Mostrando entradas con la etiqueta Religión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Religión. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de mayo de 2014

El Papa ficticio que sí existió

Vía Muy Interesante

miércoles, 19 de febrero de 2014

Demonios

Vía Muy Interesante

martes, 26 de noviembre de 2013

La de Dios


domingo, 31 de marzo de 2013

Los Cardenales del Cónclave

 
 
 
EL PAÍS

sábado, 9 de marzo de 2013

miércoles, 20 de febrero de 2013

LA QUINIELA DE LOS PAPABLES, 12.02.2013

EL PAÍS

domingo, 17 de febrero de 2013

Un intruso en el palacio Apostólico


El hombre al que el Papa dio las riendas vaticanas se ha quemado en batallas.
SCIAMARELLA

Los últimos días han sido agitados para Tarcisio Bertone, 78 años, hombre fuerte del Gobierno vaticano, y uno de los poquísimos a los que el Papa comunicó con antelación su intención de retirarse. Bertone sabe que se va con Benedicto XVI y ha querido resolver a toda prisa un montón de asuntos pendientes. El futuro es incierto para el cardenal. Aunque no faltan los que le consideran lo bastante ambicioso como para aspirar a suceder a Joseph Ratzinger, sus posibilidades están lastradas por la oposición que suscita.

El religioso salesiano jovial, extravertido, tifoso del Juventus, que tocó el cielo con las manos al llegar a la cúpula del poder vaticano hace poco más de seis años, es hoy un hombre a la defensiva. Un cardenal atrincherado detrás de una guardia pretoriana de incondicionales de su nativo Piamonte, o de Génova, donde fue arzobispo metropolitano. Fieles colaboradores a los que ha ido colocando en puestos clave del Gobierno vaticano, con la aquiescencia del Papa. Tres de ellos dirigen desde hace poco centros de poder económico, como el departamento de Gobernación del Vaticano, la Prefectura de Asuntos Económicos, y la administración del patrimonio de la Sede Apostólica.

Nombramientos importantes que han ido acompañados con la birreta cardenalicia, en el consistorio de febrero de 2012.
Bertone, un hombre de facciones duras y aspecto saludable, ha disfrutado de su posición, multiplicando los contactos con la cúpula del Gobierno italiano. Sus enemigos dicen que ha querido acaparar demasiado poder. Que ha pugnado por llevar la batuta en la Conferencia Episcopal Italiana. Que le obsesiona controlar los flujos de dinero. Por eso se ha involucrado en una batalla áspera por el control de la banca vaticana. El secretario de Estado no quería que la comisión de supervisión del Instituto para las Obras de Religión (IOR), nombre del banco, se le escapara de las manos. Y estaba decidido a utilizar el dinero de la caja fuerte vaticana en la compra de un importante centro hospitalario de Milán, cargado de deudas. Ni el Papa, ni el anterior presidente del IOR, Ettore Gotti Tedeschi, estaban de acuerdo. Las tensiones no tardaron en surgir, y acabaron con la vergonzosa defenestración de Gotti Tedeschi, hace nueve meses. El banquero, miembro del Opus Dei, y muy próximo al Papa, abandonó la presidencia entre acusaciones de supuestas irregularidades que se demostraron falsas.

El cargo ha estado vacante hasta el pasado viernes cuando el Gobierno vaticano saliente, con Bertone a la cabeza, ha nombrado, previa aprobación del Papa, nuevo presidente del IOR. El elegido es el alemán Ernst von Freyberg, ligado a una empresa naviera que fabrica también barcos de guerra. Trabajo hecho para el próximo pontífice, que quizás no agradezca.

Las críticas a Bertone han sido una constante desde que llegó a la secretaría de Estado, en septiembre de 2006. Recibió la acogida que se reserva a los intrusos. “Es que es un outsider, un hombre que viene de las órdenes religiosas, que no pertenece a la élite curial, la diplomacia vaticana, que es la que tradicionalmente ha ocupado este puesto”, señala una fuente ligada externamente al Vaticano. Pero el juicio lo refrendan varias personas más consultadas por este periódico.

Bertone no habla inglés, una deficiencia que los diplomáticos hicieron notar enseguida al Papa. “Tenemos excelentes traductores”, contestó Benedicto XVI, que le puso al timón de la nave vaticana, y le ha mantenido en el cargo contra viento y marea. Ratzinger hubiera podido apartarle discretamente, sin causar demasiado revuelo, cuando Bertone cumplió los 75 años, la edad de jubilación, en 2009. No se le pasó por la cabeza. En plena tormenta de Vatileaks, cuando los medios italianos aireaban los trapos sucios de la curia, dejando en evidencia la incapacidad del secretario de Estado para cumplir la misión encomendada, el Papa le envío una carta de apoyo. Pública.

Las querellas vaticanas se dirimen en voz baja. Las enemistades se tejen con pequeños gestos. Pero los signos de rechazo a Bertone han sido ostentosos. El flamante secretario de Estado tuvo que esperar meses antes de ocupar el apartamento que le correspondía, por su nuevo puesto. Su antecesor, Angelo Sodano, no tenía prisa en hacer la mudanza. “El pobre Bertone tuvo que instalarse en la Casa Santa Marta [donde se alojan los cardenales que participan en el cónclave]”, comenta un testigo de la peripecia. Sodano, de la edad del Papa, era un peso pesado de la curia, y cerraba con ese traslado 15 años al frente del Gobierno vaticano.
El recién llegado no tenía la formación ni el pedigrí exigidos para el cargo. No era solo un problema de idiomas. En el viaje del Papa a Brasil, en mayo de 2007, Bertone maravilló a la concurrencia oficial describiendo con todo lujo de detalles el brillante juego de Kaká. Uno de sus ídolos futbolísticos.

Nacido en un pueblecito del Piamonte (en la frontera con Francia), el 2 de diciembre de 1934, el quinto de ocho hermanos, la biografía de Tarcisio Bertone es la de un religioso inquieto, especializado en Derecho Canónico, profesor de teología moral en la universidad Pontificia Salesiana, aficionado al deporte, preocupado por la formación de los jóvenes. Pero el destino le puso en el camino de Joseph Ratzinger. Juntos trabajaron siete años, en los noventa, en la Congregación para la Doctrina de la Fe que presidía el cardenal alemán. No eran dos desconocidos. Bertone había intervenido también, una década antes, en una negociación con el cismático arzobispo francés Marcel Lefebvre, que dirigió Ratzinger.

Entre los dos hombres había simpatía, entendimiento. Sus temperamentos opuestos, se complementaban. Bertone es abierto y comunicativo, capaz de iniciar una conversación con extraños en un autobús. Ratzinger, siete años mayor, es todo lo contrario. Tímido, reservado, de carácter firme pero incapaz de imponerse. Cuando el cardenal alemán, contra todo pronóstico, se vio elegido sucesor de Juan Pablo II, tuvo que echar mano de una de las pocas personas de la curia en la que confiaba.

La soledad del Papa en el Vaticano —que ha contribuido históricamente a alimentar el nepotismo en la Iglesia— es abrumadora. Intrigas y traiciones están a la orden del día en una organización propensa a favoritismos, donde las razones de ascensos, ceses y traslados no están nunca claras. Todo el que tiene una posición relevante, un puesto que cuidar, tiene detrás una red de apoyo, un grupo afín. Lo que los italianos llaman una cordata. Benedicto XVI nunca la ha tenido. Es como si la curia y el Papa hubieran hablado siempre idiomas distintos. Como si les hubiera separado una distancia insalvable. El Papa necesitaba un traductor para hacerse entender, un puente, para salvar ese abismo, alguien en quien confiar. Tarcisio Bertone fue el escogido. Es imposible saber si a última hora, Ratzinger se ha arrepentido de su elección.

Lola Galán ROMA (ENVIADA ESPECIAL) 16 FEB 2013 


La última batalla de Benedicto XVI


El nombramiento del nuevo banquero de Dios supone la última batalla por el control del dinero entre Ratzinger y el cardenal Bertone.

Benedicto XVI recibe al primer ministro italiano, Mario Monti, en la audiencia privada
 que mantuvieron el sábado en El Vaticano. / OSSERVATORE ROMANO / HANDOUT (EFE)

Debajo de su llamativo uniforme con bandas azules y amarillas, el centenar de guardias suizos que protege al Papa —ninguno menor de 19 años ni mayor de 30— esconde una pistola semiautomática Sig-Sauer de doble acción y un adiestramiento muy severo en artes marciales. Debajo de su piadoso nombre, Instituto para las Obras de Religión, el banco del Vaticano esconde un tormentoso pasado de crímenes y conexiones con la Mafia y un presente no mucho más limpio de blanqueo de capitales. Debajo, en fin, de las bellas palabras que el secretario de Estado, monseñor Tarcisio Bertone, dirigió a Benedicto XVI durante la celebración del Miércoles de Ceniza se esconde una vieja guerra de poder llevada hasta el límite mismo de la renuncia. El nombramiento in extremis del barón Ernst Von Freyberg, caballero de la poderosa Orden de Malta y constructor de buques de guerra, como nuevo presidente del banco del Vaticano supone sin lugar a dudas el capítulo final de esa guerra. En el sagrado reino de los símbolos y la diplomacia, resulta revelador que la última decisión de Ratzinger como Papa haya sido quitarle la llave del dinero a su fraternal enemigo Bertone.

Se trata de un auténtico ajuste de cuentas. Hace nueve meses —el 24 de mayo de 2011— fue el cardenal Bertone, de 78 años, quien se la jugó al Papa con la destitución del anterior presidente del IOR, el banquero Ettore Gotti Tedeschi. La caza de Gotti Tedeschi, amigo personal de Ratzinger, por parte de Bertone incluyó algunos episodios que reflejan muy bien la crueldad de las guerras vaticanas. El banquero, de 67 años, padre de cinco hijos,
representante del Grupo Santander en Italia y miembro del Opus Dei, había llegado a la cumbre del IOR en septiembre de 2009 con el encargo de situar al banco en disposición de cumplir la normativa europea sobre blanqueo de capitales. Gotti Tedeschi se lo tomó tan en serio que empezó a colaborar con las autoridades italianas ante la sospecha de que el IOR seguía siendo una inmensa lavadora de dinero negro.

Fue su primer error. El segundo fue oponerse a los deseos de Bertone de utilizar el dinero vaticano para salvar de la quiebra el Hospital San Raffaele de Milán, fundado por el cura y médico Luigi Verzè, gran amigo de Silvio Berlusconi y de su turbia maquinaria de poder —el Vaticano apoya ahora a Mario Monti, pero durante el berlusconismo vivió años muy prósperos y felices—. El caso es que Gotti Tedeschi jugó con fuego y se quemó. La pira la preparó personalmente un misterioso personaje llamado Marco Simeon, de 33 años, dueño de una fulgurante carrera gracias a la protección, no menos misteriosa, del cardenal Tarcisio Bertone. Simeon ya aparece relacionado con negocios turbios en el informe —posteriormente filtrado entre los papales del escándalo Vatileaks— que hace llegar monseñor Carlo María Viganò a Joseph Ratzinger advirtiéndole de la corrupción creciente que golpea al Vaticano. En aquella misiva, Viganò le pedía al Papa que lo mantuviese al frente del Governatorato —el departamento que se encarga de licitaciones y abastecimientos— para frenar las prácticas ilegales, pero Bertone decidió mandarlo a Estados Unidos y Ratzinger, que dicen que lloró con aquella decisión, no fue capaz de contradecir a su secretario de Estado. Ante la posibilidad de que Gotti Tedeschi abriera a los investigadores la caja fuerte del IOR —verdadero sanctasantórum de los secretos de Italia y el Vaticano—, Marco Simeon, que ya lucía como director de la RAI Vaticano, pidió a un psicólogo que redactara un informe sobre “el comportamiento extraño” del presidente del banco. El psicólogo ni siquiera habló con Gotti Tedeschi, solo lo observó de lejos en la Navidad de 2011, pero eso fue suficiente para hacer correr entre la Curia el bulo de que el banquero había perdido el oremus y que podía meter a la Iglesia –y a Italia— en un lío si decidía revelar los nombres que se esconden tras las cuentas cifradas del banco del Vaticano.

La operación de acoso y derribo contra el anterior presidente del IOR se saldó con su despido fulminante el pasado 24 mayo, al socaire de la detención de Paolo Gabriele, el mayordomo del Papa, acusado de difundir los documentos secretos. Según la prensa italiana, Gotti Tedeschi culparía de su desgracia a una conspiración de la logia masónica Propaganda 4 o P4, de la que formaría parte Marco Simeon. Al ser preguntado por el asunto, el protegido del cardenal Bertone se limitó a decir: “No formo parte de la P4, pero la masonería es un elemento fundamental del poder en Italia”. También es dueño de una frase que resume muy bien el tablao sobre el que baila la historia en esta parte del Tíber: “El secreto es poder y el Vaticano enseña que quien sabe no habla, y quien habla no sabe. Yo nunca digo demasiado”.

No deja de ser significativo que la operación del Papa por situar al frente del banco al barón Von Freyberg haya coincidido con la caída en desgracia del joven protegido de Bertone, descabalgado de la dirección de RAI Vaticano. Lo más llamativo de la venganza de Joseph Ratzinger —los fieles se harán cruces con la expresión, pero cómo llamarla si no— es que ha sido ejecutada en el tiempo de descuento y a la vista de todos. No es extraño que las palabras vayan por un lado y los hechos por otro, pero la operación por retomar el control del dinero de la Iglesia demasiado evidente. Aunque se haya presentado bajo un disfraz perfecto —o casi perfecto— de transparencia. Para sustituir a Gotti Tedeschi, el Vaticano contrató los servicios de una conocida agencia de cazatalentos, Spencer & Stuart, de Frankfurt. La primera selección fue de 40 candidatos, luego quedaron seis y finalmente, tres. Sobre estos tres pugnaron durante los últimos días las distintas familias vaticanas, e incluso durante la semana se dijo que el financiero belga Bernard De Corte —al parecer el candidato de Bertone— había sido el elegido. El viernes finalmente salió a la luz que no, que fue el agraciado había sido el barón Von Freyber.

Siempre habrá maliciosos que piensen que el hecho de que el barón sea alemán, como Benedicto XVI, o caballero de la poderosa Orden de Malta, fundada en 1048 y cuya sede está en Roma, haya podido jugar de forma determinante, por encima incluso de su reconocida solvencia profesional —es abogado y dirige unos astilleros que entre sus quehaceres fabrican fragatas de guerra para Alemania—, de su manejo de cuatro idiomas o de su dedicación a las obras de caridad. También habrá quien crea que el Papa, después de haber contemplado durante casi ocho años la impúdica conexión del Vaticano con los peores exponentes de la política italiana, haya querido evitar a toda costa que sea un hombre a las órdenes del cardenal Bertone el que maneje oscuramente los dineros de la Iglesia. Siempre habrá quien sospeche que Joseph Ratzinger, en su retirada, podría haber tenido un gesto más espiritual que empeñar su último aliento como Papa en recuperar las llaves del dinero.


Los pilares de Dios

El poder del Opus, los ‘kikos’ o los Legionarios de Cristo está en el aire.
Los influyentes movimientos apoyados por los dos últimos papas, y sobre los que
la Iglesia española ha cimentado su lado más conservador, se enfrentan a la incógnita
del relevo en el Vaticano


El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela,
delante de Kiko Argüello, en el Encuentro de las Familias del
Camino Neocatecumenal en Valencia en 2006. 


La catedral de la Almudena de Madrid es el símbolo del poder de los movimientos neoconservadores en España. La metáfora de su éxito. El monumento a su soberbia. En este templo de 102 metros de longitud y 73 de altura, todo remite a las nuevas realidades de la Iglesia. Las monumentales pinturas al fresco de estilo bizantino y calidad discutible que decoran el ábside y las vidrieras que lo rodean son obra de Kiko Argüello, de 74 años, iniciador del Camino Neocatecumenal (los kikos), un movimiento conservador en la ideología y magnético en las formas (que remiten a las sectarias comunidades cristianas de la antigüedad) nacido en las chabolas de la periferia de la capital en 1964 para convertir a los católicos descarriados. Hoy cuenta en España con más de 300.000 seguidores muy comprometidos y enormemente prolíficos. Los kikos poseen también en el templo catedralicio una capilla que, prevén, será la última morada de su líder carismático y apocalíptico.

Los cardenales españoles del cónclave 



Antonio María Rouco Varela 
- 76 años. Cardenal
- Arzobispo de Madrid
- Presidente de la Conferencia Episcopal 
Presentó al Papa su renuncia por jubilación y, mientras, se mantiene en el cargo. Es el hombre con más poder de la Iglesia contemporánea española. Ha apoyado y se ha apoyado en los nuevos movimientos eclesiales (Camino Neocatecumenal, Comunión y Liberación y Opus Dei). Está obsesionado en crear un grupo católico de comunicación en torno a la Cope. Uno de sus aliados en el PP es Jorge Fernández Díaz. 
 

Carlos Amigo
- 78 años. Cardenal
- Jubilado 
- Arzobispo de Sevilla hasta 2009 
Su origen franciscano le coloca del lado de los miembros de las tradicionales órdenes religiosas, enfrentadas a los movimientos neocon. Hombre de diálogo muy alejado de las tesis del cardenal Rouco. Va por libre. No ha asistido a algunas de las manifestaciones políticas madrileñas contra el Gobierno socialista. Apreciado por la Casa del Rey. Su sucesor en Sevilla, Juan José Asenjo, es cercano a Comunión y Liberación. 
 

Antonio Cañizares
- 68 años. Cardenal
- Prefecto para la Congregación para el Culto Divino en la curia romana. 
Es el cardenal español más joven. Fue arzobispo de Toledo. Ha hecho parte de su carrera en el conservador seminario de Madrid. Su objetivo es sustituir a Rouco (o a Sistach), con el que está enemistado desde que Jiménez Losantos atacaba a Rajoy aún en la oposición. Escribe una columna en La Razón, diario para el que consiguió la distribución de L’Osservatore Romano en 2009. Buena relación con el Opus Dei. Quiere ser arzobispo de Madrid o de Barcelona. 


 

Santos Abril 
- 77 años. Cardenal 
- Arcipreste de la basílica de Santa María la Mayor de Roma y vicecamarlengo. Canonista. 
Nunca ha tenido un trabajo pastoral. Se incorporó muy pronto al poderoso servicio diplomático vaticano. Ha estado destinado en Camerún, Gabón, Guinea Ecuatorial, Yugoslavia, Argentina, Eslovenia, Bosnia Herzegovina y Macedonia. Le relacionan con el Opus Dei, pero en 2000 se enfrentó a Angelo Sodano, poderoso cardenal y secretario de Estado con Juan Pablo II, muy próximo a la Obra, lo que pone en duda esa afirmación. 


 

Lluís María Martínez i Sistach 
- 75 años. Cardenal 
- Arzobispo de Barcelona. Canonista. Antes fue obispo de Tarragona. 
Muy conservador, muestra un lado social considerable y un talante amable y popular que le separa del estilo de Rouco y con el que ha sabido navegar en las agitadas aguas de la Iglesia catalana, con un fuerte sentido nacionalista. Por ejemplo, criticó los ataques de la Cope a Cataluña. No se le conoce filiación. Los obispos de su zona son del Opus (Pujol, de Tarragona) y del Camino Neocatecumenal (Meneses, de Terrassa). 


No son los únicos propietarios de un pedazo de la Almudena. En el extremo opuesto, otra capilla pertenece al Opus Dei, un movimiento integrado básicamente por laicos de clase acomodada nacido en Madrid en 1928 y que, bajo la premisa de “santificar el trabajo”, monopolizó durante décadas el poder político y económico en nuestro país. Hoy, sin hacer ruido, mantiene una confortable presencia en Roma, el Ibex 35 y el Partido Popular. Su capilla está decorada con una escultura de su fundador, san Josemaría Escrivá de Balaguer. El santo está como en casa. Esta catedral fue terminada en 1993 gracias al empeño de un grupo de miembros de su obra (encabezado, como recuerda una placa, por el teniente general Álvaro Lacalle Leloup) que en los ochenta se conjuró para captar fondos (públicos y privados) y concluir este templo que llevaba 30 años abandonado, plagado de ratas y donde los yonquis se colaban para chutarse. 

La consagración de este gélido recinto de escaso valor arquitectónico por parte de Juan Pablo II, en junio de 1993, fue la mejor prueba de que la restauración del poder político de la Iglesia y su presencia activa en la vida pública volvían a ser un hecho de la mano de aquel Papa polaco que gobernaría férreamente el orbe católico hasta su muerte, transmitida en directo en abril de 2005. La Almudena se iba a convertir en el símbolo de esa reconquista iniciada en la Iglesia española frente a un Gobierno socialista que había aprobado la primera ley de interrupción del embarazo de la historia en 1985. Y lo continuaría siendo 25 años más tarde, contra otro Ejecutivo del PSOE que iba a ampliar esa legislación y permitir que los homosexuales se casaran. En torno a la catedral y algunos espacios eclesiásticos colindantes, el Arzobispado, el Palacio Episcopal, la Nunciatura, el Seminario y la Facultad de Teología de San Dámaso, se fraguó un movimiento involucionista que pretendía reevangelizar España, repescar a los cristianos durmientes, influir en la elaboración de las leyes, seguir contando con ventajas fiscales y tener un papel decisivo en la enseñanza concertada. Volver hacia atrás, pero con métodos nuevos, contando con la energía misionera, propagandística y de movilización de cientos de miles de laicos alistados en los nuevos movimientos eclesiales. En este territorio florecerían los grupos neocon, a los que la jerarquía eclesiástica, personificada en el cardenal Antonio María Rouco Varela, asesoraría y concedería atribuciones y prerrogativas siempre en línea con las directrices de Wojtyla. 

Se lo merecían. Eran una fuente inagotable de fondos y vocaciones; dirigían colegios, universidades, fundaciones, clubes juveniles, ONG y santuarios. Estaban presentes en miles de parroquias. Y recalcaban a diario su fidelidad al obispo de Roma. “¿Qué obispo se opone a que le llenen los seminarios y las arcas y le pongan miles de personas en la calle para presionar al Gobierno o recibir al Papa?”, se pregunta un sacerdote. “Al principio, hubo desacuerdos teológicos entre la jerarquía y algunos movimientos, en especial los kikos, porque el presidente de la Conferencia Episcopal, el obispo Elías Yanes, no les podía ni ver. Después, cuando Juan Pablo II les apoyó en 1998 y Rouco fue nombrado presidente de la Conferencia Episcopal, en 1999, ya nadie en la curia se atrevió a mover un dedo contra ellos”. 

Entre 1970 y 2000 se enfrentaron en España una Iglesia progresista y otra conservadora. Fue una guerra soterrada. Ganó la segunda. Ya no hay dos Iglesias. Los progresistas son ancianos; muchos fueron represaliados; algunos se retiraron a pequeñas parroquias y fundaciones; otros se marcharon a casa. En la actualidad, los católicos más avanzados y comprometidos, reunidos en comunidades de base, activos en torno a las movilizaciones del 15-M, viven un catolicismo de puertas adentro, temeroso de la jerarquía. Ya solo hay una Iglesia en España: la ahormada por los neocon. Y por una generación de obispos educada en torno a esos movimientos. 

Una tercera capilla de la Almudena conserva los restos del cardenal Ángel Suquía, que gobernó la archidiócesis de Madrid con mano de hierro entre 1983 y 1994 y abrió las puertas a esos movimientos, borrando cualquier rastro de progresía y taranconismo —Vicente Enrique y Tarancón, su predecesor, el cardenal de la Transición, había dirigido Madrid entre 1971 y 1983 ante la animadversión de los ultras— no solo de su territorio, sino de toda la Iglesia española. Madrid es la diócesis más grande y una de las más influyentes. Cada vaivén de la Iglesia madrileña provoca réplicas en el resto de las diócesis y en Latinoamérica. Había que atarla corto. 

El programa de gobierno de Suquía, autoritario, celoso en el plano doctrinal y obsesionado por las formas, sería seguido al dictado por Rouco, su delfín y sucesor en Madrid desde 1994; se convertiría en el hombre más poderoso de la historia contemporánea de la Iglesia española. Tucho Rouco (como se le conoce en familia) es un canonista, un político. En estas dos décadas nada se ha escapado a sus designios, desde los nombramientos de obispos hasta las manifestaciones callejeras. Ha cumplido 76 años y se encuentra en tiempo de descuento de su cargo, aunque sigue dando coletazos. El pontífice que surja del cónclave puede aceptar de forma inmediata su renuncia por edad y enviarle a una cómoda jubilación o mantenerle el tiempo que considere oportuno en el puesto. Esa decisión y el nombramiento de su sucesor al frente de la archidiócesis de Madrid serán indicativos del talante del nuevo Papa. No se esperan grandes sorpresas. Un sacerdote comenta: “No hay nada que se parezca más a un obispo que otro obispo”. 

Entre 1970 y 2000 se enfrentaron en España una iglesia progresista y otra conservadora. Ganó la segunda 
En la puerta del templo catedralicio madrileño, una escultura de Juan Pablo II representa el último homenaje de los neocon hacia ese Pontífice que durante 27 años se apoyó en ellos y cuyo testigo pasó a su sucesor, Joseph Ratzinger. Con Benedicto XVI nada sería lo mismo. Era diferente. Un miembro de la curia romana de los jesuitas lo definió así a EL PAÍS al ser proclamado: “Es un misterio. Fue un teólogo avanzado durante el Concilio y luego tuvo miedo y se convirtió en el inquisidor de cámara de Juan Pablo II. Es un intelectual. Llora por un ojo mientras te mira con el otro”. Ratzinger es indefinible. Uno de los hombres más poderosos de Roma cuando era cardenal de la Congregación para la Doctrina de la Fe que, sin embargo, nunca formó parte de los círculos conspiratorios de la curia ni confraternizó en ese momento con los nuevos movimientos. Implacable con los teólogos díscolos, Leonardo Boff, Hans Küng o Gustavo Gutiérrez (el cardenal Ratzinger llegó a ser conocido como el “rottweiler del Papa”), pasará, sin embargo, a la historia, como un abuelito venerable que supo retirarse a tiempo.

EL PAÍS 

Durante su pontificado, ha dado a los neocon una de cal y otra de arena. Ha contado con sus servicios, pero menos que su difunto jefe; ha llegado a purgarles, como en el caso de los Legionarios de Cristo; dejarles en la reserva, como al Opus Dei —a cuyo portavoz de la Santa Sede con Juan Pablo II, el numerario del Opus Joaquín Navarro Valls, sustituyó por un jesuita, Federico Lombardi—, y poner en duda la ortodoxia de algunas ceremonias del Camino Neocatecumenal. Ha mostrado en general menos entusiasmo por sus andanzas económicas y manifestaciones públicas que su predecesor. Durante su papado, ha repescado en la curia vaticana a las órdenes religiosas y ha mostrado predilección por los obispos alemanes y estadounidenses. Sin embargo, nunca llegó a apartarse de la estela neocon. Aprobó los Estatutos del Camino Neocatecumenal en 2008; nombró arzobispo de la poderosa diócesis de Milán a Angelo Scola, miembro de Comunión y Liberación y hoy papable y confió a cuatro laicas consagradas del mismo movimiento su asistencia personal; renunció a disolver la desprestigiada congregación de los Legionarios de Cristo tras hacerse público el escándalo por pederastia de su fundador, Marcial Maciel, y al final de su carrera recurrió a dos hombres del Opus Dei, el cardenal español Julián Herranz y el periodista estadounidense Greg Burke, para descubrir el origen de las filtraciones del Vatileaks y remozar la deteriorada imagen de la Santa Sede. 

Cuando en octubre de 1978 Wojtyla ocupó el trono de Pedro, se encontró las iglesias desiertas y los seminarios en manos de los progres. La Teología de la Liberación triunfaba en Latinoamérica. Muchos religiosos ponían en duda el magisterio sobre el celibato y el papel de la mujer en la Iglesia. El hábito y la sotana se habían arrumbado. En la efervescencia posterior al Concilio Vaticano II, entre 15.000 y 20.000 sacerdotes habían abandonado su ministerio. La Iglesia católica se tambaleaba. Wojtyla, originario de Polonia, acostumbrado a un catolicismo de resistencia, dio un golpe de timón. Cerró las ventanas que había abierto Juan XXIII en 1959 y se puso en manos de los neocon. El primer servicio que le prestaron vino de Marcial Maciel (al que llamaría “apóstol de la juventud”), que le organizó su gran viaje triunfal a México. Era enero de 1979 y había sido elegido Papa dos meses antes. Quería iniciar en Latinoamérica el contraataque. México fue un éxito. Luego el Opus Dei sería pieza clave en la refriega latinoamericana contra el marxismo, gracias a la labor de control y propaganda de dos obispos afines a la Obra, los colombianos Darío Castrillón Hoyos y Alfonso López Trujillo, y los buenos oficios de dos nuncios complacientes con el Opus Dei, Eduardo Martínez Somalo y Angelo Sodano. La Teología de la Liberación quedó laminada. Wojtyla premiaría al Opus con la concesión de una prelatura personal (una diócesis propia de carácter mundial) en 1982, la beatificación de Escrivá en 1992 y su canonización en 2002. 

Los ‘kikos’ eran otros de los hijos amantísimos del papa Wojtyla, que pidió fueran respetados y “ayudados” 

El Camino Neocatecumenal se convertiría en otro de los hijos amantísimos de Wojtyla, que concedería a los kikos una suerte de bula en 1990 donde ordenaba a los obispos del universo católico que respetaran y ayudaran a Argüello y su obra: “Deseo vivamente que los hermanos en el episcopado valoren y ayuden a esta obra para la nueva evangelización”. También les autorizaría a que abrieran sus seminarios Redemptoris Mater en todo el mundo. Un sacerdote madrileño explica: “Para Juan Pablo II, en su estrategia para restaurar el poder de la Iglesia, esos movimientos eran acies ordinata (ejércitos en orden de batalla). Cada uno tenía su cometido. El Opus ponía sus colegios, universidades y cuadros bien formados con ramificaciones políticas y económicas; los legionarios, sus obras educativas, ardor ultra, su influencia en América Latina y su bolsa repleta de dólares; los kikos y los carismáticos, su capacidad para llenar la calle; Comunión y Liberación, su dominio de la universidad, sus contactos empresariales, su inmersión en el mundo de la cultura y sus excelentes contactos con la Democracia Cristiana italiana. En mayo de 1998, Juan Pablo II reunió a todos en Roma y les dio carta de naturaleza como un poder de la Iglesia paralelo al de los obispos. Era su consagración”. 

“Para Juan Pablo II estos movimientos eran como sus ejércitos. Cada uno tenía su cometido”, dice un sacerdote 

Esa estrategia de depuración de la Iglesia diseñada por Wojtyla a nivel mundial fue teledirigida en España por el nuncio Mario Tagliaferri, junto a Suquía y Rouco. El plan consistía en la toma del poder en los seminarios, el control de las cátedras eclesiásticas, el cese de los directores progres de las revistas religiosas, la persecución de los teólogos renovadores, la purga de los párrocos refractarios y el nombramiento de obispos jóvenes y dóciles. Los sacerdotes volverían a usar alzacuellos. En el asalto al seminario de Madrid, que dirigía el taranconista Juan de Dios Martín Velasco, tuvo mucho que ver a mediados de los ochenta el incipiente movimiento de Comunión y Liberación, agrupado en torno al sacerdote y más tarde primer obispo de la ultraconservadora diócesis de Getafe Francisco Pérez Fernández-Golfín. De ese equipo saldrían importantes nombres del movimiento, como su actual líder mundial, Julián Carrón, de 62 años; el responsable en España, Ignacio Carbajosa, o el actual rector de la Universidad de San Dámaso, Javier Prades. 

Tras la derrota del PP en 2004, los movimientos movilizaron todo su poder acumulado contra Zapatero 

Durante las dos legislaturas en las que gobernó José María Aznar (1996-2004), los movimientos neocon vivieron su edad de oro, consiguiendo, entre otros hitos, la homologación en 2001 de la Universidad Francisco de Vitoria, propiedad de los Legionarios de Cristo, como universidad privada, gracias al apoyo de ilustres populares como Ana Botella, Ángel Acebes, José María Michavila y Gustavo Villapalos

Tras la inesperada renuncia de Benedicto XVI nadie entre los grupos neocon es capaz de prever su futuro 

Todo ese poder acumulado por los movimientos se movilizaría en orden de batalla tras la derrota electoral del Partido Popular el 14 de marzo de 2004 y la investidura de José Luis Rodríguez Zapatero. Los neocon harían la oposición política por su cuenta y riesgo. Como relata el exdirector del diario Abc José Antonio Zarzalejos en su libro La destitución: “Rouco tenía claro en marzo de 2004 que Mariano Rajoy era un hombre débil y poco consistente y que, en su responsabilidad de jerarca del catolicismo, consustancial con España, no le quedaba más remedio que alzarse en valedor de determinadas esencias cuya defensa encomendó a Jiménez Losantos y a la movilización de los discípulos de Kiko Argüello, que fueron los que organizaron y engrosaron las manifestaciones en las que el PP fue simple comparsa”. Esa oposición neocon al PSOE se inició con una manifestación en Madrid en junio de 2005, a favor de la familia cristiana, a la que asistieron 18 obispos; se prolongó en noviembre de ese mismo año con otra manifestación, por la libertad de enseñanza, a la que asistieron 12 obispos; siguió en julio de 2006 con la visita de Benedicto XVI a Valencia (en cuyos discursos, el nuevo Papa intentó, al contrario de lo que esperaban los neocon, cerrar heridas con Zapatero) y se extendió en diciembre de 2007 (a tres meses de las elecciones generales de marzo de 2008) con una misa-concentración en el centro de Madrid (el Día de las Familias), decidida por Kiko Argüello, que puso contra las cuerdas al propio Rouco, reticente a la celebración por si los neocon no lograban llenar las calles de la capital, con esta frase: “Don Antonio, yo le pongo 300.000 kikos en Colón”. Lo hizo. Al acto asistieron 42 obispos, y se repetiría cada año por la tozudez de Argüello; la traca final de la operación de acoso y derribo contra los socialistas sería la Jornada Mundial de la Juventud, en el mes de agosto de 2011, tres meses antes de la convocatoria electoral, un evento organizado por dos miembros del Opus: Yago de la Cierva —sobrino de la secretaria de Rouco— y Javier Cremades. En noviembre de 2011 el PP ganaba por fin las elecciones y los movimientos se replegaban a sus cuarteles de invierno (en forma de plataformas de Internet), incapaces de aplicar a Rajoy el castigo al que habían sometido a Zapatero, pero disgustados por algunas decisiones del presidente, como el mantenimiento del matrimonio gay o la ley de interrupción voluntaria del embarazo, lo que hace prever unas relaciones delicadas en el futuro. Algunos neocon ya sugieren el posible nacimiento de un partido católico como alternativa al PP. 

Los movimientos más poderosos




Tras la inesperada renuncia de Benedicto XVI, nadie entre los neocon es capaz de prever el futuro. Cada movimiento se enfrenta a sus miserias internas. En la picota, los Legionarios de Cristo, tras la condena pontificia a su fundador, Marcial Maciel, la intervención del movimiento y las dudas sobre su viabilidad. Detrás, Comunión y Liberación, salpicada por asuntos de corrupción política en Italia; tampoco se salva el Camino Neocatecumenal, que tiene abierta la no muy lejana sucesión de su líder supremo, Kiko Argüello, y permanece bajo la lupa de los gendarmes del Santo Oficio por sus peculiaridades litúrgicas. El mismo Opus afronta el envejecimiento de sus bases. La sucesión en el trono de Pedro será una prueba de fuego para todos ellos. Aún no se dan por aludidos. 
El frente mediático púrpura 
J. R. 

Desde la venta por parte de la Conferencia Episcopal del diario Ya en 1988 y su posterior desaparición, y del fiasco de Popular TV, que nunca pasó de ser un conglomerado de canales locales propiedad de la Iglesia sin apenas audiencia, el poder eclesiástico ha suspirado por conformar un grupo mediático que transmitiera su mensaje y le sirviera de elemento de presión e, incluso, plataforma política. En esa tarea se encuentra el cardenal Rouco al límite de la jubilación. 

El grupo de comunicación católico promovido por el cardenal, y en el que los hombres fuertes son Fernando Giménez Barriocanal (cercano, según sus palabras, al Camino Neocatecumenal), como presidente, y José Luis Restán, miembro de Comunión y Liberación (según ha afirmado), como director de contenidos, estaría formado por: 

Radio. La Cope (propiedad de la Iglesia en un 90%), a la que se sumarían los 70 postes radiofónicos de ABC Punto Radio (propiedad de Vocento), que desaparecía como marca al ser absorbida por la cadena de los obispos. Una operación aún a la espera de la decisión de la Comisión Nacional de la Competencia. 

Televisión. La segunda pata del grupo sería 13TV, un canal alquilado a Unedisa, editora de El Mundo, del que la Conferencia Episcopal controla un 56% y en el que ha invertido 14 millones de euros desde su nacimiento en 2010. Desde entonces pierde dinero, una media de un millón mensual. Según sus gestores, en 2014 empezarán a dar beneficios. El proyecto de 13TV se basa en una programación religiosa monitorizada por el propio José Luis Restán y la absorción de los comentaristas de Intereconomía (propiedad del expolítico ultracatólico del PP Julio Ariza, colindante con Alejo Vidal-Quadras, Mario Conde y Jaime Mayor Oreja), mediante una opa hostil sobre todos ellos. 13TV estaría bendecida por el Partido Popular, que envió a María Dolores de Cospedal a sus estudios a dar su primera y única entrevista sobre el affaire Bárcenas, logrando una audiencia de 900.000 televidentes. 

Prensa. La tercera pata del grupo confesional vendría de la colaboración de la Conferencia Episcopal con Vocento (propietario de Abc y de ABC Punto Radio), inspirando la información religiosa de este grupo, que ya imprime y distribuye gratuitamente con Abc el semanario Alfa y Omega, del Arzobispado de Madrid, controlada por el sacerdote Alfonso Simón, de Comunión y Liberación. 

El gran perjudicado de esta concentración en torno a los obispos sería el grupo Intereconomía (Intereconomía Televisión, Radio Intercontinental, el diario La Gaceta y el semanario religioso Alba), cercano al Opus, al borde de la quiebra y que hasta 2012 portaba el estandarte del catolicismo más ultramontano. Con Intereconomía, Rouco ha mantenido una relación de amor-odio, coincidente en la ideología (rechazo al aborto, divorcio, matrimonio entre personas del mismo sexo, educación para la ciudadanía, memoria histórica), pero discordante en los procedimientos. Para Intereconomía, la alianza de Rouco con Vocento y la creación de un competidor televisivo pagado por la Iglesia, como 13TV, supone una declaración de guerra contra su televisión, su radio y sus medios escritos. 

Planeta, es el tercer grupo en liza, con participaciones en La Razón, Onda Cero y las televisiones Antena 3 y la Sexta. La Razón ha dado, bajo la inspiración del cardenal Antonio Cañizares (que es columnista del diario), más espacio que nadie en sus páginas a los movimientos neocon. La gota que colmó el vaso de la paciencia de Rouco (aliado de Vocento desde el cese de José Antonio Zarzalejos en 2008 como director de Abc) frente a Cañizares, y que provocó la ruptura entre ambos, fue que el Vaticano otorgara en 2009 a La Razón el privilegio de distribuir en España gratuitamente con su diario el periódico de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, gracias a los oficios de Cañizares, en lugar de apostar por Abc (o por La Gaceta).

Jesús Rodríguez 17 FEB 2013
EL País

viernes, 25 de enero de 2013

sábado, 4 de septiembre de 2010

Ateísmo agresivo

viernes, 3 de septiembre de 2010

¿Creo en Dios Padre...?


Vía QUO

miércoles, 21 de abril de 2010

Los teólogos de la asociación Juan XXIII reclaman la dimisión del Papa

También solicitan que pida perdón a las víctimas de abusos sexuales.

Las comunidades cristianas de base y los teólogos independientes soportan mal el comportamiento de buena parte de la jerarquía católica ante los escándalos de pederastia. Creen que al pecado y delito de encubrimiento en el pasado se añade ahora una actitud de soberbia, e incluso de comprensión o justificación del silencio.

• El Vaticano instruye a sus curas: "Estamos con las víctimas"
• El Papa admite: "Nuestros pecados han herido a la Iglesia"
• El Papa llama a los católicos a "hacer penitencia" para renovarse
• El Papa promete ahora entregar a los curas pederastas a la justicia
• La pesada herencia de Juan Pablo II
• Castrillón implica a Juan Pablo II en el encubrimiento de pederastas
• Rouco Varela asegura que los obispos pondrán "más cuidado" para prevenir casos de pederastia.

También echan de menos peticiones de perdón a las víctimas y que se castigue a los culpables, canónica y judicialmente. Incluso se alzan voces reclamando que quienes en el Vaticano promovieron las órdenes ahora censuradas asuman sus responsabilidades. Es el caso de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, cuya junta directiva ha hecho público hoy un manifiesto pidiendo la dimisión del Papa.

El comunicado de los teólogos empieza expresando su apoyo a la Carta abierta a los obispos católicos de todo el mundo de su colega el profesor Hans Küng, en la que el famoso teólogo suizo considera el actual pontificado una de las ocasiones perdidas en ámbitos eclesiales como el diálogo ecuménico e interreligioso; la reforma de la Iglesia; el ejercicio de la colegialidad; la incorrecta gestión de los abusos sexuales cometidos por obispos, sacerdotes y religiosos católicos en colegios, seminarios o parroquias; el mantenimiento del celibato o la prohibición del acceso de las mujeres al ministerio ordenado. Hans Küng (Sursee, 1928) fue con apenas 30 años perito y asesor del Concilio Vaticano II y coincidió allí con el actual Papa, que ejercía la misma función para el episcopado alemán.

La Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, promovida hace tres décadas por Casiano Floristán, Enrique Miret Magdalena o José María Díez-Alegría, agrupa a medio centenar de conocidos pensadores cristianos, algunos en conflicto con las autoridades doctrinales de la Iglesia romana. Ahora, forman su junta directiva Federico Pastor (presidente); Juan José Tamayo (secretario general); Alfredo Tamayo Ayestarán (vicepresidente); José María Castillo y Máximo García (vocales).

Estas son algunas de sus propuestas, ofrecidas, dicen, "con espíritu constructivo y encaminadas a la transformación evangélica de la Iglesia católica":

Activar el Vaticano II. "Consideramos necesario activar y desarrollar el programa de reforma del concilio Vaticano II, que no se ha puesto debidamente en práctica y que durante el actual pontificado no sólo se ha paralizado, sino que ha ido en dirección contraria, bien sea volviendo a etapas anteriores al mismo, bien interpretándolo de forma conservadora".

Monarquía absoluta. "Creemos que la actual organización de la Iglesia católica es obsoleta y responde más a una monarquía absoluta que al movimiento de Jesús, comunidad de iguales. Nos parece urgente iniciar un proceso de democratización de la Iglesia, con la participación activa de todos los creyentes católicos en la elección de los cargos de responsabilidad dentro de la misma Iglesia. Es importante recordar que, desde los orígenes del cristianismo y durante varios siglos, la Iglesia estuvo organizada y gobernada con la participación del pueblo".

Con los pobres. "Los cristianos y las cristianas, así como todos los dirigentes de la Iglesia, deben ubicarse en el mundo de la marginación y de la exclusión social y optar decididamente por los pobres, actitud que lleva consigo la lucha por la justicia como criterio evangélico por excelencia".

Libertad teológica. "Consideramos de imperiosa necesidad la defensa y el fomento de la libertad de expresión, de investigación y de publicación de los teólogos y la eliminación de la censura eclesiástica, que coarta la libertad de los profesionales de la teología y limita la creatividad".

Derecho de reunión. "Reclamamos que se reconozca la libertad y el derecho de reunión de las comunidades y grupos cristianos, cualquiera que sea su orientación ideológica, y a todos por igual, sin privilegios para algunos, los más afines a la jerarquía, en detrimento de la exclusión de otros".

Pluralismo político. "Pedimos que no se identifique el cristianismo con los programas políticos y las organizaciones religiosas conservadoras, como con frecuencia sucede por parte de la jerarquía, y que se respete el pluralismo político y religioso en la sociedad y en la Iglesia".

Contra las sanciones. "Exigimos que se levanten las sanciones impuestas a los teólogos y teólogas, obispos y sacerdotes motivadas por el ejercicio de la libertad de expresión y por su compromiso con los pobres".

Petición de perdón. "Como demostración del cambio de actitud de la Iglesia católica, consideramos necesaria la petición pública de perdón del Papa por el encubrimiento y complicidad del Vaticano, así como de no pocos episcopados, en los casos de abusos sexuales en los que están implicados obispos, sacerdotes y religiosos".

Contra el silencio. "Pedimos que se derogen de manera inmediata cuantos decretos del Papa y de la curia romana han impuesto silencio durante décadas en los casos de abusos sexuales a menores y han impedido poner dichos casos en manos de la justicia".

Pontificado agotado. "Nos parece que el pontificado de Benedicto XVI está agotado y que el Papa no tiene la edad ni la mentalidad para responder adecuadamente a los graves y urgentes problemas que hoy tiene que afrontar la Iglesia católica. Pedimos por ello, con el debido respeto a la persona del Papa, que presente la dimisión de su cargo".

Mujeres sacerdotes. "Creemos necesario que se facilite el acceso de las mujeres al sacerdocio ordenado en sus diferentes grados, como sucede en la mayoría de las iglesias cristianas, para terminar por fin con siglos de injusta e injustificada discriminación de las mujeres en la Iglesia católica".

Supresión del celibato. "Nos parece igualmente necesaria la supresión del celibato obligatorio para los sacerdotes, medida disciplinar represiva de la sexualidad, que carece de todo fundamento bíblico, teológico e histórico y que no responde a exigencia pastoral alguna".

Por último, los teólogos recuerdan a la jerarquía del catolicismo "que el criterio determinante de conducta, en la Iglesia de Jesucristo, no es la obediencia incondicional al Papa, sino la fidelidad al Evangelio". "En nombre de dicha fidelidad y en actitud de diálogo -señalan-, presentamos estas propuestas".

JUAN G. BEDOYA - Madrid - 21/04/2010
EL PAÍS