos horrores, y en el que todo conspiraba para fortalecer aquella superstición melancólica que se había adueñado de su mente, resolvió abandonarlo, no tardando en llegar a Esmirna.

Mientras esperaba un barco que le condujera a Otranto o a Nápoles, estuvo ocupado en disponer los efectos que tenía consigo y que habían pertenecido a Lord Ruthven. Entre otras cosas halló un estuche que contenía varias armas, más o menos adecuada para asegurar la muerte de una víctima. Dentro se hallaban varias dagas y yataganes.

Mientras los examinaba, asombrado ante sus curiosas formas, grande fue su sorpresa al encontrar una vaina ornamentada en el mismo estilo que la daga hallada en la choza fatal. Aubrey se estremeció, y deseando obtener nuevas pruebas, buscó la daga. Su horror llegó a su culminación cuando verificó que la hoja se adaptaba a la vaina, pese a su peculiar forma.

No necesitaba ya más pruebas, aunque sus ojos parecían como pegados a la daga, pese a lo cuál todavía se resistía a creerlo. Sin embargo, aquella forma especial, los mismos esplendorosos adornos del mango y la vaina, no dejaban el menor resquicio a la duda. Además, ambos objetos mostraban gotas de sangre.

Partió de Esmirna y, ya en Roma, sus primeras investigaciones se refirieron a la joven que él había intentado arrancar a las artes seductoras de Lord Ruthven. Sus padres se hallaban desconsolados, totalmente arruinados, y a la joven no se la había vuelto a ver desde la salida de la capital de Lord Ruthven.

El cerebro de Aubrey estuvo a punto de desquiciarse ante tal cúmulo de horrores, temiendo que la joven también hubiese sido víctima del mismo asesino de Ianthe. Aubrey tornóse más callado y retraído y su sola ocupación consistió ya en apresurar a sus postillones, como si tuviese necesidad de salvar a un ser muy querido.

Llegó a Calais, y una brisa que parecía obediente a sus deseos no tardó en dejarle en las costas de Inglaterra. Corrió a la mansión de sus padres y allí, por un momento, pareció perder, gracias a los besos y abrazos de su hermana, todo recuerdo del pasado. Si antes, con sus infantiles caricias, ya había conquistado el afecto de su hermano, ahora que empezaba a ser mujer todavía la quería más.

La señorita Aubrey no poseía la alada gracia que atrae las miradas y el aplauso de las reuniones y fiestas. No había en ella el ingenio ligero que sólo existe en los salones. Sus ojos azules jamás se iluminaban con ironías o sarcasmos. En toda su persona había como un halo de encanto melancólico que no se debía a ninguna desdicha sino a un sentimiento interior, que parecía indicar un alma consciente de un reino más brillante.

No tenía el paso leve, que atrae como el vuelo grácil de la mariposa, como un color grato a la vista. Su paso era sosegado y pensativo. Cuando estaba sola, su semblante jamás se alegraba con una sonrisa de júbilo. Pero al sentir el afecto de su hermano, y olvidar en su presencia los pesares que le impedían el descanso, ¿quién no habría cambiado una sonrisa por tanta dicha?

Era como si los ojos de la joven, su rostro entero, jugasen a la luz de su esfera propia. Sin embargo, la muchacha sólo contaba dieciocho años, por lo que no había sido presentada en sociedad, habiendo juzgado sus tutores que debían demorarse tal acto hasta que su hermano regresara del continente, momento en que se constituiría en su protector.

Por tanto, resolvieron que darían una fiesta con el fin de que ella apareciese —en escena—. Aubrey habría preferido estar apartado de todo bullicio, alimentándose con la melancolía que le abrumaba. No experimentaba el menor interés por las frivolidades de personas desconocidas, aunque se mostró dispuesto a sacrificar su comodidad para proteger a su hermana.

De esta manera, no tardaron en llegar a su casa de la capital, a fin de disponerlo todo para el día siguiente, elegido para la fiesta.

La multitud era excesiva. Una fiesta no vista en mucho tiempo, donde todo el mundo estaba ansioso de dejarse ver.

Aubrey apareció con su hermana. Luego, estando solo en un rincón, mirando a su alrededor con muy poco interés, pensando abstraídamente que la primera vez que había visto a Lord Ruthven había sido en aquel mismo salón había sido en aquel mismo salón, se sintió de pronto cogido por el brazo, al tiempo que en sus oídos resonaba una voz que recordaba demasiado bien.
—Acuérdate del juramento.

Aubrey apenas tuvo valor para volverse, temiendo ver a un espectro que le podría destruir; y distinguió no lejos a la misma figura que había atraído su atención cuando, a su vez, él había entrado por primera vez en sociedad.

Contempló a aquella figura fijamente, hasta que sus piernas casi se negaron a sostener el peso de su cuerpo. Luego, asiendo a un amigo del brazo, subió a su carruaje y le ordenó al cochero que le llevase a su casa de campo.
Una vez allí, empezó a pasearse agitadamente, con la cabeza entre las manos, como temiendo que sus pensamientos le estallaran en el cerebro.

Lord Ruthven había vuelto a presentarse ante él… Y todos los detalles se encadenaron súbitamente ante sus ojos; la daga…, la vaina…, la víctima…, su juramento.

¡No era posible, se dijo muy excitado, no era posible que un muerto resucitara!

Era imposible que fuese un ser real. Por eso, decidió frecuentar de nuevo la sociedad. Necesitaba aclarar sus dudas. Pero cuando, noche tras noche, recorrió diversos salones, siempre con el nombre de Lord Ruthven en sus labios, nada consiguió.

Una semana más tarde, acudió con su hermana a una fiesta en la mansión de unas nuevas amistades. Dejándola bajo la protección de la anfitriona, Aubrey se retiró a un rincón y allí dio rienda suelta a sus pensamientos.

Cuando al fin vio que los invitados empezaban a marcharse, penetró en el salón y halló a su hermana rodeada de varios caballeros, al parecer conversando animadamente. El joven intentó abrirse paso para acudir junto a su hermana, cuando uno de los presentes, al volverse, le ofreció aquellas facciones que tanto aborrecía.

Aubrey dio un tremendo salto, tomó a su hermana del brazo y apresuradamente la arrastró hacia la calle. En la puerta encontró impedido el paso por la multitud de criados que aguardaban a sus respectivos amos. Mientras trataba de superar aquella barrera humana, volvió a su oído la conocida y fatídica voz:
—¡Acuérdate del juramento!

No se atrevió a girar y, siempre arrastrando a su hermana, no tardó en llegar a casa.

Aubrey empezó a dar señales de desequilibrio mental. Si antes su cerebro había estado sólo ocupado con un tema, ahora se hallaba totalmente absorto en él, teniendo ya la certidumbre de que el monstruo continuaba viviendo.

No paraba ya mientes en su hermana, y fue inútil que ésta tratara de arrancarle la verdad de tan extraña conducta. Aubrey limitándose a proferir palabras casi incoherentes, que aún aterraban más a la muchacha.

Cuando Aubrey más meditaba en ello, más trastornado estaba. Su juramento le abrumaba. ¿Debía permitir, pues, que aquel monstruo rondase por el mundo, en medio de tantos seres queridos, sin delatar sus intenciones? Su misma hermana había hablado con él. Pero, aunque quebrantase su juramento y revelase las verdaderas intenciones de Lord Ruthven, ¿quién le iba a creer? Pensó en servirse de su propia mano para desembarazar al mundo de tan cruel enemigo. Recordó, sin embargo, que la muerte no afectaba al monstruo. Durante días permaneció en tal estado, encerrado en su habitación, sin ver a nadie, comiendo sólo cuando su hermana le apremiaba a ello, con lágrimas en los ojos.

Al fin, no pudiendo soportar por más tiempo el silencio y la soledad salió de la casa para rondar de calle en calle, ansioso de descubrir la imagen de quien tanto le acosaba. Su aspecto distaba mucho de ser atildado, exponiendo sus ropas tanto al feroz sol de mediodía como a la humedad de la noche. Al fin, nadie pudo ya reconocer en él al antiguo Aubrey. Y si al principio regresaba todas las noches a su casa, pronto empezó a descansar allí donde la fatiga le vencía.

Su hermana, angustiada por su salud, empleó a algunas personas para que le siguiesen, pero el joven supo distanciarlas, puesto que huía de un perseguidor más veloz que aquellas: su propio pensamiento.

Su conducta, no obstante, cambió de pronto. Sobresaltado ante la idea de que estaba abandonando a sus amigos, con un feroz enemigo entre ellos de cuya presencia no tenían el menor conocimiento, decidió entrar de nuevo en sociedad y vigilar estrechamente, ansiando advertir, a pesar de su juramento, a todos aquellos a quienes Lord Ruthven demostrase cierta amistad.

Mas al entrar en un salón, su aspecto miserable, su barba de varios días, resultaron tan sorprendentes, sus estremecimientos interiores tan visibles, que su hermana se vio al fin obligada a suplicarle que se abstuviese en bien de ambos a una sociedad que le afectaba de manera tan extraña.

Cuando esta súplica resultó vana, los tutores creyeron su deber interponerse y, temiendo que el joven tuviera trastornado el cerebro, pensaron que había llegado el momento de recobrar ante él la autoridad delegada por sus difuntos padres.

Deseoso de precaverle de las heridas mentales y de los sufrimientos físicos que padecía a diario en sus vagabundeos, e impedir que se expusiera a los ojos de sus amistades con las inequívocas señales de su trastorno, acudieron a un médico para que residiera en la mansión y cuidase de Aubrey.

Este apenas pareció darse cuenta de ello: tan completamente absorta estaba su mente en el otro asunto. Su incoherencia acabó por ser tan grande, que se vio confinado en su dormitorio. Allí pasaba los días tendido en la cama, incapaz de levantarse.

Su rostro se tornó demacrado y sus pupilas adquirieron un brillo vidrioso; sólo mostraba cierto reconocimiento y afecto cuando entraba su hermana a visitarle. A veces se sobresaltaba, y tomándole las manos, con unas miradas que afligían intensamente a la joven, deseaba que el monstruo no la hubiese tocado ni rozado siquiera.
— ¡Oh, hermana querida, no le toques! ¡Si de veras me quieres, no te acerques a él!

Sin embargo, cuando ella le preguntaba a quién se refería, Aubrey se limitaba a murmurar:
— ¡Es verdad, es verdad!

Y de nuevo se hundía en su abatimiento anterior, del que su hermana no lograba ya arrancarle.

Esto duró muchos meses. Pero, gradualmente, en el transcurso de aquel año, sus incoherencias fueron menos frecuentes, y su cerebro se aclaró bastante, al tiempo que sus tutores observaban que varias veces diarias contaba con los dedos cierto número, y luego sonreía.

Al llegar el último día del año, uno de los tutores entró en el dormitorio y empezó a conversar con el médico respecto a la melancolía del muchacho, precisamente cuando al día siguiente debía casarse su hermana.
Instantáneamente, Aubrey mostrase alerta, y preguntó angustiosamente con quién iba a contraer matrimonio. Encantados de aquella demostración de cordura, de la que le creían privado, mencionaron el nombre del Conde de Marsden.

Creyendo que se trataba del joven conde al que él había conocido en sociedad, Aubrey pareció complacido, y aún asombró más a sus oyentes al expresar su intención de asistir a la boda, y su deseo de ver cuanto antes a su hermana.

Aunque ellos se negaron a este anhelo, su hermana no tardó en hallarse a su lado. Aubrey, al parecer, no fue capaz de verse afectado por el influjo de la encantadora sonrisa de la muchacha, puesto que la abrazó, la besó en las mejillas, bañadas en lágrimas por la propia joven al pensar que su hermano volvía a estar en el mundo de los cuerdos.

Aubrey empezó a expresar su cálido afecto y a felicitarla por casarse con una persona tan distinguida, cuando de repente se fijó en un medallón que ella lucía sobre el pecho. Al abrirlo, cuál no sería su inmenso estupor al descubrir las facciones del monstruo que tanto y tan funestamente había influido en su existencia.

En un paroxismo de furor, tomó el medallón y, arrojándolo al suelo, lo pisoteó. Cuando ella le preguntó por qué había destruido el retrato de su futuro esposo, Aubrey la miró como sin comprender. Después, asiéndola de las manos, y mirándola con una frenética expresión de espanto, quiso obligarla a jurar que jamás se casaría con semejante monstruo, ya que él…

No pudo continuar. Era como si su propia voz le recordase el juramento prestado, y al girarse en redondo, pensando que Lord Ruthven se hallaba detrás suyo, no vio a nadie.

Mientras tanto, los tutores y el médico, que todo lo habían oído, pensando que la locura había vuelto a apoderarse de aquel pobre cerebro, entraron y le obligaron a separarse de su hermana.

Aubrey cayó de rodillas ante ellos, suplicándoles que demorasen la boda un solo día. Mas ellos, atribuyendo tal petición a la locura que se imaginaban devoraba su mente, intentaron calmarle y le dejaron solo.

Lord Ruthven visitó la mansión a la mañana siguiente de la fiesta, y le fue negada la entrada como a todo el mundo. Cuando se enteró de la enfermedad de Aubrey, comprendió que era él la causa inmediata de la misma. Cuando se enteró de que el joven estaba loco, apenas si consiguió ocultar su júbilo ante aquellos que le ofrecieron esta información.

Corrió a casa de su antiguo compañero de viaje, y con sus constantes cuidados y fingimiento del gran interés que sentía por su hermano y por su triste destino, gradualmente fue conquistando el corazón de la señorita Aubrey.
¿Quien podía resistirse a aquel poder? Lord Ruthven hablaba de los peligros que le habían rodeado siempre, del escaso cariño que había hallado en el mundo, excepto por parte de la joven con la que conversaba. ¡Ah, desde que la conocía, su existencia había empezado a parecer digna de algún valor, aunque sólo fuese por la atención que ella le prestaba! En fin, supo utilizar con tanto arte sus astutas mañas, o tal fue la voluntad del Destino, que Lord Ruthven conquistó el amor de la hermana de Aubrey.

Gracias al título de una rama de su familia, obtuvo una embajada importante, que le sirvió de excusa para apresurar la boda (pese al trastorno mental del hermano), de modo que la misma tendría lugar al día siguiente, antes de su partida para el continente.

Aubrey, una vez lejos del médico y el tutor, trató de sobornar a los criados, pero en vano. Pidió pluma y papel, que le entregaron, y escribió una carta a su hermana, conjurándola —si en algo apreciaba su felicidad, su honor y el de quienes yacían en sus tumbas, que antaño la habían tenido en brazos como su esperanza y la esperanza del buen nombre familiar— a posponer sólo por unas horas aquel matrimonio, sobre el que vertía sus más terribles maldiciones.

Los criados prometieron entregar la misiva, mas como se la dieron al médico, éste prefirió no alterar a la señorita Aubrey con lo que, consideraba, era solamente la manía de un demente.

Transcurrió la noche sin descanso para ninguno de los ocupantes de la casa. Y Aubrey percibió con horror los rumores de los preparativos para el casamiento.

Vino la mañana, y a sus oídos llegó el ruido de los carruajes al ponerse en marcha. Aubrey se puso frenético. La curiosidad de los sirvientes superó, al fin, a su vigilancia. Y gradualmente se alejaron para ver partir a la novia, dejando a Aubrey al cuidado de una indefensa anciana.

Aubrey se aprovechó de aquella oportunidad. Saltó fuera de la habitación y no tardó en presentarse en el salón donde todo el mundo se hallaba reunido, dispuesto para la marcha. Lord Ruthven fue el primero en divisarle, e inmediatamente se le acercó, asiéndolo del brazo con inusitada fuerza para sacarle de la estancia, trémulo de rabia.

Una vez en la escalinata, le susurró al oído:
—Acuérdate del juramento y sabe que si hoy no es mi esposa, tu hermana quedará deshonrada. ¡Las mujeres son tan frágiles…!

Así diciendo, le empujó hacia los criados, quienes, alertados ya por la anciana, le estaban buscando. Aubrey no pudo soportarlo más: al no hallar salida a su furor, se le rompió un vaso sanguíneo y tuvo que ser trasladado rápidamente a su cama.

Tal suceso no le fue mencionado a la hermana, que no estaba presente cuando aconteció , pues el médico temía causarle cualquier agitación.

La boda se celebró con toda solemnidad, y el novio y la novia abandonaron Londres.

La debilidad de Aubrey fue en aumento, y la hemorragia de sangre produjo los síntomas de la muerte próxima. Deseaba que llamaran a los tutores de su hermana, y cuando éstos estuvieron presentes y sonaron las doce campanadas de la medianoche, instantes en que se cumplía el plazo impuesto a su silencio, relató apresuradamente cuanto había vivido y sufrido… y falleció inmediatamente después.

Los tutores se apresuraron a proteger a la hermana de Aubrey, mas cuando llegaron ya era tarde. Lord Ruthven había desaparecido, y la joven había saciado la sed de sangre de un vampiro.

FIN
John William Polidori (1819)