jueves, 29 de mayo de 2014
sábado, 7 de diciembre de 2013
lunes, 25 de noviembre de 2013
Un Babel de idiomas, pero cada vez menos
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viernes, 19 de abril de 2013
lunes, 25 de marzo de 2013
miércoles, 21 de noviembre de 2012
Escritores ‘on the rocks’, mezclados, no agitados y con un toque de lima
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martes, 16 de octubre de 2012
Premio "Planeta"
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sábado, 4 de febrero de 2012
Invención de la palabra Dinosaurio
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martes, 27 de septiembre de 2011
domingo, 11 de septiembre de 2011
Biblioteca Digital Mundial
Hola ahí va una buena noticia:
| LA NOTICIA DEL LANZAMIENTO EN INTERNET DE LA WDL , LA BIBLIOTECA DIGITAL
|
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domingo, 28 de agosto de 2011
martes, 2 de agosto de 2011
viernes, 22 de octubre de 2010
sábado, 1 de mayo de 2010
sábado, 27 de marzo de 2010
El nombre de Miguel Hernández, oficialmente limpio
El Gobierno reconoce la injusticia de la condena del franquismo al poeta.- La familia pide que anule la sentencia de muerte.Escucha aquí 'Hijo de la luz y de la sombra', el nuevo álbum de Serrat sobre Miguel Hernández.
Al inicio del año del centenario del nacimiento del poeta Miguel Hernández el Gobierno declara oficialmente la reparación y su reconocimiento personal. Y lo hizo este viernes en la Universidad de Alicante. Ha sido un acto "breve y transcendente", en palabras del poeta Marcos Ana, que compartió cárcel con el poeta, en el que han querido estar presentes la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega y los ministros de Justicia y la de Cultura.
Pero es sólo el primer paso. Lucía Izquierdo, nuera del poeta y heredera legal, aprovechando la presencia del ministro, Francisco Caamaño, ha recordado que pretenden conseguir "que se anule la injusta condena a muerte que está vigente, y pesa como una losa". Y confía en que esta nulidad, que debe validar el Tribunal Supremo, se produzca antes de que concluya el año del centenario.
Acto seguido, De la Vega entregó la Declaración de Reparación y Reconocimiento Personal a los familiares del poeta Miguel Hernández, en virtud de la Ley de Memoria Histórica. La nuera y la nieta del poeta, María José Hernández, se emocionaron por la ovación y el reconocimiento que llega justo dos días antes del aniversario de su fallecimiento en prisión, el 28 de marzo de 1942.
La declaración del Gobierno destaca que Miguel Hernández, poeta de la generación de 1936, fue un "defensor de la libertad y de los valores democráticos en momentos dolorosos de nuestra historia". En este contexto, el poeta padeció persecución y privación de libertad por razones políticas e ideológicas. Así, tal y como recoge el documento, "ingresó injustamente en prisión el 4 de mayo de 1939 y fue condenado a muerte en virtud de una sentencia dictada, sin las debidas garantías por el ilegítimo Consejo de Guerra". Esta pena fue finalmente conmutada por la de reclusión mayor. No obstante, el literato falleció por la precaria salud derivada de las infrahumanas condiciones de la celda en que se encontraba recluido.
"Un genio artístico"
En su intervención, la vicepresidenta primera puso en valor la figura de Miguel Hernández a quien se refirió como "un genio artístico que supo levantarse contra generaciones de prejuicios, que siempre entendió que la propia libertad se construye desde el compromiso y que amó como pocos a su tierra y a los que habitan en ella".
Por este motivo señaló la necesidad de reconocer y rehabilitar su memoria, a través de la Ley por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura.
Según la vicepresidenta, aunque "hay quienes dicen, muy fríamente, que no es algo necesario", esta norma "se hacía más necesaria, era más urgente, porque demasiada gente, durante demasiado tiempo ha visto relegada, cuando no olvidada, su memoria".
En la ceremonia, han acudido además de los dos ministros, el Presidente Ejecutivo de la Comisión Nacional del Centenario de Miguel Hernández, José Carlos Rovira y el rector de la universidad de Alicante, Ignacio Jiménez Raneda y los alcaldes de Elche y la alcaldesa de Orihuela, además de una nutrida representación de la Comisión para la recuperación de la Memoria Histórica de Alicante.
EZEQUIEL MOLTÓ - Alicante - 26/03/2010
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jueves, 25 de marzo de 2010
La "gran amante" de Alfonso XIII gana el Azorín
La escritora Begoña Aranguren obtiene el galardón, dotado con 68.000 euros, con una novela histórica.Amor, historia y sexo son algunos de los ingredientes que la escritora y periodista, Begoña Aranguren (Bilbao, 1949), combina en su próxima novela El amor del Rey, que esta noche ha obtenido el premio Azorín de novela, que concede la Diputación de Alicante y la editorial Planeta, y que está dotado con 68.000 euros. En una edición más la novela histórica se impuso al resto de género.
El jurado quedó cautivado por la reconstrucción de la verdadera historia de la "gran amante" que tuvo Alfonso XIII. La protagonista es Soledad, una aristócrata que era infeliz con su matrimonio y que acabó convirtiéndose en amante del rey, con quien vivirá "una gran historia de amor".
La ganadora ha reivindicado la palabra "amante" y ha descrito su novela como "una historia de amor real e inédita". Visiblemente emocionada, ha recibido el premio de un libro en el que reivindica los sentimientos y en el que pretende "dar un golpe a la clase aristócrata de la época".
La novela se presentó con el título de Madame Lamy y con el seudónimo de Esther Williams. La autora de esta historia es la periodista, sobrina del filósofo José Luis López Aranguren y ex mujer del aristócrata, José Luis Villalonga. Anoche se convirtió en el centro de todas las miradas una vez se hizo público el fallo del jurado integrado por los escritores Juan Eslava, Nativel Preciado, Fernando Sánchez Dragó, Luis Belda y Juan Ramón Torregrosa. A la presente edición del premio Azorín se presentaron un total de 132 novelas inéditas, procedentes de Europa y América.
Aranguren empezó como articulista en la prensa, y a partir de 1985 realizó una serie de entrevistas a personalidades de la política, cultura y del arte. Luego saltó a la gran pantalla, primero en Euskal Telebista y luego con Canal + dirigiendo el programa Epílogo. Su primera obra literaria se publicó en el año 2000 bajo el título de "El fuego que no quema", que son unas conversaciones con José Luis Villalonga. Luego publicó otros libros en la editorial Planeta entre los que figuran Lucía Bosé. Diva, divina, Memorias de Emanuela de Dampierre y el más reciente La buena educación.
La escritora ya acudió el año pasado a la ceremonia de entrega del premio Azorín. A la velada literaria, en un hotel de Alicante, acudieron hoy unos 300 invitados del mundo de la política y la cultura, entre los que destacaron los escritores Matilde Asensi, Emilio Calderón, Eugenia Rico o Carlos Pujol, entre otros.
El premio Azorín en ediciones anteriores lo ganaron, entre otros, Torrente Ballester, Luis Antonio de Villena, Luis Racionero, Jesús Ferrero, Daína Chaviano, José Luis Ferris, Dulce Chacón, Luisa Castro, Eugenia Rico, Javier García Sánchez, Manuel Mira, Ángela Becerra, Jover Pérez, Joan Juraste, Montero Glez. y Lola Beccaria.
EZEQUIEL MOLTÓ Alicante 25/03/2010
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sábado, 13 de marzo de 2010
Se fue el alma literaria de Castilla
"Los amigos me dicen con la mejor voluntad: que conserve usted la cabeza muchos años. ¿Qué cabeza? ¿La mía, la del viejo Eloy, la del señor Cayo, la de Pacífico Pérez, la de Menchu Sotillo? ¿Qué cabeza es la que debo conservar? Antes que a conservar la cabeza muchos años, a lo que debo aspirar ahora es a conservar la cabeza suficiente para darme cuenta de que estoy perdiendo la cabeza. Y en ese mismo instante frenar, detenerme al borde del abismo y no escribir una letra más". Lúcido de principio a fin, Miguel Delibes usó estas palabras al recibir, "con un punto de melancolía", el Premio Cervantes de 1993. Ayer murió a los 89 años en Valladolid, el lugar en el que había nacido en 1920. Habría cumplido 90 el próximo 17 de octubre.
• Discreción y austeridad
• Un escritor del pueblo
• Miguel Delibes, "un cazador que escribe"
• Nuestra deuda con el gran narrador
• El portavoz de las raíces
• Historia de un neologismo
• Un hombre de verdad
• La milana de Azarías
• Cinco horas con Mario y con Miguel
• Querido amigo
• Mi abuelo Miguel
• Adiós a la literatura
• Valladolid da hoy su último adiós a Miguel Delibes
"No he sido tanto yo como los personajes que representé"
Sin salir de su ciudad, recibió todos los premios... excepto el Nobel
Esa ciudad, a la que dedicó su última novela, El hereje, se convirtió desde primera hora en el centro de la desolación de la sociedad española ante la muerte de uno de sus escritores más populares. Porque Delibes, cosa rara, consiguió a la vez el favor de los críticos y el fervor de los lectores. Era además un novelista de los de antes. Se dio a conocer en 1948 con un premio, el Nadal, cuando era un perfecto desconocido y, en un tiempo de trasvase editorial de autores a golpe de cheque, siguió fiel hasta el final a su primer sello, Destino.
Con 20 novelas, una decena de libros de caza y varios de viajes, artículos y cuentos, consiguió sin pretenderlo que se hablara de la Castilla de Delibes como se habla de la Praga de Kafka, del Dublín de Joyce o de la Lisboa de Fernando Pessoa. Y si fue un tipo de escritor en vías de extinción, fue también el gran cronista de un mundo que se acaba, el campo, un territorio siempre a punto de extinguirse que él convirtió en mítico sin moverse un milímetro de la más cruda realidad y sin recurrir a la épica nacional de algunos escritores del 98. El dolor de las novelas de Delibes no es el de España, sino el de los españoles.
De esa extinción y de ese desgarro tratan obras como El disputado voto del señor Cayo (1978) o Los santos inocentes (1981). De eso trató también su discurso de ingreso en la Real Academia Española en 1975, un aviso sobre el peligro que corría la naturaleza que cuatro años más tarde tornó su primer título -El sentido del progreso en mi obra- por otro inequívoco: Un mundo que agoniza. Con el paso de los años tradujo también su célebre frase "No soy un escritor que caza, sino un cazador que escribe" por "Soy un ecologista que escribe y caza".
En el medio siglo que va de La sombra del ciprés es alargada (1948) a El hereje (1998), protagonizadas por dos huérfanos, Miguel Delibes construyó una literatura basada en la sencillez y la ausencia de artificio, en la precisión y el uso depurado de un lenguaje cristalino que siempre supo ahorrar al lector los sudores que él había vertido para alcanzar esa difícil transparencia. Pero fue más allá. Cuando obras como El camino (1950) o Las ratas (1960) le habían asegurado un territorio personal y un cómodo número de lectores, se la jugó. En 1966 Cinco horas con Mario abrió una etapa en la que Delibes demostró que también sabía picar piedra en la mina de la experimentación sin caer en el formalismo fácil.
"Yo no he sido tanto yo como los personajes que representé en este carnaval literario. Ellos son, pues, en buena parte, mi biografía", dijo también en Alcalá aquel día del Cervantes. De hecho, a Miguel Delibes se le deben algunos de los caracteres menos perecederos de la literatura española del siglo XX.
Pero el creador del señor Cayo, la Menchu Sotillo viuda de Mario o el inolvidable Azarías pegado a la milana tuvo su propia biografía. Miembro de una familia de ocho hermanos, su padre era profesor de la Escuela de Comercio de Valladolid y él siempre dijo haber descubierto el gusto por la palabra justa en un manual de Derecho Mercantil.
Cabeza también de una familia numerosa, el escritor enseñó en esa misma escuela, pero su gran oficio fue el de periodista. Empezó como caricaturista en El Norte de Castilla y terminó dirigiendo el periódico entre 1958 y 1963. Ese año chocó con Manuel Fraga, ministro de Información y Turismo del Gobierno de Franco, y se volcó en sus libros. De la leyenda forma parte la escena del propio narrador recibiendo el 6 de enero en la redacción del diario vallisoletano el teletipo que anunciaba su nombre como ganador de la cuarta edición del Premio Nadal.
Sin salir de su ciudad más que para alcanzar los escenarios de sus libros de viajes (Chile, Praga), Delibes obtuvo todos los premios grandes de la literatura en español, del Príncipe de Asturias (1982) al Cervantes (1993), que recibió rodeado de una cuerda de nietos. Fue también candidato al Nobel, pero rechazó la invitación de José Manuel Lara para ganar el Premio Planeta.
Aunque los estudiantes españoles llevaban años leyendo sus libros en la escuela, su popularidad se multiplicó en 1984 con la adaptación cinematográfica que Mario Camus hizo de su novela favorita, Los santos inocentes, una historia publicada dos años antes sobre la perra vida de los humillados y ofendidos obreros de una finca extremeña.
Hace una década, tras superar un cáncer, el escritor más andariego de la meseta se encerró en casa a leer los periódicos y ver ciclismo y tenis por televisión. Ni siquiera acudía ya a la Academia a defender la permanencia en el diccionario de algún nombre de pájaro. Desde ayer, la grajilla, el cuco y el cárabo tienen un defensor menos.
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid - 13/03/2010
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viernes, 12 de marzo de 2010
"El verdadero dueño de la lengua"
La última vez que Miguel Delibes habló en público fue en la Academia de la Lengua, a la que perteneció y que no piso durante décadas porque Madrid era un ruido que le horrorizaba. Habló en diferido, en un vídeo que fue grabado para celebrar la salida de la nueva Gramática de la Lengua Española. Entonces, el viejo escritor castellano, uno de los grandes del siglo XX, celebró la salida de aquel volumen y se congratuló de participar de una institución capaz de recoger el habla del pueblo. Dijo: "La lengua nace del pueblo; que vuelva a él, que se funda con él porque el pueblo es el verdadero dueño de la lengua".Era el 10 de diciembre de 2009. Desde hacía meses, e incluso años, este Delibes que acaba de morir con 89 años (en octubre hubiera cumplido 90) estaba rabioso con la vida; la disfrutó como periodista, como cazador, como novelista, como espectador y como participante, y la sufrió como hombre enamorado que demasiado pronto perdió a su compañera, Ángeles, con la que compartió matrimonio e hijos y a la que despidió con las lágrimas privadas que alguna vez fueron, después, literatura.
Su libro Señora de rojo sobre fondo gris es una soberbia obra de arte en la que el Delibes más íntimo dejó memoria de su afecto herido por la enfermedad y la muerte. Un día, muchos años después de inaugurada esa soledad que mitigó el amor sin frontera de su amplia familia, Delibes me repitió sobre Ángeles, en diciembre de 2007, algo que años antes le había dicho su amigo Julián Marías: "Con su sola presencia aligeraba la pesadumbre de vivir". Como escribió el hijo de Marías, Javier, Ángeles era "una mujer sonriente, atractiva, pausada, con un aspecto juvenil". Ese retrato vivió siempre con Delibes; y él sobrellevó esa pérdida porque alrededor tuvo un apoyo familiar que su bondad contribuyó a convertir en una celebración continua del amor a la vida.
Pero a él le rondó siempre esa melancolía, ese sentimiento de pérdida que se lee en Señora de rojo sobre fondo gris. Él mismo, muchos años después, sufrió esa dentellada de la enfermedad, y siguió viviendo, pero descontando los días como si ya estuviera señalado para dejar todo esto. Era muy dramático escucharle, en los últimos tres años. En esa entrevista de diciembre de 2007 me dijo en su casa de Valladolid: "Ya nunca me verás mejor que ahora". Pero había superado un cáncer, y cuando todos creían que bastante tenía con habitar en este mundo, y ver crecer a los nietos, sacó del cajón uno de sus libros más grandes y más grandiosos, El hereje, que la gente saludó en España como la magistral contribución de Delibes a la enseñanza de lo que es de veras un novelista, tal como él lo concebía: un tipo serio que no se anda con florituras, que sabe adónde deben dirigirse las historias y conoce muy bien el lenguaje con el que ha de abordarlas.
Aquella frase grabada y dicha para que la oyeran los académicos ("el pueblo es el verdadero dueño de la lengua") no era una retórica populista de un hombre de Valladolid, cuna, según todas las estadísticas, del castellano más clásico o tradicional; Delibes escribió con el ejemplo; fue un periodista buenísimo, un maestro de gente como Manuel Leguineche o Francisco Umbral; dirigió El Norte de Castilla en pleno franquismo y lo hizo un diario liberal, opuesto a los lugares comunes más groseros de la dictadura. Siendo periodista, en El Norte de Castilla, recibió la noche de Reyes de 1948 la noticia de que era premio Nadal, por La sombra del ciprés es alargada. La fama que le proporcionó aquel galardón no le arrancó del periódico; tampoco le arrancó del Norte (ni de Valladolid) José Ortega Spottorno, presidente de EL PAÍS cuando este diario iba a nacer y el hijo de Ortega y Gasset le propuso que se incorporara como director a esta aventura. Él no iría a Madrid ni atado, y fue a la Academia, cuando lo eligieron, porque había que tomar posesión...
Valladolid, Castilla, Sedano, la familia... No era una opción castiza, ni nacionalista; Delibes no era un tipo encerrado con el único juguete de la lengua o de la caza, o de la literatura; fue periodista siempre, un buen lector de periódicos que quería saber qué sucedía en el mundo. Viajó muchísimo, y no sólo a través de los campos castellanos, que le dieron inspiración tan suculenta, sino que hizo transcurrir su vida por escenarios que le consagraron como un observador atento del acontecimiento internacional. Uno de esos viajes fue a la Primavera de Praga, cuya contemplación consolidó sus ideas sobre el valor de la democracia liberal.
Su inspiración fue el campo, la lengua del pueblo, lo que escuchaba con la misma paciencia con que liaba tabaco. Pero sus novelas no son hijas o herederas de las costumbres, exclusivamente; en él hay una sencillez barojiana, pero su observación va más hondo: conduce la historia para que se vea el alma, el paisaje es el pretexto. Detrás de Los santos inocentes hay, es cierto, campo, la soledad de los campos, la tristeza rotunda que se esconde en medio de la miseria, pero hay sobre todo metáfora de esa larga y honda soledad que padecen los hombres que no se acompañan por dentro.
Acaso la obra en la que Delibes sintetiza su capacidad para escuchar "la lengua del pueblo" mezclada con los ritmos extraños de la soledad de los hombres o las mujeres (o los niños) que retrató fue Las ratas, un fresco cuya lentitud arriscada esconde la voluntad de mostrar la pobreza como el único paisaje de la posguerra en las orillas míseras de los ríos de Castilla.
Decía su paisano Gustavo Martín Garzo, en este sentido, que la pobreza o la precariedad o el abandono caracterizan el universo de Delibes; el verdadero tema de su escritura, dice el novelista que hereda en cierto modo ese gusto de Delibes por el lenguaje como espejo de la naturaleza de la gente, "no es la desesperanza sino el desamparo, la orfandad radical de los hombres". Ese libro, Las ratas, es un monumento en ese sentido.
No era Delibes muy dado a degustar lo que ya hizo; de hecho, en sus entrevistas era más bien reacio hacia la propia contemplación de su obra; le gustaban las conversaciones lentas; la amistad y la familia eran sus gustos, y los buenos libros, el buen tabaco, el campo abierto, la caza, el recuerdo de sus excursiones en bicicleta en busca de Ángeles en los veranos de Sedano o de Molledo Portolín. Cuando ya nada de eso fue posible, y cuando notó que la presencia cruel de la enfermedad, de la debilidad y de la muerte, se cernía sobre la fragilidad de sus pulmones y de su cerebro y ya la vida no merecía ser vivida, agarró el lenguaje del pueblo, ese castellano purísimo que cultivó como nadie, y dijo: "Ya no me verás nunca mejor de como estoy ahora". En la misma conversación de hace tres años Delibes dijo, entrecerrando la puerta: "Se me acabó el tiempo" .Duró más, pero desde entonces él repetía que le daba rabia seguir viviendo así.
JUAN CRUZ - Madrid - 12/03/2010
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lunes, 30 de noviembre de 2009
José Emilio Pacheco gana el Premio Cervantes, máximo galardón de las letras hispanas
José Emilio Pacheco gana el Premio Cervantes, máximo galardón de las letras hispanas.
"Quiero dejar claro que este premio es para toda la literatura mexicana, que no sale mucho de nuestras fronteras". Así se ha expresado hoy José Emilio Pacheco tras conocer que había sido galardonado con el Premio Cervantes, máximo galardón de las letras hispanas.
• "Un poeta de la estirpe de Octavio Paz"
• La curiosidad del poeta
• El significado último de una imagen
• La razón de la edad
Relación de galardonados
1976 Jorge Guillén
1977 Alejo Carpentier
1978 Dámaso Alonso
1979 Jorge Luis Borges
Gerardo Diego
1980 Juan Carlos Onetti
1981 Octavio Paz
1982 Luis Rosales
1983 Rafael Alberti
1984 Ernesto Sábato
1985 Gonzalo Torrente Ballester
1986 Antonio Buero Vallejo
1987 Carlos Fuentes
1988 Maria Zambrano
1989 Augusto Roa Bastos
1990 Adolfo Bioy Casares
1991 Francisco Ayala
1992 Dulce María Loynaz
1993 Miguel Delibes
1994 Mario Vargas Llosa
1995 Camilo José Cela
1996 José García Nieto
1997 Guillermo Cabrera Infante
1998 José Hierro
1999 Jorge Edwards
2000 Francisco Umbral
2001 Álvaro Mutis
2002 José Jiménez Lozano
2003 Gonzalo Rojas
2004 Rafael Sánchez Ferlosio
2005 Sergio Pitol
2006 Antonio Gamoneda
2007 Juan Gelman
2008 Juan Marsé
Pacheco considera el fallo del jurado "una irrealidad" que nunca aspiró a recibir, según ha dicho a Efe en declaraciones telefónicas desde Guadalajara (México), donde asiste a la Feria
El poeta, prosista y traductor, nacido en Ciudad de México en 1939, ha resaltado la generosidad del jurado por fijarse en su obra cuando "hay tantos buenos escritores". "No me puedo quejar", ha subrayado. Ha explicado que el premio le toca "muy hondo" y le afecta "muchísimo". Sobre los múltiples homenajes recibidos en 2009, al cumplir 70 años, el poeta afirmó que fueron "una gran sorpresa, como la de esta mañana", aunque reconoció que tanta celebración le causa "mucha fatiga" y que se cansa "de una manera terrible".
Ayer mismo, en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, frente a un grupo de periodistas que se lo pasaron en grande, Pacheco sacó a pasear su fina ironía: "Temo aburrirles, contarles siempre lo mismo. Así que si se empeñan en seguir haciéndome entrevistas, no tendré más remedio que inventarme otra biografía". Una periodista mexicana le preguntó: "Maestro, después de haber recibido el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, ¿cree usted que le pueden dar el Premio Cervantes?". Su respuesta fue: "Para nada. Aunque con el Reina Sofía eso se quebró de alguna manera, yo soy el eterno finalista. Y en Norteamérica eso de ser finalista es un prestigio. Los autores lo ponen hasta en la solapa de sus libros... Fue finalista de tal o cual premio. Pero aquí en México eso no es así. Aquí es un deshonor".
Una vida dedicada a la literatura
José Emilio Pacheco nació en Ciudad de México en junio de 1939. Además de poeta y prosista se ha consagrado también como traductor, trabajando como director y editor de colecciones bibliográficas y diversas publicaciones y suplementos culturales. Ha sido también docente universitario e investigdor.
De su obra poética se destacan: Los elementos de la noche en 1963, El reposo del fuego en 1966, No me preguntes cómo pasa el tiempo en 1969, Irás y no volverás en 1973, Islas a la deriva en 1976, Desde entonces en 1980, Trabajos en el mar en 1983 y Como la lluvia.
Con motivo de la entrega del Premio Reina Sofía de Poesía este mismo año, dijo que se consideraba "un pesimista, al tiempo que vitalista", preocupado por la condición humana, que luego vuelca en su poesía, sus narraciones y sus ensayos. "Escribo sobre lo que veo -argumentó- y lo que veo no es para sentirse optimista. Ahora hay un nuevo matiz que no existía antes, una crueldad nueva", aseguró. Al respecto se refirió a la violencia que se vive en México, que se ha recrudecido en los últimos años en una guerra que ya no respeta normas ni a las familias de los actores de la misma."Ahora aparecen los niños quemados vivos o un hombre decapitado al que le sacan los ojos, es monstruoso. Es de una impotencia terrible, yo creo que no soy pesimista, que con los seres humanos me quedé corto", dijo al respecto.
Aparte del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2009), otros galardones que ha recibido son el Premio Nacional de Periodismo Literario (1980); Premio Nacional a la trayectoria ensayística Malcolm Lowry (1991); Premio Nacional de Lingüística y Literatura (1992); el Iberoamericano de Letras José Donoso (2001); Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo (2003).
Composición del jurado
El jurado ha estado presidido por José Antonio Pascual, representante de la Real Academia Española y formado por: Jaime Labastida, representante de la Academia Mexicana de la Lengua; Luis García Montero, propuesto por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas; María Agueda Méndez, por la Unión de Universidades de América Latina; Soledad Puértolas, por la directora del Instituto Cervantes; Almudena Grandes, por la ministra de Cultura; Pedro García Cuartango, por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España; Ana Villarreal, por la Federación Latinoamericana de Periodistas; David Gíes, por la Asociación Internacional de Hispanistas; y Juan Gelman, autor galardonado en la edición 2007. Como secretario ha ejercido Rogelio Blanco, director general del Libro, Archivos y Bibliotecas y como secretaria de actas, Mónica Fernández, subdirectora general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas.
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P. ORDAZ / AGENCIAS - Guadalajara - 30/11/2009
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domingo, 5 de julio de 2009
Decálogo para escribir microcuentos
1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.Cadena SER
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