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domingo, 4 de mayo de 2014

Sirven para algo las líneas en las palmas de las manos

Vía Muy Interesante

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Una mosca de medio metro en el sótano de Caltech

En la oscuridad de los sótanos del Instituto Tecnológico de California (Caltech) una mosca gigante mueve lentamente sus alas. La imagen, que parece salida de una pesadilla, es el escenario cotidiano en que trabaja Michael Dickinson, un investigador obsesionado con el vuelo de estos animales.

En el interior de un gran tanque de aceite, este prototipo a escala llamado “Robofly” reproduce el movimiento de las alas de los insectos reales (ver vídeo con más detalles). La simulación permite a los investigadores contemplar los vórtices que genera el movimiento y les ha ofrecido una valiosa información sobre su aerodinámica. (Seguir leyendo) En concreto, Dickinson descubrió que el particular aleteo de la mosca de la fruta (Drosophila melanogaster) genera un vórtice en forma de tornado en los extremos que le permite un ahorro de energía del 50% respecto a otras soluciones de vuelo. Este hallazgo puede servir para avanzar en diseños aerodinámicos, especialmente de pequeños robots, que necesitan movimientos precisos con pequeños consumos. Pero la pasión de Dikinson por las moscas le ha llevado a otros hallazgos igual de interesantes. Él y su ayudante Gwyneth Card publicaron hace un año un estudio en Current Biology sobre la forma en que las moscas levantan el vuelo para escapar del peligro. Las imágenes grabadas en cámara superlenta muestran cómo la mosca es capaz de anticipar la amenaza y escapar en dirección opuesta en apenas unos milisegundos.
   
El misterio, según Dickinson, es “cómo un animal con un sistema nervioso tan pequeño, apenas unos miles de neuronas, puede tener una respuesta tan sofisticada”. El día que resuelva esta incógnita puede que muchos comprendan por qué dedicar una vida a estudiar el vuelo de las moscas no es, ni mucho menos, una pequeñez.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Un subidón de Energía - limpia

Vía Muy Interesante

viernes, 16 de agosto de 2013

La verdad sobre el Omega-3

Vía Muy Interesante

sábado, 6 de julio de 2013

Diez ilusiones visuales explicadas y una sin explicación

18/01/2011 | Antonio Martínez Ron | Imagen: David G. Tesouro

El neurocientífico Luis Miguel Martínez Otero nos ayuda a desentrañar la manera en que nuestro cerebro reinterpreta la realidad y nos explica algunas de las “ilusiones visuales” más conocidas.
 “Si tuviéramos un cerebro que utilizase otra estrategia para entender el mundo, podríamos ver de forma muy diferente. Otros animales, por ejemplo, no caen en las mismas ilusiones que nosotros”. El neurocientífico Luis Miguel Martínez Otero, del Laboratorio Visual del Instituto de Neurociencias de Alicante, trabaja con ilusiones visuales para estudiar nuestra percepción. “Investigando estas ilusiones”, asegura, “comprendemos cuál es el mecanismo que el cerebro utiliza para interpretar el mundo”. 

Objetos que flotan, imágenes estáticas que parecen moverse, líneas que desaparecen. Estos pequeños trucos son capaces de confundir a nuestro cerebro y hacernos percibir la realidad de una manera distorsionada. En el laboratorio de Martínez Otero estudian cómo funcionan estos trucos, escrutan los circuitos que van desde la retina hasta la corteza cerebral y trabajan con pintores y magos para analizar  la manera en que ellos han aprendido a engañar al cerebro.

Juego de espejos

Pero, ¿realmente nos engaña el cerebro? A Martínez Otero no le gusta esta expresión tan común porque no es del todo correcta. “En realidad el cerebro acierta prácticamente siempre, es uno de los sistemas más fiables de detección de estímulos que conocemos. Lo que pasa es que recibe información que no es completa”. 

Para empezar, explica el neurocientífico, el mundo se refleja en nuestra retina en dos dimensiones, así que el cerebro ya tiene que recrear una tercera dimensión. Además, la retina proporciona información “limitada” en origen, resaltando más algunos aspectos más que otros, como el borde, el color o la forma. 

“El cerebro funciona de una manera estadística”, asegura, “no puede analizar toda la información de ahí fuera, ha aprendido a extraer lo más relevante en cada situación y, a partir de esos paquetes de información, extrapola y saca conclusiones”. En ocasiones, mientras interpreta esos datos en base a la experiencia, el cerebro “falla” y “la interpretación que hace no se corresponde con la realidad física de lo que hay ahí fuera”.

Así, por ejemplo, vemos un elemento estático que parece moverse, o dejamos de percibir el cambio cuando el conjunto de elementos se mueve. Muchos de estos procesos tienen una explicación neurológica que tienen su base en la percepción: el cilindro "mágico" parece moverse por que “el cerebro procesa los distintos colores a diferentes tiempos y lo interpreta como un movimiento relativo” y el movimiento silencia los cambios porque los receptores no tienen tiempo suficiente como para registrar las variaciones.

La explicación de algunos de estos efectos tiene un origen evolutivo, como los ojos de la chica que parecen dejar de mirarnos cuando volteamos el resto del cuerpo a modo de espejo. Nuestro sistema visual se ha especializado en reconocer caras y en identificar la dirección de la mirada estudiando la posición del blanco de los ojos. Y analiza los colores en términos relativos o da preferencia a los bordes frente a los cambios de tonalidad.

Para otros efectos, como veréis al final del vídeo que hemos elaborado con la ayuda de Martínez Otero, aún no se ha encontrado una explicación definitiva y los investigadores siguen tratando de encontrar de qué manera nos engañan los sentidos.

viernes, 31 de mayo de 2013

Salvados por el Tinte

Vía Muy Interesante

miércoles, 29 de mayo de 2013

Un minuto con John Hunter

Vía Muy Interesante

jueves, 14 de marzo de 2013

Cianobacterias y Biocombustibles

Vía Muy Interesante

martes, 5 de febrero de 2013

Microscopios sin Fronteras

Vía Muy Interesante

miércoles, 20 de junio de 2012


El gen egoísta es un magnífico libro que recomiendo leer y del cual extraigo estos párrafos para su deleite:
“En la actualidad, la teoría de la evolución está tan sujeta a dudas como la teoría de que la Tierra gira alrededor del Sol, pero las implicaciones totales de la revolución de Darwin no han sido comprendidas, todavía, en toda su amplitud. …. La filosofía y las materias conocidas como «humanidades» todavía son enseñadas como si Darwin nunca hubiese existido. No hay duda que esta situación será modificada con el tiempo. En todo caso, el presente libro no tiene el propósito de efectuar una defensa general del darwinismo. En cambio, examinará las consecuencias de la teoría de la evolución con el fin de dilucidar un determinado problema. El propósito de este autor es examinar la biología del egoísmo y del altruismo.

... Se equivocaron porque entendieron de manera errónea cómo opera la evolución. Supusieron, incorrectamente, que el factor importante en la evolución es el bien de la especie (o grupo) en lugar del bien del individuo (o gen). El planteamiento del presente libro es que nosotros, al igual que todos los demás animales, somos máquinas creadas por nuestros genes. De la misma manera que los prósperos gangsters de Chicago, nuestros genes han sobrevivido, en algunos casos durante millones de años, en un mundo altamente competitivo. Esto nos autoriza a suponer ciertas cualidades en nuestros genes.

Argumentaré que una cualidad predominante que podemos esperar que se encuentre en un gen próspero será el egoísmo despiadado. Esta cualidad egoísta del gen dará, normalmente, origen al egoísmo en el comportamiento humano. Sin embargo, como podremos apreciar, hay circunstancias especiales en las cuales los genes pueden alcanzar mejor sus objetivos egoístas fomentando una forma limitada de altruismo a nivel de los animales individuales. «Especiales» y «limitada» son palabras importantes en la última frase. Por mucho que deseemos creer de otra manera, el amor universal y el bienestar de las especies consideradas en su conjunto son conceptos que, simplemente, carecen de sentido en cuanto a la evolución. Esto me lleva al primer punto que deseo establecer sobre lo que no es este libro. No estoy defendiendo una moralidad basada en la evolución. Estoy diciendo cómo han evolucionado las cosas. No estoy planteando cómo nosotros, los seres humanos, debiéramos comportarnos. Subrayo este punto pues sé que estoy en peligro de ser mal interpretado por aquellas personas, demasiado numerosas, que no pueden distinguir una declaración que denote convencimiento de una defensa de lo que debería ser. Mi propia creencia es que una sociedad humana basada simplemente en la ley de los genes, de un egoísmo cruel universal, sería una sociedad muy desagradable en la cual vivir. Pero, desgraciadamente, no importa cuánto deploremos algo, no por ello deja de ser verdad.

... Tratemos de enseñar la generosidad y el altruismo, porque hemos nacido egoístas. Comprendamos qué se proponen nuestros genes egoístas, pues entonces tendremos al menos la oportunidad de modificar sus designios, algo a que ninguna otra especie ha aspirado jamás. Como corolario a estas observaciones sobre la enseñanza, debemos decir que es una falacia —sea dicho de paso, muy común— el suponer que los rasgos genéticamente heredados son, por definición, fijos e inmodificables. Nuestros genes pueden ordenarnos ser egoístas, pero no estamos, necesariamente, obligados a obedecerlos durante toda nuestra vida. Sería más fácil aprender a ser altruistas si estuviésemos genéticamente programados para ello. El hombre es, entre los animales, el único dominado por la cultura, por influencias aprendidas y transmitidas de una generación a otra. Algunos afirmarán que la cultura es tan importante que los genes, sean egoístas o no, son virtualmente irrelevantes para la comprensión de la naturaleza humana. Otros estarán en desacuerdo con la observación anterior. Todo depende de la posición que se asuma en el debate «naturaleza frente a educación», consideradas como determinantes de los atributos humanos. Este planteamiento me lleva a establecer el segundo punto aclaratorio de lo que no es este libro: no es una defensa de una posición u otra en la controversia naturaleza/educación. ... Si los genes, efectivamente, resultan ser totalmente irrelevantes en cuanto a la determinación del comportamiento humano moderno, si realmente somos únicos entre los animales a este respecto, es por lo menos interesante preocuparse sobre la regla en la cual, tan recientemente, hemos llegado a ser la excepción. Y si nuestra especie no es tan excepcional como a nosotros nos agradaría pensar, es todavía más importante el estudio de dicha regla.

Como tercer punto, podemos señalar que este libro tampoco es un informe descriptivo del comportamiento detallado del hombre o de cualquier otra especie animal en particular. Utilizaré detalles objetivos sólo como ejemplos ilustrativos. No diré: si observan el comportamiento del mandril descubrirán que es egoísta; por lo tanto, es probable que el comportamiento humano también lo sea. La lógica del argumento de mi «gángster de Chicago» es totalmente distinta. Se trata de lo siguiente: los seres humanos y los mandriles han evolucionado de acuerdo a una selección natural. Si se considera la forma en que ésta opera, se puede deducir que cualquier ser que haya evolucionado por selección natural será egoísta. Por lo tanto, debemos suponer que cuando nos disponemos a observar el comportamiento de los mandriles, de los seres humanos y de todas las demás criaturas vivientes, encontraremos que son egoístas. Si descubrimos que nuestra expectativa era errónea, si observamos que el comportamiento humano es verdaderamente altruista, entonces nos enfrentamos a un hecho enigmático, algo que requiere una explicación. Antes de seguir adelante, necesitamos una definición. Un ser, como el mandril, se dice que es altruista si se comporta de tal manera que contribuya a aumentar el bienestar de otro ser semejante a expensas de su propio bienestar. Un comportamiento egoísta produce exactamente el efecto contrario.

El «bienestar» se define como «oportunidades de supervivencia», aun cuando el efecto sobre las probabilidades reales de vida y muerte sea tan pequeño que parezca insignificante.

Una de las consecuencias sorprendentes de la versión moderna de la teoría darwiniana es que las pequeñas influencias, aparentemente triviales, pueden ejercer un impacto considerable en la evolución. Esto se debe a la enorme cantidad de tiempo disponible para que tales influencias se hagan sentir.

Es importante tener en cuenta que las definiciones dadas anteriormente sobre el altruismo y el egoísmo son relativas al comportamiento, no son subjetivas. No estoy tratando, en este caso, de la psicología de los motivos. No voy a discutir si la gente que se comporta de manera altruista lo está haciendo «realmente» por motivos egoístas, secretos o subconscientes. Tal vez sea así o tal vez no, y quizá nunca lo sepamos, pero en todo caso ello no concierne al tema del presente libro. A mi definición sólo le concierne si el efecto de un acto determinará que disminuyan o aumenten las perspectivas de supervivencia del presunto altruista y las posibilidades de supervivencia del presunto beneficiario.

Es un asunto muy complejo el demostrar los efectos del comportamiento en cuanto a perspectivas de supervivencia a largo plazo. En la práctica, cuando aplicamos la definición al comportamiento real, debemos modificarla empleando la palabra «aparentemente». Un acto aparentemente altruista es el que parece, superficialmente, como si tendiese (no importa cuan ligeramente) a causar la muerte al altruista, y a conferir al receptor mayores esperanzas de supervivencia. A menudo resulta, al ser analizados con más detenimiento, que los actos aparentemente altruistas son en realidad actos egoístas disfrazados. Una vez más, no quiero decir que los motivos implícitos sean secretamente egoístas, sino que los efectos reales del acto en cuanto a perspectivas de supervivencia son el reverso de lo que al principio creíamos.
La palabra «egoísta» podrá parecer una subestimación de la realidad para casos tan extremos como el canibalismo, aun cuando éstos encajan bien en nuestra definición.

…Con mayor frecuencia, el comportamiento egoísta puede simplemente consistir en negarse a compartir algún recurso apreciado como podría ser la comida, el territorio o los compañeros sexuales.

…Los actos más comunes y más sobresalientes de altruismo animal son efectuados por los padres, especialmente por las madres, en beneficio de sus hijos. Pueden incubarlos, ya sea en nidos o en sus propios cuerpos, alimentarlos a un enorme costo para sí mismos, y afrontar grandes riesgos con el fin de protegerlos de los predadores.

…No estoy tratando de hacer hincapié en algo determinado al narrar estas historias.
Los ejemplos nunca constituyen una evidencia seria para hacer una generalización útil.
Estos relatos sólo tienen la intención de servir de ilustraciones a lo que yo entiendo por comportamiento altruista y comportamiento egoísta. Este libro demostrará que tanto el egoísmo individual como el altruismo individual son explicados por la ley fundamental que yo denomino egoísmo de los genes. Pero primero debo referirme a una explicación particularmente errónea del altruismo, ya que es ampliamente conocida y con frecuencia se enseña en las escuelas.

Esta explicación está basada en la mala interpretación que ya he señalado, y dice que las criaturas evolucionan y efectúan actos «en bien de la especie» o «en beneficio del grupo». Es fácil apreciar cómo esta idea se gestó en biología. La mayor parte de la vida animal está dedicada a la reproducción y la mayoría de los actos altruistas, de autosacrificio, que se observan en la naturaleza son realizados por los padres en beneficio de sus hijos. «Perpetuación de la especie» es un eufemismo común para denominar la reproducción, y es indudablemente una consecuencia de la reproducción. Requiere tan sólo «estirar un poco» la lógica para deducir que la «función» de la reproducción es perpetuar la especie. Aceptado este principio, sólo hay que dar un pequeño paso en falso para concluir que los animales se comportarán, en general, de tal manera que favorecerán la perpetuación de las especies. El altruismo hacia miembros similares de su especie se deducirá de esa premisa.

Esta línea de pensamiento puede ser puesta en términos vagamente darwinianos. La evolución opera por selección natural y la selección natural significa la supervivencia diferencial de los «más aptos». Pero, ¿estamos hablando sobre los individuos más aptos, las razas más aptas, las especies más aptas, o de qué? En algunos casos, esto no tiene mayor importancia, pero cuando hablamos de altruismo es, obviamente, crucial. Si son las especies las que están compitiendo en lo que Darwin llamó la lucha por la existencia, el individuo parece ser considerado como un peón en el juego destinado a ser sacrificado cuando el interés primordial de la especie, considerada en su conjunto, así lo requiera.

Para plantearlo de una manera un poco menos respetable, un grupo, tal como una especie o una población dentro de una especie, cuyos miembros individuales estén preparados para sacrificarse a sí mismos por el bienestar del grupo, puede tener menos posibilidades de extinguirse que un grupo rival cuyos miembros individuales sitúan, en primer lugar, sus propios intereses egoístas. Por lo tanto, el mundo llega a poblarse, principalmente, por grupos formados por individuos resueltos a sacrificarse a sí mismos. Ésta es la teoría de la «selección de grupos», asumida como verdadera desde hace mucho tiempo por biólogos no familiarizados con los detalles de la teoría de la evolución publicada en un famoso libro de V. C. Wynne Edwards y divulgada por Robert Ardrey en The Social Contract. La alternativa ortodoxa es denominada, normalmente, «selección individual», aun cuando yo, personalmente, prefiero hablar de selección de genes.

La pronta respuesta del partidario de la «selección individual» al argumento recién planteado podría ser algo así: aun en el grupo de los altruistas habrá, casi con certeza, una minoría que disienta y que rehúse hacer cualquier sacrificio en bien de los demás, y si existe sólo un rebelde egoísta, preparado para explotar el altruismo de los otros, él, por definición, tendrá mayores posibilidades de sobrevivir y de tener hijos. Cada uno de estos hijos tenderá a heredar sus rasgos egoístas. Luego de transcurridas varias generaciones de esta selección natural, el «grupo altruista» será superado por los individuos egoístas hasta llegar a identificarse con el grupo egoísta. Aun si hacemos la concesión de admitir el caso improbable de que existan grupos puramente altruistas, sin rebeldes, es muy difícil imaginar cuáles serían los factores que pudieran impedir la migración de individuos egoístas provenientes de grupos egoístas vecinos y evitar que éstos, mediante el matrimonio entre miembros de ambos grupos, contaminasen la pureza de los grupos altruistas.

El partidario de la selección individual estará de acuerdo en admitir que los grupos se extinguen y, sea o no cierto este hecho, admitirá que los grupos pueden ser influenciados por el comportamiento de los individuos que los forman. Estará de acuerdo, también, en que si solamente los individuos de un grupo tuviesen el don de la previsión podrían apreciar que, a largo plazo, lo que más favorece sus intereses es la restricción de su codicia egoísta con el fin de impedir la destrucción de todo el grupo. ¿Cuántas veces se le habrá dicho esto en los últimos años a la clase trabajadora de Gran Bretaña? Pero la extinción del grupo es un proceso lento comparado con el rápido proceso de eliminación, producto de la competencia individual. Aun cuando el grupo se encuentra en un proceso lento pero inexorable de decadencia, los individuos egoístas prosperan a corto plazo a expensas de los altruistas. Los ciudadanos de Gran Bretaña pueden o no tener el don de la previsión, pero la evolución es ciega en lo que respecta al futuro. Quizá una de las razones de la gran atracción que ejerce la teoría de la selección de grupo sea que está en completa armonía con los ideales morales y políticos que la mayoría de nosotros compartimos. Es posible que, con cierta frecuencia, nos comportemos egoístamente como individuos, pero en nuestros momentos más idealistas, honramos y admiramos a aquellos que ponen en primer lugar el bienestar de los demás.

Sin embargo, nos quedamos algo confusos cuando tratamos de establecer los límites de lo que entendemos por el término «los demás». A menudo el altruismo dentro de un grupo va acompañado de egoísmo entre los grupos. Esto es la base del sindicalismo. A otro nivel, la nación es el beneficiario principal de nuestro sacrificio altruista, y se espera que los jóvenes mueran como individuos por una mayor gloria del país considerado en su conjunto. Más aún, son estimulados a matar a otros individuos de los cuales nada se sabe, excepto que pertenecen a una nación distinta. (Curiosamente, las llamadas en tiempos de paz para que los individuos hagan pequeños sacrificios en proporción al aumento de su nivel de vida parecen ser menos efectivas que las llamadas en tiempos de guerra, cuando se les pide a los individuos que entreguen sus vidas.)

Recientemente se ha producido una reacción en contra de los prejuicios raciales y del patriotismo y una tendencia a considerar a toda la especie humana como objeto de nuestro compañerismo. Esta ampliación humanista del objetivo de nuestro altruismo tiene un interesante corolario que, de nuevo, parece apoyar la idea del «bien de la especie» en la evolución. Los políticamente liberales, que normalmente son los voceros más convencidos de la ética de la especie, manifiestan ahora el mayor de los desprecios por aquellos que han ampliado, en mayor medida, las miras de su altruismo y han incluido a otras especies. …

El sentimiento de que los miembros de nuestra especie merecen una consideración moral especial en comparación con los miembros de otras especies, es antiguo y se encuentra profundamente arraigado. El hecho de matar a las personas, excepto en la guerra, es el crimen juzgado con mayor severidad entre los cometidos comúnmente. Lo único que está sometido a una prohibición mayor en nuestra cultura es comerse a las personas (aun si ya están muertas). Sin embargo, gozamos al comer a miembros de otras especies. A muchos de nosotros nos horrorizan las ejecuciones judiciales, aunque se trate de los más espantosos criminales de la especie humana, al mismo tiempo que aprobamos alegremente que se mate a tiros, sin juicio previo, a animales considerados como plagas y que son bastante mansos. En realidad exterminamos a miembros de otras especies inofensivas como un medio de recreación y entretenimiento. Un feto humano, sin más sentimientos humanos que una ameba, goza de una reverencia y una protección legal que excede en gran medida a la que se le concede a un chimpancé adulto. Sin embargo, el chimpancé siente y piensa y, según evidencia experimental reciente, puede ser aun capaz de aprender una forma de lenguaje humano. El feto pertenece a nuestra propia especie y se le otorgan instantáneamente privilegios y derechos especiales debido a este factor. Si la ética del «especiecismo», para utilizar el término empleado por Richard Ryder, puede ser planteada con una base tan lógica, tan acertada, como aquella referente al «racismo», no lo sé. Lo que sí sé es que no posee una base adecuada en la biología evolutiva.

La confusión en la ética humana sobre el nivel en que el altruismo es deseable — familia, nación, raza, especie, o hacia todos los seres vivientes— se refleja en una confusión paralela en biología, en lo referente al nivel en el cual se puede esperar el altruismo de acuerdo a la teoría de la evolución. Ni siquiera los partidarios de la selección de grupos se sorprenderían al descubrir a miembros de grupos rivales mostrándose animosidad unos a otros: de esta manera, al igual que los miembros de un sindicato o los soldados, están favoreciendo a su propio grupo en la lucha por los recursos limitados.

Vale la pena preguntar cómo el partidario de la selección de grupo decide cuál es el nivel importante. Si la selección se produce entre grupos dentro de una especie, y entre las especies, ¿por qué no se produciría, también, entre agrupaciones mayores? Las especies están agrupadas en géneros, los géneros en órdenes, y los órdenes en clases. Los leones y los antílopes son miembros de la clase Mamíferos, a la cual nosotros también pertenecemos. ¿No deberíamos, entonces, esperar que los leones se abstuviesen de matar a los antílopes «por el bien de los mamíferos»? Seguramente deberían, en cambio, cazar pájaros o reptiles, con el fin de impedir la extinción de la clase. Pero entonces, ¿qué pasaría con la necesidad de perpetuar todo el fílum de los vertebrados?

Está bien que yo argumente por la reductio ad absurdum y señale las dificultades que surgen ante la teoría de la selección de grupo, pero la existencia aparente del altruismo individual aún debe ser explicada. Ardrey llega hasta afirmar que la selección de grupo constituye la única explicación posible para el comportamiento destinado a llamar la atención en las gacelas de Thomson. Estos saltos vigorosos y llamativos frente al predador es análogo a las llamadas de alarma de los pájaros, en cuanto parece advertir a sus compañeros del peligro mientras, aparentemente, llaman la atención del predador hacia sí mismos. Tenemos la responsabilidad de explicar la actuación de estos ejemplares que llaman la atención sobre sí mismos, como de otros fenómenos similares, y esto es algo que voy a efectuar en capítulos posteriores.

Antes de hacerlo debo reivindicar mi creencia de que la mejor forma de considerar la evolución es basarse en la selección que ocurre en los niveles más inferiores. Al sostener esta creencia reconozco que estoy profundamente influido por el excelente libro Adaptation and Natural Selection, de G. C. Williams. La idea central que utilizaré fue conjeturada por A. Weismann al finalizar el siglo, antes de que se hablase de los genes, al plantear su doctrina de la «continuidad del germen-plasma». Defenderé la tesis de que la unidad fundamental de selección, y por tanto del egoísmo, no es la especie ni el grupo, ni siquiera, estrictamente hablando, el individuo. Es el gen, la unidad de la herencia[1]. A algunos biólogos este planteamiento les podrá parecer, al principio, una posición extrema. Espero que cuando aprecien en qué sentido lo afirmo, estén de acuerdo en que es una posición, en esencia, ortodoxa, aun cuando esté expresada de una manera insólita.

El desarrollo del argumento requiere un tiempo, y debemos empezar desde el principio, a partir del origen de la vida misma.”

[1] Desde que escribí mi manifiesto de la selección genética he pensado en la posibilidad de que exista una especie de selección superior que haya opera do de manera ocasional durante el largo curso de la evolución. Me apresuro a decir que cuando digo «nivel superior» no quiero significar nada que tenga que ver con la «selección de grupo». Me refiero a algo mucho más sutil y mucho más importante. Actualmente pienso que no sólo algunos organismos individuales están mejor dotados que otros para la supervivencia, sino que clases enteras de organismos pueden estar mejor dotadas que otras para la evolución. Por supuesto, la evolución de la que estoy hablando aquí es la misma antigua evolución arbitrada vía selección de los genes. Las mutaciones se favorecen aún gracias a su impacto en la supervivencia y en la eficacia reproductora de los individuos. Pero una nueva mutación capital en el plan embriológico básico también puede abrir nuevas compuertas de brillante evolución en los próximos millones de años. Puede haber una especie de selección de alto nivel para las embriologías que se prestan a evolución: una selección en favor de la capacidad de evolución. Este tipo de selección puede ser incluso acumulativo y. por tanto, progresivo, de un modo como no lo es la selección de grupo. Estas ideas están plasmadas en mi artículo «La evolución de la capacidad de evolución», que me inspiró ampliamente «El relojero ciego», un programa de ordenador que simula aspectos de la evolución.

Tomado del libro “El Gen egoísta, las bases biológicas de nuestra conducta” de Richard Dawkins”, Biblioteca científica Salvat, 1993 Salvat Editores, S.A., Barcelona.


sábado, 24 de marzo de 2012

Ubres casi humanas

Vía Muy Interesante

jueves, 8 de marzo de 2012

¿Es posible crear vida en un laboratorio? Vida sintética

1. INTRODUCCIÓN
“La ingeniería biológica será el campo de estudio por excelencia del siglo XXI”.
Este fue el mensaje que Craig Venter y sus colaboradores compartieron al mundo cuando crearon la primera forma de vida totalmente artificial en 2010.

¿Qué se entiende por vida sintética? Son organismos derivados en su totalidad de ADN artificial creado por sustancias químicas en un laboratorio.
¿Quién realizó por primera vez este hallazgo? La primera célula sintética fue creada por el genetista americano Craig Venter y sus colaboradores en 2010.
¿Cuál  fue el avance para la ciencia? El equipo de Venter consiguió perfeccionar una técnica para ensamblar genoma artificial en las células de levadura.
¿Qué aplicaciones tiene esta invención para la sociedad? Estos organismos sintéticos ayudarán  a producir medicamentos, cepas bacterianas que “limpien” el medio ambiente, síntesis de biofuel, entre otras muchas posibilidades.
La creación de vida sintética posibilita la habilidad de manipular el material genético a un nivel sin precedentes.

2. CREANDO VIDA EN EL LABORATORIO
El 20 de Mayo de 2010, científicos del centro de investigación “J. Craig Venter Institute”, fundado en Maryland y California (Estados Unidos), anunciaron que habían creado vida a partir de cero.

El equipo utilizó un ordenador para el diseño de las secuencias genéticas y en el laboratorio crearon las bases de ADN, las cuales fueron implantadas en los núcleos de células bacterianas que posteriormente crecieron y se replicaron independientemente.
La secuencia genética de esta nueva forma de vida, llamada “Mycoplasma laboratorium” fue creada en su totalidad en un laboratorio de química.

Los científicos fueron dirigidos por Craig Venter, el cual, en 2007, secuenció y publicó su propio código genético. Ese mismo año, su equipo de investigación realizó el primer trasplante completo de ADN entre dos células bacterianas, implantando ADN de “Mycoplasma mycoides” en el núcleo de “Mycoplasma capricolum”, convirtiendo satisfactoriamente “Mycoplasma capricolum” en una completa replicación de “Mycoplasma mycoides”. Construyeron el primer genoma sintético en 2008, pero les llevó dos años más perfeccionar las habilidades necesarias para hacer que se desarrollase dentro de una célula viva.

¿Cuándo fue utilizado por primera vez el término vida sintética?
El término biología sintética fue usado por primera vez en 1974 por el genetista polaco Waclaw Szibalsky en referencia a lo que se conoce desde entonces como ingeniería genética.

La biología sintética moderna pretende dar soluciones a problemas utilizando componentes biológicos. Muchos de los biólogos sintéticos actuales fueron ingenieros, que están aplicando sus habilidades en el diseño y resolución de problemas al campo de la biología. Para ellos, los genes son el software de la vida, subrutinas naturales que pueden ser recortados en conjunto para realizar tareas complejas.

¿Y qué finalidad tiene este juego de dioses? Las aplicaciones que se derivan son muchas, pero entre ellas, las más importantes son la creación de cepas de bacterias que eliminen células cancerosas, que digieran las sustancias tóxicas del aire con objetivo de ayudar al medio ambiente y la creación de organismos que produzcan biodiesel.

3. REFLEXIÓN
Es fascinante observar la potencialidad del ingenio humano, parecen no avistarse límites ni barreras. Lo que un día es una idea, una posibilidad, con el tiempo se materializa en un hecho, en una invención. Es inevitable cuestionarse impaciente ¿Qué será lo siguiente?

4. ANEXOS (Documental “Vida Sintética”)
A continuación os dejo el documental “Vida Sintética” de Discovery Channel para aquellos que queráis ampliar la información sobre el tema:
  

Video 1. Vida sintética (1/6)


Video 2. Vida sintética (2/6)


Video 3. Vida sintética (3/6)


Video 4. Vida sintética (4/6)


Video 5. Vida sintética (5/6)


Video 6. Vida sintética (6/6)


5. REFERENCIAS
Paul Parsons (2011). Sciencie: In 100 keys Breakthroughs. Londres, Reino Unido: Quercus.

Youtube.com (2011). Documental de Discovery Channel “Vida sintética” (Parte 1/6). Consultado el día 31 de agosto de 2011 desde: http://www.youtube.com/watch?v=2korqW0Rxu4&feature=related

Youtube.com (2011). Documental de Discovery Channel “Vida sintética” (Parte 2/6). Consultado el día 31 de agosto de 2011 desde: http://www.youtube.com/watch?v=zHCj02uK9Ms&feature=related

Youtube.com (2011). Documental de Discovery Channel “Vida sintética” (Parte 3/6). Consultado el día 31 de agosto de 2011 desde: http://www.youtube.com/watch?v=U3pzOLH59W4&feature=related

Youtube.com (2011). Documental de Discovery Channel “Vida sintética” (Parte 4/6). Consultado el día 31 de agosto de 2011 desde: http://www.youtube.com/watch?v=mTdtkGquF_I&feature=related

Youtube.com (2011). Documental de Discovery Channel “Vida sintética” (Parte 5/6). Consultado el día 31 de agosto de 2011 desde: http://www.youtube.com/watch?v=KporD76KC7E&feature=related


Youtube.com (2011). Documental de Discovery Channel “Vida sintética” (Parte 6/6). Consultado el día 31 de agosto de 2011 desde: http://www.youtube.com/watch?v=ZPshJqPM4vo&feature=related

lunes, 29 de agosto de 2011

Niños pobres, pobres adultos

Vía Muy Interesante

lunes, 14 de febrero de 2011

Leyendas disfrazadas de Ciencia

Vía Muy Interesante

domingo, 6 de febrero de 2011

martes, 1 de febrero de 2011

Igualitaristas contra especistas

Vía Muy Interesante

sábado, 25 de diciembre de 2010

Prueba del ADN

Vía Muy Interesante

lunes, 19 de julio de 2010

You Can't Trust Science

domingo, 18 de julio de 2010

sábado, 15 de mayo de 2010

Tabla periódica de las redes sociales

By Rick