domingo, 31 de marzo de 2013

Los Cardenales del Cónclave

 
 
 
EL PAÍS

Looking up Water Street from the Brook, Castle Combe


El ahogado más hermoso del mundo

Los primeros niños que vieron el promontorio oscuro y sigiloso que se acercaba por el mar, se hicieron la ilu­sión que era un barco enemigo. Después vieron que no llevaba banderas ni arboladura, y pensaron que fuera una ballena. Pero cuando quedó varado en la playa le quita­ron los matorrales de sargazos, los filamentos de medusas y los restos de cardúmenes y naufragios que llevaba en­cima, y sólo entonces descubrieron que era un ahogado.
Habían jugado con él toda la tarde, enterrándolo y desenterrándolo en la arena, cuando alguien los vio por casualidad y dio la voz de alarma en el pueblo. Los hom­bres que lo cargaron hasta la casa más próxima notaron que pesaba más que todos los muertos conocidos, casi tanto como un caballo, y se dijeron que tal vez había estado demasiado tiempo a la deriva y el agua se le había metido dentro de los huesos. Cuando lo tendieron en el suelo vieron que había sido mucho más grande que todos los hombres, pues apenas si cabía en la casa, pero pen­saron que tal vez la facultad de seguir creciendo después de la muerte estaba en la naturaleza de ciertos ahogados. Tenía el olor del mar, y sólo la forma permitía suponer que era el cadáver de un ser humano, porque su piel estaba revestida de una coraza de rémora y de lodo.
No tuvieron que limpiarle la cara para saber que era un muerto ajeno. El pueblo tenía apenas unas veinte casas de tablas, con patios de piedras sin flores, desperdi­gadas en el extremo de un cabo desértico. La tierra era tan escasa, que las madres andaban siempre con el temor a que el viento se llevara a los niños, y a los pocos muertos que les iban causando los años tenían que arrojar­los en los acantilados. Pero el mar era manso y pródigo, y todos los hombres cabían en siete botes. Así que cuando encontraron el ahogado les bastó con mirarse los unos a los otros para darse cuenta que estaban completos.
Aquella noche no salieron a trabajar en el mar. Mien­tras los hombres averiguaban si no faltaba alguien en los pueblos vecinos, las mujeres se quedaron cuidando al ahogado. Le quitaron el lodo con tapones de esparto, le desenredaron del cabello los abrojos submarinos y le ras­paron la rémora con hierros de desescamar pescados. A medida que lo hacían, notaron que su vegetación era de océanos remotos y de aguas profundas, y que sus ropas estaban en piltrafas, como si hubiera navegado por entre laberintos de corales. Notaron también que sobre­llevaba la muerte con altivez, pues no tenía el semblante solitario de los otros ahogados del mar, ni tampoco la catadura sórdida y menesterosa de los ahogados fluviales. Pero solamente cuando acabaron de limpiarlo tuvieron conciencia de la clase de hombre que era, y entonces se quedaron sin aliento. No sólo era el más alto, el más fuerte, el más viril y el mejor armado que habían visto jamás, sino que todavía cuando lo estaban viendo no les cabía en la imaginación.
No encontraron en el pueblo una cama bastante gran­de para tenderlo ni una mesa bastante sólida para velarlo. No le vinieron los pantalones de fiesta de los hombres más altos, ni las camisas dominicales de los más corpu­lentos, ni los zapatos del mejor plantado. Fascinadas por su desproporción y su hermosura, las mujeres decidieron entonces hacerle unos pantalones con un buen pedazo de vela cangreja, y una camisa de bramante de novia, para que pudiera continuar su muerte con dignidad. Mientras cosían sentadas en círculo, contemplando el cadáver entre puntada y puntada, les parecía que el viento no había sido nunca tan tenaz ni el Caribe había estado nunca tan ansioso como aquella noche, y suponían que esos cambios tenían algo que ver con el muerto. Pensa­ban que si aquel hombre magnífico hubiera vivido en el pueblo, su casa habría tenido las puertas más anchas, el techo más alto y el piso más firme, y el bastidor de su cama habría sido de cuadernas maestras con pernos de hierro, y su mujer habría sido la más feliz. Pensaban que habría tenido tanta autoridad que hubiera sacado los peces del mar con sólo llamarlos por sus nombres, y habría puesto tanto empeño en el trabajo que hubiera hecho brotar manantiales de entre las piedras más áridas y hubiera podido sembrar flores en los acantilados. Lo compararon en secreto con sus propios hombres, pen­sando que no serían capaces de hacer en toda una vida lo que aquél era capaz de hacer en una noche, y terminaron por repudiarlos en el fondo de sus corazones como los seres más escuálidos y mezquinos de la Tierra. Andaban extraviadas por esos dédalos de fantasía, cuando la más vieja de las mujeres, que por ser la más vieja había con­templado al ahogado con menos pasión que compasión, suspiró:
-Tiene cara de llamarse Esteban.
Era verdad. A la mayoría le bastó con mirarlo otra vez para comprender que no podía tener otro nombre. Las más porfiadas, que eran las más jóvenes, se mantu­vieron con la ilusión de que al ponerle la ropa, tendido entre flores y con unos zapatos de charol, pudiera lla­marse Lautaro. Pero fue una ilusión vana. El lienzo resul­tó escaso, los pantalones mal cortados y peor cosidos le quedaron estrechos, y las fuerzas ocultas de su corazón hacían saltar los botones de la camisa. Después de la media noche se adelgazaron los silbidos del viento y el mar cayó en el sopor del miércoles. El silencio acabó con las últimas dudas: era Esteban. Las mujeres que lo ha­bían vestido, las que lo habían peinado, las que le habían cortado las uñas y raspado la barba no pudieron reprimir un estremecimiento de compasión, cuando tuvieron que resignarse a dejarlo tirado por los suelos. Fue entonces cuando comprendieron cuánto debió haber sido de infe­liz con aquel cuerpo descomunal, si hasta después de muerto le estorbaba. Lo vieron condenado en vida a pasar de medio lado por las puertas, a descalabrarse con los travesaños, a permanecer de pie en las visitas sin saber qué hacer con sus tiernas y rosadas manos de buey de mar, mientras la dueña de casa buscaba la silla más resis­tente y le suplicaba muerta de miedo siéntese aquí Este­ban, hágame el favor, y él recostado contra las paredes, sonriendo, no se preocupe señora, así estoy bien, con los talones en carne viva y las espaldas escaldadas de tanto repetir lo mismo en todas las visitas, no se preocupe señora, así estoy bien, sólo para no pasar por la vergüen­za de desbaratar la silla, y acaso sin haber sabido nunca que quienes le decían no te vayas Esteban, espérate si­quiera hasta que hierva el café, eran los mismos que des­pués susurraban ya se fue el bobo grande, qué bueno, ya se fue el tonto hermoso. Esto pensaban las mujeres fren­te al cadáver un poco antes del amanecer. Más tarde, cuando le taparon la cara con un pañuelo para que no le molestara la luz, lo vieron tan muerto para siempre, tan indefenso, tan parecido a sus hombres, que se les abrie­ron las primeras grietas de lágrimas en el corazón. Fue una de las más jóvenes la que empezó a sollozar. Las otras, alentándose entre sí, pasaron de los suspiros a los lamentos, y mientras más sollozaban más deseos sentían de llorar, porque el ahogado se les iba volviendo cada vez más Esteban, hasta que lo lloraron tanto que fue el hom­bre más desvalido de la Tierra, el más manso y el más servicial, el pobre Esteban. Así que cuando los hombres volvieron con la noticia que el ahogado no era tam­poco de los pueblos vecinos, ellas sintieron un vacío de júbilo entre las lágrimas.
-¡Bendito sea Dios -suspiraron-: es nuestro!
Los hombres creyeron que aquellos aspavientos no eran más que frivolidades de mujer. Cansados de las tor­tuosas averiguaciones de la noche, lo único que querían era quitarse de una vez el estorbo del intruso antes que prendiera el sol bravo de aquel día árido y sin viento. Improvisaron unas angarillas con restos de trinquetes y botavaras, y las amarraron con carlingas de altura, para que resistieran el peso del cuerpo hasta los acantilados. Quisieron encadenarle a los tobillos un ancla de buque mercante para que fondeara sin tropiezos en los mares más profundos donde los peces son ciegos y los buzos se mueren de nostalgia, de manera que las malas corrientes no fueran a devolverlo a la orilla, como había sucedido con otros cuerpos. Pero mientras más se apresuraban, más cosas se les ocurrían a las mujeres para perder el tiempo. Andaban como gallinas asustadas picoteando amuletos de mar en los arcones, unas estorbando aquí porque querían ponerle al ahogado los escapularios del buen viento, otras estorbando allá para abrocharle una pulsera de orientación, y al cabo de tanto quítate de ahí mujer, ponte donde no estorbes, mira que casi me haces caer sobre el difunto, a los hombres se les subieron al hígado las suspicacias, y empezaron a rezongar que con qué objeto tanta ferretería de altar mayor para un foras­tero, si por muchos estoperoles y calderetas que llevara encima se lo iban a masticar los tiburones, pero ellas seguían tripotando sus reliquias de pacotilla, llevando y trayendo, tropezando, mientras se les iba en suspiros lo que no se les iba en lágrimas, así que los hombres termi­naron por despotricar que de cuándo acá semejante albo­roto por un muerto al garete, un ahogado de nadie, un fiambre de mierda. Una de las mujeres, mortificada por tanta indolencia, le quitó entonces al cadáver el pañuelo de la cara, y también los hombres se quedaron sin aliento.
Era Esteban. No hubo que repetirlo para que lo reco­nocieran. Si les hubieran dicho Sir Walter Raleigh, qui­zás, hasta ellos se habrían impresionado con su acento de gringo, con su guacamaya en el hombro, con su arcabuz de matar caníbales, pero Esteban solamente podía ser uno en el mundo, y allí estaba tirado como un sábalo, sin botines, con unos pantalones de sietemesino y esas uñas rocallosas que sólo podían cortarse a cuchillo. Bastó con que le quitaran el pañuelo de la cara para darse cuenta que estaba avergonzado, que no tenía la culpa de ser tan grande, ni tan pesado ni tan hermoso, y si hubiera sabido que aquello iba a suceder habría buscado un lugar más discreto para ahogarse, en serio, me hubiera amarra­do yo mismo un áncora, de galeón en el cuello y hubiera trastabillado como quien no quiere la cosa en los acanti­lados, para no andar ahora estorbando con este muerto de miércoles, como ustedes dicen, para no molestar a nadie con esta porquería de fiambre que no tiene nada que ver conmigo. Había tanta verdad en su modo de estar, que hasta los hombres más suspicaces, los que sen­tían amargas las minuciosas noches del mar temiendo que sus mujeres se cansaran de soñar con ellos para soñar con los ahogados, hasta ésos, y otros más duros, se estre­mecieron en los tuétanos con la sinceridad de Esteban.
Fue así como le hicieron los funerales más esplén­didos que podían concebirse para un ahogado expósito. Algunas mujeres que habían ido a buscar flores en los pueblos vecinos regresaron con otras que no creían lo que les contaban, y éstas se fueron por más flores cuando vieron al muerto, y llevaron más y más, hasta que hubo tantas flores y tanta gente que apenas si se podía cami­nar. A última hora les dolió devolverlo huérfano a las aguas, y le eligieron un padre y una madre entre los mejores, y otros se le hicieron hermanos, tíos y primos, así que a través de él todos los habitantes del pueblo terminaron por ser parientes entre sí. Algunos marineros que oyeron el llanto a la distancia perdieron la certeza del rumbo, y se supo de uno que se hizo amarrar al palo mayor, recordando antiguas fábulas de sirenas. Mientras se disputaban el privilegio de llevarlo en hombros por la pendiente escarpada de los acantilados, hombres y mujeres tuvieron conciencia por primera vez de la desolación de sus calles, la aridez de sus patios, la estrechez de sus sueños, frente al esplendor y la hermosura de su ahogado. Lo soltaron sin ancla, para que volviera si quería, y cuando lo quisiera, y todos retuvieron el aliento durante la fracción de siglos que demoró la caída del cuerpo hasta el abismo. No tuvieron necesidad de mirarse los unos a los otros para darse cuenta que ya no estaban completos, ni volverían a estarlo jamás. Pero también sabían que todo sería dife­rente desde entonces, que sus casas iban a tener las puertas más anchas, los techos más altos, los pisos más firmes, para que el recuerdo de Esteban pudiera andar por todas partes sin tropezar con los travesaños, y que nadie se atreviera a susurrar en el futuro ya murió el bobo grande, qué lástima, ya murió el tonto hermoso, porque ellos iban a pintar las fachadas de colores alegres para eternizar la memoria de Esteban, y se iban a romper el espinazo excavando manan­tiales en las piedras y sembrando flores en los acantilados, para que en los amaneceres de los años venturos los pasa­jeros de los grandes barcos despertaran sofocados por un olor de jardines en alta mar, y el capitán tuviera que bajar de su alcázar con su uniforme de gala, con su astrolabio, su estrella polar y su ristra de medallas de guerra, y señalando el promontorio de rosas en el horizonte del Caribe dijera en catorce idiomas, miren allá, donde el viento es ahora tan manso que se queda a dormir debajo de las camas, allá, donde el sol brilla tanto que no saben hacia dónde girar los girasoles, sí, allá, es el pueblo de Esteban. 

Acerca del autor.  
Gabriel García Márquez (Aracataca, Colombia, 6 de marzo de 1927)1 es un escritor, novelista, cuentista, guionista y periodista colombiano. En 1982 recibió el Premio Nobel de Literatura.


Cambio de hora de verano


Los relojes deberán adelantarse a las 2.00 del domingo una hora, y marcar las 3.00. Esa noche, la que va entre el sábado 30 y el domingo 31, como es la última del mes de marzo. se recupera la hora que se ganó el último fin de semana de octubre. Con ello empieza el horario de verano en Europa Occidental, que durará hasta el 27 de octubre.
Retrasar una hora permitirá ahorrar hasta un 5% del consumo eléctrico en iluminación, que equivale a unos 300 millones de euros, según datos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE)recogidos por el Ministerio de Industria. De este potencial ahorro, 90 millones de euros corresponderían a los hogares -lo que supone unos 6 euros por hogar- y los 210 millones restantes a los edificios del sector terciario y la industria.
Sin embargo, el ahorra no es automático, como advierte el IDAE. Para conseguirlo el cambio horario tendrá que ir acompañado con el apagado de la iluminación cuando haya suficiente luz natural.
El cambio de hora comenzó a implantarse a partir de 1974, tras la primera crisis del petróleo, y se convirtió en directiva europea en 1981.

sábado, 30 de marzo de 2013

La Nebulosa de Iris

La Mentira más grande del Mundo

La Dieta del Pito

Vía Quo

viernes, 29 de marzo de 2013

Kim Basinger


Justicia, Corrupción y Baltasar Garzón

EL PAÍS

Invento

jueves, 28 de marzo de 2013

Recuerdos de Miguel Hernández


De El rayo que no cesa

Me llamo barro aunque Miguel me llame.

Barro es mi profesión y mi destino
que mancha con su lengua cuanto lame.


Soy un triste instrumento del camino.

Soy una lengua dulcemente infame
a los pies que idolatro pegada.


Como un nocturno buey de agua y barbecho

que quiere ser criatura idolatrada,
embisto a tus zapatos y a sus alrededores,
y hecho de alfombras y de besos hecho
tu talón que me injuria beso y siembro de flores. (...)


Hoy hace 71 años murió Miguel Hernández, con tan solo 31 años, en la enfermería de la prisión de Alicante. Su condena a muerte durante el franquismo ha llegado a la ONU. Dramaturgo y poeta español que cantó a la vida y a la libertad:


VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN

Vientos del pueblo me llevan,

vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.


Los bueyes doblan la frente,

impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.


No soy de un pueblo de bueyes,

que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España. (...)


Cantando espero a la muerte,

que hay de ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.


El suyo fue un pensamiento claro frente a la democracia y contra el autoritarismo, la fuerza y la injusticia, la Guerra Civil. Una de las tantas ideas de este poeta de quien en 2010 se conmemoró el centenario de su nacimiento en Orihuela (Alicante). Hernández falleció de tuberculosis el 28 de marzo de 1942 en el Reformatorio de Adultos de Alicante tras haber padecido un calvario de persecusión por parte del franquismo, pues estuvo en varias prisiones por haber defendido la República. (Artículos sobre Miguel Hernández en 

Un buen momento para rendir homenaje a este gran poeta. Los invito a recordar y compartir algunos de los poemas o versos de Miguel Hernández.

Golden Retriever swimming


Fuera Basura Espacial

Vía Muy Interesante

Extraperlo Atómico

Vía Muy Interesante

miércoles, 27 de marzo de 2013

Exploración a escala celular

Vía Muy Interesante

El Futuro Coloso Espacial


Orson Welles


Muchas personas son lo bastante educadas como para no hablar con la boca llena, pero no les preocupa hacerlo con la cabeza vacía.                     
Orson Welles

lunes, 25 de marzo de 2013

El Español cotiza al alza

Vía Muy Interesante

Desafío Mental 5 - El acertijo de Einstein

Vía Muy Interesante

Comparativa móviles alta gama


domingo, 24 de marzo de 2013

sábado, 23 de marzo de 2013

Ciegamente




ES LA HORA DE AHORRAR ENERGÍA.
ES LA HORA DEL PLANETA
Este sábado 23 de marzo el mundo celebra La Hora del Planeta. Sesenta minutos con las luces apagadas para llamar la atención sobre la conservación y el gasto energético. Vale. Queremos que el gesto se convierta en costumbre. Apúntate más bien a Tu Vida con el Planeta. En casa y fuera de ella.
en casa ... ahorro energético
¿Pones a secar la ropa en el radiador? ¿Qué te parece dormir a 16ºC?
¿Qué es un "grifo derrochador"? Puedes hacer mucho en casa para ayudar al planeta, cada día.

Pulsa sobre cada icono de euro para saber cómo puedes ahorrar tú y el planeta.
... y cuando te mueves
Todo lo que emites en CO2 en iluminar tu casa durante un año equivale a lo que generas en un viaje en coche por España de ¿cuántos kilómetros? Después de consultar estos datos quizá tomes algunas decisiones.
Pasa el ratón sobre cada punto verde para saber más.
·         3,6gr Una bombilla de bajo consumo (11W) encendida 1 hora
·         19,6gr Una bombilla incandescente (60 W) encendida 1 hora
·         52gr Un kilómetro en un coche eléctrico (por vehículo)
·         89gr Un kilómetro en un coche híbrido (con datos del fabricante, por vehículo)
·         103gr Un kilómetro en un coche pequeño (con datos del fabricante, por vehículo)
·         135gr Un kilómetro en coche medio nuevo (por vehículo) (por vehículo)
·         265gr Un kilómetro en un coche todoterreno (con datos del fabricante, por vehículo)
·         8Kg Ida y vuelta Madrid-Bilbao en tren (por pasajero)
·         56,4Kg Un año de ordenador (en un hogar medio español)
·         75,7Kg Un año de aparatos apagados en standby (familia media española)
·         80,7Kg Un año de lavavajillas (familia media española)
·         82,2Kg Un año de televisión (familia media española)
·         83,6Kg Un año de lavadora (familia media española)
·         155Kg Ida y vuelta Madrid-Bilbao en un coche medio, con conducción convencional (por vehículo)
·         134,5Kg Una año de iluminación (familia media española)
·         217Kg Un año de nevera (familia media española)
·         219Kg Ida y vuelta Madrid-Bilbao en avión (por pasajero)
·         242Kg Ida y vuelta Madrid-Bilbao en un todoterreno, con conducción convencional (por vehículo)
·         1900Kg Ida y vuelta Madrid-Nueva York en avión (por pasajero)
·         Huella de carbono de media de un español en un año - 6,3 toneladas de CO2
·         Huella de carbono de media de un estadounidense en un año - 17,3 toneladas de CO2
·         Huella de carbono de media de un indio en un año - 1,3 toneladas de CO2

       EL PAÍS

Marc Anthony - A Quién Quiero Mentirle

Alejandro Sanz - Se Vende

miércoles, 20 de marzo de 2013

La Primavera


La primavera es una de las cuatro estaciones de las zonas templadas, y una de las dos estaciones de la zona intertropical la transición entre el invierno y el verano. El término prima proviene de (primer) y vera de (verdor). Astronómicamente, esta estación comienza con el equinoccio de primavera (entre el 20 y el 21 de marzo en el hemisferio norte, y entre el 22 y el 23 de septiembre en el hemisferio sur), y termina con el solsticio de verano (alrededor del 21 de junio en el hemisferio norte y el 21 de diciembre en el hemisferio sur). En la zona intertropical del hemisferio norte comienza el 21 de marzo hasta el 23 de septiembre. En la zona intertropical del hemisferio sur va desde el 23 de septiembre al 21 de marzo. En literatura, en sentido figurado, la primavera, representa la juventud.

¿Cuándo llega la primavera?

La primavera, concretamente cuándo llega, tiene lugar generalmente todos los años entre el 20 y el 21 de marzo en el hemisferio norte, y entre el 22 y 23 de septiembre en el hemisferio sur:
20 de Marzo Salida: 7h 6m Puesta:19h 13m Paso meridiano:13h 9m Altura: 62º
21 de Marzo Salida: 7h 5m Puesta:19h 14m Paso meridiano:13h 9m Altura: 62º
¿Tu país se encuentra en el hemisferio norte o sur?
Dependiendo de si tu país se encuentra en el hemisferio norte o en el hemisferio sur, la primavera empezará en un mes o en otro. Así si te encuentras en el hemisferio norte, mientras que la primavera comenzará en marzo (concretamente el día 20 de marzo a las 12h 02m (hora oficial peninsular, España), en el hemisferio sur no llegará hasta el mes de septiembre.
Para ayudarte a descubrir si el país en el que vives se encuentra o no en un hemisferio u otro, te recomendamos tener en cuenta lo siguiente:
¿Qué países se encuentran en el hemisferio norte? España, Alemania, Francia, Suecia, Noruega, Finlandia, Estados Unidos, Canadá y Japón, entre otros.

Flamencos


Feminismo Volátil


Foto fantasmagórica


martes, 19 de marzo de 2013

lunes, 18 de marzo de 2013

eZkribeE AzHii

Estudiantes en España


Escuela Pública

domingo, 17 de marzo de 2013

Ellas te están mirando

El Volador sobrevolado

Vía Muy Interesante

El Roto y las fosas del franquismo

EL PAÍS

sábado, 16 de marzo de 2013

El Caso Bárcenas

EL PAÍS

Ejercicios entre restos de guerra

Vía Muy Interesante

Dulce Hogar Autosuficiente

Vía Muy Interesante

viernes, 15 de marzo de 2013