lunes, 23 de enero de 2012

Green Zone - Distrito protegido (Paul Greengrass 2010)


Título original: Green Zone.
Dirección: Paul Greengrass.
Países: USA, Reino Unido y Francia. Año: 2010.
Duración: 118 min. Género: Acción, bélico, drama, thriller.
Interpretación: Matt Damon (Roy Miller), Greg Kinnear (Clark Poundstone), Amy Ryan (Lawrie Dayne), Brendan Gleeson (Martin Brown), Jason Isaacs (teniente coronel Briggs), Khalid Abdalla (Freddy) Yigal Naor (General Al Rawi).
Guión: Brian Helgeland; inspirado en el libro “Imperial life in the Emeral City: Inside Iraq’s Green Zone” de Rajiv Chandrasekaran.
Producción: Tim Bevan, Eric Fellner, Lloyd Levin y Paul Greengrass.
Música: John Powell.
Fotografía: Barry Ackroyd.
Montaje: Christopher Rouse.


Cuando se invadió Irak, las razones que dieron los invasores fueron que ese país tenía armas de destrucción masiva (ADM). Todos dieron por buena la información y se tomó Irak, sin muchos miramientos. Quien hasta la fecha había sido respaldado y alabado por los americanos, el dictador Saddam Hussein, a quien habían vendido armas y prestado toda clase de ayuda, de la noche a la mañana pasó a convertirse en un tirano, quien en manos de material nuclear podía convertirse en una amenaza mundial, así que había que intervenir y rápido.

Aquello fue un desastre manifiesto, porque basta ver la cantidad de gente que ha muerto hasta la fecha, desde 2003, muchos militares, otros miles, ciudadanos de a pie, que se encontraron en un “país libre” mucho más pobres de lo que eran antes, un país abierto en canal, donde reinó y reina el caos más absoluto con atentados casi a diario.


Después de unos años, quienes hicieron la invasión; George W. Bush y sus amiguetes, reconocieron que no había en Irak armas de destrucción masiva, que se equivocaron, pero que actuaron de buena fe, que había que hacer lo que hicieron, que la lucha contra el terrorismo exigía medidas firmes, que siempre hay que pagar un precio, blablabla….

Esa teoría es la que se desmonta en la película, ya que lo que expuesto es que antes de la invasión los americanos ya sabían que allí no había ADM, pero que a pesar de eso tiraron para adelante, invadieron el país, y se armó la marimorena, cuando podían haber evitado ese derramamiento de sangre si hubieran querido.

Entonces ya no hablamos de que se equivocaron, sino de que actuaron con dolo y mala fe, que mintieron a sabiendas y que a nada que hubieran prestado un mínimo de atención a los especialistas en la materia (como el personaje que encarna al agente de la CIA Martin Brown), hubieran visto que aquello se iba a convertir en un polvorín, que reinaría el caos, que aumentarían las muertes y los atentados y que los terroristas tendrían allí un campo de pruebas donde probar toda clases de armas y tácticas militares. Sucede que a menudo quien toma las decisiones no lo hace siguiendo una lógica, sino que atienden a otros fines, casi siempre de índole económica. Estaría bien que Bush, aunque fuera a toro pasado, expusiera qué fue lo que le llevo a invadir Irak, pero ya sabemos que es tarde y que a nadie le interesa remover el asunto.


Esto que cuento aquí es lo que descubre un alférez del ejercito americano, un tal Miller, que si ya andaba un tanto receloso al llegar a Irak al comprobar que cada registro que hacían les llevaba ante mataderos, o graneros abandonados, sin rastro de ninguna ADM, luego al conocer al agente de la CIA e ir tirando del hilo se da cuenta de que todo es una mentira y lo novedoso del tema es que si en el ejercito el régimen castrense exige disciplina y cero preguntas, Miller es una rara avis que piensa por sí mismo, que saca conclusiones, se cuestiona todo cuanto ve y decide actuar en consecuencia, dándose la paradoja de que su misión ya no será encontrar las ADM sino dar con el paradero del General Al Rawi para poder llevarlo a Washinton y que este hable al mundo. Miller peca de ingenuo ya la gran mentira se ha fraguado en Washinton DC y allí no quieren que nadie saque los pies del tiesto, por lo que Miller deberá salvar su vida matando incluso a otros militares como él.

Paul Greengrass ya ha demostrado que sabe insuflar a sus películas un ritmo trepidante (United 93 y las dos últimas películas de la saga Bourne) y aquí mezcla la denuncia y crítica al régimen americano por mentir a sabiendas, con el puro y duro espectáculo, de ahí que cámara en mano, el deambular de Miller por las estrechas calles de Bagdad la última media hora de película es un puro frenesí, donde parece que todo fuera a explotar por los aires de un momento a otro, secuencias que chorrean adrenalina, que te meten de lleno en el fragor de la batalla, logrando unos resultados espectaculares en cuanto a diversión. Si buscas una película pirotécnica, trepidante, adrenalínica, bien montada, de las que te dejan sin resuello, Green Zone, es la película perfecta y si la ves en el cine a pantalla grande, en lugar de descargártela, el espectáculo es mayúsculo.

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