sábado, 16 de abril de 2011

Peridis y ETA

EL PAÍS

Monte Sant'Angelo - Italia

viernes, 15 de abril de 2011

Salvarse por un pelo...

Drama queen

El cocinero de Rota y el dichoso móvil (El Intermedio)

jueves, 14 de abril de 2011

El dia menos pensado

¿Hay algo parecido al síndrome de Down en otras especies?

Vía Muy Interesante

La cinta blanca (Das weisse band, Michael Haneke 2009)

Título original: Das weisse band.
Dirección y guión: Michael Haneke.
Países: Alemania, Austria, Francia e Italia.
Año: 2009.
Duración: 144 min.
Género: Drama.
Interpretación: Leonie Benesch (Eva), Josef Bierbichler (encargado), Rainer Bock (doctor), Christian Friedel (maestro), Burghart Klaussner (pastor), Steffi Kühnert (Anna), Ursina Lardi (Marie Louise), Susanne Lothar (comadrona), Gabriela-Maria Schmeide (Emma), Ulrich Tukur (el barón).
Producción: Stefan Arndt, Veit Heiduschka, Margaret Menegoz y Andrea Occhipinti.
Fotografía: Christian Berger.
Montaje: Monika Willi.
Diseño de producción: Christoph Kanter.
Vestuario: Moidele Bicke

El gran Michael Haneke ha vuelto para ofrecernos una obra de arte. Con gran maestría el director austriaco, nos presenta la vida diaria de una pequeña aldea rural, en los años previos a La Primera Guerra Mundial, donde aparentemente reina la paz y la concordia. Todo esto es pura fachada. Ya de entrada el médico del pueblo cae de su caballo al tropezar este con un alambre dispuesto entre dos árboles. A resultas de aquello el médico pasará un tiempecito sin trabajar recuperándose de las lesiones sufridas. Eso solo es el comienzo, dado que se sucederán los maltratos contra un par de niños, uno de ellos el hijo del Barón, cacique local que ocupa en sus terrenos a buena parte de la población local, y quien sin ostentar el distintivo de popular es cuando menos respetado.

Los niños son todos angelicales, blancos y rubios, pero todos ellos tienen una mirada, que parecen el mismísimo diablo bajo piel de querubín. El pastor protestante local tiene entre la miríada de vástagos un par de diablillos, a quienes la disciplina, el rigor, el orden y los castigos físicos impuestos, no logran meter en vereda, muy a su pesar, pero en quien prevalece más el sentido de protección que el de justicia, tan humano en definitiva como todos por muy pastor que sea.
La película está rodada en blanco y negro y su dureza es manifiesta. La semilla del mal ha germinado en ese poblado, y sin recrearse Haneke deja fuera de campo muchas cosas, lo cual hace la situación más insostenible, más asfixiante, como si esa porción de tierra, fuera un erial regado por veneros de maldad, donde reinase la envidia, el odio, la venganza, la crueldad, en un bucle del que es imposible salir, llegando inclusive a dinamitar la única inocencia que existe, la del niño Karli, con sindrome de down.

Si esto es el origen de lo que vendría después, el auge del nacionalsocialismo, el triunfo de Hitler y su plan de extermino judío, puede ser estudio de análisis. Lo que si que nos deja Haneke es una formidable aproximación a la maldad humana, a ese reverso oscuro, poco iluminado donde moran las serpientes inoculadoras del veneno del mal, todo ello perfectamente interpretado, con un climax que se mantiene desde que oímos la voz de ese hombre mayor, que quiere aportar algo de luz sobre lo que ocurrió esos años, en los que él era el profesor local.

por Popeye Doyle

miércoles, 13 de abril de 2011

Dormido consumes tanta energía como durante la vigilia

Vía Muy Interesante

Clearing Storm Glencoe, Glencoe, Scotland.

La mejor Pasta para cada receta

Cocina Ligera

martes, 12 de abril de 2011

Gelatina de Naranja con Plátano

Cocina Ligera

Chuletas de Cerdo Ibérico con salsa de Pepinillos

Cocina Ligera

Ensalada de Bacalao con Garbanzos

Cocina Ligera

lunes, 11 de abril de 2011

Arroz Dulce

Cocina Ligera

WinePod - Vino casero para el brindis

En los últimos años la industria gastronómica ha crecido como nunca. Ya no es cuestión de sentarse a la mesa para satisfacer una necesidad básica sino que hay un mundo que se esconde detrás de cada bocado que llevamos a la boca. Esta evolución trajo aparejada el crecimiento de otra industria: la del vino.

Si hace unos años pocos de nosotros podíamos distinguir un Cabernet Sauvignon de un Syrah hoy los vinos están en boca de todos y la atracción por la degustación se ha vuelto objeto de reuniones. En este marco, una marca llamada ProVina ha diseñado un accesorio que se ocupa de elaborar vino en forma casera.

Su nombre es Winepod y se trata de una suerte de copón en el que hay que depositar las uvas para que ¡magia! el sistema elabore un vino delicioso. Este accesorio fue presentado en los Estados Unidos con una buena acogida y ahora llega a otros continentes por un precio aproximado de 3.500 dólares.

Vía: Born Rich
María José Almirón

El monte de las ánimas – Gustavo Adolfo Bécquer (1861)

La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria.
Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el rato me decidí a escribirla, como en efecto lo hice.
Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche.
Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas.

I
—Atad los perros; haced la señal con las trompas para que se reúnan los cazadores, y demos la vuelta a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos los Santos y estamos en el Monte de las Ánimas.
—¡Tan pronto!
—A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras; pero hoy es imposible. Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, y las ánimas de los difuntos comenzarán a tañer su campana en la capilla del monte.
—¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?
—No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún no hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo también pondré la mía al paso, y mientras dure el camino te contaré esa historia.
Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos; los condes de Borges y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos siguieron a sus hijos Beatriz y Alonso, que precedían la comitiva a bastante distancia.
Mientras duraba el camino, Alonso narró en estos términos la prometida historia:
—Ese monte que hoy llaman de las Ánimas, pertenecía a los Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio a sus nobles de Castilla; que así hubieran solos sabido defenderla como solos la conquistaron.
Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos.
Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres, los lobos a quienes se quiso exterminar tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse.
Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche.
La relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos jóvenes llegaban al extremo del puente que da paso a la ciudad por aquel lado. Allí esperaron al resto de la comitiva, la cual, después de incorporárseles los dos jinetes, se perdió por entre las estrechas y oscuras calles de Soria.

II
Los servidores acababan de levantar los manteles; la alta chimenea gótica del palacio de los condes de Alcudiel despedía un vivo resplandor iluminando algunos grupos de damas y caballeros que alrededor de la lumbre conversaban familiarmente, y el viento azotaba los emplomados vidrios de las ojivas del salón.
Solas dos personas parecían ajenas a la conversación general: Beatriz y Alonso: Beatriz seguía con los ojos, absorta en un vago pensamiento, los caprichos de la llama. Alonso miraba el reflejo de la hoguera chispear en las azules pupilas de Beatriz.
Ambos guardaban hacía rato un profundo silencio.
Las dueñas referían, a propósito de la noche de difuntos, cuentos tenebrosos en que los espectros y los aparecidos representaban el principal papel; y las campanas de las iglesias de Soria doblaban a lo lejos con un tañido monótono y triste.
—Hermosa prima —exclamó al fin Alonso rompiendo el largo silencio en que se encontraban—; pronto vamos a separarnos tal vez para siempre; las áridas llanuras de Castilla, sus costumbres toscas y guerreras, sus hábitos sencillos y patriarcales sé que no te gustan; te he oído suspirar varias veces, acaso por algún galán de tu lejano señorío.
Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia; todo un carácter de mujer se reveló en aquella desdeñosa contracción de sus delgados labios.
—Tal vez por la pompa de la corte francesa; donde hasta aquí has vivido —se apresuró a añadir el joven—. De un modo o de otro, presiento que no tardaré en perderte… Al separarnos, quisiera que llevases una memoria mía… ¿Te acuerdas cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haberte devuelto la salud que viniste a buscar a esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de mi gorra cautivó tu atención. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo sobre tu oscura cabellera! Ya ha prendido el de una desposada; mi padre se lo regaló a la que me dio el ser, y ella lo llevó al altar… ¿Lo quieres?
—No sé en el tuyo —contestó la hermosa—, pero en mi país una prenda recibida compromete una voluntad. Sólo en un día de ceremonia debe aceptarse un presente de manos de un deudo… que aún puede ir a Roma sin volver con las manos vacías.
El acento helado con que Beatriz pronunció estas palabras turbó un momento al joven, que después de serenarse dijo con tristeza:
—Lo sé prima; pero hoy se celebran Todos los Santos, y el tuyo ante todos; hoy es día de ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar el mío?
Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la mano para tomar la joya, sin añadir una palabra.
Los dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, y volviose a oír la cascada voz de las viejas que hablaban de brujas y de trasgos y el zumbido del aire que hacía crujir los vidrios de las ojivas, y el triste monótono doblar de las campanas.
Al cabo de algunos minutos, el interrumpido diálogo tornó a anudarse de este modo:
—Y antes de que concluya el día de Todos los Santos, en que así como el tuyo se celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un recuerdo, ¿no lo harás? —dijo él clavando una mirada en la de su prima, que brilló como un relámpago, iluminada por un pensamiento diabólico.
—¿Por qué no? —exclamó ésta llevándose la mano al hombro derecho como para buscar alguna cosa entre las pliegues de su ancha manga de terciopelo bordado de oro… Después, con una infantil expresión de sentimiento, añadió:
—¿Te acuerdas de la banda azul que llevé hoy a la cacería, y que por no sé qué emblema de su color me dijiste que era la divisa de tu alma?
—Sí.
—Pues… ¡se ha perdido! Se ha perdido, y pensaba dejártela como un recuerdo.
—¡Se ha perdido!, ¿y dónde? —preguntó Alonso incorporándose de su asiento y con una indescriptible expresión de temor y esperanza.
—No sé…. en el monte acaso.
—¡En el Monte de las Ánimas —murmuró palideciendo y dejándose caer sobre el sitial—; en el Monte de las Ánimas!
Luego prosiguió con voz entrecortada y sorda:
—Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil veces; en la ciudad, en toda Castilla, me llaman el rey de los cazadores. No habiendo aún podido probar mis fuerzas en los combates, como mis ascendentes, he llevado a esta diversión, imagen de la guerra, todos los bríos de mi juventud, todo el ardor, hereditario en mi raza. La alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras que he muerto por mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres; y he combatido con ellas de día y de noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y nadie dirá que me ha visto huir del peligro en ninguna ocasión. Otra noche volaría por esa banda, y volaría gozoso como a una fiesta; y, sin embargo, esta noche… esta noche. ¿A qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas doblan, la oración ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte comenzarán ahora a levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas que cubren sus fosas… ¡las ánimas!, cuya sola vista puede helar de horror la sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el torbellino de su fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento sin que se sepa adónde.
Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó en los labios de Beatriz, que cuando hubo concluido exclamó con un tono indiferente y mientras atizaba el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la leña, arrojando chispas de mil colores:
—¡Oh! Eso de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte por semejante friolera! ¡Una noche tan oscura, noche de difuntos, y cuajado el camino de lobos!
Al decir esta última frase, la recargó de un modo tan especial, que Alonso no pudo menos de comprender toda su amarga ironía, movido como por un resorte se puso de pie, se pasó la mano por la frente, como para arrancarse el miedo que estaba en su cabeza y no en su corazón, y con voz firme exclamó, dirigiéndose a la hermosa, que estaba aún inclinada sobre el hogar entreteniéndose en revolver el fuego:
—Adiós Beatriz, adiós… Hasta pronto.
—¡Alonso! ¡Alonso! —dijo ésta, volviéndose con rapidez; pero cuando quiso o aparentó querer detenerle, el joven había desaparecido.
A los pocos minutos se oyó el rumor de un caballo que se alejaba al galope. La hermosa, con una radiante expresión de orgullo satisfecho que coloreó sus mejillas, prestó atento oído a aquel rumor que se debilitaba, que se perdía, que se desvaneció por último.
Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas aparecidas; el aire zumbaba en los vidrios del balcón y las campanas de la ciudad doblaban a lo lejos.

III
Había pasado una hora, dos, tres; la media noche estaba a punto de sonar, y Beatriz se retiró a su oratorio. Alonso no volvía, no volvía, cuando en menos de una hora pudiera haberlo hecho.
—¡Habrá tenido miedo! —exclamó la joven cerrando su libro de oraciones y encaminándose a su lecho, después de haber intentado inútilmente murmurar algunos de los rezos que la iglesia consagra en el día de difuntos a los que ya no existen.
Después de haber apagado la lámpara y cruzado las dobles cortinas de seda, se durmió; se durmió con un sueño inquieto, ligero, nervioso.
Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre sueños las vibraciones de la campana, lentas, sordas, tristísimas, y entreabrió los ojos. Creía haber oído a par de ellas pronunciar su nombre; pero lejos, muy lejos, y por una voz ahogada y doliente. El viento gemía en los vidrios de la ventana.
—Será el viento —dijo; y poniéndose la mano sobre el corazón, procuró tranquilizarse. Pero su corazón latía cada vez con más violencia. Las puertas de alerce del oratorio habían crujido sobre sus goznes, con un chirrido agudo prolongado y estridente.
Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban paso a su habitación iban sonando por su orden, éstas con un ruido sordo y grave, aquéllas con un lamento largo y crispador. Después silencio, un silencio lleno de rumores extraños, el silencio de la media noche, con un murmullo monótono de agua distante; lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi se sienten, estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se ve y cuya aproximación se nota no obstante en la oscuridad.
Beatriz, inmóvil, temblorosa, adelantó la cabeza fuera de las cortinillas y escuchó un momento. Oía mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la frente, tornaba a escuchar: nada, silencio.
Veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como bultos que se movían en todas direcciones; y cuando dilatándolas las fijaba en un punto, nada, oscuridad, las sombras impenetrables.
—¡Bah! —exclamó, volviendo a recostar su hermosa cabeza sobre la almohada de raso azul del lecho—; ¿soy yo tan miedosa como esas pobres gentes, cuyo corazón palpita de terror bajo una armadura, al oír una conseja de aparecidos?
Y cerrando los ojos intentó dormir…; pero en vano había hecho un esfuerzo sobre sí misma. Pronto volvió a incorporarse más pálida, más inquieta, más aterrada. Ya no era una ilusión: las colgaduras de brocado de la puerta habían rozado al separarse, y unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a su compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se acercaban, y se movió el reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz lanzó un grito agudo, y arrebujándose en la ropa que la cubría, escondió la cabeza y contuvo el aliento.
El aire azotaba los vidrios del balcón; el agua de la fuente lejana caía y caía con un rumor eterno y monótono; los ladridos de los perros se dilataban en las ráfagas del aire, y las campanas de la ciudad de Soria, unas cerca, otras distantes, doblan tristemente por las ánimas de los difuntos.
Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin despuntó la aurora: vuelta de su temor, entreabrió los ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una noche de insomnio y de terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó las cortinas de seda del lecho, y ya se disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez mortal descoloró sus mejillas: sobre el reclinatorio había visto sangrienta y desgarrada la banda azul que perdiera en el monte, la banda azul que fue a buscar Alonso.
Cuando sus servidores llegaron despavoridos a noticiarle la muerte del primogénito de Alcudiel, que a la mañana había aparecido devorado por los lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, la encontraron inmóvil, crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho, desencajados los ojos, entreabierta la boca; blancos los labios, rígidos los miembros, muerta; ¡muerta de horror!

IV
Dicen que después de acaecido este suceso, un cazador extraviado que pasó la noche de difuntos sin poder salir del Monte de las Ánimas, y que al otro día, antes de morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas horribles. Entre otras, asegura que vio a los esqueletos de los antiguos templarios y de los nobles de Soria enterrados en el atrio de la capilla levantarse al punto de la oración con un estrépito horrible, y, caballeros sobre osamentas de corceles, perseguir como a una fiera a una mujer hermosa, pálida y desmelenada, que con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de horror, daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso.
FIN

domingo, 10 de abril de 2011

Dispositivo para controlar la velocidad en los túneles de Guadarrama.

Vía Muy Interesante

Curiosas sombras

Aniversarios de Boda

sábado, 9 de abril de 2011

Árbol recompuesto

¿Cómo se vigilan los yacimientos arqueológicos en del mar?

Vía Muy Interesante

¿Cómo atar tus cordones?

viernes, 8 de abril de 2011

En Recuerdo de Sebastian

Hace 12 años que no está con nosotros. Fue mi primer Pastor Alemán.

Falleció el 08.04 1999, contaba 3 añitos tan solo.

Consiga la sensación del impacto

Confíe en los golpes de chip

Como si jugara sobre hielo

jueves, 7 de abril de 2011

HUELE A SANGRE MEZCLADA CON ESPLIEGO

Huele a sangre mezclada con espliego,
Venida entre un olor de resplandores.
A sangre huelen las quemadas flores
Y a súbito ciprés de sangre el fuego.

Del aire baja un repentino riego
De astro y sangre resueltos en olores,
Y un tornado de aromas y colores
Al mundo deja por la sangre ciego.

Fría y enferma y sin dormir y aullando,
Desatada la fiebre va saltando,
Como un temblor, por las terrazas solas.

Coagulada la luna en la cornisa,
Mira la adolescente sin camisa
Poblársele las ingles de amapolas.

Rafael Alberti

HORIZONTAL, SÍ, TE QUIERO

Horizontal, sí, te quiero.
Mírale la cara al cielo,
de la cara. Déjate ya
de fingir un equilibrio
donde lloramos tú y yo.
Ríndete
a la gran verdad final,
a lo que has de ser conmigo,
tendida ya, paralela,
en la muerte o en el beso.
Horizontal es la noche
en el mar, gran masa trémula
sobre la tierra acostada,
vencida sobre la playa.
El estar de pie, mentira:
sólo correr o tenderse.
Y lo que tú y yo queremos
y el día - ya tan cansado
de estar con su luz, derecho -
es que nos llegue, viviendo
y con temblor de morir,
en lo más alto del beso,
ese quedarse rendidos
por el amor más ingrávido,
al peso de ser de tierra,
materia, carne de vida.
En la noche y la trasnoche,
y el amor y el transamor,
ya cambiados
en horizontes finales,
tú y yo, de nosotros mismos.

Pedro Salinas

LASITUD

Encantadora mía, ten dulzura, dulzura...
calma un poco, oh fogosa, tu fiebre pasional;
la amante, a veces, debe tener una hora pura
y amarnos con un suave cariño fraternal.

Sé lánguida, acaricia con tu mano mimosa;
yo prefiero al espasmo de la hora violenta
el suspiro y la ingenua mirada luminosa
y una boca que me sepa besar aunque me mienta.

Dices que se desborda tu loco corazón
y que grita en tu sangre la más loca pasión;
deja que clarinee la fiera voluptuosa.

En mi pecho reclina tu cabeza galana;
júrame dulces cosas que olvidarás mañana
Y hasta el alba lloremos, mi pequeña fogosa.

PAUL VERLAINE

miércoles, 6 de abril de 2011

ODA AL GATO

Los animales fueron
imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.

El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.

No hay unidad
como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas de la noche.

Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.

Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un
desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.

Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.

por Pablo Neruda

Galope Desbocado

Mi corazón
es un galope desbocado de fuego
cuando tú te presentas por mi lado
y mi alma se ilusiona
con la canción desnuda
con que podrían bailarse
nuestros cuerpos al faro de la luna
sin prisa sobre el alba, acompasadamente,
o sobre alguna brisa que se roba la tarde
caliente, humedecida, sonreída y silente…

Mi corazón es un suspiro
que se imagina el brillo de tus ojos
navegándose abrazo por mi beso
y no lo dejo ir; lo tengo preso
para que no te arranque la caricia
hasta que tú prefieras concederla
y en esa concesión dejar tu huella

Como dejan los barcos, al mar, estela…

Mi corazón soy yo minándote en el verso,
e inventándote todas las delicias
para sembrarte amor en la sonrisa
el día que se espanten los silencios
por esa entrega núbil y genuina
que ya se gesta alegre en el interno,
y por el grato ritmo galopado
(sobre el secreto insomne de los cuerpos)
con que tu corazón se lanza desbocado…

© 2008 Madeleine E. Belliard

A LA MUERTE

I
Muerte,
fatal término, ausencia por siempre.
Sólo el campo yermo que nos recibe,
de su tierra, nuevo abono.

Nunca más la fragancia de la brizna de hierba
ni el arder de encendidos leños;
tampoco la fina llovizna de la ola rompiente
en el rostro de frescura ávido.

II
«Era nuestra madre», dirán después los hijos
con ternura en los ojos.
El dolor de la ausencia, olvidados objetos
mañana joyas auténticas.
«Ella decía...», repetirán las frases
antes molestas
a causa de desgano
o ansias de silencio
o sueños de libertad.
Sílabas musicales enhebrarán palabras en recuerdos imperiosos,
desesperación de volver a vivir en el tiempo...
Tarda respuesta a un canto de amor.

«¿Recuerdas aquel gesto?
»¿Y su sonrisa triste?
»¿Y su pensamiento fijo en nosotros?
»¿Sus manos, suavidad de alas rozando nuestros rostros?
»¿El paso quedo junto a nuestro lecho en la alta noche
y el murmullo de plegaria para encomendarnos a Dios?»

III
Poco a poco el ausente
más lejos cada vez en el recuerdo
—que alguien siempre lo reemplaza—;
sus cosas van perdiendo la fragancia que de él se desprendía,
impregnándolas;
la manera de inclinarlas no es la misma
y en el tiempo
va cambiándoselas de sitio.
Cada día su nombre acude menos al labio.
Las lágrimas en manantial ya no brotan;
tan sólo de a una
que se enjuga furtiva.
Hasta que todas secan
agotada la fuente de dolor.
Un velo cubre entonces la imagen en la retina,
la maleza oculta la antes nítida figura en todo paisaje,
visten los ambientes colores de seres distintos
que distraen,
va el alma tras vivencias nuevas.
Y un día
se llora el olvido.

(Tú, Muerte tan temida,
sólo eres un pretexto:
el olvido es más cruel que tu guadaña.)

Marilina Rébora

martes, 5 de abril de 2011

Lucho Gatica- La Barca

Rocio Durcal - Ya Te Olvide

PALOMA SAN BASILIO - CARIÑO MIO

lunes, 4 de abril de 2011

domingo, 3 de abril de 2011

Peridis y la Política

Peridis y Camps

El Roto y Egipto

sábado, 2 de abril de 2011

2 de abril - Día Mundial del Autismo

Día Mundial del Autismo 2 de abril: Día Mundial del Autismo. Como todos los años, el 2 de abril sirve para celebrar el Día Mundial del Autismo, un llamamiento popular a la conciencia sobre dicho problema. La detección temprana sigue siendo la mejor herramienta para combatirlo.

El autismo es un trastorno del desarrollo permanente y profundo que afecta a la comunicación, imaginación, planificación y reciprocidad emocional. La persona que padece de autismo se muestra ensimismada, aislada socialmente. Y lo más grave es que aún no se han descubierto soluciones al respecto. Por esa misma razón, todos los 2 de abril se celebra internacionalmente el Día Mundial del Autismo, para poner en relevancia mediática algunos de los avances sobre el tema y también para poner en conciencia a la población sobre este asunto. Este es un problema del cual se desconocen las causas, pero todo apunta a la detección temprana. Cuando un niño ya comienza desde pequeño a mostrar algunas conductas como falta de reconocimiento de los padres y la familia, ausencia de habla y otros síntomas, lo ideal es consultar a un especialista.

The fastest clip you'll probably ever see

Human Planet

Breaking Glass with Sound

Rubbing the rim of a wine glass with a wet finger will cause it to resonate at its resonant frequency. The glass is placed in front of a speaker playing a sine wave, created by the function generator, of this same frequency. When the amplitude is turned up, we can see by shining a strobe light at the glass that this resonant frequency causes it to oscillate. When the glass becomes too stressed, it will shatter.

viernes, 1 de abril de 2011

DESTINOS DADOS

Canino

Canino (Kynodontas 2009)

Título original: Kynodontas.
Dirección: Yorgos Lanthimos.
País: Grecia.
Año: 2009.
Duración: 94 min.
Género: Drama.
Interpretación: Christos Stergioglou (padre), Michele Valley (madre), Aggeliki Papoulia (hija mayor), Mary Tsoni (hija pequeña), Christos Passalis (hijo), Anna Kalaitzidou (Cristina).
Guión: Yorgos Lanthimos y Efthimis Filippou.
Producción: Yorgos Tsourgiannis.
Distribuidora: Avalon Productions

Como se puede apreciar, no sé bien si porque son fechas donde uno intenta disfrutar más de las horas de luz en la calle, la piscina, o por ahí viajando, o bien porque la cartelera lleva ya unas cuantas semanas ofreciendo una panoplia de películas donde el denominador común es que son todas bastante malas, hacía ya un tiempo que no escribíamos nada en la blog. Hasta que vi Canino y me fue dable de nuevo acometer el teclado.

Me ha causado desazón y placer cinéfilo el visionado de esta película. Película rara y singular donde las haya. Canino es de esas películas que hacen que las pupilas se ensanchen hasta lo infinito, mientras nuestro cerebro se pregunta si lo que vemos es un chiste malo o una reflexión sobre nuestra existencia, y en ese balanceo se mueve toda la película. De entrada vemos a unos jóvenes, cuya apariencia es la de unos adultos, a quienes parece les falta un hervor, escuchar definiciones en un magnetofón, que nada tienen que ver con la realidad.

La casa en la que moran es una fortaleza, donde el cabeza de familia junto a su mujer, tratarán por todos los medios que su hijo y sus dos hijas, no tengan contacto con el exterior, que nada les contamine, y esa búsqueda de la pureza, supone algo todavía peor, pues incide en el incesto, en relaciones sexuales previo pago que desvinculan el sexo de cualquier sentimiento, y en unas relaciones familiares turbias y opresivas, que explicitan un ambiente irrespirable, asfixiante, propio de las producciones de Haneke, donde los personajes deambulan por un suelo quebradizo, redefiniendo a cada momento el contorno cortante de la cordura.

Actores y actrices muy inspirados, un guión magistral y una puesta en escena, cuyas imágenes provocan rechazo por lo poco convencional del modo de proceder de los protagonistas, supone una plausible muestra de como el mundo de cada uno muchas veces se reduce a una casa, a una idea, a un pensamiento, y son esas cárceles físicas o mentales las que impiden el desarrollo personal, el crecimiento espiritual, el goce de la libertad total y plena que nos permite vivir y equivocarnos, aprender de nuestros errores, liberados entonces de ese padre o estado que con su afán de protegernos sólo logra destruirnos.

Es Canino una película que merece la pena ver. Las películas griegas que llegan a nuestras carteleras estos últimos años podrían contarse con los dedos de una mano y nos sobrarían varios dedos. Si lo que nos llega es como Canino estamos de enhorabuena. La premiaron en Cannes. Lo merecía.

Popeye Doyle

127 horas

En brazos de la muerte
En el año de las películas ambientadas (casi) exclusivamente en espacios reducidos, hablar de 127 horas supone inevitablemente volver a hablar de Buried (Enterrado). 127 horas: un montañero queda atrapado en un pequeño e inhóspito hueco entre rocas de Blue John Canyon, con una enorme piedra encima de uno de sus brazos, lo que le permite cierta libertad de movimientos con el otro y en sus piernas, pero en modo alguno escapar de una muerte quizá lenta pero ineludible. Recordemos Buried: un tipo se despierta enterrado en un ataúd, con la única ayuda de un mechero, un móvil y un bolígrafo. Eso sí, donde Rodrigo Cortés aporta escenario único, escrupuloso mantenimiento del punto de vista y ausencia de flashbacks, Danny Boyle se permite el lujo de un prólogo anterior al suceso (de unos 20 minutos), numerosas salidas del escenario en forma de recuerdos, sueños y alucinaciones, además de variadas aportaciones formales ajenas a la pureza de la narración. Cada uno toma su propio camino, aunque, desde luego, el de Cortés resulta más meritorio y complicado de resolver.

127 HORAS
Dirección:
Danny Boyle.
Intérpretes: James Franco, Kate Mara, Amber Tamblyn, Treat Williams.
Género: aventura. EE UU, 2010.
Duración: 95 minutos.

A favor de Boyle puede decirse que el largo prólogo ayuda a conocer mejor al personaje, algo imprescindible para más tarde comprender ciertas reacciones, y que las aportaciones exteriores (a la manera de la larga secuencia del desenganche de la heroína de Trainspotting, con Renton encerrado en su habitación en pleno mono) son de una ejemplar espectacularidad, tanto en el fondo (lo que un hombre a punto de morir puede llegar a sentir), como en la forma (¡ese enervante timbrazo que simula el corte del nervio!). Como contrapartida, el truco de la secuencia del sueño es tan gratuito como innecesario, y ciertas músicas de aderezo no funcionan ni como melodía de contraste (la irónica aparición del clásico Lovely day, de Bill Withers).

Eso sí, a pesar de ciertos desajustes, cuando hay que mantener la austeridad narrativa, Boyle lo cumple, como en ese maravilloso primer minuto tras la caída, con un riguroso silencio en el que el rostro del personaje tiene en el rostro del propio espectador el espejo donde poder ver cómo una carambola semejante puede causar la mayor de las incomprensiones y un creciente agobio que muchos juzgarán imposible de sobrellevar.

J. O. 04/02/2011
EL PAÍS