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jueves, 23 de enero de 2014

sábado, 26 de octubre de 2013

viernes, 25 de octubre de 2013

miércoles, 15 de agosto de 2012

Los 50 Títulos de Nadal

EL PAÍS

martes, 3 de julio de 2012

Los 50 títulos de Nadal

domingo, 22 de abril de 2012

Nadal apabulla a Djokovic en Montecarlo

- Tras siete derrotas consecutivas, el mallorquín tumba 6-3 y 6-1 en la final al número uno.
- El español suma el récord de 20 Masters 1000

Nadal con el trofeo de campeón.

Bajo el sol de Montecarlo y sobre la roja tierra, un viaje en el tiempo: Rafael Nadal, el titán de la arcilla, arrolla 6-3 y 6-1 al serbio Novak Djokovic, que no compite como el número uno, que juega como si no le hubiera ganado las siete últimas finales a su contrario, que parece impresionado por la leyenda del español, desde hoy ganador ocho veces seguidas en el Principado. Nole, el campeón inmisericorde, ese que había ganado todos sus duelos con el mallorquín desde 2010, llegó a encajar un 6-0. Nadal le castigó encerrándole sobre el revés para luego atacar sobre su derecha; mezcló estupendamente bolas altas y planas hasta confundir al serbio; y apretó el acelerador con saña, sin permitir nunca que su contrario soñara con la remontada: con 6-3 y 4-0, Nole le rompió el servicio. El mallorquín le devolvió la rotura inmediatamente y en blanco (6-3 y 5-1). El sello de los campeones.
El español se apunta su octavo título consecutivo en la arena monegasca.
Nadal, que sumó su primer título desde Roland Garros 2011 y firmó el récord de trofeos de categoría Masters 1000 (20), encontró un aliado sorprendente. En la primera manga, ganó el 88% de los puntos con el primer saque y solo cedió cuatro en sus juegos. En todo el encuentro se disparó hasta el 85% y la cifra de diez puntos cedidos. Todos sus saques tuvieron sentido. Alertado de que Djokovic es el mejor restador del mundo, abandonó su patrón tradicional, la búsqueda del porcentaje y la colocación, para apostar por la agresividad. Alternativamente, buscó las líneas y el cuerpo de su contrario. Nole sufrió esa circunstancia entre aspavientos, porque supuso un cambio radical de escenario.

Durante 2011 y 2012, el número uno vivió sus duelos con el número dos sabiendo que tenía campo abierto para atacar el saque del mallorquín, mientras que este pasaba las de Caín para olfatear alguna posibilidad. Así, durante la final del Abierto de Australia 2012, la más larga de la historia, 5h 53m para buscarse oportunidades, Nole se procuró 20 bolas de break y Nadal solo seis. En Montecarlo ocurrió lo contrario: una bola de break para el número uno, que solo ganó el 40% de puntos con su primer saque, por ocho a favor del número dos. El serbio solo vivió con tranquilidad el juego inaugural. A partir de ese momento, o perdió el saque, o levantó una bola de break o sintió que aquello iba por un mal camino. Fue un sufrimiento constante. Una exigencia continua. Una presión agobiante que fue fundiendo minuto a minuto la fe del serbio.

El marcador fue fiel reflejo de la pesadumbre del mejor jugador del mundo, que solo se apuntó cuatro juegos. No hubo descanso, fonda ni respiro para Nole. Desde el 1-1, Nadal ganó 12 de 16 puntos para hacer break, consolidarlo y adelantarse 1-3 y 0-15. Djokovic respetó demasiado a Nadal y su leyenda en Montecarlo. Le faltó paciencia, tranquilidad y ánimo para el sufrimiento. Quiso jugar demasiado rápido en lugar de madurar los puntos y plantear una batalla de resistencia que necesariamente debía favorecerle, puesto que habría reverdecido las dudas de un rival al que habían tumbado en los siete últimos partidos, todos finales.

Ese fue el gran mérito de Nadal. Tras quince días sin entrenarse por una tendinitis en la rodilla izquierda, el mallorquín fue capaz de defender el título ante su némesis. La lenta pista de tierra de Montecarlo, a nivel del mar, le permite taparse el revés con la derecha o tener más tiempo para golpearlo. El sol que calentó la final, además, impulsó sus efectos a la altura soñada. Hay un dato más importante aún en la victoria. Ante un pulso de leyenda que previsiblemente tendrá muchos más capítulos, este es un triunfo que vale para hoy y para mañana. Para el presente y para el futuro. Tras siete derrotas consecutivas, Nadal vuelve a tener razones para seguir creyendo.

lunes, 6 de junio de 2011

Del mito de Borg al mito de Nadal

El maravilloso partido de Federer hace aún más valioso el triunfo del español, que se mantiene como número uno, en Roland Garros
El mallorquín iguala los seis títulos del sueco y suma 10 grandes

Entre las tinieblas de la tormenta y los aullidos de la grada ("¡Ro-ger! ¡Ro-ger!"), cuatro pelotas deciden el destino de Rafael Nadal (7-5, 7-6, 5-7 y 6-1) ante el suizo Federer y la conquista de su décimo título grande, que es su sexto Roland Garros, igualando el récord del sueco Björn Borg, el mítico hombre de hielo.
· "Doy gracias a la vida, soy superafortunado"
·
El maestro de todos
·
Fácil de decir, difícil de hacer
·
Dos 'números uno'
·
Territorio Nadal
La final coronó al balear y el torneo, al suizo, que solo se inclinó ante el número uno
El español, que con la victoria mantiene el número uno mundial, compite en la cuarta manga rodeado de malas señales. Federer llega lanzado tras imponerse en la tercera con un tenis vertiginoso, lleno de precisión y furia. Inmediatamente, el suizo se procura un 0-40 sobre su primer juego al saque (0-0). Para el número tres es ahora o nunca. La grada chilla. Su palco grita. Nadal gestiona cada una de esas pelotas sin agobios. El huracán acaba en silbido. El mallorquín mantiene el saque y empieza a buscarse el futuro con un vendaval de derechas altas sobre el revés de su rival. Al poco, la misma situación se produce a la inversa. Es 1-2 y 0-40 para Nadal sobre el saque de Federer, que ya ha vivido de todo en el partido: una salida fulgurante y frenada, un parón de 10 minutos por la lluvia en la segunda manga del que vuelve para recuperar la ventaja perdida (de 4-5 a 5-5), un desempate terriblemente mal jugado en el segundo set y ahora, en el momento decisivo del cuarto parcial, tres bolas de rotura en contra. A la primera, tiembla y cede. Ya no volverá al encuentro.

Mucho antes, sin embargo, hubo otro partido. A su llegada a la pista central, está el público en pie para recibir a los tenistas. El ceremonial tiene más que ver con los protagonistas que con el título en juego. Federer aparece como el animal que huye del fuego, sin mirar a los lados, sin preguntar nada, por el camino más rápido y directo. Suyos son seis de los primeros ocho puntos. Suyo es el primer break. Suyo un servicio impecable (81% de primeros saques), que le va dando puntos gratis sin que Nadal pueda hacer nada. Es un sueño hecho tenista. No hay nada que ese jugador se proponga y no realice. El número uno no forma parte del partido. Es Federer contra Federer. Son Federer y sus circunstancias. Nadal quiere un combate cuerpo a cuerpo y la salida del suizo produce un baile trepidante. Corre más rápido el marcador que el segundero. Federer disfruta. Nadal reniega. El tanteo lo dice todo: 5-2 y bola de set al resto para el helvético.

El número tres decide definir ese punto con una dejada que siga sangrando cuando el set ya sea suyo, con un tiro que marque a Nadal a fuego. Parece perfecta, el verso suelto de un gran poeta, hasta que llega el juez árbitro, que la sentencia como mala por lo que mide un mosquito. Media hora después, Federer ha encajado un 0-7, ha perdido esa manga 7-5 y va un break abajo (2-0) en la segunda. Nadal, ya se sabe, es de puro granito. Un competidor genial y único.

Federer, claro, no entiende nada. Las estadísticas explican mucho. Según avanza el encuentro, baja su porcentaje de acierto con el saque (68%), lo que le resta capacidad de decisión y de dominio (solo ganó el 39% de los puntos con el segundo). Con más peloteos, empieza a cocerse al fuego de Nadal. Ya no es ese tenista ligero, sino uno más reconocible, fallón con el revés y embrujado por las recuperaciones de su adversario. El español juega sin pensar en el marcador, insensible a las ventajas perdidas en la segunda manga y la tercera, artista que mezcla talento y sufrimiento. Federer es otra cosa. Unas veces es el mito campeón de 16 grandes. Otras, el hombre que ha perdido contra Nadal tantas finales. En los momentos decisivos, la persona se impone a la leyenda. Nadie mejor que el mallorquín cuando todo se decide desde la mente y las emociones.

La final corona a Nadal. El torneo, a Federer.

El español deja París con un grande más tras superar su mala primera semana y sin enfrentarse al fantasma de Novak Djokovic, que le ha ganado cuatro finales en 2011. Ese fue el mérito de Federer, verdugo del serbio en las semifinales: demostrar que sigue vivo para los grandes escenarios y que su rivalidad con Nadal todavía no está lista para ser historia. Ocurrió en Roland Garros: el suizo solo se inclinó ante un campeón extraordinario.
Más información:
·         Personaje: Bjorn Borg
·         Personaje: Rafael Nadal
·         Personaje: Roger Federer
·         REPORTAJE: "Doy gracias a la vida, soy superafortunado"
·         REPORTAJE: El maestro de todos
·         COLUMNISTA: Fácil de decir, difícil de hacer
·         REPORTAJE: Dos 'números uno'
·         COLUMNISTA: Territorio Nadal

JUAN JOSÉ MATEO - París - 06/06/2011
EL PAÍS

lunes, 3 de enero de 2011

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Djokovic se puso a jugar contra McEnroe tras ganar a Stepanek

Novak Djokovic, uno de los mayores 'showmen' que hay en el mundo del deportes, la montó justo después de ganar a Radek Stepanek en los octavos de final del US Open.
Tras certificar su pase a cuartos el tenista serbio retó a John McEnroe a jugar unos puntos, y el mítico 'Big Mac' aceptó el reto ni corto ni perezoso.
Vestigo de calle McEnroe peloteó de lo lindo con Djokovic ante la incredulidad del público de Nueva York.

martes, 14 de septiembre de 2010

Nadal gana el US Open - Nadal completa el Grand Slam

Nadal supera a Djokovic y un parón por la lluvia para ganar su
noveno grande y ser el más joven en completar el Grand Slam

Los truenos que suenan en la distancia no tienen nada que ver con los cazas del ejército estadounidense, que antes surcaron los cielos; no son, tampoco, reverberaciones, brutal el sonido, que correspondan al feroz golpeo de Rafael Nadal, que está ganando a Novak Djokovic la final del Abierto de Estados Unidos (6-4, 5-7, 6-4 y 6-2); y, ni mucho menos, forman parte de la fanfarria con la que se recibe a un grupo de marines portando la bandera estadounidense antes del encuentro. No, los truenos anuncian tormenta y avanzan las nubes negras que poco a poco van colocándose sobre la pista. No, los truenos avisan de la lluvia que viene y sirven de banda sonora a un partido que se lucha desde el corazón y las tripas, sin florituras. Y no, los truenos, brevemente retumbantes, son solo el preludio del agua, que por segundo día seguido suspende la final del último grande del año (6-4, 4-4 y 30-30 para Nadal), antes de que el español, el número uno, logre su noveno grande y un lugar preeminente entre los suyos: a los 24 años, se convierte en el séptimo tenista que ha ganado los cuatro grandes.
El encuentro nace entre señales que hablan de la batalla que viene. Están los cazas rompiendo a toda velocidad las nubes. Está sonando en el calentamiento Born to be wild (Nacido para ser salvaje). Está también la amenaza chispeante de las valquirias de Wagner y el dragón serigrafiado en la camiseta con la que Djokovic juega desde el principio el partido. El serbio, sin embargo, no arranca escupiendo fuego y chispas, no enseña garras y bífida lengua, sino que más bien parece una ligera lagartija. El número dos deja escenas preocupantes: una y otra vez, tras cada punto, se acuclilla como si tuviera agujetas o estuviera dolorido en los isquios. Pierde una pelota y se golpea con violencia la planta de ambas zapatillas. Cede un break, el segundo de la primera manga, tras recuperar el primero, y chilla, grita y revienta la raqueta contra el cemento, trozos de plástico por los aires, astillas como lágrimas golpeando al suelo, al tenista y a sus dedos.

Nadal lo observa todo cejijunto. Para él pudo ser la señal que indicara que había llegado el momento de dominar abrumadoramente el partido. Fue, sin embargo, el inicio de su propio suplicio. La final no se jugó con raqueta. Se disputó con el corazón y las entrañas, más que contra el rival, contra uno mismo. Los dos rivales compitieron encogidos, presas de los nervios, prisioneros de la historia. Nadal, perdidísimo con el revés, salió reforzado de ese duelo, pero solo después de pasar grandes sufrimientos.
Para empezar, el español, vestido de negro, gritón en el pasillo ("¡Vamos, vamos!") se encontró 4-1 abajo en el segundo set. Perdió nueve puntos seguidos. No encontró soluciones. Y fue desbordado, perdedor en el contraste de estilos. Nadal quería mover de una esquina a otra a Djokovic, desequilibrarle para que no golpeara con los pies bien plantados en el suelo, convertirle en un parabrisas. Djokovic quería que Nadal persiguiera al tiempo, que deseara más segundos, más minutos, un respiro, y por eso atacaba y atacaba, sin entrar en peloteos, robándole centésimas al cronómetro. Del contraste de estilos, tensión máxima en la pista, el padre de Djokovic vestido con una camiseta de su hijo y la grada disparada en gritos y chillidos ("Idemo Nole!"; "¡Vamos Rafa!"), resultó un partido vibrante en las alternativas, emocionante por su significado y luchado palmo a palmo, sin concesiones ni dudas.

No dudó Nadal por tener los pies carcomidos por las ampollas, rojos de Betadine. No dudó Djokovic por haberse vaciado durante tres horas y 44 minutos en semifinales y contra Roger Federer. Y no dudó Nadal bajo el frío de la noche, según iba perdiendo puntos de rotura (6 de 26), o cuando golpeó las cuerdas de su raqueta, fideos contra su puño de gigante, disgustado por haber perdido un punto.

La gente asistió a esa lucha de voluntades con entusiasmo. Evacuado del estadio por la lluvia y el peligro de los rayos, hubo pitos, lanzamientos de vasos y llamadas a la policía, porque había quien temía un desastre ante tanta aglomeración en tan poco espacio. Nadie, sin embargo, quiso irse. Nadie cedió al agua, al futuro atasco de salida, a la posibilidad de que la final se reanudara otro día. Nadie, y había 23.771 personas, quiso abandonar el Corona Park, homenaje a los tenistas, resumen de lo que ocurrió sobre la pista: a los 24 años, Rafael Nadal ganó su noveno grande, se aseguró ser el tenista más joven en completar la colección de los cuatro torneos que forman el Grand Slam en la Era Abierta, y rindió el mejor tributo a su estajanovista capacidad de trabajo. El número uno llegó a Nueva York dudando de su saque y de su revés, presionado por el peso de la púrpura y de la historia. Debía lograr ganar consecutivamente sobre la tierra de Roland Garros, la hierba de Wimbledon y el cemento del Abierto de Estados Unidos, lo que nadie había conseguido nunca. A la vuelta de 16 días, el español dejó la ciudad que nunca duerme mecido en el más agradable de los sueños: campeón, mito y ya leyenda.
JUAN JOSÉ MATEO Nueva York 14/09/2010
EL PAÍS

domingo, 4 de julio de 2010

Nadal gana su segundo Wimbledon

El tenista español y 'número uno' del mundo bate al checo Tomas Berdych en tres sets (6-3 y 7-5 y 6-4).
- Con esta victoria en la hierba londinense logra su octavo 'grande' .

Así lo hemos contado en directo Juego, set y partido: nuestro debate en Eskup sobre el partido

Rafael Nadal acaba de ganar 6-4, 7-5 y 6-4 su segundo Wimbledon frente al checo Tomas Berdych. Fue una plácida tarde de verano para el número uno del mundo, que conquistó su octavo título grande con la tranquilidad que distingue a los campeones: puesto frente a un sacador del calibre de Berdych, Nadal redujo el juego de ataque del checo a un juego de niños. El mallorquín restó más de lo que le habían restado al número trece todos sus rivales previos juntos. Operó con decisión en los puntos de break, que definió con precisión de cirujano. Y acabó ganando el torneo en tres sets, con Berdych desquiciado, el público entregado y la copa entre sus dientes. Al checo le vino grande el partido decisivo. Nadal, es el resumen del encuentro, terminó dando una voltereta sobre la hierba de Wimbledon.

· "Jugar ante Murray es frustrante"
· Nadal se crece
· Berdych desafía la lógica

"Esto es más que un sueño", ha dicho el campeón, excelente al servicio. "He vuelto aquí tras un año muy difícil. Esto es más que un sueño", ha insistido. "No venir aquí en 2009 fue uno de los momentos más difíciles de mi carrera. Quiero agradecerle a mi familia y a mi equipo su apoyo, y también al público, que me hace sentir cosas increíbles. Muchas gracias por su respeto: hace dos días jugué contra Andy [Murray], un jugador local, y hubo mucho respeto. Eso no pasa en todas las pistas del mundo", cerró el número uno.

"Ha sido demasiado fuerte. Lleva meses demostrando que es un campeón. Se merece la victoria", ha declarado Berdych ya con el trofeo de subcampeón en las manos. "Nunca digas nunca, así que espero que esta experiencia me dé fuerzas para volver aquí más fuerte. ¿Quién sabe qué pasará los próximos años?"
Una fotografía del tenis de hoy
Nadie sabe eso, pero la final ofreció una fotografía excelente de lo que es el tenis de hoy en día, de qué pasa en la caseta desde que arrancó el año: el tenis era un deporte que buscaba quién lo gobernara, perdidos en la competición los máximos favoritos, rota cualquier estabilidad en los resultados de los mejores del circuito. El tenis, ahora, ha encontrado en Nadal a un líder, al único valor seguro: el mallorquín ha ganado los dos últimos títulos grandes (Roland Garros y Wimbledon), el dificilísimo doblete tierra-hierba, después de pasarse 11 meses sin vencer un título. Ahora mismo, no hay quien pare al número uno del mundo.

Hace un año, Nadal pasó por Wimbledon para anunciar que no jugaba, que no podría defender su título de 2008, que las rodillas se lo impedían. Dos años después de aquella mítica final disputada a cinco extenuantes sets contra el suizo Roger Federer, Nadal volvió y reclamó lo que es suyo: la corona de Wimbledon.
JUAN JOSÉ MATEO - Wimbledon - 04/07/2010
EL PAÍS

miércoles, 2 de junio de 2010

lunes, 17 de mayo de 2010

El Nadal verdadero

El español derrota a Federer en dos mangas y gana su tercer 'masters' sucesivo.

Roger Federer tiembla. Ya ha abandonado el sol la pista. Ya se han sobrepasado las dos horas de duelo. El número uno mundial juega la final de Madrid entre suspiros, irregular, desordenado y anudado al argumento del orgullo para recuperarse en un marcador que siempre vive en desventaja. Fue 6-4 y 7-6 (5) para Rafael Nadal. Fue el 18º masters del español, que, a los 23 años, ya tiene más que nadie. Y fue un encuentro nervioso, tenso como un cable. Por primera vez en la historia, Nadal, que sólo ganó un punto más que Federer (85 por 84), logró conquistar de forma consecutiva todos los masters (Montecarlo, Roma y Madrid). Es como el rumor que precede a la manada. Anuncia que de nuevo es el favorito para ganar Roland Garros. Deja claro que el Nadal verdadero, que se crece según se agravan las dificultades, está de vuelta.

"Es más fácil ganar en París que estos tres torneos", dice el mallorquín
El 'número uno' estuvo durante set y medio muy lejos de su leyenda

"Ha habido altibajos. No ha sido un partido perfecto de ninguno", reconoció Nadal; "hemos cometido errores, pero nos conocemos tanto que a veces estamos pendientes de hacer jugar mal al rival. Eso se traduce en que él intenta acortar el punto y yo buscarle el revés. Y el juego se convierte en más estratégico que otra cosa. No oirán de mi boca que soy el favorito para Roland Garros. Ni me gusta esa etiqueta ni lo pienso. El único favorito es el que juegue mejor ahí".

"¡Rafa, que pierde el Madrid!", gritaba la gente mientras se decidía la Liga. "¡Vamos, Rafa, que tú sí puedes!", le decían. Y Nadal nada escuchaba. Y Nadal a nadie atendía. Y Nadal estaba ciego y sordo al exterior, porque era puro nervio, una bestia por domar, dos raquetas tirando piedras con el corazón temblando. El suizo y el español entendieron que el partido trascendía en la historia que les une a lo que dijera el resultado. Que el primer cruce del año dejará cicatriz, recuerdos en carne viva sobre la piel del derrotado.

Federer es desde ayer un tenista tatuado. "Rafa es duro", se sinceró el suizo; "para él y para mí, la temporada de tierra se decide en Roland Garros. Si pierde en la primera ronda, todos estos torneos que ha ganado se pondrán en cuestión". ¿Qué piensa Nadal de eso? "Es una opinión muy respetable, pero no la comparto", contestó, "y no porque ahora sea yo el que ha ganado estos títulos. No nos engañemos, es más fácil ganar en París que los tres torneos seguidos que he ganado".

El número uno estuvo durante set y medio lejos de su leyenda. Puesto frente a innumerables opciones de rotura (tres de 11), reaccionó sin altura, mínima su apuesta, menor la vía por la que buscó la captura. Nadal ofreció lo que se esperaba: machaque continuo de su revés, el saque de zurdo abierto cuando llegaron las apreturas. Federer, que ha construido su carrera sobre su incomparable capacidad para capitalizar los puntos vitales, respondió a saques a 143 kilómetros por hora con reveses al clavo; a tímidos servicios, con fallos incomprensibles; al temor, con miedo. Nadal sufría. Federer, temblaba. Sólo cuando ya el encuentro se le escapaba ofreció gotas de su genio.

Derrotado por 14ª vez por Nadal, Federer recuperó tres veces roturas de desventaja. Superó también, un punto de partido en contra. Pudieron ser síntomas de su capacidad de respuesta, pero fueron la descripción de un jugador que se sintió más cómodo como perseguidor que dictando los términos del duelo. Nadal, que llevaba un año sin ganar a otro de los ocho mejores, sufrió siempre y siempre salió fortalecido. Ganó más que un partido, más que un trofeo. Ya está abierta la carrera por el número uno.

JUAN JOSÉ MATEO - Madrid - 17/05/2010
EL PAÍS

lunes, 3 de mayo de 2010

La mente como arma - Nadal conquista Roma

En su 50ª final, Nadal vence en Roma a Ferrer bajo la lluvia y con un juego de claroscuros.

Entre los chispazos de lluvia, mientras la pista se vuelve un barrizal y se descuentan dos interrupciones, Rafael Nadal se mueve como un peso pesado: con terribles manotazos y pies poco ligeros. David Ferrer, el carnicero del master de Roma, en la final tras eliminar al número cuatro (Andy Murray), el número nueve (Fernando Verdasco) y el número diez (Jo Wilfried Tsonga), está ante su gran oportunidad. Nadal tiene problemas al resto, "con las manos flojas". En ocasiones llega tarde y arma con dificultad sus golpes. Vive sufriendo, los dos rivales afectados por el agua, el viento y los parones, y sufriendo ataca: ganó 7-5 y 6-2 tras sumar 3 de 13 bolas de break (5 de 25 incluyendo la semifinal). Llegan el torneo de Madrid y su altura (8 al 16 de mayo). Aguarda Roland Garros a la vuelta de la esquina (desde el 23). Nadal olfatea su gran momento desde una doble perspectiva: puede mejorar el juego, pero va recuperando su argumento más temible. El triunfo nació de la fortaleza de su cerebro.

Tuvo problemas al resto, armó tarde algunos golpes, y ganó desde su cabeza
Con su triunfo, el español iguala el récord de 17 'masters' de Andre Agassi

Acunado por la arcilla, el mallorquín se sobrepuso a los efectos de la durísima semifinal disputada contra el letón Ernest Gulbis -"me restó un pelín de confianza. Salí con dudas"-, a los dos parones - "cabeza fría y a no enfadarse", recetó- y a la ristra de ocasiones perdidas con un juego de claroscuros. Son ya 17 masters, lo que iguala el récord de Andre Agassi. Son ya dos trofeos en 2010 (Montecarlo y Roma, donde cedió un solo set) con los que reforzar el muro de su confianza, aún falta de la prueba que supondrá jugar contra uno de los ocho mejores, con los que no se cruzó en los trofeos vencidos. Y son ya 38 títulos -seis de ellos grandes- en 50 finales, dos datos impresionantes cuando resumen la carrera de un tenista que en junio cumplirá los 24 años.

Llovió a cántaros en Roma. Lo mismo pasó, vaya coincidencia en aniversario tan redondo, un lejano día de 2004, cuando el mallorquín ganó su primer torneo en Sopot. Los cuartos y las semifinales debieron disputarse el mismo día. En la penúltima ronda Félix Mantilla midió a aquel chaval de 17 años: "Y ya tenía un físico prodigioso. A mitad de partido yo ya estaba doblado. Recuerdo que vi una ambición, una ilusión y unas ganas de ganar que mantiene hoy, lo que es muy difícil. Jugaba con mucho margen, como si tuviera una marcha más". La descripción, incluidas las mejoras apreciadas por Mantilla - "varía más, ya no se basa en minar al contrario golpeando contra su revés con la derecha y ha mejorado el revés cruzado"-, sigue vigente. Queda saber si el número tres, que aún tiene opciones de llegar como número dos a Roland Garros, se parece más al implacable jugador de Montecarlo o al Nadal humanizado de Roma. Una actitud vital, sin embargo, une los dos torneos. "Nadie le aguanta la intensidad de juego", dice Mantilla.

Nadal vivió momentos difíciles durante el torneo: contra Wawrinka, contra Gulbis y contra Ferrer. "Los superé bien mentalmente", dijo. Se acerca Roland Garros. Aguarda aún la prueba de competir contra los mejores. Y Nadal, mientras tanto, manda.

JUAN JOSÉ MATEO - Madrid - 03/05/2010
EL PAÍS

jueves, 3 de diciembre de 2009

A por la cuarta "Ensaladera"

España afronta una gran oportunidad para conseguir su cuarta Davis
(todas desde 2000) y revalidar el título del año pasado en Argentina.
Esto da idea de la edad de oro que vive nuestro tenis gracias a la Armada, comandada por Nadal.
Será en el Palau Sant Jordi, donde hace 9 años España levantó por primera vez la Ensaladera.
Un rival que no asusta y jugar en tierra batida hacen de España la favorita.
Si vence, será el equipo de Davis con más títulos en este siglo.

martes, 21 de julio de 2009

Tenista bien dotada

domingo, 7 de junio de 2009

Federer ya es eterno

El suizo derrota en la final a Robin Soderling (6-1, 7-6 (1) y 6-4), consigue su primer Roland Garros e iguala la marca de Sampras en torneos 'Grand Slam'

Roger Federer ya es leyenda. El suizo ha derrotado a Robin Soderling (6-1, 7-6 (1) y 6-4) en la final de Roland Garros, el único título grande que le faltaba. Ha sido una tarde plácida, una final de gestión burocrática, en la que sólo la lluvia continua, los truenos del cielo y un espontáneo que saltó a la pista amenazaron su dominio del duelo. Federer ya casi no tiene espejos en los que mirarse. Ha ganado 14 títulos del Grand Slam, récord que desde hoy comparte con Pete Sampras. Al contrario que el estadounidense, ha conquistado todos los títulos de importancia -Abierto de Australia, Roland Garros, Wimbledon y el Abierto de Estados Unidos-, lo que sólo han logrado otros cinco tenistas en la historia. Y ya puede mirar a los ojos de cualquier hombre vivo que haya cogido una raqueta con la excepción de Rod Laver: el australiano conquistó en dos ocasiones los cuatro grandes de forma consecutiva (1962 y 1969). Federer ha necesitado toda su carrera para lograr un éxito de dimensiones míticas.

Federer, que visitaba por cuarta vez la final de Roland Garros, decidió el partido por la vía rápida. Se apuntó la primera manga en 23 minutos y sólo concedió 11 puntos y un juego en ese periodo. Vivió la segunda entre la incomodidad del agua y el susto que se dio cuando un espontáneo con una bandera del Barça le colocó una barretina, pero luego solucionó el tie-break a lo grande: sacó cuatro veces y consiguió cuatro aces. Tremendo. Luego, Federer simplemente gestionó la ventaja. Del tenista nervioso y un punto disperso que se vio en París desde que Nadal perdió en cuarta ronda contra Soderling no quedó ni rastro. El suizo, por debajo de su excelso nivel desde enero de 2008, fue demasiado para el sueco.

Soderling, simplemente, no supo qué hacer en el partido. Sólo podía ganarlo por la vía rápida, apostándolo todo al riesgo de intercambios cortísimos y precisos. No eligió ese camino ni ninguno.
Se encomendó a su saque y con su saque perdió el partido: cedió el primer break con una doble falta, y de él nunca más se supo. Su juego en la final no hizo justicia a su trayectoria en el torneo, avasalladora e implacable. Dura en las formas. Impresionante en las maneras. El partido decisivo fue demasiado para él: sólo tuvo dos puntos de break, cuando ya había perdido su saque en la tercera manga y el encuentro estaba decidido.

Federer deja París con el número uno a tiro, Wimbledon a la vuelta de la esquina y la sensación de que su carrera vive una nueva etapa. Desde que contrajo una mononucleosis en enero de 2008, el suizo amenazaba derrumbe, siempre según las monumentales exigencias a las que obliga su incomparable carrera. Desde hoy, a la carrera del suizo ya no se le puede poner ningún pero en el apartado de los títulos. Su recuerdo está asegurado por mucho que pase el tiempo. Es un tenista eterno.
JUAN JOSÉ MATEO - París - 07/06/2009
EL PAÍS

sábado, 6 de junio de 2009

Kuznetsova gana Roland Garros

La tenista rusa consigue su segundo Grand Slam tras derrotar a la número uno del mundo: su compatriota Safina.

La tenista rusa Svetlana Kuznetsova se ha apuntado hoy el segundo Grand Slam de su carrera al vencer en la final de Roland Garros (6-4 y 6-2) a la número uno del mundo y gran favorita Dinara Safina, que aún no conoce lo que es levantar una copa de campeona en un Grand Slam, pese a haber jugado esta temporada también la final en el Abierto de Australia. Kuznetsova, séptima cabeza de serie del torneo, se redimió de su derrota en la misma final en 2006 ante la por entonces número uno del mundo, la belga Justine Henin.

La eslava desplegó un tenis de altos quilates ante una Safina que se vino abajo en la parte final del encuentro, cuando los continuos cambios de dirección de su oponente acabaron por desfondarla en los apenas 74 minutos que duró la final. Safina, que venía con la vitola de favorita y con un parcial favorable de 5-8 en enfrentamientos con su compatriota, hizo alarde de su postura en el primer juego del partido, cuando se puso con 0-40 favorable para acabar rompiendo el saque de Kutnezova.

Sin embargo, la protegida de Arantxa Sánchez Vicario, que hoy cumplía 20 años desde su triunfo ante Steffi Graff en la misma pista, sacó su orgullo y todas las enseñanzas de la tenista catalana para sobreponerse a una Safina muy superior en el golpeo. Así, Kutnezova no permitió que su rival se creciera, devolviendo inmediatamente el break inicial.

Ambas tenistas mostraron una inseguridad impropia a la hora de sacar durante el primer set que se plasmó en sendos breaks en el octavo y noveno juego. Sin embargo, la ruptura definitiva llegó en el décimo juego, cuando Safina confirmó que sus siete dobles faltas en el partido no eran fruto de la casualidad. Si realizamos un simil ciclístico, la cara de Kuznetsova al final de esta primera manga era la de apenas haber terminado un calentamiento previo a una contrarreloj, mientras que la de su rival era la de haber subido varios puertos.

La ex compañera de dobles de Sánchez Vicario se percató del débil estado físico de su rival para plantear un segundo set mucho más físico, en el que la rusa comenzó a desesperar cuando vio que sus winners no entraban o en su defecto eran repelidos por una Kuznetsova que dejó de manifiesto un gran estado físico. Safina, que la temporada pasada se vio superada en esta misma final por la variedad desde el fondo de pista de Ana Ivanovic, vio cómo Kuznetsova hacía uso de la misma táctica para crispar a su rival, que apenas mostró precisión en golpes en movimiento. Mientras que ella, además, se apuntó 11 golpes ganadores.

La actual número uno del mundo decidió dejar de correr detrás de la pelota en el quinto juego del segundo set, cuando Kuznetsova rompía de forma espectacular culminando con una dejada. A partir de ahí, Safina desapareció para siempre viendo cómo su rival sumaba cuatro juegos consecutivos para cerrar el set por 6-2. De esta forma, Kuznetsova vuelve a la élite del tenis -llegó a ser número dos del mundo en septiembre de 2007- tras vencer a una Safina que sigue sin saber lo que es ganar un Grand Slam, pese a haber sumado durante esta temporada dos torneos de tierra batida a su palmarés, uno de ellos, el de Roma, ante su oponente de hoy.
EP - París - 06/06/2009
EL PAÍS

Anabel Medina y Virginia Ruano

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