viernes, 31 de agosto de 2012

Enrique Sanfrancisco - Navidad

El Roto y la Crisis

EL PAÍS

Gila - Guerra

jueves, 30 de agosto de 2012

miércoles, 29 de agosto de 2012

Civilización con y sin valores

Castle Stalker - Scotland

Un cuento, un consejo


El cuento:
Se cuenta que unos chicos mayores le tomaban el pelo a otro más pequeño. Le ofrecían una moneda de cinco céntimos y una de diez, dándole a elegir entre las dos y quedarse con la que él quisiera. El pequeño siempre elegía la de cinco "porque era más grande". Los mayores le daban la moneda y se reían de él por ser tan ingenuo.

El juego se repetía una y otra vez y en todas las ocasiones el pequeño elegía la moneda de cinco centavos "porque era más grande", y los mayores siempre se la daban mientras se reían de él.

Un profesor que se dio cuenta de lo que estaba pasando, sintiendo pena del pequeño, le preguntó: ¿Es que no sabes que la moneda de diez centavos vale más?

-Por supuesto- contestó el niño

-Y entonces ¿Por qué sigues eligiendo la de cinco?- le preguntó el profesor

-Porque si escojo la de diez ya no me ofrecerán más dinero.

(tomado de The mindgym)

el consejo:
El mayor placer de una persona inteligente es aparentar ser idiota delante de un idiota que aparenta ser inteligente
.

lunes, 27 de agosto de 2012

domingo, 26 de agosto de 2012

La Civilización según Freud

La Feria de los Deseos

Vía Muy Interesante

La Dieta del Pito

Vía Muy Interesante

sábado, 25 de agosto de 2012

La Cura del Sueño

De los amigos del Sur...

Estoy Solo...

Vivir solo cuesta vida

viernes, 24 de agosto de 2012

jueves, 23 de agosto de 2012

LA INVITACIÓN AMABLE


Acércate, poeta; mi alma es sobria,
de amor no entiende -del amor terreno-
su amor es mas altivo y es mas bueno.

No pediré los besos de tus labios.
No beberé en tu vaso de cristal,
el vaso es frágil y ama lo inmortal.

Acércate, poeta sin recelos...
ofréndame la gracia de tus manos,
no habrá en mi antojo pensamientos vanos.

¿Quieres ir a los bosques con un libro,
un libro suave de belleza lleno?...
Leer podremos algún trozo ameno.

Pondré en la voz la religión de tu alma,
religión de piedad y de armonía
que hermana en todo con la cuita mía.

Te pediré me cuentes tus amores
y alguna historia que por ser añeja
nos dé el perfume de una rosa vieja.

Yo no diré nada de mi misma
porque no tengo flores perfumadas
que pudieran así ser historiadas.

El cofre y una urna de mis sueños idos
no se ha de abrir, cesando su letargo,
para mostrarte el contenido amargo.

Todo lo haré buscando tu alegría
y seré para ti tan bondadosa
como el perfume de la vieja rosa.

¿La invitación esta... sincera y noble.
Quieres ser mi poeta buen amigo
y sólo tu dolor partir conmigo?

Alfonsina Storni

Mi noche triste


Esta noche que te has ido
desde luego volverás
y verás que mi alma es muda como una bruma triste.

No tolero este destino y esta noche que te vas
aseguro que has venido.
Esta alma, de tan triste, siempre amó la soledad
y por eso, nada más,
nos habremos conocido.

Esta noche que te has ido lo que vea lo verás,
lo que digo lo has oído.

Hay una barca de vela en un lago muy tranquilo.
Fue rotundo y fue rapaz tanto tiempo que ha ultrajado
un timón tan carcomido.

Hay un viejo que la observa y la toca con la rama
que en la orilla ha recogido.
Es un viejo que recuerda lo que todavía ama
de algún tiempo que ha pasado
y le ha pertenecido.

Lo que vea lo verás
esta noche que te has ido.

Este lago tiene paz y esta barca que tú viste
ya no puede navegar como antes ha podido.
Cada vez que vuelve a verla vuelve el viejo a recordar
a ese niño navegante
que una vez había sido.

Esta noche que te has ido
desde luego volverás,
esta imagen que leíste te dirá lo que he sufrido.

Esta noche que es tan triste
lo que vea lo verás.

Esta noche no te fuiste. Esta noche no te vas.
Esta noche no te has ido.

por Alejandro Marzioni

COLD IN HAND BLUES


Y qué es lo que vas a decir
voy a decir solamente algo
y qué es lo que vas a hacer
voy a ocultarme en el lenguaje
y por qué:
tengo miedo

Alejandra Pizarnik

miércoles, 22 de agosto de 2012

Esperando la Muerte

CUANDO PIENSO QUE TODO LO QUE CRECE


Cuando pienso que todo lo que crece 
su perfección conserva un mero instante; 
que las funciones de este gran proscenio 
se dan bajo la influencia de los astros; 

y que el hombre florece como planta 
a quien el mismo cielo alienta y rinde, 
primero ufano y abatido luego, 
hasta que su esplendor nadie recuerda: 

la idea de una estada tan fugaz 
a mis ojos te muestra más vibrante, 
mientras que Tiempo y Decadencia traman 

mudar tu joven día en noche sórdida. 
Y, por tu amor guerreando con el Tiempo, 
si él te roba, te injerto nueva vida.

William Shakespeare

SUEÑOS ROTOS


Hay gris en tus cabellos;
los jóvenes ya no se quedan sin aliento
a tu paso;
acaso te bendiga algún vejete
porque fue tu plegaria
la que lo salvó en el lecho de muerte.
Por tu bien  -que ha sabido de todo dolor del corazón,
y que ha impartido todo el dolor del corazón,
desde la magra niñez acumulando
onerosa belleza-  por tu solo bien
el cielo desvió el golpe de su sino,
tan grande su porción en la paz que estableces
con sólo penetrar dentro de un cuarto.

Tu belleza no puede sino dejar entre nosotros
vagos recuerdos, recuerdos nada más.
Cuando los viejos se cansen de hablar, un joven
le dirá a un viejo: «Háblame de esa dama
que terco en su pasión nos cantaba el poeta
cuando ya su sangre debiera estar helada por los años».

Vagos recuerdos, recuerdos nada más.
Pero en la tumba todos, todos se verán renovados.
La certidumbre de que veré a esa dama
reclinada o erecta o caminando
en el primor inicial de su feminidad 
y con el fervor de mis ojos juveniles, 
me ha puesto a balbucear como un tonto. 

Era más bella que cualquiera
no obstante tu cuerpo tenía una tacha; 
tus manos pequeñas no eran bellas,
y temo que has de correr
y las hundirás hasta la muñeca
en ese lago misterioso, siempre rebosante
donde todos los que cumplieron la ley sacra
se hunden y resurgen perfectos. Deja intactas 
las manos que besé, 
por bien del viejo bien.

Muere el último toque de media noche.
Todo el día, en la misma silla
de sueño a sueño y rima a rima he errado,
en charla incoherente con una imagen de aire:
vagos recuerdos, recuerdos nada más.

William Butler Yeats

lunes, 20 de agosto de 2012

sábado, 18 de agosto de 2012

jueves, 16 de agosto de 2012

miércoles, 15 de agosto de 2012

martes, 14 de agosto de 2012

Las necesidades de capital de la Banca Española

Las Cuentas Autonómicas de 2012

EL PAÍS

Las Tres hijas del Rey

Erase un poderoso rey que tenía tres hermosas hijas, de las que estaba orgulloso, pero ninguna podía competir en encanto con la menor, a la que él amaba más que a ninguna. Las tres estaban prometidas con otros tantos príncipes y eran felices.

Un día, sintiendo que las fuerzas le faltaban, el monarca convocó a toda la corte, sus hijas y sus prometidos.
-Os he reunido porque me siento viejo y quisiera abdicar. He pensado dividir mi reino en tres partes, una para cada princesa. Yo viviré una temporada en casa de cada una de mis hijas, conservando a mi lado cien caballeros. Eso sí, no dividiré mi reino en tres partes iguales sino proporcionales al cariño que mis hijas sientan por mí.

Se hizo un gran silencio. El rey preguntó a la mayor:

¿Cuánto me quieres, hija mía?
-Más que a mi propia vida, padre. Ven a vivir conmigo y yo te cuidaré.
-Yo te quiero más que a nadie del mundo -dijo la segunda.

La tercera, tímidamente y sin levantar los ojos del suelo, murmuró:
-Te quiero como un hijo debe querer a un padre y te necesito como los alimentos necesitan la sal.

El rey montó en cólera, porque estaba decepcionado.
- Sólo eso? Pues bien, dividiré mi reino entre tus dos hermanas y tú no recibirás nada.

En aquel mismo instante, el prometido de la menor de las princesas salió en silencio del salón para no volver; sin duda pensó que no le convenía novia tan pobre.

Las dos princesas mayores afearon a la menor su conducta.
-Yo no sé expresarme bien, pero amo a nuestro padre tanto como vosotras -se defendió la pequeña, con lágrimas en los ojos-. Y bien contentas podéis estar, pues ambicionabais un hermoso reino y vais a poseerlo.

Las mayores se reían de ella y el rey, apesadumbrado, la arrojó de palacio porque su vista le hacía daño.

La princesa, sorbiéndose las lágrimas, se fue sin llevar más que lo que el monarca le había autorizado: un vestido para diario, otro de fiesta y su traje de boda. Y así empezó a caminar por el mundo. Anda que te andarás, llegó a la orilla de un lago junto al que se balanceaban los juncos. El lago le devolvió su imagen, demasiado suntuosa para ser una mendiga.

Entonces pensó hacerse un traje de juncos y cubrir con él su vestido palaciego. También se hizo una gorra del mismo material que ocultaba sus radiantes cabellos rubios y la belleza de su rostro.

A partir de entonces, todos cuantos la veían la llamaban "Gorra de Junco".

Andando sin parar, acabó en las tierras del príncipe que fue su prometido. Allí supo que el anciano monarca acababa de morir y que su hijo se había convertido en rey. Y supo asimismo que el joven soberano estaba buscando esposa y que daba suntuosas fiestas amenizadas por la música de los mejores trovadores.

La princesa vestida de junco lloró. Pero supo esconder sus lágrimas y su dolor. Como no quería mendigar el sustento, fue a encontrar a la cocinera del rey y le dijo:
-He sabido que tienes mucho trabajo con tanta fiesta y tanto invitado. ¿No podrías tomarme a tu servicio?

La mujer estudió con desagrado a la muchacha vestida de juncos. Parecía un adefesio...
-La verdad es que tengo mucho trabajo. Pero si no vales te despediré, con que procura andar lista.

En lo sucesivo, nunca se quejó, por duro que fuera el trabajo. Además, no percibía jornal alguno y no tenía derecho más que a las sobras de la comida. Pero de vez en cuando podía ver de lejos al rey, su antiguo prometido cuando salía de cacería y sólo con ello se sentía más feliz y cobraba alientos para sopor-tar las humillaciones.

Sucedió que el poderoso rey había dejado de serlo, porque ya había repartido el reino entre sus dos hijas mayores. Con sus cien caballeros, se dirigió a casa de su hija mayor, que le salió al encuentro, diciendo:

-Me alegro de verte, padre. Pero traes demasiada gente y supongo que con cincuenta caballeros tendrías bastante.
-¿Cómo? exclamó él encolerizado-. ¿Te he regalado un reino y te duele albergar a mis caballeros? Me iré a vivir con tu hermana.

La segunda de sus hijas le recibió con cariño y oyó sus quejas. Luego le dijo:
-Vamos, vamos, padre; no debes ponerte así, pues mi hermana tiene razón. ¿Para qué quieres tantos caballeros? Deberías despedirlos a todos. Tú puedes quedarte, pero no estoy por cargar con toda esa tropa.
-Conque esas tenemos? Ahora mismo me vuelvo a casa de tu hermana. Al menos ella, admitía a cincuenta de mis hombres. Eres una desagradecida.

El anciano, despidiendo a la mitad de su guardia, regresó al reino de la mayor con el resto. Pero como viajaba muy despacio a causa de sus años, su hija segunda envió un emisario a su hermana, haciéndola saber lo ocurrido. Así que ésta, alertada, ordenó cerrar las puertas de palacio y el guardia de la torre dijo desde lo alto:
-iMarchaos en buena hora! Mi señora no quiere recibiros.

El viejo monarca, con la tristeza en alma, despidió a sus caballeros y como nada tenía, se vio en la precisión de vender su caballo. Después, vagando por el bosque, encontró una choza abandonada y se quedó a vivir en ella.

Un día que Gorro de Junco recorría el bosque en busca de setas para la comida del soberano, divisó a su padre sentado en la puerta de la choza. El corazón le dio un vuelco. ¡Que pena, verle en aquel estado!

El rey no la reconoció, quizá por su vestido y gorra de juncos y porque había perdido mucha vista.
-Buenos días, señor -dijo ella-. ,Es que vivís aquí solo?
-Quién iba a querer cuidar de un pobre viejo? -replicó el rey con amargura.
-Mucha gente -dijo la muchacha-.

Y si necesitáis algo decídmelo.
En un momento le limpió la choza, le hizo la cama y aderezó su pobre comida.
-Eres una buena muchacha -le dijo el rey.

La joven iba a ver a su padre todos los domingos y siempre que tenía un rato libre, pero sin darse a conocer. Y también le llevaba cuanta comida podía agenciarse en las cocinas reales. De este modo hizo menos dura la vida del anciano.

En palacio iba a celebrarse un gran baile. La cocinera dijo que el personal tenía autorización para asistir.
-Pero tú, Gorra de Junco, no puedes presentarte con esa facha, así que cuida de la cocina -añadió.

En cuanto se marcharon todos, la joven se apresuró a quitarse el disfraz de juncos y con el vestido que usaba a diario cuando era princesa, que era muy hermoso, y sus lindos cabellos bien peinados, hizo su aparición en el salón. Todos se quedaron mirando a la bellísima criatura. El rey, disculpándose con las princesas que estaban a su lado, fue a su encuentro y le pidió:
-Quieres bailar conmigo, bella desconocida?

Ni siquiera había reconocido a su antigua prometida. Cierto que había pasado algún tiempo y ella se había convertido en una joven espléndida.

Bailaron un vals y luego ella, temiendo ser descubierta, escapó en cuanto tuvo ocasión, yendo a esconderse en su habitación. Pero era feliz, pues había estado junto al joven a quien seguía amando.

Al día siguiente del baile en palacio, la cocinera no hacía más que hablar de la hermosa desconocida y de la admiración que le había demostrado al soberano.

Este, quizá con la idea de ver a la linda joven, dio un segundo baile y la princesa, con su vestido de fiesta, todavía más deslumbrante que la vez anterior, apareció en el salón y el monarca no bailó más que con ella. Las princesas asistentes, fruncían el ceño.

También esta vez la princesita pudo escapar sin ser vista.

A la mañana siguiente, el jefe de cocina amonestó a la cocinera.
-Al rey no le ha gustado el desayuno que has preparado. Si vuelve a suceder, te despediré. De nuevo el monarca dio otra fiesta. Gorra de Junco, esta vez con su vestido de boda de princesa, acudió a ella. Estaba tan hermosa que todos la miraban.

El rey le dijo:
-Eres la muchacha más bonita que he conocido y también la más dulce. Te suplico que no te escapes y te cases conmigo.

La muchacha sonreía, sonreía siempre, pero pudo huir en un descuido del monarca. Este estaba tan desconsolado que en los días siguientes apenas probaba la comida

Una mañana en que ninguno se atrevía a preparar el desayuno real, pues nadie complacía al soberano, la cocinera ordenó a Gorra de Junco que lo preparase ella, para librarse así de regañinas. La muchacha puso sobre la mermelada su anillo de prometida, el que un día le regalara el joven príncipe. Al verlo, exclamó:
-jQue venga la cocinera!

La mujer se presentó muerta de miedo y aseguró que ella no tuvo parte en la confección del desayuno, sino una muchacha llamada Gorra de Junco. El monarca la llamó a su presencia. Bajo el vestido de juncos llevaba su traje de novia.
-De dónde has sacado el anillo que estaba en mi plato?
-Me lo regalaron.
-Quién eres tú?
-Me llaman Gorra de Junco, señor.

El soberano, que la estaba mirando con desconfianza, vio bajo los juncos un brillo similar al de la plata y los diamantes y exigió:
-Déjame ver lo que llevas debajo.

Ella se quitó lentamente el vestido de juncos y la gorra y apareció con el mara-villoso vestido de bodas.
-Esto no se puede comer -protestó.

La princesa entonces, mirando a su padre, ordenó que trajeran sal. Y el anciano rompió a llorar, pues en aquel momento comprendió cuánto le amaba su hija menor y lo mal que había sabido comprenderla.

En cuanto a las otras dos ambiciosas princesas, riñeron entre sí y se produjo una guerra en la que murieron ellas y sus maridos. De tan triste circunstancia supo compensar al anciano monarca el cariño de su hija menor. Fin

Autor: Lo Desconozco

lunes, 13 de agosto de 2012

Tickling Slow Loris

Self-produced animation



Posted by Phil Mitchell at 09:53
Con una línea

Presenta Zoochosis - Escalator

domingo, 12 de agosto de 2012

Museum Cavern Matte

Motor fuera borda

Vía Muy Interesante

Mickey Mouse y los Políticos

sábado, 11 de agosto de 2012

NO al cáncer

NO al Boxeo

Quién inventó el Billar

Vía Muy Interesante

viernes, 10 de agosto de 2012

jueves, 9 de agosto de 2012

WALT WHITMAN, UN COSMOS...


Walt Whitman, un cosmos, el hijo de
Manhattan,
turbulento, carnal, sensual, comiendo,
bebiendo y procreando,
no es un sentimental, no mira desde
arriba a los hombres y mujeres ni se
aparta de ellos,
no es más púdico que impúdico


¡Quitad los cerrojos de las puertas!
¡Quitad las puertas mismas de sus quicios!
Quien degrada a otro me degrada a mí,
y todo lo que hace o dice vuelve a la postre a mí.


La inspiración mana y mana de mí, 
me recorren la corriente y el índice.
Pronuncio la contraseña primordial,
doy la señal de la democracia,
nada aceptaré, ¡lo juro!, si los demás
no pueden tener su equivalente
en iguales condiciones.


Voces desde hace largo tiempo
enmudecidas me recorren,
voces de interminables generaciones
de cautivos y de esclavos,
voces de enfermos y desahuciados,
de ladrones y de enanos,
voces de ciclos de gestación
y de crecimiento,
y de los hilos que conectan las estrellas,
y de los úteros y de la savia paterna,
y de los derechos de los pisoteados,
de los deformes, vulgares, simples,
tontos, desdeñados,
niebla en el aire, escarabajos que
empujan bolitas de estiércol.


Voces prohibidas me recorren,
voces de sexo y lujuria,
veladas voces cuyo velo aparto,
voces indecentes por mí purificadas
y transfiguradas.


No me tapo la boca con la mano,
trato con igual delicadeza
a los intestinos que a la cabeza
y el corazón,
la cópula no es para mí más grosera
que la muerte.


Creo en la carne y en los apetitos,
y cada parte, cada pizca de mí
es un milagro.
Divino soy por dentro y por fuera, y
santifico todo lo que toco o me toca,
el aroma de estas axilas es más
hermoso que una plegaria,
esta cabeza más que los templos,
las biblias y todos los credos.


Versión de: León Felipe
WALT WHITMAN

Morir en soledad


Quiero morir por un momento en mi soledad
Tan solo por unos minutos quiero ser libre
Y despojar todas las puñaladas que 
La vida me ha clavado,
Y sentir la suave caricia de lágrimas 
Derramadas sobre mi soledad.


Quiero ser un alma limpia
Tan solo ser un respiro liberador,
Separado de la suciedad impune 
Que corrompe mi alma
Y no me libera de las cadenas de mi soledad


Quiero nacer nuevamente 
Con la vida plasmada en una hoja de papel
Sin manchas, sin errores, sin huellas
Que marcadas están en mi vida 
Y derramadas viven en mi alma.


Quiero borrar los recuerdos que 
Marcaron el rumbo de mi camino
Y volar por el cielo azul de mi corazón
Sin Límites ni tropiezos,
La vida será vida cuando mi ángel esperado venga
Y me llame para partir de este profundo abismo.


Víctor Andrade

EL CUERPO Y EL ALMA


Pero es más triste todavía, mucho más triste.
Triste como la rama que deja caer su fruto para nadie.
Más triste, más.  Como ese vaho
que de la tierra exhala depués la pulpa muerta.
Como esa mano que del cuerpo tendido
se eleva y quiere solamente acariciar las luces,
la sonrisa doliente, la noche aterciopelada y muda.
Luz de la noche sobre el cuerpo tendido sin alma.
Alma fuera, alma fuera del cuerpo, planeando
tan delicadamente sobre la triste forma abandonada.
Alma de niebla dulce, suspendida
sobre su ayer amante, cuerpo inerme
que pálido se enfría con las nocturnas horas
y queda quito, solo, dulcemente vacío.

Alma de amor que vela y se separa
vacilando, y al fin se aleja tiernamente fría.

Vicente Aleixandre