sábado, 30 de junio de 2012

Mucho más que un frigorífico

Vía Muy Interesante

Momias de perro en un templo Inca

Vía Muy Interesante

Qué es un petroleum spa

Vía Muy Interesante

viernes, 29 de junio de 2012

Quién anda ahí

Quemaduras

Cocina Sana

Helado cremoso de Yemas

Cocina Ligera

jueves, 28 de junio de 2012

Hamburguesa de Salmón

Cocina Ligera

Parmentier de Sardinas, Tomates y Aceitunas

Cocina Sana

Tacitas de pescado

Cocina Ligera

miércoles, 27 de junio de 2012

martes, 26 de junio de 2012

lunes, 25 de junio de 2012

El Roto y el Presidente

El ROTO - El PAÍS

Elefante y buzo bajo el agua

El Roto y la Crisis

EL ROTO - EL PAÍS

domingo, 24 de junio de 2012

sábado, 23 de junio de 2012

Reordenación del Sistema Financiero con Ayudas del FROB

EL PAÍS

Rating Europe's Banks


EL PAÍS

Snail Anatomy - Inside of a snail

Se va la vida...

Sevilla, 1936 - La realidad supera la ficción



Primero hemos de situarnos, Sevilla, Julio, 40 grados a la sombra, poca agua y la mala alimentación de la época, seguro que todo eso ayudó a que esta historia fuese posible. Para mi la más curiosa (y graciosa) de toda la Guerra. La guerra siempre es algo horrible, si además es una guerra civil donde se enfrentan familiares por el mero hecho de que su pueblo esté en un lado o en otro se puede calificar de desastre pero, incluso en esas circunstancias, hay anécdotas que nos dibujan una sonrisa en la cara.

La rebelión acaba de estallar, en todas las ciudades se producen enfrentamientos entre los partidarios de la República y los que apoyan a los rebeldes. Muchos de estos enfrentamientos fueron sangrientos, en Sevilla también, pero ésta no es una historia de tristeza.

Dos o tres días después del 18 de julio una serie de personas se presentan voluntarias delante de las tropas del ejército comandadas por Queipo de Llano. Están ansiosas por ayudar, además tienen avionetas en el Aeroclub de Sevilla y se ofrecen para cualquier cosa que sea necesaria. Los militares tras examinar los aparatos y ver que no aguantarían el tiro de una piedra deciden mandarlos simplemente a misiones de reconocimiento. Allá que fueron.... Tras varios vuelos en los que no ven nada por fin descubren al enemigo, hay un nido de rojos apostado fuera de la ciudad. ¡Eso no puede quedar así! Deciden volver e informar a los mandos.

En la reunión que mantienen piden granadas para tirarlas desde el cielo a los republicanos, los militares descartan esa opción, no tienen ninguna experiencia militar (imagina que les explota la granada en el avión) y además tampoco está muy claro si son verdaderos fieles a la causa. Pero eso no supuso un freno a su determinación. Ellos querían luchar contra la “barbarie roja” y nadie se lo iba a impedir.


Tras volver a pasar por encima de sus enemigos uno tiene una brillante idea. Ya sabe que es posible conseguir su objetivo de bombardear, poco a poco va comentando la ocurrencia entre sus compañeros y los acaba convenciendo, ahora hace falta conseguir tan peculiar proyectil.

Una vez cargados los aviones con esas bombas hacen una nueva pasada sobre los republicanos, estos se empiezan a mosquear, 2 veces en menos de una hora y los nervios empiezan a estar a flor de piel. Sus peores presagios se confirman cuando desde los aviones empiezan a ver caer objetos semiesféricos que sin duda son las bombas de las que han oído hablar. Hay que tener en cuenta que es el principio de todo y su experiencia militar es inexistente. El sonido atronador llena el cielo y corren a esconderse.

Las “bombas” caen con gran estrépito contra el suelo, el ruido es grande pero mucho menos de lo que esperaban, además no ven que haya salido metralla y no dejan un boquete en el suelo. Curiosos empiezan a salir de sus minitrincheras y allí llega la sorpresa, ¡les están bombardeando con melones! Eso sí, melones de 3 kilos que si te caen en la cabeza te dejan clavado en el suelo. El susto inicial se convierte en cachondeo, todos ríen felices de la ocurrencia de esos Sevillanos que pensaron que a falta de bombas buenos son melones.

Pdta: Los dibujos son obra de Abraham Carreiro, un gran amigo y mejor dibujante (¿o debería decirlo al reves?). Pues eso, gracias Abraham ). Escrito por  Manuel

Radiografía de los Recortes 1


EL PAÍS

viernes, 22 de junio de 2012

jueves, 21 de junio de 2012

Los Juegos del Hambre

Jennifer Lawrence lleva de forma brillante todo el peso de una película que aborda numerosas temáticas y que gustará tanto al público adolescente como al adulto. Un sólido comienzo para una nueva saga cinematográfica. 

Mucho se ha hablado de que “Los Juegos del Hambre” (vr tráiler y escenas) bebe de numerosas fuentes y de que, por tanto, no presenta un argumento muy original. Aunque puedo estar de acuerdo con esta aseveración, soy de los que opinan que la mayoría de los creadores tienen sus influencias y éstas se perciben en sus obras. No hay, pues, nada malo en ello. Asimismo, la película también ha sido criticada por apuntarse a la moda de las adaptaciones de novelas infantiles y juveniles, cuando en realidad no son muchas las que han triunfado en la taquilla. Pues bien, el filme no tiene nada que ver con “Harry Potter” o con “Crepúsculo”. De hecho, considero que su público es más amplio y que gustará a los espectadores adultos, los mismos que no soportan los amoríos vampíricos ideados por Stephenie Meyer

“Los Juegos del Hambre” arranca de forma prometedora, pues nos presenta el mundo de miseria en el que viven sus protagonistas. Como si de un documental se tratara,Gary Ross recoge con su cámara los anhelos y los miedos de las gentes del Distrito 12, quienes han de acatar las órdenes del Capitolio. A partir de aquí se suceden una serie de interesantes temáticas que versan sobre, por ejemplo, las tiranías, las desigualdades sociales, la manipulación de las masas o la fortaleza del individuo. Los personajes están bastante cuidados y, aunque es verdad que eso se nota de manera especial en la heroína del relato (algo que me parece del todo lógico), los guionistas también consiguen que entendamos el comportamiento del resto de ellos. A pesar de su abultado metraje, la cinta no se hace pesada en ningún momento, y eso que la acción tarda bastante en aparecer en la pantalla. 

Sin duda, lo mejor son algunos de sus instantes dramáticos, destacando al respecto el momento en el que Katniss se ofrece voluntaria para participar en Los Juegos del Hambre en lugar de su hermana o cuando la protagonista ha de superar ciertas pérdidas durante la terrible competición en la que ha de luchar por su supervivencia. A pesar de que el show televisivo que ocupa la segunda mitad del filme se pueda calificar de más convencional que el resto de la trama, ello no enturbia la calidad del conjunto. Por otro lado, sorprenden las magníficas interpretaciones de todo su reparto, en especial la de una brillante Jennifer Lawrence. Incluso los actores que dan vida a unos individuos con los que sería fácil y hasta disculpable caer en el histrionismo (Woody Harrelson, Stanley Tucci, Elizabeth Banks), resuelven con habilidad sus papeles. 

“Los Juegos del Hambre” contiene una crítica al poder totalitario y a los mass media. Gary Ross parte de una historia apasionante y sugerente para construir una trama ágil y amena que mantiene atento al espectador durante todo el metraje. 

Como castigo a su insurrección, cada distrito debe entregar al Capitolio como Tributos a un chico y a una chica adolescentes, para un juego de lucha a muerte en que sólo quedará un superviviente. En el bombo de este año, la “suerte” les cae a la joven Katniss —que se presenta como voluntaria para liberar a su hermana pequeña—, y a Peeta, un aprendiz de panadero que tendrá que ingeniárselas para compensar sus escasas aptitudes para la lucha. Trasladados a la capital de Panem junto con los otros Tributos, serán entrenados y arrojados a la arena como nuevos gladiadores en un espectáculo visto por todos los habitantes de la nación, y donde un poco de amor y esperanza serán ingredientes necesarios, junto a la sagacidad, para escapar al destino escrito en un plató de televisión. Esta es la triste y aterradora historia de “Los Juegos del Hambre” (ver tráiler y escenas), adaptación de la primera entrega de la trilogía de Suzanne Collins que ahora Gary Ross lleva al cine, en lo que es una alegoría política de la lucha por la libertad y una alusión a la indignidad que sostiene a losreality show. 

La crítica al poder totalitario es tan palmaria como la que se dirige a esos mass media, que fabrican imágenes falsas para ofrecérselas al telespectador como alimento virtual, insustancial y narcotizante de conciencias. El aspecto estrafalario de ciertos habitantes de Panem que asisten al espectáculo es tan patético y ridículo como superficial y cruel es su comportamiento ante la vida de los Tributos. Quiere ser reflejo del lamentable espectáculo de la modernidad llevada al futuro, sofisticada en su progreso tecnológico y degradada en su humanidad, esclava de sus sentimientos y acrítica ante la injusticia ajena. Allí asistimos a la explotación de las miserias humanas inducidas para saciar el morbo del espectador, insensible ante la vileza que supone dar su “patrocinio” a determinado concursante, cuando lo que se juega es la vida (física) o la dignidad (moral), algo que ya se puede ver en nuestra televisión. Y es también el embrutecimiento de una sociedad que mira a las personas como animales a los que basta con enviar estímulos reconfortantes en paracaídas o regalar un poco de esperanza, pero no demasiada. 

En ese sentido, Gary Ross vuelve sobre los pasos de “El show de Truman (Una vida en directo)” (Peter Weir, 1998) para hablarnos del gran teatro del mundo y de la impostura de nuestra sociedad, de una aparente libertad construida en falso y de ese rescoldo que brota de la rabia y la dignidad para contravenir a quienes creen disponer de nuestra vida. Hay intentos de controlar y dirigir los pasos de los concursantes, de herirles en su humanidad y regalarles el bálsamo oportuno, de jugar con sus sentimientos y fabricar romances improbables, de decidir sobre su futuro para después quitárselo. Pero también hay una voluntad de volverse a sublevar como individuo y como pueblo, de pensar y hacer creer a los poderosos que se han salido con la suya, de gritar indignados contra quienes les amordazan con sólo bajar el volumen del televisor. Porque en esta historia, el presidente Snow y su longa manusSeneca creen estar construyendo una historia de amor adolescente que les dé audiencia y poder, pero Katniss y Peeta juegan a otra cosa, cada uno con sus armas, y llega un momento —con el romance— en que el espectador no sabe si está asistiendo a una realidad o a una ficción realizada para los televidentes de Panem, una vuelta de tuerca sobre la frágil verdad de lo que aparece en la pantalla. 

El director parte de una historia apasionante y sugerente, para después construir una trama ágil y amena que mantiene atento al espectador durante todo el metraje. El montaje imprime un ritmo vertiginoso a las persecuciones y un tono videoclipero y un tanto confuso a las peleas, y sabe tomarse respiros de ternura y romance con momentos emocionantes que conmueven o enardecen a la rebelión. Buen manejo de una música envolvente firmada por James Newton Howard, y una fotografía que se llena de frialdad para retratar a los habitantes del Capitolio. 

Por otro lado, hay que destacar la convincente interpretación de Jennifer Lawrencepara dar vida a una heroína que quiere ser dueña de su destino y que promete liderar una revolución en el Distrito 12, con Peeta o sin él, pues su amigo Gale también espera su oportunidad. Los secundarios apenas están esbozados y no van más allá de lo esquemático, y personajes como el mentor de Katniss merecerían un mayor desarrollo para descubrir lo que fue su vida tras el éxito. Pero ella es la estrella y no defrauda. De momento, tenemos una película muy entretenida, un estimulante blockbuster con algo de épica y amor, con mucha ruindad y un poco de esperanza, en lo que es un televisivo espectáculo de sentimientos y también un show de indignos e indignados. 

La nueva hija bastarda del malvado Zaroff llega tratando de superar el éxito comercial del mago de Hogwarts y el trío de Forks. A pesar de su excesiva duración y de tender a olvidar a los desconocedores de las novelas, se ve sin problemas. 

En el futuro, todos los años dos representantes de cada Distrito son elegidos mediante sorteo forzoso para participar en un programa emitido en directo para todo Panem ─antes USA─, una lucha a muerte en la que sólo puede quedar un vencedor. Y en la 74ª edición, el (dudosísimo) honor en el Distrito 12 ha recaído en Katniss (Jennifer Lawrence) y Peeta (Josh Hutcherson). Con la aspiración/necesidad/esperanza industrial de recoger el testigo del éxito de las franquicias del mago de Hogwarts y eltrío de Forks llega “Los Juegos del Hambre” (ver tráiler), adaptación de la primera de las tres novelas fantásticas de Suzanne Collins; poco o nada tiene que ver con aquellas sagas, para inquietud o tranquilidad de más de uno. Ahora bien, ¿merece la pena? Podemos decir que sí, como prólogo de lo que ha de llegar y sin alardes excesivos. 

«Eres más fuerte que ellos. Lo eres». Ambientada en un entorno atractivo de base para los amantes de la scifi clásica, la propuesta resulta estimable pese a su ritmo irregular. Y es que tras un comienzo que nos traslada a un siempre interesante futuro utópico, en el que la mediatización de la violencia es reclamo suficiente para unir a las masas en torno a un televisor global, el arranque de los Juegos en sí marca un bajón considerable en el tono con el que se desarrolla el drama; sobra bastante metraje, subrayando esa dichosa tendencia de olvidar que buena parte del público no es fan incondicional de la obra escrita y sacrificando la necesaria viveza de la aventura ─que no olvidemos que no aporta nada nuevo como enésima hija bastarda de Zaroff─ en aras de la consagración de las figuras centrales como nuevos iconos de la chavalada. Dos horas y media son innecesarias. 

Lo positivo es que el conjunto no es excesivamente pesado, encuentra apuntes sugerentes ─incluida la justificación del elemento Amor entre la pareja central─ y salva con bastante soltura la espinosa cuestión de la carnicería entre adolescentes, quedando en ese sentido como una especie de versión mainstream y (lógicamente)light de la neumática “La isla de los condenados” (2007). Además está dirigida con sombría elegancia y buen gusto por Gary Ross ─con la estimable ayuda de Steven Soderbergh en la segunda unidad─, y huelga decir que Jennifer Lawrence, mucho más hombre que un soso Josh Hutcherson, se basta y se sobra para ser principio y fin de todo con el apoyo de Woody Harrelson, Stanley Tucci, Toby Jones, Elizabeth Bankso Donald Sutherland. Vendrán más
Ahí estaremos.

Ciudad solitaria

PROTEIGON, por BURAYAN


PROTEIGON from BURAYAN on Vimeo.

Mi nuevo cortometraje, dirigido a Partizan durante una de pasantías de dos meses. con Luca Fiore música de Omar Nodey y diseño de sonido por Moritz Reich con la ayuda de Nathalie Lapicorey, Zeynep Gizem Loecker, Masson Benoit, Nguyen Vincent, François et Colou Chambert Fabien 

miércoles, 20 de junio de 2012

Evolución del precio de la vivienda en España

A todas luces insuficiente...

Evolución de la Renta per Capita en España

La Española ya está por debajo de la Media Europea.

Ethan and Marie - Pier Icarian Games

Ethan and Marie-Pier Icarian Games from E and M-P on Vimeo.


El gen egoísta es un magnífico libro que recomiendo leer y del cual extraigo estos párrafos para su deleite:
“En la actualidad, la teoría de la evolución está tan sujeta a dudas como la teoría de que la Tierra gira alrededor del Sol, pero las implicaciones totales de la revolución de Darwin no han sido comprendidas, todavía, en toda su amplitud. …. La filosofía y las materias conocidas como «humanidades» todavía son enseñadas como si Darwin nunca hubiese existido. No hay duda que esta situación será modificada con el tiempo. En todo caso, el presente libro no tiene el propósito de efectuar una defensa general del darwinismo. En cambio, examinará las consecuencias de la teoría de la evolución con el fin de dilucidar un determinado problema. El propósito de este autor es examinar la biología del egoísmo y del altruismo.

... Se equivocaron porque entendieron de manera errónea cómo opera la evolución. Supusieron, incorrectamente, que el factor importante en la evolución es el bien de la especie (o grupo) en lugar del bien del individuo (o gen). El planteamiento del presente libro es que nosotros, al igual que todos los demás animales, somos máquinas creadas por nuestros genes. De la misma manera que los prósperos gangsters de Chicago, nuestros genes han sobrevivido, en algunos casos durante millones de años, en un mundo altamente competitivo. Esto nos autoriza a suponer ciertas cualidades en nuestros genes.

Argumentaré que una cualidad predominante que podemos esperar que se encuentre en un gen próspero será el egoísmo despiadado. Esta cualidad egoísta del gen dará, normalmente, origen al egoísmo en el comportamiento humano. Sin embargo, como podremos apreciar, hay circunstancias especiales en las cuales los genes pueden alcanzar mejor sus objetivos egoístas fomentando una forma limitada de altruismo a nivel de los animales individuales. «Especiales» y «limitada» son palabras importantes en la última frase. Por mucho que deseemos creer de otra manera, el amor universal y el bienestar de las especies consideradas en su conjunto son conceptos que, simplemente, carecen de sentido en cuanto a la evolución. Esto me lleva al primer punto que deseo establecer sobre lo que no es este libro. No estoy defendiendo una moralidad basada en la evolución. Estoy diciendo cómo han evolucionado las cosas. No estoy planteando cómo nosotros, los seres humanos, debiéramos comportarnos. Subrayo este punto pues sé que estoy en peligro de ser mal interpretado por aquellas personas, demasiado numerosas, que no pueden distinguir una declaración que denote convencimiento de una defensa de lo que debería ser. Mi propia creencia es que una sociedad humana basada simplemente en la ley de los genes, de un egoísmo cruel universal, sería una sociedad muy desagradable en la cual vivir. Pero, desgraciadamente, no importa cuánto deploremos algo, no por ello deja de ser verdad.

... Tratemos de enseñar la generosidad y el altruismo, porque hemos nacido egoístas. Comprendamos qué se proponen nuestros genes egoístas, pues entonces tendremos al menos la oportunidad de modificar sus designios, algo a que ninguna otra especie ha aspirado jamás. Como corolario a estas observaciones sobre la enseñanza, debemos decir que es una falacia —sea dicho de paso, muy común— el suponer que los rasgos genéticamente heredados son, por definición, fijos e inmodificables. Nuestros genes pueden ordenarnos ser egoístas, pero no estamos, necesariamente, obligados a obedecerlos durante toda nuestra vida. Sería más fácil aprender a ser altruistas si estuviésemos genéticamente programados para ello. El hombre es, entre los animales, el único dominado por la cultura, por influencias aprendidas y transmitidas de una generación a otra. Algunos afirmarán que la cultura es tan importante que los genes, sean egoístas o no, son virtualmente irrelevantes para la comprensión de la naturaleza humana. Otros estarán en desacuerdo con la observación anterior. Todo depende de la posición que se asuma en el debate «naturaleza frente a educación», consideradas como determinantes de los atributos humanos. Este planteamiento me lleva a establecer el segundo punto aclaratorio de lo que no es este libro: no es una defensa de una posición u otra en la controversia naturaleza/educación. ... Si los genes, efectivamente, resultan ser totalmente irrelevantes en cuanto a la determinación del comportamiento humano moderno, si realmente somos únicos entre los animales a este respecto, es por lo menos interesante preocuparse sobre la regla en la cual, tan recientemente, hemos llegado a ser la excepción. Y si nuestra especie no es tan excepcional como a nosotros nos agradaría pensar, es todavía más importante el estudio de dicha regla.

Como tercer punto, podemos señalar que este libro tampoco es un informe descriptivo del comportamiento detallado del hombre o de cualquier otra especie animal en particular. Utilizaré detalles objetivos sólo como ejemplos ilustrativos. No diré: si observan el comportamiento del mandril descubrirán que es egoísta; por lo tanto, es probable que el comportamiento humano también lo sea. La lógica del argumento de mi «gángster de Chicago» es totalmente distinta. Se trata de lo siguiente: los seres humanos y los mandriles han evolucionado de acuerdo a una selección natural. Si se considera la forma en que ésta opera, se puede deducir que cualquier ser que haya evolucionado por selección natural será egoísta. Por lo tanto, debemos suponer que cuando nos disponemos a observar el comportamiento de los mandriles, de los seres humanos y de todas las demás criaturas vivientes, encontraremos que son egoístas. Si descubrimos que nuestra expectativa era errónea, si observamos que el comportamiento humano es verdaderamente altruista, entonces nos enfrentamos a un hecho enigmático, algo que requiere una explicación. Antes de seguir adelante, necesitamos una definición. Un ser, como el mandril, se dice que es altruista si se comporta de tal manera que contribuya a aumentar el bienestar de otro ser semejante a expensas de su propio bienestar. Un comportamiento egoísta produce exactamente el efecto contrario.

El «bienestar» se define como «oportunidades de supervivencia», aun cuando el efecto sobre las probabilidades reales de vida y muerte sea tan pequeño que parezca insignificante.

Una de las consecuencias sorprendentes de la versión moderna de la teoría darwiniana es que las pequeñas influencias, aparentemente triviales, pueden ejercer un impacto considerable en la evolución. Esto se debe a la enorme cantidad de tiempo disponible para que tales influencias se hagan sentir.

Es importante tener en cuenta que las definiciones dadas anteriormente sobre el altruismo y el egoísmo son relativas al comportamiento, no son subjetivas. No estoy tratando, en este caso, de la psicología de los motivos. No voy a discutir si la gente que se comporta de manera altruista lo está haciendo «realmente» por motivos egoístas, secretos o subconscientes. Tal vez sea así o tal vez no, y quizá nunca lo sepamos, pero en todo caso ello no concierne al tema del presente libro. A mi definición sólo le concierne si el efecto de un acto determinará que disminuyan o aumenten las perspectivas de supervivencia del presunto altruista y las posibilidades de supervivencia del presunto beneficiario.

Es un asunto muy complejo el demostrar los efectos del comportamiento en cuanto a perspectivas de supervivencia a largo plazo. En la práctica, cuando aplicamos la definición al comportamiento real, debemos modificarla empleando la palabra «aparentemente». Un acto aparentemente altruista es el que parece, superficialmente, como si tendiese (no importa cuan ligeramente) a causar la muerte al altruista, y a conferir al receptor mayores esperanzas de supervivencia. A menudo resulta, al ser analizados con más detenimiento, que los actos aparentemente altruistas son en realidad actos egoístas disfrazados. Una vez más, no quiero decir que los motivos implícitos sean secretamente egoístas, sino que los efectos reales del acto en cuanto a perspectivas de supervivencia son el reverso de lo que al principio creíamos.
La palabra «egoísta» podrá parecer una subestimación de la realidad para casos tan extremos como el canibalismo, aun cuando éstos encajan bien en nuestra definición.

…Con mayor frecuencia, el comportamiento egoísta puede simplemente consistir en negarse a compartir algún recurso apreciado como podría ser la comida, el territorio o los compañeros sexuales.

…Los actos más comunes y más sobresalientes de altruismo animal son efectuados por los padres, especialmente por las madres, en beneficio de sus hijos. Pueden incubarlos, ya sea en nidos o en sus propios cuerpos, alimentarlos a un enorme costo para sí mismos, y afrontar grandes riesgos con el fin de protegerlos de los predadores.

…No estoy tratando de hacer hincapié en algo determinado al narrar estas historias.
Los ejemplos nunca constituyen una evidencia seria para hacer una generalización útil.
Estos relatos sólo tienen la intención de servir de ilustraciones a lo que yo entiendo por comportamiento altruista y comportamiento egoísta. Este libro demostrará que tanto el egoísmo individual como el altruismo individual son explicados por la ley fundamental que yo denomino egoísmo de los genes. Pero primero debo referirme a una explicación particularmente errónea del altruismo, ya que es ampliamente conocida y con frecuencia se enseña en las escuelas.

Esta explicación está basada en la mala interpretación que ya he señalado, y dice que las criaturas evolucionan y efectúan actos «en bien de la especie» o «en beneficio del grupo». Es fácil apreciar cómo esta idea se gestó en biología. La mayor parte de la vida animal está dedicada a la reproducción y la mayoría de los actos altruistas, de autosacrificio, que se observan en la naturaleza son realizados por los padres en beneficio de sus hijos. «Perpetuación de la especie» es un eufemismo común para denominar la reproducción, y es indudablemente una consecuencia de la reproducción. Requiere tan sólo «estirar un poco» la lógica para deducir que la «función» de la reproducción es perpetuar la especie. Aceptado este principio, sólo hay que dar un pequeño paso en falso para concluir que los animales se comportarán, en general, de tal manera que favorecerán la perpetuación de las especies. El altruismo hacia miembros similares de su especie se deducirá de esa premisa.

Esta línea de pensamiento puede ser puesta en términos vagamente darwinianos. La evolución opera por selección natural y la selección natural significa la supervivencia diferencial de los «más aptos». Pero, ¿estamos hablando sobre los individuos más aptos, las razas más aptas, las especies más aptas, o de qué? En algunos casos, esto no tiene mayor importancia, pero cuando hablamos de altruismo es, obviamente, crucial. Si son las especies las que están compitiendo en lo que Darwin llamó la lucha por la existencia, el individuo parece ser considerado como un peón en el juego destinado a ser sacrificado cuando el interés primordial de la especie, considerada en su conjunto, así lo requiera.

Para plantearlo de una manera un poco menos respetable, un grupo, tal como una especie o una población dentro de una especie, cuyos miembros individuales estén preparados para sacrificarse a sí mismos por el bienestar del grupo, puede tener menos posibilidades de extinguirse que un grupo rival cuyos miembros individuales sitúan, en primer lugar, sus propios intereses egoístas. Por lo tanto, el mundo llega a poblarse, principalmente, por grupos formados por individuos resueltos a sacrificarse a sí mismos. Ésta es la teoría de la «selección de grupos», asumida como verdadera desde hace mucho tiempo por biólogos no familiarizados con los detalles de la teoría de la evolución publicada en un famoso libro de V. C. Wynne Edwards y divulgada por Robert Ardrey en The Social Contract. La alternativa ortodoxa es denominada, normalmente, «selección individual», aun cuando yo, personalmente, prefiero hablar de selección de genes.

La pronta respuesta del partidario de la «selección individual» al argumento recién planteado podría ser algo así: aun en el grupo de los altruistas habrá, casi con certeza, una minoría que disienta y que rehúse hacer cualquier sacrificio en bien de los demás, y si existe sólo un rebelde egoísta, preparado para explotar el altruismo de los otros, él, por definición, tendrá mayores posibilidades de sobrevivir y de tener hijos. Cada uno de estos hijos tenderá a heredar sus rasgos egoístas. Luego de transcurridas varias generaciones de esta selección natural, el «grupo altruista» será superado por los individuos egoístas hasta llegar a identificarse con el grupo egoísta. Aun si hacemos la concesión de admitir el caso improbable de que existan grupos puramente altruistas, sin rebeldes, es muy difícil imaginar cuáles serían los factores que pudieran impedir la migración de individuos egoístas provenientes de grupos egoístas vecinos y evitar que éstos, mediante el matrimonio entre miembros de ambos grupos, contaminasen la pureza de los grupos altruistas.

El partidario de la selección individual estará de acuerdo en admitir que los grupos se extinguen y, sea o no cierto este hecho, admitirá que los grupos pueden ser influenciados por el comportamiento de los individuos que los forman. Estará de acuerdo, también, en que si solamente los individuos de un grupo tuviesen el don de la previsión podrían apreciar que, a largo plazo, lo que más favorece sus intereses es la restricción de su codicia egoísta con el fin de impedir la destrucción de todo el grupo. ¿Cuántas veces se le habrá dicho esto en los últimos años a la clase trabajadora de Gran Bretaña? Pero la extinción del grupo es un proceso lento comparado con el rápido proceso de eliminación, producto de la competencia individual. Aun cuando el grupo se encuentra en un proceso lento pero inexorable de decadencia, los individuos egoístas prosperan a corto plazo a expensas de los altruistas. Los ciudadanos de Gran Bretaña pueden o no tener el don de la previsión, pero la evolución es ciega en lo que respecta al futuro. Quizá una de las razones de la gran atracción que ejerce la teoría de la selección de grupo sea que está en completa armonía con los ideales morales y políticos que la mayoría de nosotros compartimos. Es posible que, con cierta frecuencia, nos comportemos egoístamente como individuos, pero en nuestros momentos más idealistas, honramos y admiramos a aquellos que ponen en primer lugar el bienestar de los demás.

Sin embargo, nos quedamos algo confusos cuando tratamos de establecer los límites de lo que entendemos por el término «los demás». A menudo el altruismo dentro de un grupo va acompañado de egoísmo entre los grupos. Esto es la base del sindicalismo. A otro nivel, la nación es el beneficiario principal de nuestro sacrificio altruista, y se espera que los jóvenes mueran como individuos por una mayor gloria del país considerado en su conjunto. Más aún, son estimulados a matar a otros individuos de los cuales nada se sabe, excepto que pertenecen a una nación distinta. (Curiosamente, las llamadas en tiempos de paz para que los individuos hagan pequeños sacrificios en proporción al aumento de su nivel de vida parecen ser menos efectivas que las llamadas en tiempos de guerra, cuando se les pide a los individuos que entreguen sus vidas.)

Recientemente se ha producido una reacción en contra de los prejuicios raciales y del patriotismo y una tendencia a considerar a toda la especie humana como objeto de nuestro compañerismo. Esta ampliación humanista del objetivo de nuestro altruismo tiene un interesante corolario que, de nuevo, parece apoyar la idea del «bien de la especie» en la evolución. Los políticamente liberales, que normalmente son los voceros más convencidos de la ética de la especie, manifiestan ahora el mayor de los desprecios por aquellos que han ampliado, en mayor medida, las miras de su altruismo y han incluido a otras especies. …

El sentimiento de que los miembros de nuestra especie merecen una consideración moral especial en comparación con los miembros de otras especies, es antiguo y se encuentra profundamente arraigado. El hecho de matar a las personas, excepto en la guerra, es el crimen juzgado con mayor severidad entre los cometidos comúnmente. Lo único que está sometido a una prohibición mayor en nuestra cultura es comerse a las personas (aun si ya están muertas). Sin embargo, gozamos al comer a miembros de otras especies. A muchos de nosotros nos horrorizan las ejecuciones judiciales, aunque se trate de los más espantosos criminales de la especie humana, al mismo tiempo que aprobamos alegremente que se mate a tiros, sin juicio previo, a animales considerados como plagas y que son bastante mansos. En realidad exterminamos a miembros de otras especies inofensivas como un medio de recreación y entretenimiento. Un feto humano, sin más sentimientos humanos que una ameba, goza de una reverencia y una protección legal que excede en gran medida a la que se le concede a un chimpancé adulto. Sin embargo, el chimpancé siente y piensa y, según evidencia experimental reciente, puede ser aun capaz de aprender una forma de lenguaje humano. El feto pertenece a nuestra propia especie y se le otorgan instantáneamente privilegios y derechos especiales debido a este factor. Si la ética del «especiecismo», para utilizar el término empleado por Richard Ryder, puede ser planteada con una base tan lógica, tan acertada, como aquella referente al «racismo», no lo sé. Lo que sí sé es que no posee una base adecuada en la biología evolutiva.

La confusión en la ética humana sobre el nivel en que el altruismo es deseable — familia, nación, raza, especie, o hacia todos los seres vivientes— se refleja en una confusión paralela en biología, en lo referente al nivel en el cual se puede esperar el altruismo de acuerdo a la teoría de la evolución. Ni siquiera los partidarios de la selección de grupos se sorprenderían al descubrir a miembros de grupos rivales mostrándose animosidad unos a otros: de esta manera, al igual que los miembros de un sindicato o los soldados, están favoreciendo a su propio grupo en la lucha por los recursos limitados.

Vale la pena preguntar cómo el partidario de la selección de grupo decide cuál es el nivel importante. Si la selección se produce entre grupos dentro de una especie, y entre las especies, ¿por qué no se produciría, también, entre agrupaciones mayores? Las especies están agrupadas en géneros, los géneros en órdenes, y los órdenes en clases. Los leones y los antílopes son miembros de la clase Mamíferos, a la cual nosotros también pertenecemos. ¿No deberíamos, entonces, esperar que los leones se abstuviesen de matar a los antílopes «por el bien de los mamíferos»? Seguramente deberían, en cambio, cazar pájaros o reptiles, con el fin de impedir la extinción de la clase. Pero entonces, ¿qué pasaría con la necesidad de perpetuar todo el fílum de los vertebrados?

Está bien que yo argumente por la reductio ad absurdum y señale las dificultades que surgen ante la teoría de la selección de grupo, pero la existencia aparente del altruismo individual aún debe ser explicada. Ardrey llega hasta afirmar que la selección de grupo constituye la única explicación posible para el comportamiento destinado a llamar la atención en las gacelas de Thomson. Estos saltos vigorosos y llamativos frente al predador es análogo a las llamadas de alarma de los pájaros, en cuanto parece advertir a sus compañeros del peligro mientras, aparentemente, llaman la atención del predador hacia sí mismos. Tenemos la responsabilidad de explicar la actuación de estos ejemplares que llaman la atención sobre sí mismos, como de otros fenómenos similares, y esto es algo que voy a efectuar en capítulos posteriores.

Antes de hacerlo debo reivindicar mi creencia de que la mejor forma de considerar la evolución es basarse en la selección que ocurre en los niveles más inferiores. Al sostener esta creencia reconozco que estoy profundamente influido por el excelente libro Adaptation and Natural Selection, de G. C. Williams. La idea central que utilizaré fue conjeturada por A. Weismann al finalizar el siglo, antes de que se hablase de los genes, al plantear su doctrina de la «continuidad del germen-plasma». Defenderé la tesis de que la unidad fundamental de selección, y por tanto del egoísmo, no es la especie ni el grupo, ni siquiera, estrictamente hablando, el individuo. Es el gen, la unidad de la herencia[1]. A algunos biólogos este planteamiento les podrá parecer, al principio, una posición extrema. Espero que cuando aprecien en qué sentido lo afirmo, estén de acuerdo en que es una posición, en esencia, ortodoxa, aun cuando esté expresada de una manera insólita.

El desarrollo del argumento requiere un tiempo, y debemos empezar desde el principio, a partir del origen de la vida misma.”

[1] Desde que escribí mi manifiesto de la selección genética he pensado en la posibilidad de que exista una especie de selección superior que haya opera do de manera ocasional durante el largo curso de la evolución. Me apresuro a decir que cuando digo «nivel superior» no quiero significar nada que tenga que ver con la «selección de grupo». Me refiero a algo mucho más sutil y mucho más importante. Actualmente pienso que no sólo algunos organismos individuales están mejor dotados que otros para la supervivencia, sino que clases enteras de organismos pueden estar mejor dotadas que otras para la evolución. Por supuesto, la evolución de la que estoy hablando aquí es la misma antigua evolución arbitrada vía selección de los genes. Las mutaciones se favorecen aún gracias a su impacto en la supervivencia y en la eficacia reproductora de los individuos. Pero una nueva mutación capital en el plan embriológico básico también puede abrir nuevas compuertas de brillante evolución en los próximos millones de años. Puede haber una especie de selección de alto nivel para las embriologías que se prestan a evolución: una selección en favor de la capacidad de evolución. Este tipo de selección puede ser incluso acumulativo y. por tanto, progresivo, de un modo como no lo es la selección de grupo. Estas ideas están plasmadas en mi artículo «La evolución de la capacidad de evolución», que me inspiró ampliamente «El relojero ciego», un programa de ordenador que simula aspectos de la evolución.

Tomado del libro “El Gen egoísta, las bases biológicas de nuestra conducta” de Richard Dawkins”, Biblioteca científica Salvat, 1993 Salvat Editores, S.A., Barcelona.


TUNAMI.avi

martes, 19 de junio de 2012

¿Cómo consigue oler tan mal la llamada flor cadáver?


Es capaz de apestar un radio de 1,6 km a su alrededor. Su tufo es una mezcla entre animal en descomposición y calabaza podrida. Es la flor cadáver (Amorphophallus titanum) o aro gigante. Una planta que huele tan mal porque así consigue atraer a polinizadores que se alimentan de carroña como moscas y escarabajos carroñeros.
En algún momento durante los pocos días que esta planta florece cada dos años, los insectos curiosos se impregnarán con el polen y luego polinizarán otros aros gigantes de la zona.
Pero ¿cómo consigue oler tan rematadamente mal?
El factor principal es el calor. La energía obtenida por la fotosíntesis no es empleada para fabricar alimentos sino para liberar calor en un proceso que se llama desacoplamiento mitocondrial. Este calor adicional (que alcanza haseta los 37,8 ºC) se libera por la punta de la planta (que alcanza hasta los 2,7 m de alto). produciéndose entonces el llamado efecto chimenea: así el calor hace que los compuestos aromáticos sean más volátiles y puedan dispersarse más lejos a su alrededor.
Los compuestos que provocan este olor putrefacto son moléculas que contienen sulfuro, como las llamadas putrescina y cadaverina, que también es lo que encontramos en una vagina que huele muy mal (víctima de una vaginitis bacteriana), junto con compuestos como la trimetilamina, que es la misma sustancia que otorga su olor al pescado poco fresco. (Si queréis saber más sobre los olores de la vagina, no os perdáis este artículo).

LA HISTORIA DE (EL NOVIO DE LA MUERTE)

Corte del coche de carreras F1 por la mitad

lunes, 18 de junio de 2012

Coche al Cubo

Vía Muy Interesante

Catedral de Burgos

Cables, go home

Vía Muy Interesante

domingo, 17 de junio de 2012

Bye,-bye, Voyager

Vía Muy Interesante

Bikini soluble en agua

Vía Muy Interesante

Apaño cosmológico de Einstein

Vía Muy Interesante

sábado, 16 de junio de 2012

FA-18 Super Hornet rompe la barrera del sonido

Cómo circular en una glorieta o rotonda


Para la Dirección General de Tráfico (DGT), la rotonda es un buen invento. El año pasado, de los 4.064 siniestros con víctimas en la región, 392 (el 9,6%) acaecieron en las rotondas, según la DGT. Dos personas perdieron la vida. El Ayuntamiento de Madrid también defiende la baja accidentalidad en las rotondas.


Conducir por ellas tiene sus reglas. Se debe reducir la velocidad —a menos de 50 kilómetros por hora en ciudad— antes de entrar. Al acceder, la prioridad la tiene quien viene por la izquierda. Para cambiar de carril, se debe señalizar. Se debe abandonar siempre desde el carril derecho.


Fuente: El País

¿Qué tiempo falta para que un día dure 25 horas?


Hay gente tan atareada (yo me incluyo) que, en ocasiones, desearía que el día no tuviera 24 horas, sino algunas más. Pues en un tiempo, gracias a la rotación de la Tierra, que se está ralentizando, el deseo será concedido: el día durará 25 horas.
El problema es que el proceso es tan lento que probablemente nos cogerá a todos calvos: el tiempo que necesita el planeta para hacer una rotación completa sobre su eje varía una milmillonésima de segundo cada día, tal y como señala el físico Tom O´Brian, del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología.
Así pues, a pesar de que hay fluctuaciones, en el caso más optimista deberemos esperar unos 140 millones de años. Entonces ya podremos recalibrar todos nuestros relojes, y es que siguen existiendo. De hecho, ni siquiera será necesario que añadamos un día más al calendario: aunque la rotación de la Tierra sobre su eje cada vez es más lenta, orbitamos alrededor del Sol tan rápido como siempre.
Los datos de que disponemos sobre la velocidad de rotación de la Tierra están basados en observaciones de la posición del Sol en el cielo durante los eclipses solares, lo que nos permite tener datos de hasta hace 2.500 años.
El calentamiento global es otro de los factores que está ralentizando la rotación de la Tierra, aunque muy ligeramente, debido al aumento del nivel de los océanos por el deshielo de los polos, lo que está afectando a las mareas y a las fuerzas de atracción gravitatoria con la Luna.

viernes, 15 de junio de 2012

La máquina de recuperar coches robados


Parece increíble pero en muchas ocasiones la vida real supera con creces a la más disparatada historia de Torrente o al mejor guión de Hollywood: En esta historia real, una patrulla de policía, un coche robado, y una máquina extraordinaria se unen en una de las anécdotas policiales más divertidas que he leído en mucho tiempo.

En el verano de 1.984 yo trabajaba en un vehículo radio patrulla, los conocidos Z, por el distrito centro de Madrid. Era un trabajo que me gustaba mucho, y que incluso ahora echo mucho de menos.

Bueno, al caso… Estábamos patrullando por la calle Barquillo, cuando el compañero y yo observamos un vehículo que presentaba síntomas de robo…ya sabéis, las ventanillas abiertas y el “puente” hecho. Lógicamente seguimos el procedimiento habitual, consultar al Servicio de Informática si el vehículo figura como sustraído. A los pocos segundos nos responden manifestando que el vehículo no figura como sustraído, lo cual no nos sorprende ya que el motor estaba caliente, lo que nos hacia pensar que había sido abandonado recientemente.

Como estábamos seguros que el vehículo estaba robado, aunque todavía el dueño no hubiera presentado denuncia, nos encaminamos a Comisaría para dejar conocimiento del hecho e intentar localizar a su propietario para decirle donde estaba su coche.

Una vez en Comisaría comunicamos al Inspector de Guardia (Jefe de la Oficina de Denuncias) lo que habíamos visto y donde estaba el coche y allí nos enteramos que el vehículo pertenecía a una empresa de alquiler de coches. Creo que es el momento de decir que el Inspector de Guardia era (y es) un excelente compañero, un buen amigo y un gran profesional, pero tiene un defecto (¿o no?) es un “cachondo mental crónico”. Por esa época tenia unos 30 años y estar con él de servicio era garantía de diversión.

Pues mientras hacíamos esas gestiones apareció por la Oficina de denuncias una persona que quería denunciar la sustracción de su vehículo y… .OHH SORPRESA…era el vehículo que habíamos localizado en la calle Barquillo.

Por la expresión en la cara del Inspector de Guardia inmediatamente supe que iba a gastar una broma de la suyas, por lo que el “compa” y yo decidimos quedarnos, para ver que pasaba.

Entra el denunciante… y se trataba del típico turista norteamericano.

Alto, pelirrojo, con un cinturón de cowboy y camisa de flores. Se trataba de un hombre muy simpático que hablaba castellano bastante bien (según nos contó era de Texas). Sólo el ver al Inspector de Guardia, con esa carita de pena que ponía, era motivo de risa, pero cuando el denunciante le explica que le habían robado el vehículo, su expresión cambio.

Le dice, con una cara muy alegre: “No se preocupe… hombre. En España, eso no es problema. Voy ahora mismo a consultar la maquina de recuperar coches robados, y dentro de un minuto el asunto esta resuelto”. No se quien puso la cara de sorpresa mas grande… si mi “compa” y yo, o el americano.

El inspector de Guardia se mete en el cuarto privado que había en el despacho y coge un “patito” de cuerda. Ya sabéis… esos juguetes mecánicos que se les da cuerda y se mueven y picotean el suelo, y suenan TAC-TAC-TAC. Pues bueno, durante varios minutos del despacho privado lo único que salían eran ruidos TAC-TAC-TAC…y el americano estiraba el cuello intentando mirar que pasaba, totalmente comido por la curiosidad.

Cuando el Inspector de Guardia sale del despacho, con una sonrisa en la cara, le dice: “Su coche esta aparcado en la calle Barquillo, frente al numero tal…presenta tal y tal daño. Vaya a comprobarlo, se hace cargo del vehículo y … ..que tenga un buen día”.

El americano no salía de su asombro y se fue con una cara que era un poema.

Bueno… pues hasta aquí, una broma mas de nuestro compañero, pero… la cosa no acaba así. Resulta que el americano… era un alto cargo de una agencia policial de ámbito federal en Norteamérica y cuando finalizo las vacaciones… comentó en su país que los “Españoles… tienen una maquina para recuperar coche robados”. Entonces el Departamento de Estado Norteamericano le mando una carta al Ministerio del Interior Español preguntándole de manera oficial “el funcionamiento de la “famosa” maquina de recuperación de vehículos sustraídos, tiempo que llevaba funcionando y estadísticas de las recuperaciones de vehículos, antes y después de su entrada en funcionamiento”.

Yo no se que contestación se les dio a los americanos y lo que paso después…lo que si se, es lo que nos paso a nosotros. Al Inspector de Guardia le mandaron forzoso al País Vasco, después de cumplir un mes de suspensión de empleo y sueldo, a mi “compa” le metieron 4 días de empleo y sueldo y a mi me metieron 8 (4 días por lo mismo que a mi “compa” y otros 4 por no poder aguantar la risa delante del Instructor del Expediente Disciplinario).

De todas maneras, solo de imaginarme la cara que debió poner el Ministro del Interior Español (en aquellos momentos el Sr. Barrionuevo) cuando tuvo en su mano “la famosa maquina de recuperación de vehículos sustraídos” considero bien pagados los 8 idas de empleo y sueldo.
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Anécdotas policiales
Publicado por: El bosque del elfo