domingo 8 de noviembre de 2009
Mamá ese no es nuestro hermanito
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sábado 7 de noviembre de 2009
Otro tiro errado
Un problema del PP es que elige mal los temas con los que hacer oposición. En los últimos días, como si quisiera sacudirse la imagen de división e inseguridad transmitida por su crisis interna madrileña, ha elevado la voz para oponerse a la reforma destinada a suprimir el privilegio fiscal de los futbolistas extranjeros y para arremeter contra el Gobierno por su gestión del secuestro de los pescadores del Alakrana. Y ha culminado la semana denunciando como inconstitucionales las escuchas telefónicas que realiza la policía por orden judicial y que han servido, entre otras cosas, para destapar escándalos de corrupción a gran escala como los de Santa Coloma o Mallorca; o el del caso Gürtel.
¿No tendrá algo que ver la denuncia con este caso? En agosto, con mucho Gürtel ya en candelero, Dolores de Cospedal acusaba al Gobierno de ordenar escuchas ilegales de dirigentes de su partido, de perseguir a éste más que a ETA y de estar instaurando un Estado policial. Se le indicó que si tenía alguna prueba de acusaciones tan graves, presentara una denuncia. Poco después, la portavoz parlamentaria, Sáenz de Santamaría, anunciaba que ya tenía casi acabado un informe que probaba la persecución de su partido. No hubo denuncia ni hubo informe.
Ahora, en otro momento en que coinciden sondeos electorales favorables y mala imagen del partido, sus portavoces vuelven por la misma senda, con la novedad de denunciar que el sistema de interceptación de comunicaciones conocido por las siglas Sitel, que utiliza la policía, carece de cobertura legal, por lo que los sumarios instruidos con base a esas escuchas podrían ser anulados por los tribunales.
Ese sistema se caracteriza por su eficacia: no sólo permite grabar conversaciones telefónicas, sino identificar el lugar en el que ha sido utilizado el móvil, lo que sirve, por ejemplo, para destruir coartadas de delincuentes que niegan haber estado en el escenario del delito. Pero para efectuar escuchas con Sitel es necesaria una orden judicial, igual que con cualquier otro sistema y, como han recordado ahora asociaciones de jueces y fiscales, ello se hace con la debida "proporción y mesura", dado que afecta a derechos.
Es cierto que las nuevas tecnologías permiten hoy cosas impensables hace poco, tanto a los delincuentes, para burlar la ley, como a la policía y la justicia, para evitarlo. El PP sostiene que Sitel es ilegal mientras no se regule su utilización mediante ley orgánica. Pero ya hubo una denuncia de la Asociación de Internautas, que sostenía lo mismo, y fue archivada por el Supremo, cuya Sala de lo Penal avaló también la utilización de Sitel en una sentencia sobre drogas. Una cosa es extremar las garantías de recta utilización de las posibilidades tecnológicas, lo que corresponde a los jueces; y otra muy distinta sembrar dudas sobre la actuación policial y judicial por el hecho de que el sistema tecnológico para destapar la corrupción sea más eficaz. Esto último es lo que hace el PP cuando se siente acosado por sus escándalos.
Editorial EL PAÍS, 07/11/2009
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Siesta
El sol aplana, achicharra,
Y ni la sombra del chaparro elegido,
Sueñan, si el bochorno les deja
La modorra caliente les golpea
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NOCTURNO
por Rafael Alberti
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No te detengas nunca
Pedro Salinas
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viernes 6 de noviembre de 2009
Chantaje pirata
Los piratas utilizaron a los rehenes para hacerles transmitir a través de comunicaciones con sus familiares las amenazas (aderezadas con disparos al aire y estallido de granadas) con que tratan de forzar la voluntad del Gobierno español. La siniestra estrategia de los piratas consiste en atemorizar a las familias para que éstas, a su vez, debiliten la posición del Gobierno español a la hora de intentar cualquier salida. Y el uso de la fuerza, por su parte, sólo puede concebirse como la última de las opciones, por el altísimo riesgo que entraña para la vida de los marineros.
Ante esta difícil encrucijada, en la que la vida de no pocas personas está en juego a consecuencia del repugnante chantaje perpetrado por los corsarios somalíes, el Partido Popular ha decidido jugar la más indigna de todas las bazas: acusar al Gobierno de errores imprecisos, buscando capitalizar políticamente la legítima preocupación de las familias de los marineros en España. Ni sus sentimientos deberían ser usados como un potencial ariete político en favor o en contra de nadie, ni el PP puede escamotear la información o la estrategia de que disponga -si es que dispone de alguna- para afirmar con tanta rotundidad que el Gobierno se equivoca.
El caso del Alakrana no es uno más entre los numerosos secuestros que siguen sin resolverse en aguas somalíes. El motivo es que, atendiendo a un auto del juez Garzón, el Gobierno tuvo que traer a España a los dos piratas apresados, limitando de manera drástica su margen de maniobra frente a los secuestradores. Lo que éstos proponen al exigir la liberación de sus dos cómplices es, sencillamente, violentar el Estado de derecho, por la vía de exonerar a dos inculpados del proceso penal en el que están inmersos; y eso ningún Gobierno estaría en condiciones de hacerlo. Cuando se llegue al final de este episodio, la Audiencia Nacional tendría que explicar, en cualquier caso, por qué se declaró incompetente para juzgar el delito de piratería hace unos meses y ahora, en cambio, reclamó que se pusieran a su disposición a los dos piratas.
Que la situación de los secuestrados se haya vuelto más dramática no justifica, sino todo lo contrario, que se siga ofreciendo el respaldo al Gobierno para que siga buscando una salida que permita liberar a los marineros. El intento de hacer balance crítico o de cobrar réditos políticos antes de tiempo, cuando aún los 36 marineros están a merced de los secuestradores, no sólo arroja dudas sobre la responsabilidad de la oposición, sino que contribuye a incrementar la presión que los piratas ejercen sobre el Gobierno español a través de un inaceptable chantaje.
Editorial EL PAÍS, 06/11/2009
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¿Somos demasiados?
• "Tener más de dos hijos es egoísta e irresponsable"
El 50% de las emisiones de CO2 está causado por el 7% de la población
Sin anticoncepción, en 2050 seríamos 11.000 millones de personas
La natalidad se ha reducido en un 50% en los últimos 30 años
La producción de alimentos debe aumentar un 70% en 2050.
Las tasas de natalidad han disminuido en un 50% en los últimos 30 años, y se espera que se reduzcan aún más. Incluso en los países más pobres del mundo, la natalidad se reducirá a la mitad. Las previsiones de la ONU coinciden en que la tendencia se mantendrá. En 2050 se prevé que la fertilidad mundial sea de tan sólo 1,85 niños por mujer. Sin los métodos anticonceptivos, la población mundial crecería hasta los 11.000 millones de personas en 2050. Los controles de natalidad han sido fundamentales. Pero no son, ni de lejos, la única solución.
Desde hace más de 200 años, la advertencia ya era explícita: el inglés Thomas Malthus advertía en su célebre Ensayo sobre el principio de la población que los recursos naturales serían insuficientes para abastecer a la población mundial. La investigadora Rosamund McDougall, directora adjunta de la ONG Fondo para una Población Óptima (OPT, en inglés) advierte que "una población de más de 9.000 millones de personas tendría un impacto terrible sobre la Tierra, no sólo en la calidad de vida. La cantidad de emisión de gases de efecto invernadero haría imposible vivir en el planeta en 2050".
¿Quiénes ocuparán la Tierra entonces? La población en los 49 países más pobres del mundo se duplicará, de 840 millones hasta los 1.700 millones de personas, según apunta el informe Perspectivas sobre la población mundial, difundido en 2008 y elaborado por la División de Investigación Demográfica y Población Mundial de la ONU.
Los países desarrollados, en contraste, no sufrirán un cambio significativo en su población: de 1.230 millones de habitantes en 2009 a 1.280 millones en 2050. Incluso, Japón, Georgia, Rusia y Alemania perderán un 10% de población. El científico y escritor británico Fred Pearce opina que el problema no está en cuántos somos, sino en la manera en que repartimos los recursos. "Es evidente que el problema es el consumo excesivo de los países desarrollados y no la sobrepoblación de los más pobres", afirma.
El consumo de una persona en EE UU emite 20 toneladas de dióxido de carbono cada año; el equivalente de dos europeos, cuatro chinos, diez hindúes o 20 africanos. El 80% de la población pagaría las consecuencias económicas y ambientales del consumo de un 20%. Stephen Pacala, director del Instituto Ambiental de la Universidad de Princeton (EE UU), calcula que los 500.000 habitantes más ricos del mundo -cerca de un 0,7% de la población actual- son responsables del 50% de las emisiones de dióxido de carbono del mundo.
Y la situación no hará sino agravarse en los próximos años. "El reto es, en realidad, que los recursos se repartan de una manera más equitativa. Los efectos sobre el medio ambiente son extremadamente difíciles de revertir a través de las tasas de natalidad", advierte Pearce. "Aun si redujéramos a cero la fertilidad en el mundo, las emisiones de gases con efecto invernadero deberían rebajarse, por lo menos, un 50% para mediados de siglo", explica.
Además de los efectos del cambio climático, los países menos desarrollados se enfrentan al hambre, la causa directa o indirecta de un 58% del total de muertes del mundo según un estudio de la ONU difundido en 2004. El Instituto de Recursos Mundiales (WRI, en inglés) advirtió la semana pasada de que en 2050 habrá otros 25 millones de niños desnutridos en el mundo, que se añadirán a los 150 millones que sufren hambre en la actualidad. Los niveles de pobreza continuarán aumentando: entre 1981 y 2001, el número de personas que vivían con menos de un dólar al día en África Subsahariana se duplicó. De 164 millones hasta 316 millones; y en los próximos 40 años, dos tercios de la población mundial vivirá en países en vías de desarrollo.
El hecho es que hoy en día, mil millones de personas (un sexto de la población mundial) sufren hambre. En 2050, serán 1.700 millones, un 18% de la población prevista para entonces. Además del deterioro ambiental, los conflictos y el bajo desarrollo causan la escasez de alimentos. Los agricultores africanos emplean el equivalente a 1% del fertilizante que utiliza un agricultor en un país rico. Y mientras en los países pobres consumen una dieta basada en vegetales, los ricos consumen comida que come vegetales. Para producir un kilo de carne son necesarios, por lo menos, 10 kilos de pasto. Un estadounidense promedio consume 120 kilos de carne al año; mientras que en los países en vías de desarrollo, el promedio es de 28 kilos.
"La cooperación marcaría una diferencia significativa", según afirma Stephen Pacala. "Las hambrunas se deben, en la mayoría de las ocasiones, al pobre desarrollo de los países y a que la producción ha sido insuficiente", comenta. La falta de tecnologías que desarrollen la agricultura en los países menos desarrollados y los efectos de la crisis económica global empeora las circunstancias.
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO, en inglés) advirtió en 2008 que el gasto anual en alimentos importados en los países más pobres podría suponer cuatro veces más que en 2000. "Para los consumidores más pobres, que gastan un 60% de su gasto habitual en comida, el aumento significa un golpe brutal para sus finanzas", observa el informe. La FAO también señala que para combatir el hambre, el mundo debe producir en 2050 un 70% más de alimentos que en la actualidad.
El reto no es nuevo. La llamada revolución verde consiguió duplicar la producción de alimentos entre 1960 y 1990. Y, en la actualidad, aún existe un 60% de tierra fértil en el mundo. ¿Pero qué garantiza a los países pobres un desarrollo sostenible en los próximos años? Pearce y Pacala coinciden que un buen inicio es la inversión. Un informe del Ministerio de Desarrollo Británico calculó en 2008 que para reducir el hambre en el mundo serían necesarios, por lo menos, unos 900 millones de libras (unos 987 millones de euros) para garantizar el desarrollo y las tecnologías necesarias para favorecer la agricultura en los países más pobres.
El presupuesto de la FAO sumó en 2008 unos 870 millones de dólares (unos 580 millones de euros). En 2009 ascendió ligeramente, hasta 930 millones de dólares (unos 626 millones de euros). Al comparar la cifra con los 700.000 millones de dólares (471.000 millones de euros al tipo de cambio actual) que el Gobierno de EE UU destinó para evitar la quiebra del banco de inversión Bear Stearns, las hipotecarias Freddie Mac y Fannie Mae y la aseguradora AIG en septiembre del año pasado. El presupuesto mundial dedicado a combatir el hambre apenas representa un 2% de esa cifra.
Los líderes reunidos en la reciente cumbre del G-20 celebrada en Pittsburgh en septiembre pasado acordaron destinar unos 2.000 millones de dólares (1.370 millones de euros) a ayudas para combatir el hambre del mundo, pero un estudio publicado por el Instituto Internacional para la Investigación de Políticas Agrarias difundido en octubre señala que es insuficiente. "Son necesarios al menos unos 7.000 millones de dólares [unos 4.710 millones de euros] al año para la investigación agropecuaria y la mejora de la infraestructura rural en los países. De continuar con una política que privilegie las ganancias, las consecuencias serán desastrosas", advierte Gerard Nelson, uno de los autores del informe.
La prioridad para resolver el hambre, un grave efecto de la mala repartición de recursos en el mundo tampoco es nueva. Preguntado en 1972 en una entrevista con Dick Cavett sobre los efectos de la sobrepoblación, John Lennon fue claro en definir el primer paso: "Tenemos suficiente comida y dinero para alimentar a todos. Hay suficiente espacio, y algunos hasta van a la Luna".
Si te ha interesado esta información, te recomendamos:
• ENTREVISTA: "Tener más de dos hijos es egoísta e irresponsable"
VERÓNICA CALDERÓN 06/11/2009
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Chateau de Chambord, Val-de-Loire, France
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A MIGUEL HERNÁNDEZ, ASESINADO EN LOS PRESIDIOS DE ESPAÑA
También el ruiseñor en tu boca traías.
Ya sabes, hijo mío, cuánto no pude hacer, ya sabes
No he visto deslumbradora raza como la tuya,ç
Joven eterno, vives, comunero de antaño,
Que sepan los que te mataron que pagarán con sangre.
Miguel, lejos de la prisión de Osuna, lejos
Y más allá la tierra se agiganta,
por Pablo Neruda
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¡ PIU AVANTI !
Ten el tesón del clavo enmohecido
Procede como Dios que nunca llora;
Que muerda y vocifere vengadora,
El Poeta Almafuerte
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Conozco bien los caminos
Miguel Hernández
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jueves 5 de noviembre de 2009
Evolución en 40000 generaciones
Estudian el hecho evolutivo en durante 40000 generaciones de bacterias. Un experimento que, hasta ahora, ha durado 21 años.Cultivo de E. coli realizado por Richard Lenski. Foto: Greg Kohuth, Michigan State University.
Hace 150 años que Darwin propuso los mecanismos mediante los cuales se produce la evolución de las especies. Pero ver a éstos en acción es complicado para unos seres, los humanos, que viven poco tiempo. Bajo nuestra perspectiva temporal la evolución de la vida animal en la Tierra se produce a un ritmo pavorosamente lento. Incluso desde la emergencia de los primeros organismos pluricelulares hasta la aparición del ser humano han pasado solamente unos 600 millones de años. La sustitución de unas especies por otras, las extinciones masivas o la conquista de la tierra firme se dieron en ese periodo de tiempo, pero nos cuesta imaginar la escala de tiempo implicada.
Si un humano tiene una esperanza de vida de 75 años y asumimos que en un año se corresponde a un centímetro, entonces 20 cm serían recorridos por cada generación, 0,75 metros en una vida humana y para recorrer esos 600 millones de años habría que recorrer 6000 km, que es casi el radio terrestre. Para que transcurran 40.000 generaciones, y que la evolución tenga un efecto significativo sobre el ser humano, habría que esperar 800.000 años (8 km según la analogía). Demasiado tiempo para unos simples mortales.
Pero si en lugar de seres humanos u otros seres complejos utilizamos seres cuyas generaciones se den a un ritmo más rápido quizás se pueda ver la evolución en marcha. En el caso de la bacteria E. coli esas 40000 generaciones necesitan de 21 años. Esto es precisamente lo que ha hecho un grupo de investigadores de Michigan State University: un experimento evolutivo de 21 años de duración con E. coli.
El experimento no sólo demuestra el papel de la selección natural en la evolución, sino que puede dar lugar a nuevos avances en investigación médica según sus autores. Richard Lenski y sus colaboradores documentan los procesos del experimento y su análisis en la revista Nature.
El experimento comenzó en 1988 en cultivos bacterianos de E. coli, que son bacterias de rápida reproducción y clásicas en experimentos genéticos. Supusieron que si alguna mutación daba a algunas células una ventaja competitiva sobre el resto a la hora de hacerse con los nutrientes, tarde o temprano éstas debían de dominar sobre el resto.
Aunque hay muchas pruebas que demuestran los mecanismos darwinistas de la evolución, nunca se ha había hecho un estudio a este nivel de detalle. Según Lenski ha sido maravilloso ser capaces de mostrar de manera precisa cómo la selección natural ha ido cambiando el genoma de estas bacterias a lo largo de miles de generaciones.
De manera periódica estos investigadores tomaban muestras que congelaban para su estudio posterior en el que se secuenciaba su genoma. Pudieron ver que al cabo de 20.000 generaciones se habían producido sólo 45 mutaciones en las células supervivientes, aquellas mutaciones que precisamente daban una ventaja adaptativa, precisamente lo predicho por la teoría de Darwin.
Este experimento es único a la hora de responder a cuestiones críticas, como aquellas acerca de la tasa de cambio en el genoma bacteriano. Según el investigador principal el acoplamiento entre genoma y evolución bajo la adaptación es complejo y puede ser contraintuitivo.
El genoma, según el experimento, evolucionaba a un ritmo sorprendentemente constante en la primera mitad del tiempo de estudio, incluso cuando la adaptación de las bacterias disminuía. Entonces una nueva de tasa de mutación apareció súbitamente y una nueva dinámica de relación entre el ambiente y el genoma se estableció. Una mutación relacionada con el metabolismo del ADN apareció al cabo de 26000 generaciones, produciendo un aumento dramático de la tasa de mutación en todas las partes del genoma. El número de mutaciones saltó a partir de entonces, alcanzando las 653 mutaciones al llegar a la generación 40.000. Lo interesante es que la mayoría de estas mutaciones tardías no ayudaban a la hora de mejorar la adaptación de las bacterias.
Una habilidad que surgió evolutivamente en una de las poblaciones fue la capacidad de metabolizar un azúcar que E. coli normalmente no puede metabolizar. A partir de entonces toda la población terminó por adquirir y transmitir este nuevo rasgo.
Según Jeffrey Barrick las mutaciones genéticas del ADN humano están relacionadas con algunos tipos de cáncer y su progreso es muy similar a un proceso evolutivo. De este modo todo lo que se pueda aprender de este experimento puede ser útil a la hora de comprender mejor el curso de este tipo de enfermedades. Otro aspecto interesante podría ser saber el tempo y evolución de determinadas cepas bacterianas perjudiciales para el ser humano y su relación con su tratamiento con antibióticos.
Miles de generaciones después las bacterias de este experimento siguen evolucionando y quizás nos digan más cosas en el futuro.
Este experimento recuerda en algunos aspectos al realizado en época por Martin Boraas de University of Wisconsin en Milwaukee. Él y sus colaboradores tomaron un alga (Chlorella vulgaris), que vive casi siempre como ser unicelular, y lo cultivaron aisladamente en el laboratorio durante 1000 generaciones. Después introdujeron un depredador unicelular flagelado (Ochromonas vallescia), que se alimentaba de ellas englobándolas de manera similar a como lo hacen las amebas. Al cabo de 200 generaciones las algas evolucionaron formando agregados de muchas células para así evitar ser comidas. Con el paso del tiempo el número de células que formaban el agregado de algas se estabilizó en 8 células, número que parece ser óptimo a la hora de evitar ser comidas. Una vez retiraron al depredador las algas continuaron viviendo como agregados (¿seres pluricelulares?) de 8 células. Quizás la aparición de seres de pluricelulares se debió a un mecanismo similar.
Como dice Lenski, en este tipo de estudios pasa lo mismo que ocurre en otros campos de la ciencia: responden a ciertas preguntas, pero hacen aparecer otras nuevas.
Fuentes y referencias:
- Notas de prensa.
- Vídeo con entrevista al investigador.
- Artículo original (resumen).
- Sobre la aparición de pluricelulares (pdf).
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Crepes con Helado y Salsa de Melocotón
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miércoles 4 de noviembre de 2009
Muere Francisco Ayala, gran testigo de la literatura española del siglo XX
• Un hombre sin enemigos
• La vida, instrucciones de uso
• Ayala: "Quiero estar en el mundo de hoy, no en el de hace 50 años"
• El calor de una amistad
• Francisco Ayala dona 2.000 documentos personales a su Fundación
• Toda una vida de escritor
• Intimidades literarias
• Amor de hija
• La pasión y la inteligencia
Ayala había cumplido 103 años el pasado 16 de marzo. Era el último superviviente de la generación del 27 y, además de ser miembro de la Real Academia Española desde 1984, tenía los premios más importantes de las letras españolas: del Cervantes (en 1991) al Príncipe de Asturias (tres años antes).
Todos los honores le llegaron cuando volvió a España definitivamente en 1980. Entonces la miel del reconocimiento sustituyó a la hiel de un largo exilio que, con la Guerra Civil, le obligó a abandonar su cátedra de Sociología en la Universidad Complutense para dar con sus huesos en Argentina, Puerto Rico y Estados Unidos.
Ayala habló del telón que no terminaba de bajarse el día que se presentaba el primer tomo de sus obras completas en Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. "He escrito demasiado porque he vivido demasiado y además lo he hecho intensamente", dijo también aquel día. Seis tomos de más de 1.500 páginas cada uno reunirán cuando terminen de publicarse una obra oceánica en la que tienen una especial relevancia la narrativa y el ensayo.
Títulos como La cabeza del cordero, Muertes de perro, El jardín de las delicias o La invención el Quijote ocupan ya un lugar de honor en la historia de la literatura. Un lugar en el que sus memorias, Recuerdos y olvidos, tienen su propio espacio dentro del género autobiográfico.
Envía tus condolencias por la muerte de Francisco Ayala
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JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid - 03/11/2009
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Merluza en salsa de Avellanas y Almendras
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Salteado de Patata y Puerro
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Papaya con Gulas y Jamón de Pato
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martes 3 de noviembre de 2009
Verbal Abuse Can Be Just As Horrific - Aware Helpline
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Chavela Vargas - Piensa en mi
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Carlos Gardel - Adios Muchachos - Tango
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lunes 2 de noviembre de 2009
Si tu aliento está cerca me invaden los senderos
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LA MALA SUERTE
Olga Orozco
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domingo 1 de noviembre de 2009
Frente a la corrupción
La acumulación de graves escándalos de corrupción que afectan en mayor o menor medida a los principales partidos españoles no sólo amenaza con arruinar la reputación de la política y sus profesionales, sino también la imprescindible confianza de los ciudadanos en las instituciones. Espectáculos como los de Valencia o Cataluña, el interminable goteo de irregularidades municipales o la descarnada lucha por el poder en torno a Caja Madrid, contribuyen a extender la percepción de que la democracia es un instrumento para saciar ambiciones personales, desde el narcisismo de la notoriedad o el placer un punto sádico de someter las voluntades ajenas, hasta la avaricia del enriquecimiento rápido y fácil.
• El sumario de la trama corrupta salpica al Gobierno catalán.
• La trama corrupta salpica a la empresa de urbanismo de la Generalitat.
El riesgo que se corre es que la denuncia de la corrupción acabe traduciéndose en desapego hacia el sistema democrático, un terreno abonado para el populismo. Debe quedar claro, por ello, que la irrenunciable denuncia de la corrupción responde a un compromiso firme con las instituciones, no a su desprecio o su puesta en entredicho. El remedio más eficaz contra el uso espurio que la corrupción hace de ellas no es otro que más democracia, más transparencia, más responsabilidad, cada cual desde el lugar que constitucional, política y socialmente le corresponde. Esto es, precisamente aquello que partidos, dirigentes y simples ciudadanos incursos en investigaciones y procesos judiciales tratan de evitar, buscando complicidades donde puedan encontrarlas, ya sea en los poderes del Estado o en medios de comunicación dispuestos a sacrificar su función en aras de la propaganda o de sus propios intereses.
Cada vez que se antepone la solidaridad gremial a la condena de hechos reprobables, o que prima el cálculo electoral, la corrupción abandona la periferia del sistema y comienza a instalarse peligrosamente en su interior. La democracia no sirve para mejorar la naturaleza humana, y la corrupción es, tal vez, una de las pruebas más concluyentes a este respecto; para lo que sí sirve, en cambio, es para garantizar que quienes ostentan cualquier poder no están al margen de las leyes, y es por esta vía por la que hace mejores a las sociedades. Ahora más que nunca, los tribunales están obligados a extremar el rigor en su actuación.
Es cierto que la corrupción es una lacra que no afecta sólo a España, pero esta desoladora constatación no puede hacer que se renuncie a analizar y combatir las debilidades específicas que han permitido que prospere en nuestro país. Una de las principales economías del mundo, como es la española, no puede seguir conviviendo con el hecho de que entre el 20% y el 25% de su PIB escape al control del fisco. Ni tampoco con un farisaico sistema de financiación de los partidos que hace que se sientan legitimados, una vez en el poder, para suplir sus carencias financieras mediante procedimientos a la vez groseros y sofisticados dirigidos a desviar fondos públicos en su propio beneficio. Ni, en fin, con administraciones que, como la municipal, han debido buscar sus recursos durante años en fuentes alternativas como la burbuja inmobiliaria.
La consecuencia es lo que algún intelectual ha definido como el desgobierno de lo público: una suerte de partitocracia que, superando los cortafuegos institucionales y convirtiendo lo público en patrimonio privado, sustituye al Estado. Con los partidos en manos de una oligarquía profesional sin escrúpulos, el Estado se convierte en un objeto de rapiña y la política, en un negocio. Ante esto, confundir la moral pública con una moralina sectaria sería la peor de las respuestas. Y es de esperar que el coste político que ha empezado a pagar el PP, según la encuesta que publica hoy este diario, sea el despertar de una exigencia cada vez más firme de cada ciudadano con cualquier opción política, no sólo con la contraria.
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• El sumario de la trama corrupta salpica al Gobierno catalán
• La trama corrupta salpica a la empresa de urbanismo de la Generalitat
Editorial EL PAÍS, 01/11/2009
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Rajoy no puede con ella
A Mariano Rajoy cada día le cuesta más entender lo que le pasa. Él, según explica su entorno, cree que hizo los deberes: ganó las gallegas, ganó las europeas, y contaba con tener tres años tranquilos hasta las elecciones de 2012. Pero el PP, un año y medio después de la peor crisis de la historia reciente del partido, está casi donde estaba. Dividido, con una sensación total de caos, de desgobierno. ¿Cuál es el problema? Para los marianistas, el problema se llama Esperanza Aguirre. Es ella la piedra con la que siempre tropieza Rajoy. Y algunos, los más extremistas, le piden que acabe con ella de la única manera que puede: montando una gestora en Madrid, colocando una dirección alternativa controlada por él, dirigida por Ana Mato, punto de encuentro entre el aznarismo y el marianismo.
"Mariano, ¿tú te has desayunado como yo con la entrevista?", le dijo ella. "La he visto esta mañana", contestó él-
"Que me pongan una gestora si se atreven. ¿Con qué motivo? Yo les monto una cacerolada", dijo Aguirre en privado-
Los aguirristas están convencidos de que Rajoy propuso a Rato sólo para enfrentarlo a ella, para dividirlos.
Pero la respuesta que Aguirre está dando a quienes le han preguntado por esa posibilidad deja muy claro a qué clase de personaje político se enfrenta el líder del PP. "Que me monten una gestora si se atreven. ¿Con qué motivo? Yo les monto una cacerolada que lo de Argentina va a parecer cosa de aficionados", ha comentado con ironía la todopoderosa presidenta del PP de Madrid, que se ganó ese puesto después de arrasar a su rival, Alberto Ruiz-Gallardón, en un congreso regional en 2004 en el que él presentó precisamente al personaje clave de la semana, Manuel Cobo, su mano derecha.
Aguirre supone un auténtico tormento constante para Rajoy, cuyo carácter es antagónico al de la siempre impetuosa lideresa. Él retrasa todas las decisiones y evita siempre que puede a los periodistas. El líder no se define ni siquiera sobre los refranes que le gustan. "La fortuna es de los audaces, sí, pero hombre precavido vale por dos", ha llegado a decir para que no quede claro con cuál de esas dos ideas contradictorias se queda.
Mientras él reflexiona, ella siempre se adelanta. Habla todos los días, responde a todas las preguntas, opina de todo, se precipita, se equivoca, pide perdón -como sucedió recientemente cuando acusó a Alfredo Pérez Rubalcaba de espiar al PP- en una especie de rueda permanente que la coloca siempre en primera plana, principalmente en los medios conservadores sobre los que tiene gran ascendencia, y oscurece la labor del líder. Para él, es como un espejo maldito: cada día le recuerda que ella gobierna con su cómoda mayoría absoluta y él sigue en la oposición tras dos derrotas.
Esta situación ha llegado al extremo de que el PP de Rajoy propuso en el Congreso dotar a los maestros de la condición de autoridad, como un policía, y casi nadie se enteró. Unas semanas después, ella anunció lo mismo en la Cámara autonómica, y pese a que la iniciativa no cambiaba nada porque ya había una orden de la Fiscalía General, fue portada de todos los medios conservadores y monopolizó las tertulias.
Pero es en los momentos más difíciles cuando más daño, según analizan varios dirigentes, le hace Aguirre. Porque ella siempre va a su ritmo. En la crisis del PP de Valencia por el caso Gürtel, la que más ha preocupado al líder, porque él se ha jugado su imagen apoyando a Francisco Camps, ella también ha sido decisiva. La caída de Ricardo Costa, con los graves problemas internos que ha provocado y la total desautorización de Camps, se precipitó cuando Aguirre decidió expulsar a sus tres diputados imputados, lo que dejó en evidencia, de nuevo, a Rajoy y Camps.
Por eso, al llegar la batalla definitiva de Caja Madrid, y en medio de un cuestionamiento generalizado de la autoridad del jefe y su equipo -hasta José María Aznar ha llegado a decir que hace falta "un líder, y no varios"- el entorno de Rajoy le presiona para que haga algo con Aguirre. Ella, siempre habilidosa y audaz, ha aprovechado de nuevo la situación a su favor. La entrevista de Cobo en EL PAÍS, en la que dijo que lo que ella y su equipo estaban haciendo con la candidatura de Rodrigo Rato para presidir Caja Madrid "es de vómito", le ha servido para mantener viva una batalla que empezaba a perder. Y para demostrar, una vez más, que ella con Rajoy no se trata como una subordinada con un jefe, sino de tú a tú, de igual a igual. "No pienso tener ninguna interlocución con una dirección que no condena las palabras de Cobo, me ha llamado fascista", le ha dicho varias veces a Dolores de Cospedal, la secretaria general.
Con Rajoy habló el lunes. El enfrentamiento entre ambos ya es total, y no hubo mucho disimulo, según diversas fuentes aguirristas y marianistas. Ella insinuó que él, buen amigo de Cobo, estaba detrás de la entrevista. "¿Mariano, tú te has desayunado como yo con esto o la conocías antes?", le espetó. "Esperanza, yo la he visto esta mañana, como tú", le dijo él para desvincularse.
Y sin embargo, varios marianistas señalan que, en el fondo, algunas cosas que denuncia Cobo son básicamente ciertas. Aguirre, insisten, ha mantenido varios pulsos con Rajoy, y hasta ahora los ha ganado todos. Logró, con su amenaza de dimitir, que el líder no colocara a Gallardón en las listas del congreso en 2008. Y sobre todo venció la batalla del espionaje, a principios de este año. Rajoy decidió abrir una investigación interna ante el escándalo de que funcionarios de Aguirre, dependientes de una persona cercana a ella como Sergio Gamón, habían espiado a compañeros de partido como Alfredo Prada y el propio Cobo.
Aguirre abrió una comisión de investigación en la Cámara autonómica que no investigó nada y se cerró en cuatro sesiones sin escuchar a los espiados. Rajoy dejó "en suspenso" la investigación interna, cediendo a sus exigencias, pero la prueba mayor de la fortaleza de Aguirre es que ni siquiera con la imputación de Gamón y tres asesores por una juez de Madrid, en septiembre, el líder ha dado la orden de reabrir esa investigación. Aguirre, por tanto, también se ha librado del asunto del espionaje.
Por eso la sensación de impotencia se ha instalado entre los defensores de Rajoy, que ven cómo ella, a la que han dado por muerta muchas veces con la sucesión de escándalos, siempre sobrevive. La mayoría la teme.
"Deberíamos apoyar a Cobo, denunciar que se espíe a compañeros de partido, pero todos le tenemos terror, porque sabemos que te la guarda para siempre, y tiene mucho poder, especialmente en los medios. En Madrid hay un régimen aparte. Muchos pensamos como Cobo, pero sólo él se atreve, por su carácter, por lo que ellos le han hecho con el espionaje y porque, y no es poco, es millonario y eso le hace muy independiente, como dijo él en la entrevista", confiesa un dirigente, muy preocupado.
Los aguirristas, por el contrario, están convencidos de que es Rajoy quien ha decidido hace mucho tiempo acabar con ella, el que siempre organiza maniobras para debilitarla. De hecho, se temen que el anuncio del líder de que el martes dará "respuestas" a los militantes, desconcertados ante un partido que va de crisis en crisis, apunte hacia un cruce de reproches hacia ella del líder y los barones regionales, muchos de ellos muy alejados de la presidenta madrileña.
Hace un año y medio, cuando Rajoy sufrió, tras su segunda derrota, una crisis de liderazgo sin precedentes en el PP , los barones le dejaron claro, en público y en privado, que si ella era la opción para sucederle preferían que se quedara. Y los aguirristas temen que de nuevo, la dirección quiera dejar en evidencia su soledad interna.
La frase de Rajoy anunciando un jueves que el martes tomará medidas ha desatado todo tipo de especulaciones. Incluso bromas. "Me recuerda a Tip y Coll, que siempre decían 'y la próxima semana, hablaremos del Gobierno, pero nunca lo hacían", señala uno. Otros temen que se creen demasiadas expectativas para acabar en un duro discurso de llamada al orden de sus dirigentes sin ninguna medida drástica.
Pero pase lo que pase el martes, lo que todos asumen como imposible de reconducir es la relación entre Rajoy y Aguirre. Él está dolido porque considera que ella, al no aceptar hace tres semanas, en un desayuno en Copenhague, al candidato que él proponía para Caja Madrid, Rodrigo Rato, ha cometido un acto de grave indisciplina, de desautorización total. Además, los marianistas creen que la candidatura de Ignacio González, vicepresidente de Madrid, con el que Rajoy tiene un grave enfrentamiento personal, es una provocación.
Ella está aún más molesta, porque le culpa de haber llevado al límite una situación que podía haberse resuelto hace meses sin discrepancias. En noviembre de 2008, cuando la crisis de Caja Madrid ya se había desatado -los aguirristas maniobraban para impedir que continuara de presidente Miguel Blesa, un aznarista que lleva 12 años en ese puesto- Rajoy llamó a Aguirre. "Ponemos al que tú me digas: Rato, Manuel Pizarro, Luis de Guindos", sentenció ella. "Ya veremos", fue la respuesta. En marzo, ella insistió. "Rodrigo quiere ser presidente". Según la versión aguirrista, Rajoy puso "cara de cuerno". Así que ella le dijo a su mano derecha, Ignacio González, que se trabajara el puesto. Y éste incluso habló con Rajoy, que le dijo que no se opondría.
Por eso los aguirristas están convencidos de que Rajoy ha optado finalmente por Rato para tratar de enfrentarle con ella, ya que hasta ahora habían caminado juntos, hasta el punto de que se habló de un pacto entre ellos para llegar al poder. Ella no puede enfrentarse a él, compañero de clase de su marido en los jesuitas, indiscutible líder alternativo a Rajoy. Por eso ella ha hablado con el ex vicepresidente para aclararle que no tiene nada contra de él. El miércoles volvieron a hablar. "Diles que arreglen primero lo de Cobo y hablaremos". Rato habla casi a diario con Rajoy, según diversas fuentes, y tanto él como sus partidarios dan por hecho que finalmente se impondrá.
Caja Madrid se puede arreglar, pero ya no es ni siquiera lo más relevante. "Después vendrán las listas autonómicas y municipales, y luego otra vez si Gallardón va en las listas al Congreso. Nunca acabará", sentencia un marianista. "Se están preparando para llegar a 2011 en una situación insostenible. En ese año tocaría un congreso para ratificar a Rajoy como candidato. Y ahí darían el golpe", se preocupa otro dirigente.
Algunos creen que el enfrentamiento final es inevitable. Otros son más pactistas. "Esperanza tiene que entender que no puede ganar las elecciones de 2011 en contra de la dirección nacional. Hay que arreglarlo", sentencia un miembro de la dirección. Ella, dicen los suyos, tiene la imagen externa tocada pero está absolutamente decidida a presentarse en 2011. Quiere ganar para demostrar a todos sus críticos su principal valor: su fuerza electoral.
¿Y el líder? Está harto de todos los líos, dicen los que hablan con él. Pero también está tranquilo, porque cree que, pese a todo, ganará las elecciones de 2012. No sólo se lo dicen las encuestas que le prepara Pedro Arriola, su gurú. También su idea de la política. Rajoy, según varias personas que le conocen, cree mucho más en las corrientes de fondo y en los ciclos que en la imagen del día a día. Tiene una visión de la política española similar a la de la época de la restauración, cuando Cánovas y Sagasta se alternaban en el poder como un péndulo. Y Rajoy está convencido de que en 2012 le toca al PP. Pase lo que pase.
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• Personaje: Mariano Rajoy Brey
• Organismo: PP Partido Popular
• Tema: La crisis del PP
CARLOS E. CUÉ 01/11/2009
EL PAÍS
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Al derramar tu voz su mansedumbre
Exasperado llego hasta la cumbre
Pero tú te defiendes con murallas
Por piedra pura, indiferente, callas:
Miguel Hernández
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Ayer
ayer pasó el pasado por el puente
ayer pasó el pasado con su historia
fue haciendo del dolor una costumbre
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Albatros muertos en la playa después de comer basura...
Message from the Gyre
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sábado 31 de octubre de 2009
Cleaner
Tras haber visto y comentado 12 rounds (del mismo director, Renny Harlin y todavía no estrenada en España), esta producción es una perita en dulce. No hay la traca pirotécnica de la anterior, pero nos encontramos ante un thriller solvente y convencional, paradigma de la previsibilidad. Está claro que los guionistas no saben con qué historia sorprendernos.
En esta ocasión el protagonista es Tom, un limpiador, el Cleaner que da nombre a la cinta, quien aparece tras la escena del crimen, para devolver el ambiente a su estado natural. Un buen día recibe un aviso para ir a un domicilio. El precinto policial está cortado. Se encuentra con un sofá blanco regado con sangre y despojos humanos. Lo deja todo como los chorros del oro y cuando al día siguiente va a la misma casa a cobrar, quien le atiende es una mujer, Ann, que dice no haber precisado sus servicios.
Tom no da crédito y comienza a investigar. El muerto no es otro que el tesorero de un alto mando policial, un tal Vaughn, a quien lo le vemos en toda la película, que tiene comprado a buena parte del cuerpo de policía. La mujer del presunto difunto se relacionará con Tom, el cual no quiere salir a la luz pues en el pasado hizo algunos trabajillos para Vaughn. Debe Tom cuidar también de su hija, la cual no tiene madre, pues ésta fue asesinada. El padrino de la hija de Tom se llamada Eddie que como no podía ser de otro modo, no es trigo limpio y cierra el círculo completando la nómina de sospechosos.
Apuntar que la película está hecha sin grandes efectismos (nada que ver con la citada 12 rounds), tampoco hay nada que la haga sobresaliente. Samuel L. Jackson y Ed Harris cumplen en sus respectivos papeles. Eva Mendes, la compungida viuda, no se nos muestra tan sexy como de costumbre. La historia deviene en un thriller de suspense, que apenas intriga, dado que en un espacio tan cerrado, no hay margen para la elucubración y la historia además de un refrito sin mucho sabor a duras penas logra entretener.
Cleaner ya está en los cines por si queréis verla. Ha tardado un par de años en estrenarse. ¿por qué será?. Se me ocurren muchas maneras de gastarme 8 euros.
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viernes 30 de octubre de 2009
Un Delfín Rosado, por partes
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Las misiones espaciales en un gráfico (Flickr)
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jueves 29 de octubre de 2009
El Congreso aprueba la ley de seguridad vial que instaura las multas 'express'
Consulta todos los cambios de la nueva ley de tráfico en EL PAÍS.com
• El Gobierno salva en el último momento la ley de las 'multas express'
El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, señaló esta mañana en el hemiciclo que la nueva norma supondrá un régimen sancionador "más inmediato", que, sin embargo, no lesiona ningún derecho de defensa de los conductores. "Todos estamos de acuerdo en que cuanto más cerca esté el castigo de la infracción tanto mayor es su valor pedagógico", ha subrayado el titular de Interior, que ha insistido en que "no castigamos por el placer de hacerlo, sino para que la gente no lo vuelva a hacer". Rubalcaba aseguró que se trata de un sistema más fácil de gestionar para la administración y más transparente para el ciudadano. Y señaló que sólo perjudicará a los infractores que deseen "aprovechar la hojarasca administrativa para escabullirse".
Por su parte, Juan Carlos Corcuera, portavoz del Grupo Socialista ha indicado que la nueva norma "establece unas reglas claras y transparentes y acaba con un sistema largo y farragoso" que podía prolongarse entre cinco meses y dos años, y ha destacado que se han reducido de 27 a 20 los supuestos que restan puntos.
Multas express
La nueva ley establece un descuento del 50% por pronto pago de las multas, es decir, si se abona el importe en 20 días naturales tras la notificación de la sanción. Este punto ha sufrido varias modificaciones desde que comenzó la tramitación de la ley. En un primer momento sólo se contemplaba el 40% de descuento y el plazo estipulado para el pronto pago era de 15 días naturales; posteriormente se subió al 50%; y al final el Senado mantuvo el porcentaje de descuento en la mitad del monto de la sanción y se aumentó el plazo para poder pagar o presentar alegaciones a 20 días naturales. La ley que se vota hoy establece que el presunto infractor deberá recibir en dos ocasiones la notificación, y no una como establecía una versión anterior del texto.
Los radares
La nueva ley va enfocada fundamentalmente a modificar el sistema sancionador, pero también se ha actualizado la tabla de sanciones que restan puntos. La sanción que más se endurece es la de usar sistemas para intentar interceptar la señal de los radares. Es decir, no está permitido nada que vaya más allá de las tradicionales bases de datos de los GPS. Las sanciones que dejan de restar puntos, como por ejemplo el aparcar o estacionar en el carril bus, lo harán desde el mismo día de la aprobación de la norma. También se archivarán los expedientes abiertos desde que comenzó a tramitarse la reforma, en diciembre de 2008, por sanciones que dejan ahora de quitar puntos.
Los márgenes de error
Entre las novedades que contempla el texto se encuentra la aclaración de que Tráfico no multará a partir del primer kilómetro de exceso de velocidad, sino que respetará los márgenes de error de los radares, que están entre el 3% y el 10%.
Para intentar que los infractores morosos sigan quedando impunes, la nueva norma establece que cuando un automovilista tenga sin pagar cuatro sanciones firmes por infracciones graves o muy graves se impedirá que pueda realizar gestiones en Tráfico con los vehículos de los que es titular.
El dinero que se recaude con las multas irá destinado a la mejora de la seguridad vial y las víctimas de accidentes de tráfico. Además, el texto exige al Gobierno que en el plazo de un año revise las condiciones de la señalización vertical.
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Espectaculo abyecto
El pulso cainita entre las facciones del PP madrileño avanzó ayer imparable hacia las instituciones públicas que dirige el partido. El Grupo Popular del Ayuntamiento de Madrid votó, tras solicitar el concejal aguirrista Ángel Garrido la dimisión de Manuel Cobo, sobre la continuidad en el cargo del vicealcalde y portavoz popular en el Ayuntamiento, perseguido públicamente por las declaraciones a EL PAÍS en las que denunciaba las maneras políticas "de vómito" de Esperanza Aguirre en el conflicto de Caja Madrid. La votación fue favorable al alcalde Ruiz-Gallardón y a Cobo -19 votos rechazaron la destitución y 13 la aprobaron-, pero lo grave del caso es que la terrible división interna del PP ha estallado también en el Ayuntamiento de la capital. La corporación, escenario soterrado en los últimos años de escaramuzas entre aguirristas y gallardonistas, ha quedado ya marcado a la luz pública por diferencias irreconciliables.
Con bastante desfachatez y pocos escrúpulos, la presidenta de Madrid está aplicando la vieja técnica de negociar con una mano y presionar con la otra. Mientras se proclama dispuesta a admitir la candidatura de Rodrigo Rato a la presidencia de Caja Madrid, como quiere Mariano Rajoy, los alcaldes de estricta observancia aguirrista exigen la sanción a Manuel Cobo y en el Ayuntamiento de Madrid cunde la división entre los concejales; mientras asegura que ella no ha pedido la cabeza de Cobo a cambio de aceptar a Rato -lo cual no sería sino una burda forma de chantaje-, califica como "injurias" las declaraciones del vicealcalde y deja bien claro a la dirección nacional del partido cuál es el resultado que espera. Aguirre quiere ganar a cualquier precio esta pugna por el poder en Caja Madrid y para ello parece dispuesta a movilizar a sus fieles y llevar este pulso al escenario político que le convenga.
Rajoy ha evidenciado una vez más que carece de autoridad en el partido; y, como suele suceder cuando falta autoridad, se ha llegado a una situación extrema en la que es obligado un puñetazo encima de la mesa. Aunque Rajoy encuentre la fórmula para sancionar a Cobo sin daño para sí mismo y para el partido, quedarán sin resolver las ambiciones políticas insatisfechas de la presidencia de Madrid y su capacidad para desestabilizar el partido.
Caja Madrid necesita con urgencia un presidente y una nueva dirección que se ponga a trabajar en sus debilidades -elevada morosidad, activos excesivamente dependientes de negocios en recesión- y en las decisiones de recapitalización. Si existe un atisbo de acuerdo entre Rajoy y Aguirre sobre el nuevo presidente, ha de aplicarse sin tardanza. Porque Caja Madrid no es una entidad cuya suerte resulte indiferente para el sistema financiero; el daño que se le cause por desidia o irresponsabilidad lo pagarán también otras cajas, cuyas expectativas de inversión, solvencia y depósitos sufrirán por el descrédito. Por eso, además de un espectáculo político abyecto, los dirigentes del PP están incurriendo en negligencia culposa.
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Editorial EL PAÍS, 29/10/2009
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El gato negro
No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño. Mañana voy a morir y quisiera aliviar hoy mi alma. Mi propósito inmediato consiste en poner de manifiesto, simple, sucintamente y sin comentarios, una serie de episodios domésticos. Las consecuencias de esos episodios me han aterrorizado, me han torturado y, por fin, me han destruido. Pero no intentaré explicarlos. Si para mí han sido horribles, para otros resultarán menos espantosos que barrocos. Más adelante, tal vez, aparecerá alguien cuya inteligencia reduzca mis fantasmas a lugares comunes; una inteligencia más serena, más lógica y mucho menos excitable que la mía, capaz de ver en las circunstancias que temerosamente describiré, una vulgar sucesión de causas y efectos naturales.Desde la infancia me destaqué por la docilidad y bondad de mi carácter. La ternura que abrigaba mi corazón era tan grande que llegaba a convertirme en objeto de burla para mis compañeros. Me gustaban especialmente los animales, y mis padres me permitían tener una gran variedad. Pasaba a su lado la mayor parte del tiempo, y jamás me sentía más feliz que cuando les daba de comer y los acariciaba. Este rasgo de mi carácter creció conmigo y, cuando llegué a la virilidad, se convirtió en una de mis principales fuentes de placer. Aquellos que alguna vez han experimentado cariño hacia un perro fiel y sagaz no necesitan que me moleste en explicarles la naturaleza o la intensidad de la retribución que recibía. Hay algo en el generoso y abnegado amor de un animal que llega directamente al corazón de aquel que con frecuencia ha probado la falsa amistad y la frágil fidelidad del hombre.
Me casé joven y tuve la alegría de que mi esposa compartiera mis preferencias. Al observar mi gusto por los animales domésticos, no perdía oportunidad de procurarme los más agradables de entre ellos. Teníamos pájaros, peces de colores, un hermoso perro, conejos, un monito y un gato.
Este último era un animal de notable tamaño y hermosura, completamente negro y de una sagacidad asombrosa. Al referirse a su inteligencia, mi mujer, que en el fondo era no poco supersticiosa, aludía con frecuencia a la antigua creencia popular de que todos los gatos negros son brujas metamorfoseadas. No quiero decir que lo creyera seriamente, y sólo menciono la cosa porque acabo de recordarla.
Plutón —tal era el nombre del gato— se había convertido en mi favorito y mi camarada. Sólo yo le daba de comer y él me seguía por todas partes en casa. Me costaba mucho impedir que anduviera tras de mí en la calle.
Nuestra amistad duró así varios años, en el curso de los cuales (enrojezco al confesarlo) mi temperamento y mi carácter se alteraron radicalmente por culpa del demonio. Intemperancia. Día a día me fui volviendo más melancólico, irritable e indiferente hacia los sentimientos ajenos. Llegué, incluso, a hablar descomedidamente a mi mujer y terminé por infligirle violencias personales. Mis favoritos, claro está, sintieron igualmente el cambio de mi carácter. No sólo los descuidaba, sino que llegué a hacerles daño. Hacia Plutón, sin embargo, conservé suficiente consideración como para abstenerme de maltratarlo, cosa que hacía con los conejos, el mono y hasta el perro cuando, por casualidad o movidos por el afecto, se cruzaban en mi camino. Mi enfermedad, empero, se agravaba —pues, ¿qué enfermedad es comparable al alcohol?—, y finalmente el mismo Plutón, que ya estaba viejo y, por tanto, algo enojadizo, empezó a sufrir las consecuencias de mi mal humor.
Una noche en que volvía a casa completamente embriagado, después de una de mis correrías por la ciudad, me pareció que el gato evitaba mi presencia. Lo alcé en brazos, pero, asustado por mi violencia, me mordió ligeramente en la mano. Al punto se apoderó de mí una furia demoníaca y ya no supe lo que hacía. Fue como si la raíz de mi alma se separara de golpe de mi cuerpo; una maldad más que diabólica, alimentada por la ginebra, estremeció cada fibra de mi ser. Sacando del bolsillo del chaleco un cortaplumas, lo abrí mientras sujetaba al pobre animal por el pescuezo y, deliberadamente, le hice saltar un ojo. Enrojezco, me abraso, tiemblo mientras escribo tan condenable atrocidad.
Cuando la razón retornó con la mañana, cuando hube disipado en el sueño los vapores de la orgía nocturna, sentí que el horror se mezclaba con el remordimiento ante el crimen cometido; pero mi sentimiento era débil y ambiguo, no alcanzaba a interesar al alma. Una vez más me hundí en los excesos y muy pronto ahogué en vino los recuerdos de lo sucedido.
El gato, entretanto, mejoraba poco a poco. Cierto que la órbita donde faltaba el ojo presentaba un horrible aspecto, pero el animal no parecía sufrir ya. Se paseaba, como de costumbre, por la casa, aunque, como es de imaginar, huía aterrorizado al verme. Me quedaba aún bastante de mi antigua manera de ser para sentirme agraviado por la evidente antipatía de un animal que alguna vez me había querido tanto. Pero ese sentimiento no tardó en ceder paso a la irritación. Y entonces, para mi caída final e irrevocable, se presentó el espíritu de la perversidad. La filosofía no tiene en cuenta a este espíritu; y, sin embargo, tan seguro estoy de que mi alma existe como de que la perversidad es uno de los impulsos primordiales del corazón humano, una de las facultades primarias indivisibles, uno de esos sentimientos que dirigen el carácter del hombre. ¿Quién no se ha sorprendido a sí mismo cien veces en momentos en que cometía una acción tonta o malvada por la simple razón de que no debía cometerla? ¿No hay en nosotros una tendencia permanente, que enfrenta descaradamente al buen sentido, una tendencia a transgredir lo que constituye la Ley por el solo hecho de serlo? Este espíritu de perversidad se presentó, como he dicho, en mi caída final. Y el insondable anhelo que tenía mi alma de vejarse a sí misma, de violentar su propia naturaleza, de hacer mal por el mal mismo, me incitó a continuar y, finalmente, a consumar el suplicio que había infligido a la inocente bestia. Una mañana, obrando a sangre fría, le pasé un lazo por el pescuezo y lo ahorqué en la rama de un árbol; lo ahorqué mientras las lágrimas manaban de mis ojos y el más amargo remordimiento me apretaba el corazón; lo ahorqué porque recordaba que me había querido y porque estaba seguro de que no me había dado motivo para matarlo; lo ahorqué porque sabía que, al hacerlo, cometía un pecado, un pecado mortal que comprometería mi alma hasta llevarla —si ello fuera posible— más allá del alcance de la infinita misericordia del Dios más misericordioso y más terrible.
La noche de aquel mismo día en que cometí tan cruel acción me despertaron gritos de: —¡Incendio!— Las cortinas de mi cama eran una llama viva y toda la casa estaba ardiendo. Con gran dificultad pudimos escapar de la conflagración mi mujer, un sirviente y yo. Todo quedó destruido. Mis bienes terrenales se perdieron y desde ese momento tuve que resignarme a la desesperanza.
No incurriré en la debilidad de establecer una relación de causa y efecto entre el desastre y mi criminal acción. Pero estoy detallando una cadena de hechos y no quiero dejar ningún eslabón incompleto. Al día siguiente del incendio acudí a visitar las ruinas. Salvo una, las paredes se habían desplomado. La que quedaba en pie era un tabique divisorio de poco espesor, situado en el centro de la casa, y contra el cual se apoyaba antes la cabecera de mi lecho. El enlucido había quedado a salvo de la acción del fuego, cosa que atribuí a su reciente aplicación. Una densa muchedumbre habíase reunido frente a la pared y varias personas parecían examinar parte de la misma con gran atención y detalle. Las palabras —¡extraño!, ¡curioso!— y otras similares excitaron mi curiosidad. Al aproximarme vi que en la blanca superficie, grabada como un bajorrelieve, aparecía la imagen de un gigantesco gato. El contorno tenía una nitidez verdaderamente maravillosa. Había una soga alrededor del pescuezo del animal.
Al descubrir esta aparición —ya que no podía considerarla otra cosa— me sentí dominado por el asombro y el terror. Pero la reflexión vino luego en mi ayuda. Recordé que había ahorcado al gato en un jardín contiguo a la casa. Al producirse la alarma del incendio, la multitud había invadido inmediatamente el jardín: alguien debió de cortar la soga y tirar al gato en mi habitación por la ventana abierta. Sin duda, habían tratado de despertarme en esa forma. Probablemente la caída de las paredes comprimió a la víctima de mi crueldad contra el enlucido recién aplicado, cuya cal, junto con la acción de las llamas y el amoniaco del cadáver, produjo la imagen que acababa de ver.
Si bien en esta forma quedó satisfecha mi razón, ya que no mi conciencia, sobre el extraño episodio, lo ocurrido impresionó profundamente mi imaginación. Durante muchos meses no pude librarme del fantasma del gato, y en todo ese tiempo dominó mi espíritu un sentimiento informe que se parecía, sin serlo, al remordimiento. Llegué al punto de lamentar la pérdida del animal y buscar, en los viles antros que habitualmente frecuentaba, algún otro de la misma especie y apariencia que pudiera ocupar su lugar.
Una noche en que, borracho a medias, me hallaba en una taberna más que infame, reclamó mi atención algo negro posado sobre uno de los enormes toneles de ginebra que constituían el principal moblaje del lugar. Durante algunos minutos había estado mirando dicho tonel y me sorprendió no haber advertido antes la presencia de la mancha negra en lo alto. Me aproximé y la toqué con la mano. Era un gato negro muy grande, tan grande como Plutón y absolutamente igual a éste, salvo un detalle. Plutón no tenía el menor pelo blanco en el cuerpo, mientras este gato mostraba una vasta aunque indefinida mancha blanca que le cubría casi todo el pecho.
Continué acariciando al gato y, cuando me disponía a volver a casa, el animal pareció dispuesto a acompañarme. Le permití que lo hiciera, deteniéndome una y otra vez para inclinarme y acariciarlo. Cuando estuvo en casa, se acostumbró a ella de inmediato y se convirtió en el gran favorito de mi mujer.
Por mi parte, pronto sentí nacer en mí una antipatía hacia aquel animal. Era exactamente lo contrario de lo que había anticipado, pero —sin que pueda decir cómo ni por qué— su marcado cariño por mí me disgustaba y me fatigaba. Gradualmente, el sentimiento de disgusto y fatiga creció hasta alcanzar la amargura del odio. Evitaba encontrarme con el animal; un resto de vergüenza y el recuerdo de mi crueldad de antaño me vedaban maltratarlo. Durante algunas semanas me abstuve de pegarle o de hacerlo víctima de cualquier violencia; pero gradualmente —muy gradualmente— llegué a mirarlo con inexpresable odio y a huir en silencio de su detestable presencia, como si fuera una emanación de la peste.
Lo que, sin duda, contribuyó a aumentar mi odio fue descubrir, a la mañana siguiente de haberlo traído a casa, que aquel gato, igual que Plutón, era tuerto. Esta circunstancia fue precisamente la que lo hizo más grato a mi mujer, quien, como ya dije, poseía en alto grado esos sentimientos humanitarios que alguna vez habían sido mi rasgo distintivo y la fuente de mis placeres más simples y más puros.
El cariño del gato por mí parecía aumentar en el mismo grado que mi aversión. Seguía mis pasos con una pertinencia que me costaría hacer entender al lector. Dondequiera que me sentara venía a ovillarse bajo mi silla o saltaba a mis rodillas, prodigándome sus odiosas caricias. Si echaba a caminar, se metía entre mis pies, amenazando con hacerme caer, o bien clavaba sus largas y afiladas uñas en mis ropas, para poder trepar hasta mi pecho. En esos momentos, aunque ansiaba aniquilarlo de un solo golpe, me sentía paralizado por el recuerdo de mi primer crimen, pero sobre todo —quiero confesarlo ahora mismo— por un espantoso temor al animal.
Aquel temor no era precisamente miedo de un mal físico y, sin embargo, me sería imposible definirlo de otra manera. Me siento casi avergonzado de reconocer, sí, aún en esta celda de criminales me siento casi avergonzado de reconocer que el terror, el espanto que aquel animal me inspiraba, era intensificado por una de las más insensatas quimeras que sería dado concebir. Más de una vez mi mujer me había llamado la atención sobre la forma de la mancha blanca de la cual ya he hablado, y que constituía la única diferencia entre el extraño animal y el que yo había matado. El lector recordará que esta mancha, aunque grande, me había parecido al principio de forma indefinida; pero gradualmente, de manera tan imperceptible que mi razón luchó durante largo tiempo por rechazarla como fantástica, la mancha fue asumiendo un contorno de rigurosa precisión. Representaba ahora algo que me estremezco al nombrar, y por ello odiaba, temía y hubiera querido librarme del monstruo si hubiese sido capaz de atreverme; representaba, digo, la imagen de una cosa atroz, siniestra…, ¡la imagen del patíbulo! ¡Oh lúgubre y terrible máquina del horror y del crimen, de la agonía y de la muerte!
Me sentí entonces más miserable que todas las miserias humanas. ¡Pensar que una bestia, cuyo semejante había yo destruido desdeñosamente, una bestia era capaz de producir tan insoportable angustia en un hombre creado a imagen y semejanza de Dios! ¡Ay, ni de día ni de noche pude ya gozar de la bendición del reposo! De día, aquella criatura no me dejaba un instante solo; de noche, despertaba hora a hora de los más horrorosos sueños, para sentir el ardiente aliento de la cosa en mi rostro y su terrible peso —pesadilla encarnada de la que no me era posible desprenderme— apoyado eternamente sobre mi corazón.
Bajo el agobio de tormentos semejantes, sucumbió en mí lo poco que me quedaba de bueno. Sólo los malos pensamientos disfrutaban ya de mi intimidad; los más tenebrosos, los más perversos pensamientos. La melancolía habitual de mi humor creció hasta convertirse en aborrecimiento de todo lo que me rodeaba y de la entera humanidad; y mi pobre mujer, que de nada se quejaba, llegó a ser la habitual y paciente víctima de los repentinos y frecuentes arrebatos de ciega cólera a que me abandonaba.
Cierto día, para cumplir una tarea doméstica, me acompañó al sótano de la vieja casa donde nuestra pobreza nos obligaba a vivir. El gato me siguió mientras bajaba la empinada escalera y estuvo a punto de tirarme cabeza abajo, lo cual me exasperó hasta la locura. Alzando un hacha y olvidando en mi rabia los pueriles temores que hasta entonces habían detenido mi mano, descargué un golpe que hubiera matado instantáneamente al animal de haberlo alcanzado. Pero la mano de mi mujer detuvo su trayectoria. Entonces, llevado por su intervención a una rabia más que demoníaca, me zafé de su abrazo y le hundí el hacha en la cabeza. Sin un solo quejido, cayó muerta a mis pies.
Cumplido este espantoso asesinato, me entregué al punto y con toda sangre fría a la tarea de ocultar el cadáver. Sabía que era imposible sacarlo de casa, tanto de día como de noche, sin correr el riesgo de que algún vecino me observara. Diversos proyectos cruzaron mi mente. Por un momento pensé en descuartizar el cuerpo y quemar los pedazos. Luego se me ocurrió cavar una tumba en el piso del sótano. Pensé también si no convenía arrojar el cuerpo al pozo del patio o meterlo en un cajón, como si se tratara de una mercadería común, y llamar a un mozo de cordel para que lo retirara de casa. Pero, al fin, di con lo que me pareció el mejor expediente y decidí emparedar el cadáver en el sótano, tal como se dice que los monjes de la Edad Media emparedaban a sus víctimas.
El sótano se adaptaba bien a este propósito. Sus muros eran de material poco resistente y estaban recién revocados con un mortero ordinario, que la humedad de la atmósfera no había dejado endurecer. Además, en una de las paredes se veía la saliencia de una falsa chimenea, la cual había sido rellenada y tratada de manera semejante al resto del sótano. Sin lugar a dudas, sería muy fácil sacar los ladrillos en esa parte, introducir el cadáver y tapar el agujero como antes, de manera que ninguna mirada pudiese descubrir algo sospechoso.
No me equivocaba en mis cálculos. Fácilmente saqué los ladrillos con ayuda de una palanca y, luego de colocar cuidadosamente el cuerpo contra la pared interna, lo mantuve en esa posición mientras aplicaba de nuevo la mampostería en su forma original. Después de procurarme argamasa, arena y cerda, preparé un enlucido que no se distinguía del anterior y revoqué cuidadosamente el nuevo enladrillado. Concluida la tarea, me sentí seguro de que todo estaba bien. La pared no mostraba la menor señal de haber sido tocada. Había barrido hasta el menor fragmento de material suelto. Miré en torno, triunfante, y me dije: —Aquí, por lo menos, no he trabajado en vano—.
Pasaron el segundo y el tercer día y mi atormentador no volvía. Una vez más respiré como un hombre libre. ¡Aterrado, el monstruo había huido de casa para siempre! ¡Ya no volvería a contemplarlo! Gozaba de una suprema felicidad, y la culpa de mi negra acción me preocupaba muy poco. Se practicaron algunas averiguaciones, a las que no me costó mucho responder. Incluso hubo una perquisición en la casa; pero, naturalmente, no se descubrió nada. Mi tranquilidad futura me parecía asegurada.
Al cuarto día del asesinato, un grupo de policías se presentó inesperadamente y procedió a una nueva y rigurosa inspección. Convencido de que mi escondrijo era impenetrable, no sentí la más leve inquietud. Los oficiales me pidieron que los acompañara en su examen. No dejaron hueco ni rincón sin revisar. Al final, por tercera o cuarta vez, bajaron al sótano. Los seguí sin que me temblara un solo músculo. Mi corazón latía tranquilamente, como el de aquel que duerme en la inocencia. Me paseé de un lado al otro del sótano. Había cruzado los brazos sobre el pecho y andaba tranquilamente de aquí para allá. Los policías estaban completamente satisfechos y se disponían a marcharse. La alegría de mi corazón era demasiado grande para reprimirla. Ardía en deseos de decirles, por lo menos, una palabra como prueba de triunfo y confirmar doblemente mi inocencia.
—Caballeros —dije, por fin, cuando el grupo subía la escalera—, me alegro mucho de haber disipado sus sospechas. Les deseo felicidad y un poco más de cortesía. Dicho sea de paso, caballeros, esta casa está muy bien construida… (En mi frenético deseo de decir alguna cosa con naturalidad, casi no me daba cuenta de mis palabras). Repito que es una casa de excelente construcción. Estas paredes… ¿ya se marchan ustedes, caballeros?… tienen una gran solidez.
Y entonces, arrastrado por mis propias bravatas, golpeé fuertemente con el bastón que llevaba en la mano sobre la pared del enladrillado tras de la cual se hallaba el cadáver de la esposa de mi corazón.
¡Que Dios me proteja y me libre de las garras del archidemonio! Apenas había cesado el eco de mis golpes cuando una voz respondió desde dentro de la tumba. Un quejido, sordo y entrecortado al comienzo, semejante al sollozar de un niño, que luego creció rápidamente hasta convertirse en un largo, agudo y continuo alarido, anormal, como inhumano, un aullido, un clamor de lamentación, mitad de horror, mitad de triunfo, como sólo puede haber brotado en el infierno de la garganta de los condenados en su agonía y de los demonios exultantes en la condenación.
Hablar de lo que pensé en ese momento sería locura. Presa de vértigo, fui tambaleándome hasta la pared opuesta. Por un instante el grupo de hombres en la escalera quedó paralizado por el terror. Luego, una docena de robustos brazos atacaron la pared, que cayó de una pieza. El cadáver, ya muy corrompido y manchado de sangre coagulada, apareció de pie ante los ojos de los espectadores. Sobre su cabeza, con la roja boca abierta y el único ojo como de fuego, estaba agazapada la horrible bestia cuya astucia me había inducido al asesinato y cuya voz delatadora me entregaba al verdugo. ¡Había emparedado al monstruo en la tumba!
FIN
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Oktapodi (2007) - Oscar 2009 Animated Short Film
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miércoles 28 de octubre de 2009
Calcula la posibilidad de engordar tras un régimen
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