lunes, 16 de julio de 2012

RETORNOS DEL AMOR RECIÉN APARECIDO

Cuando tu apareciste, 
penaba yo en la entraña más profunda 
de una cueva sin aire y sin salida. 
Braceaba en lo oscuro, agonizando, 
oyendo un estertor que aleteaba 
como el latir de un ave imperceptible. 
Sobre mí derramaste tus cabellos 
y ascendí al sol y vi que eran la aurora 
cubriendo un alto mas en primavera. 
Fue como si llegara al más hermoso 
puerto del mediodía. Se anegaban 
en ti los más lucidos paisajes: 
claros, agudos montes coronados 
de nueve rosa, fuentes escondidas 
en el rizado umbroso de los bosques. 
Yo aprendí a descansar sobre sus hombros 
y a descender por ríos y laderas, 
a entrelazarme en las tendidas ramas 
y a hacer del sueño mi más dulce muerte. 
Arcos me abriste y mis floridos años 
recién subidos a la luz, yacieron 
bajo el amor de tu apretada sombra, 
sacando el corazón al viento libre 
y ajustándolo al verde son del tuyo. 
Ya iba a dormir, ya a despertar sabiendo 
que no penaba en una cueva oscura, 
braceando sin aire y sin salida. 
Porque habías al fin aparecido.

Rafael Alberti

domingo, 15 de julio de 2012

AQUÍ


Aquí
en esta orilla blanca
del lecho donde duermes
estoy al borde mismo
de tu sueño. Si diera
un paso más, caería
en sus ondas, rompiéndolo
como un cristal. Me sube
el calor de tu sueño
hasta el rostro. Tu hálito
te mide la andadura
del soñar: va despacio.
Un soplo alterno, leve
me entrega ese tesoro
exactamente: el ritmo
de tu vivir soñando.
Miro. Veo la estofa
de que está hecho tu sueño.
La tienes sobre el cuerpo
como coraza ingrávida.
Te cerca de respeto.
A tu virgen te vuelves
toda entera, desnuda,
cuando te vas al sueño.
En la orilla se paran
las ansias y los besos:
esperan, ya sin prisa,
a que abriendo los ojos
renuncies a tu ser
invulnerable. Busco
tu sueño. Con mi alma
doblada sobre ti
las miradas recorren,
traslúcida, tu carne
y apartan dulcemente
las señas corporales,
para ver si hallan detrás
las formas de tu sueño.
No la encuentran. Y entonces
pienso en tu sueño. Quiero
descifrarlo. Las cifras
no sirven, no es secreto.
Es sueño y no misterio.
Y de pronto, en el alto
silencio de la noche,
un soñar mío empieza
al borde de tu cuerpo;
en él el tuyo siento.
Tú dormida, yo en vela,
hacíamos lo mismo.
No había que buscar:
tu sueño era mi sueño.

Pedro Salinas

EXPLICO ALGUNAS COSAS

PREGUNTARÉIS: Y dónde están las lilas?
Y la metafísica cubierta de amapolas?
Y la lluvia que a menudo golpeaba
sus palabras llenándolas
de agujeros y pájaros?

Os voy a contar todo lo que me pasa.

Yo vivía en un barrio 
de Madrid, con campanas, 
con relojes, con árboles.

Desde allí se veía 
el rostro seco de Castilla 
como un océano de cuero.
                                      Mi casa era llamada
la casa de las flores, porque por todas partes 
estallaban geranios: era
una bella casa
con perros y chiquillos.
                                                        Raúl, te acuerdas?
Te acuerdas, Rafael?
                               Federico, te acuerdas
debajo de la tierra,
te acuerdas de mi casa con balcones en donde
la luz de junio ahogaba flores en tu boca?
                                                   Hermano, hermano!
Todo
eran grandes voces, sal de mercaderías, 
aglomeraciones de pan palpitante, 
mercados de mi barrio de Argüelles con su estatua 
como un tintero pálido entre las merluzas:
el aceite llegaba a las cucharas,
un profundo latido
de pies y manos llenaba las calles, 
metros, litros, esencia
aguda de la vida,
                        pescados hacinados,
contextura de techos con sol frío en el cual
la flecha se fatiga,
delirante marfil fino de las patatas, 
tomates repetidos hasta el mar.

Y una mañana todo estaba ardiendo
y una mañana las hogueras
salían de la tierra
devorando seres,
y desde entonces fuego,
pólvora desde entonces, 
y desde entonces sangre.
Bandidos con aviones y con moros,
bandidos con sortijas y duquesas, 
bandidos con frailes negros bendiciendo 
venían por el cielo a matar niños,
y por las calles la sangre de los niños 
corría simplemente, como sangre de niños.

Chacales que el chacal rechazaría, 
piedras que el cardo seco mordería escupiendo, 
víboras que las víboras odiaran!

Frente a vosotros he visto la sangre 
de España levantarse
para ahogaros en una sola ola 
de orgullo y de cuchillos!

Generales
traidores:
mirad mi casa muerta, 
mirad España rota:
pero de cada casa muerta sale metal ardiendo 
en vez de flores, 
pero de cada hueco de España 
sale España, 
pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos, 
pero de cada crimen nacen balas 
que os hallarán un día el sitio 
del corazón.

Preguntaréis por qué su poesía 
no nos habla del sueño, de las hojas, 
de los grandes volcanes de su país natal?

Venid a ver la sangre por las calles,
venid a ver
la sangre por las calles, 
venid a ver la sangre 
por las calles!

por Pablo Neruda

ÉSA ES TU PENA

Ésa es tu pena.
Tiene la forma de un cristal de nieve que no podría existir si no   existieras
y el perfume del viento que acarició el plumaje de los amaneceres que no vuelven.
Colócala a la altura de tus ojos
y mira cómo irradia con un fulgor azul de fondo de leyenda,
o rojizo, como vitral de insomnio ensangrentado por el adiós de los amantes,
o dorado, semejante a un letárgico brebaje que sorbieron los ángeles.
Si observas al trasluz verás pasar el mundo rodando en una lágrima.
Al respirar exhala la preciosa nostalgia que te envuelve,
un vaho entretejido de perdón y lamentos que te convierte en reina del reverso del cielo.
Cuando la soplas crece como si devorara la íntima sustancia de una llama
y se retrae como ciertas flores si las roza cualquier sombra extranjera.
No la dejes caer ni la sometas al hambre ni al veneno;
sólo conseguirías la multiplicación, un erial, la bastarda maleza en vez de olvido.
Porque tu pena es única, indeleble y tiñe de imposible cuanto miras.
No hallarás otra igual, aunque te internes bajo un sol cruel entre columnas rotas,
aunque te asuma el mármol a las puertas de un nuevo paraíso prometido.
No permitas entonces que a solas la disuelva la costumbre,
no la gastes con nadie.
Apriétala contra tu corazón igual que a una reliquia salvada del naufragio,
sepúltala en tu pecho hasta el final,
hasta la empuñadura.

por Olga Orozco

¿Qué añadir a un poema como este? La poeta argentina Olga Orozco lo incluyó en En el revés del cielo, el libro que publicó en 1987, cuando tenía 67 (había nacido en 1920 y murió en 1999). Ella misma habló de la suya como de una voz ronca y llorada, y salvo esa voz (en el sentido físico) el resto de su mundo sigue vivo en el volumen de 500 páginas que la editorial Adriana Hidalgo acaba de publicar con su Poesía completa (en edición de Ana Becciú y con prólogo de Tamara Kamenszain).

Se ha dicho tantas veces de un libro que es un acontecimiento que esta vez nos lo ahorramos. Solo diremos que ese volumen contiene los poemarios que Orozco publicó en vida más los Últimos poemas que dejó listos antes de ingresar en la clínica bonaerense en la que murió. Diremos también que en esos libros están muchos de los versos más enigmáticos escritos en español a lo largo del siglo XX. El enigma de la poesía de Olga Orozco reside, paradójicamente, en que es diáfanamente clara sin dejar de ser un misterio, ¿diremos que una hechicería? Su irracionalismo –surrealismo para los escolásticos- nunca es de manual: viene del reverso oscuro de la realidad sensorial, pero llega sin automatismos de ninguna clase; a punto siempre de perder su sentido y sin perderlo nunca.

El volumen de Adriana Hidalgo incluye también tres textos en prosa que bien podrían funcionar como poética más que, según reza el título del primero, como autobiografía. “Mis amigos me temen porque creen que adivino el porvenir”, se lee allí. “A veces me visitan gentes que no conozco y que me reconocen de otra vida anterior. ¿Qué más puedo decir? ¿Qué soy rica, rica con la riqueza del carbón dispuesto a arder?” Es cierto, hay libros que son un acontecimiento, otros son una hoguera. Cuidado con el fuego.

Olga Orozco es muy superior a los poetas comerciales y populares (o poetas de marca) como Neruda, Benedetti, Cardenal, que acaparan toda la atención y la publicidad. Olga era amiga de otra gran poeta: Alejandra Pizarnik. Ambas eran poetas autenticas que no buscaban ni notoriedad, ni premios literarios, sino la esencia de la poesía, que no hace recurso de la retórica o la grandilocuencia. En la gran poesía siempre están ausentes el sentimentalismo y la ideología, que es lo que más vende. El marketing y la vanidad del autor dominan el arte, la literatura y el cine.

sábado, 14 de julio de 2012

La exclamación Oh

Plaza Mayor de Burgos - España

Plan del Capital contra la Crisis

viernes, 13 de julio de 2012

Por fin es viernes

Ponte morena con los alimentos

Cocina Ligera

Helado de Melón

Supercocina

jueves, 12 de julio de 2012

Muslo de Pollo con Setas

Cocina Ligera

Marmitako de Bonito

Cocina Sana

Tartaleta de tomate


Ingredientes
300 g de masa quebrada, 500 g de tomates rojos maduros, 2 cebollas medianas, 3 dientes de ajo, 150 g de queso de cabra, 100 g de piñones, 100 ml de aceite de oliva, 1 manojo de albahaca, 1 cucharada de orégano seco en polvo, pimienta, sal. 


Elaboración
Lavar los tomates y cortarlos en rodajas más bien finas. Pelar las cebollas y picarlas. Calentar 50 ml de aceite en una sartén y rehogar la cebolla sin dejar que llegue a coger color. Escurrirla y reservar. Triturar los dientes de ajo pelados junto con los piñones y la albahaca con el brazo de la batidora. Ir agregando el aceite poco a poco hasta obtener una crema untuosa. Estirar la masa quebrada con la ayuda de un rodillo sobre una superficie enharinada. Forrar un molde cuadrado. Pinchar el fondo y dejar durante 10 minutos en el congelador. Cubrirlo con papel de aluminio y con unos pesitos. Hornear 10 minutos a 220 °C. Sacar del horno, retirar los pesitos y el papel. Cubrir la tartaleta con el queso de cabra troceado, encima poner los tomates, salpimentar y rociar con la salsa. Hornear 20 minutos a 200 °C. Desmoldar y espolvorear con orégano por encima.
publicado por El Corte Inglés

miércoles, 11 de julio de 2012

Restaurante los Raqueros

Elija el juego adecuado

Elija la cabeza adecuada

El esternón sobre la bola

Vía Digest Golf

martes, 10 de julio de 2012

lunes, 9 de julio de 2012

Enrique y la educacion

Engorda comer de noche

Vía Muy Interesante

EL ROTO y la Crisis

EL PAÍS

domingo, 8 de julio de 2012

Tribunal Constitucional de España

EL PAÍS

Un cruce archiconocido

Código 84 - Hecho en España

Un Horror Tropical – William Hope Hodgson (1905)


Estamos a ciento treinta días de Melbourne, y durante tres semanas hemos tenido calma chicha.
Es medianoche, y hasta la guardia en cubierta, que será a las cuatro de la madrugada, voy a sentarme en la escotilla. Un momento más tarde, Joky, nuestro grumete, viene a charlar conmigo. Son muchas las horas que permanecemos sentados. conversando durante las vigilancias nocturnas. Aunque, a decir verdad, es Joky el que habla. Yo me contento con fumar y escucharle, gruñendo de cuando en cuando para demostrarle mi atención.
Joky lleva algún tiempo callado, con la cabeza inclinada, en honda meditación. De pronto, la levanta. con la evidente intención de hacer alguna observación. Pero al momento veo cómo su rostro se desencaja en una horrible mueca de espanto. Se echa hacia atrás, con los ojos mirando al vacío. Luego, abre la boca. Prorrumpe en unos sonidos inarticulados y cae de la escotilla, golpeándose la cabeza contra el suelo de cubierta. Intentando averiguar el motivo, vuelvo la cabeza.
¡Dios mío! Elevándose por encima de las planchas del barco, distingo claramente a la luz de la luna una inmensa boca a una braza de distancia. De sus gruesos labios surgen unos tentáculos. Entonces, la Cosa se acerca más al barco. Cada vez aparece más alto, más alto, más horrible. No tiene ojos visibles; sólo aquella boca, encima de un cuello semejante al tronco de un arbol.
Y ese cuello, mientras to contemplo fascinado, se curva hacia dentro con la celeridad de una enorme anguila. Luego, se convierte en una serie de pliegues y arrugas. ¿No acabará nunca? El barco sufre una tremenda sacudida par estribor al sentir el peso del monstruo. Luego, la masa ancha y aplastada, sin forma, se desliza por encima de la borda y cae en cubierta con un choque sordo.
Durante unos segundos, el horrible animal yace como un montón de cordajes babeantes. Después, con movimientos muy veloces, la monstruosa cabeza avanza por cubierta. Cerca del mástil principal se hallan los cajones con las viandas, y en lo alto de la pila hay uno con carne de buey salada. El olor de la carne parece atraer al monstruo; veo cómo la huele con respiración afanosa, increíble. Abre los labios y deja ver cuatro espantosos colmillos. Mueve la cabeza, se aye un crujido: la carne y el barril han desaparecido. El ruido hace salir a cubierta a uno de los marineros, que al momento no ve nada, par la oscuridad de la noche. Después, al aproximarse más, to ve, y lanzando tremendos alaridos, se precipita adelante ¡Demasiado tarde! De la boca de la Cosa surge una hoja blanca y reluciente, con unos dientes feroces y voraces. Aparto la mirada, pero no logro dejar de oír el ruido glotón de aquella boca.
El vigía, atraído par aquel sonido, ha presenciado la tragedia, y huye a refugiarse abajo, cerrando la portilla de hierro a sus espaldas.
El carpintero y el velero salen corriendo a cubierta, y al ver al monstruo huyen hacia el camarote, profiriendo chillidos de terror. El segundo contramaestre, tras una rápida ojeada desde el puente, desciende a toda prisa, seguido por el timonel. Le oigo formar una barricada tras la escotilla, y de pronto me day cuenta de que me he quedado sólo en cubierta.
Hasta ahora he olvidado mi propio peligro. Los últimos instantes me parecen una pesadilla. Sin embargo, comprendo mi situación y, estremeciéndome de horror, day media vuelta en busca de la salvación. Entonces, mis ojos tropiezan con Joky, que sigue insensible en el lugar de su caída. No puedo abandonarle. Muy cerca, en cubierta, se abre la puerta que conduce a una garita de acero. Dentro estaré a salvo.
Hasta el momento, la Cosa no se ha dado cuenta de mi presencia. Sin embargo, su cabeza en forma de barril gira en todas direcciones. Lanza como un berrido, y su lengua avanza y retrocede, al tiempo que el monstruo gira y viene hacia mí. Sé que no puedo perder ni un segundo, y agarrando al inconsciente muchacho, corro hacia la puerta abierta. Se halla sólo a unos metros, pero aquella horrible forma avanza hacia mí por cubierta, moviendo rápidamente sus anillos. Llego a la garita y caigo dentro con mi carga. Luego, pienso en cerrar la puerta. En el mismo instante, los blancos anillos rodean la garita. De un salto estoy dentro y atranco la puerta. Por el ojo de buey, veo cómo la Cosa rodea la garita, buscándome infructuosamente.
Joky aún no se ha movido. Me arrodillo, le aflojo el cueIlo del suéter y le rocío la cara con agua. Mientras tanto, oigo gritar a Morgan. Instantes después, suena un chillido de terror, y otra vez el espantoso glú, glú.
Joky se estremece, se frota los ojos y se incorpora.
—¿Era Morgan el que gritaba. . . ? —se interrumpe con sobresalto—. ¿Dónde estamos? ¡He soñado algo terrible!
En aquel instante se aye el ruido de unos pasos en cubierta y oigo la voz de Morgan ante la puerta.
—¡Abre, Tom!
Calla de repente, y lanza un alarido desesperado. Le oigo correr hacia delante. A través del mirador, le veo huir hacia el aparejo de proa y trepar por un mástil. Pero algo le sigue. Algo blanco en la noche. Y ese algo se enrosca a su pierna derecha. Morgan se detiene, saca su navaja y la hunde ferozmente en su enemigo. Este le suelta; inmediatamente. Morgan se encarama a lo más alto del mástil.
Hay un rato de quietud, y observo que está amaneciendo. No se oye nada, excepto la respiración agitada de la Cosa. Cuando sale el sol, el horroroso ser se tumba en cubierta y parece gozar del calor. No se oye nada, ni los marineros en la proa ni los oficiales en la popa. Supongo que temen llamar la atención del monstruo. Un poco después oigo un disparo de pistola a popa, y veo a la serpiente levantando su inmensa cabeza para escuchar. Es así coma puedo ver su parte anterior, y distingo con claridad lo que ocultaba la noche.
En la boca hay un par de ojos diminutos, que parecen guiñar con inteligencia diabólica. Balancea la cabeza de lado a lado, lentamente; de pronto, sin previo aviso, se vuelve rápidamente y mira por el ojo de buey. Me aparto de allí, pero no lo bastante de prisa. Me ha visto y aplasta la cabeza contra el cristal.
Suspendo la respiración. ¡Dios mío, si rompe el vidrio! Estoy petrificado. De la mirilla viene un sonido espantoso. La Cosa lo está arañando. Me estremezco. Recuerdo que hay unas portillas de hierro que cierran los ojos de buey cuando hace mal tiempo. Sin perder un segundo, me levanto y la cierro. A continuación hago lo mismo con las demás mirillas. Estamos en tinieblas, y le dijo a Joky que encienda la lámpara, lo que, tras varios tanteos, consigue.
Me duermo una hora antes de medianoche. Me despierto súbitamente varias horas más tarde, a causa de un grito de agonía y el horrible glu, glu.
Sospecho to ocurrido. Uno de los hombres ha salido del camarote en busca de agua.
Evidentemente, ha confiado en la oscuridad para disimular sus movimientos. ¡Pobre chico! ¡Ha pagado su confianza con la vida!
Ya no puedo dormir, aunque el resto de la noche pasa tranquilamente. Al amanecer dormito un poco, pero me despierto a menudo, sobresaltado. Joky duerme plácidamente: no obstante, parece agotado por el sufrimiento de las últimas veinticuatro horas. Le llamo hacia las ocho, y nos desayunamos ligeramente con galletas y agua. Afortunadamente, el agua no falta. Joky parece restablecerse y habla levantando la voz. Seguramente demasiado alto para nuestra seguridad. Mientras él habla, suena un tremendo golpe contra la puerta. Joky calla al momento. Mientras estamos sentados me pregunto qué harán los otros, qué comerán, cómo podrán estar sin agua, y qué nueva tragedia estará a punto de ocurrir.
A mediodía, oigo una detonación seguida de un mugido ensordecedor. cómo se astilla la madera, y los gritos de los marineros. Me pregunto en vano qué estará sucediendo. Y empiezo a razonar. Por el sonido del disparo, comprendo que se trata de algo más pesado que un rifle o una pistola. y a juzgar por el mugido de la Cosa, el proyectil habrá hecho blanco. Pensando más, me convenzo de que, por algún medio ignorado, han disparado con el pequeño cañón de que disponemos. y aunque sé que alguien debe estar herido, tal vez muerto, experimento una gran exaltación cuando oigo mugir otra vez a la Cosa, y comprendo que está herida, quizá mortalmente. Poco después, no obstante, el mugido se apaga, y sólo un sonido bajo y ocasional, que denota más ira que sufrimiento, me dice que el monstruo aún vive.
Por la inclinación del barco a estribor, comprendo que la Cosa está en aquel lado, y aliento la esperanza de que posiblemente se haya hartado de nosotros y ansía volver al mar. Por unos instantes reina el silencio y mi esperanza va en aumento. Me inclino hacia Joky y le despierto; dormía de bruces sobre la mesa. Se levanta lanzando un grito.
—¡Chis! —le hago callar—. No estoy seguro, pero creo que se ha largado.
El rostro de Joky resplandece, y me interroga ávidamente. Aguardamos otra hora, siempre más esperanzados. La confianza se aferra a nuestra alma. No oímos nada. Ni siquiera la respiración de la bestia. Cojo unas galletas, y Joky, tras buscar en un armario, saca un pedazo de tocino y una botella de vinagre. Lo devoramos todo con avidez. Después de nuestro largo ayuno, la comida obra en nosotros como el vino, y Joky insiste en abrir la puerta para asegurarse de que la Cosa se ha ido. No se lo permito, diciéndole que será mejor abrir las portillas de las mirillas y echar una ojeada hacia fuera. Joky discute, pero no me dejo ablandar. Se excita. Es muy joven y ligero de cascos. Luego, a medida que abro las portillas, Joky corre hacia la puerta. Lo atrapo antes de que pueda descorrer el cerrojo, y tras una breve lucha lo conduzco otra vez a la mesa. Mientras intento amansarlo, se oye por la puerta de estribor (la que intentaba abrir Joky), como un bufido agudo y fuerte, seguido inmediatamente por un gruñido atronador y un hedor a respiración pútrida que se filtra por debajo de la puerta. Se apodera de mí un gran temblor, y a no ser por el cajón de las herramientas de carpintería, me caería al suelo. Joky palidece y parece terriblemente mareado, tras lo cual solloza en un ataque de desesperación.
Van transcurriendo las horas y casi muerto de cansancio, me tumbo encima del cofre donde estoy sentado, y trato de dormir.
Deben de ser más de las dos de la madrugada; después de un prolongado sopor, me despierto sobresaltado, debido a un tremendo clamor. Los hombres gritan, maldicen, rezan… Mas a pesar del terror expresado, todos parecen en extremo debilitados. Mientras tanto, resuena el espantoso glu glu de la bestia. El terror se apodera de mí, y sólo sé caer de rodiIlas y rezar. Sé muy bien lo que está ocurriendo.
Joky, en su sueño, no ha oído nada, de lo cual me alegro.
Por fin, la luz se filtra por debajo de la puerta, y sé que nace el día de la segunda mañana de nuestro encierro. Dejo dormir a Joky. Que goce de paz mientras pueda. Pasa el tiempo, pero apenas me fijo en ello. Probablemente, la Cosa esté durmiendo. A mediodía como una galleta y bebo un poco de agua. Joky sigue durmiendo. Es lo mejor.
Un ruido quiebra el silencio. El barco sufre una sacudida; comprendo que la Cosa se ha despertado. Se mueve por cubierta, haciendo que el barco se balancee ligeramente. Se dirige a proa… hacia el puente. Al parecer, no halla nada. puesto que retrocede inmediatamente. Se detiene delante de la garita y va hacia popa. Allí, no sé exactamente dónde, parece reír salvajemente, si bien el sonido está lejos, algo apagado. El horror cesa de pronto. Escucho intensamente, pero solamente capto un agudo crujido más allá del extremo de la garita, como si alguien la forzase.
Un minuto más tarde oigo un grito, seguido casi al momento por otro agudo crujido que estremece al barco. Aguardo, lleno de ansiedad. ¿Que sucede? Los minutos transcurren con lentitud. Suena otro grito, que cesa de repente. El suspenso es espantoso, y no puedo soportarlo. Muy cautelosamente abro una portilla y atisbo hacia fuera. La visión es horrorosa. Con la cola en cubierta y su vasto corpachón en torno al palo mayor, se halla el monstruo moviéndose al aire. Es la primera visión clara que tengo de la Cosa. ¡Dios mío! ¡Debe pesar cien toneladas! Sabiendo que tengo tiempo, abro la mirilla, y me asomo para ver mejor. En el extremo del palo se halla uno de los marineros. Observo su rostro, desencajado por el miedo. No puedo ayudarle. La inmensa lengua surge y lame la vela, ascendiendo cada vez más. Más arriba aún, fuera de su alcance, se hallan otros dos hombres. A juzgar por to que veo, están atados al mástil. La Cosa intenta alcanzarles, pero, tras varios esfuerzos inútiles. se desliza hacia abajo, anillo a anillo, hasta la cubierta. Mientras tanto, observo una gran herida en su cuerpo, a unos cuatro metros de la cola.
Miro en ambas direcciones. La puerta del camarote está rota por los goznes, y el mamparo, que es de madera de teca, se halla destrozado en parte. Estremeciéndome de nuevo, comprendo la causa de los gritos después del cañonazo. Girando la cabeza, trato de mirar hacia el mástil de popa, pero me es imposible. El sol está ya bajo, y se aproxima la noche. Retiro la cabeza y cierro la mirilla con su portón.
¿Cómo terminará esta pesadilla? ¡Oh! … ¿cuándo?
Poco después se despierta Joky. Está muy inquieto, y aunque no ha comido nada en todo el día, no consigo hacerle probar bocado.
La noche se arrastra hacia nosotros. Estamos agotados. . . demasiado desesperados para hablar. Me tiendo, pero no consigo conciliar el sueño. Pasa el tiempo…
Un ventilador suena violentamente en la cubierta principal, y hay un alboroto ruidoso, constante. Más tarde, percibo el gruñido agónico de un gato. Luego, quietud. Una hora después se oye un chapuzón. Nuevamente, silencio como en la tumba. Ocasionalmente, me siento en el cofre y escucho, pero no oigo ni un leve susurro. El silencio es absoluto, incluso ha cesado el ruido de la maquinaria. Por fin, albergo nuevamente una leve esperanza. Aquel chapuzón, el silencio.. . Seguramente mi esperanza está justificada. No despierto a Joky. Primero comprobaré si estamos a salvo. Sigo sentado. Aguardo. No quiero correr riesgos innecesarios. Me aproximo a la mirilla y escucho. Ningún sonido. Pongo mi mano en la falleba, vacilo, pero no mucho. Sin hacer ningún ruido, empiezo a descorrer el cerrojo. La portilla gira sobre sus goznes, y me asomo. El corazón me palpita alocadamente. Fuera todo está oscuro. Tal vez la luna se oculta detrás de una nube. De pronto, uno de sus rayos penetra por la mirilla, desapareciendo al instante. Sigo mirando. Se mueve algo. Otra vez el rayo de luz. Ahora estoy mirando una enorme caverna, al fondo de la cual se estremece algo enorme y blanco.
Mi corazón se detiene. ¿Será el horror? Retrocedo y cojo la portilla para cerrar. De pronto, algo choca contra el cristal como un ariete, se parte en átomos y sus fragmentos Ilegan hasta el cofre. Chillo y me alejo de allí. La mirilla está completamente obstruida. La lámpara lo deja ver tímidamente. La lengua se retuerce una y otra vez. Es tan gruesa como un árbol, y está cubierta de una baba espesa. Al final tiene una zarpa como la de una langosta, pero mil veces mayor. Me acurruco en el rincón más lejano. Un golpe de sus mandíbulas rompería el cofre. Joky está escondido debajo de la litera. La Cosa gira hacia mí. Siento una gota de sudor, que resbala por mi cara… Sabe a sal. La terrible muerte se está acercando… ¡Crash! Ruedo hacia atrás. La Cosa ha aplastado la jarra de agua contra la que me apoyo, y pierdo el equilibrio, mientras el suelo se inunda de agua. La zarpa se eleva, luego baja. con un movimiento inseguro pero muy veloz, y golpea fuertemente el suelo, a un palmo de mi cabeza. Joky jadea horrorizado. Lentamente, la Cosa se eleva y empieza a rodear la litera. Se hunde en ella y extrae un almohadon. que muerde y vuelve a soltar. Avanza por el suelo. Juega con la mitad del almohadón, lo recoge, lo echa por la mirilla… y desaparece.
La garita se llena de un aire pútrido. Hay un sonido de arrastre, y algo vuelve a penetrar par la mirilla. Algo blanco, con colmillos. Se curva más cada vez, raspa la litera, el techo y el suelo, con el ruido de una sierra. Pasa dos veces por encima de mi cabeza y cierro los ojos. Desaparece. Ahora suena al otro lado de la garita, cerca de Joky. De repente, el ruido rasposo queda ahogado, como si los colmillos pasaran por encima de una sustancia blanca. Joky chilla, y el sonido rasposo cesa totalmente. Abro los ojos. La punta de la inmensa lengua se halla enroscada y algo gotea de ella… Luego, se retira velozmente, dejando que los rayos de la luna entren por la mirilla. Me pongo de pie. Miro a mi alrededor. Observo de manera mecánica los destrozos producidos en la garita… Los cofres rotos, las literas destruidas… y algo más.
—¡Joky! — grito, arrodillandome.
La Cosa vuelve a estar junto a la mirilla. Busco una herramienta. He de vengar a Joky. Ah, junta a la lámpara se halla el cajón del carpintero Veo un hacha. Salto adelante y me apodero de ella. Es pequeña… pero contundente. Compruebo el filo. Ya estoy junto a la mirilla. Me situó a un lado y levanto el arma. La enorme lengua vuelve a abrirse paso, en busca de los restos de Joky. Llega hasta ellos. Entonces, gritando —¡Joky. Joky!—, golpeo salvajemente una vez y otra, jadeando ruidosamente. Una vez más, y la monstruosa masa cae al suelo, retorciéndose como una culebra. A través de la mirilla entra una inundación cálida. Hay el sonido de acero roto y un espantoso mugido. En mis oídos suena una canción. que va aumentando de volumen, más y más… Después, todo se vuelve oscuro.

Extracto del diario de a bordo del barco Hispaniola.
Visto un barco a cuatro puntos de proa, mostrando señales de abandono. Vamos hacia él y enviamos un bate. Se trata del Glen Doon, en ruta de Melbourne a Londres. Todo se halla en un estado terrible. Las cubiertas están llenas de sangre y de algo viscoso. El puente destruido. Una puerta rota, y en una garita un joven de diecinueve años, aproximadamente. en estado de inanición, y los restos de otro de unos catorce. Hay allí gran cantidad de sangre, y una masa de carne blancuzca. enroscada, que pesará media tonelada, uno de cuyos extremos parece haber sido cortado con un instrumento afilado. El puente de mando está destrozado, y su puerta cuelga de un solo gozne. La puerta, además, está abollada, como si hubiesen intentado forzarla. Entramos. Es terrible. Todo está manchado de sangre, con literas, sillas y otros muebles rotos, aunque no hay hombres ni restos humanos.

24 junio

Pasamos nuevamente a la garita; el joven da muestras de recuperación. Cuando vuelve en sí. dice llamarse Thompson y que han sido atacados por una inmensa serpiente, aunque debe tratarse de una serpiente de mar. Está demasiado débil para hablar; pero logra decir que unos hombres están en el palo mayor. Enviamos allí a un marinero, el cual nos informa de que todos están muertos.

Nos dirigimos al camarote de popa. Allí encontramos el mamparo destrozado y la puerta del camarote arrancada de cuajo. Hallamos el cuerpo del capitán, pero ningún otro oficial. Observamos un pequeño cañón con señales de haber sido recientemente disparado. Regresamos a nuestro barco.
Tras enviar allí al segundo contramaestre y a seis marineros, tenemos a Thompson con nosotros. Ha escrito su versión del espantoso caso, y ciertamente, después de ver el estado del barco, refrendamos completamente su historia.
Firmado:
William Norton (capitán).
Tom Briggs (1er. contramaestre).

FIN

viernes, 6 de julio de 2012

Capitán América - El primer Vengador


Titulo original: Captain America
Dirección: Joe Johnston
País: USA
Año: 2011
Género: Acción, Aventura
Guión: Christopher Markus, Stephen McFeely y Joss Whedon
Producción: Kevin Feige
Música: Michael Giacchino
Fotografía: Shelly Johnson
Vestuario: Jeffrey Kurland y Anna B. Sheppard
Estreno en España: 2011-08-05

Reparto: Chris Evans, Hugo Weaving, Tommy Lee Jones, Stanley Tucci, Richard Armitage, Hayley Atwell, Neal McDonough, Toby Jones

Me ha vuelto a pasar. Todas mis expectativas a la hora de ver este film eran más que pésimas. Primero, porque Disney era la auténtica productora del film, habida cuenta de que compró Marvel hace unos años, y las miras económicas estaban más que claras. Segundo, porque el director, Joe Johnston, tenía perdida toda la credibilidad desde hace años, ya que sus últimos filmes "El hombre lobo", "Océanos de fueto", o "Parque Jurásico III" dejaban bastante que desear. Habría que remontarse hasta 1995 para acordarse de "Jumanji", una cinta espectacular, pero únicamente dedicada al público familiar sin demasiadas exigencias (claro que también podríamos recordar su mejor película, allá por 1991, cuando dirigió la excelente adaptación del cómic "Rocketeer"). Para colmo de males, resulta que la Marvel tira de uno de sus actores habituales, Chris Evans, que anteriormente había dado vida a Johnny Storm en las dos películas de "Los Cuatro Fantásticos" para interpretar al más carismático y emblemático héroe norteamericano de cómics. Todo olía muy, muy mal. Fatal, vamos. Como guinda del pastel, otra vez la Segunda Guerra Mundial, y los malvados nazis de telón de fondo. Un buen amigo calificaría esto de "un pastel envenenado"... pero cuál no fue mi sorpresa cuando la cosa iba mejorando a cada minuto de proyección. No estaba ante una película ñoña en absoluto. Y su ubicación temporal en 1940 era completamente justificada; es más, no sería creíble una figura como el Capitán América si no llega a explicarse su participación en la venta de bonos de guerra en la Segunda Guerra Mundial, etc. Encima de todo, no hablamos de nazis. Hablamos de una de las organizaciones míticas en el universo Marvel, Hydra. Todo ello sazonado con acertados toques de épica -sin llegar al fácil patrioterismo, que de hecho, es ridiculizado a veces en varias partes del metraje...- una factura impresionante -especial mención merece la partitura del siempre genial Alan Silvestri- y unos efectos visuales de lo más resultón, apoyados por un diseño de producción deslumbrante. El resultado es un film realmente bien conseguido. Es más, diría que impropio para el nivel de las últimas producciones Marvel ("Thor", "Iron Man 2"...). Argumentalmente, el guión de Christopher Markus y Stephen McFeely (responsables de las adaptaciones de la saga de "Las crónicas de Narnia") encaja fantásticamente todos los elementos del mejor imaginario creado por los cómics de Marvel en sus últimos tiempos, y entronca perfectamente todas las líneas argumentales que van confluyendo paulatinamente en la próxima "Los Vengadores" (aparece Nick Furia, también aparece en los años cuarenta Howard Stark, el inventor de armamento que se ideó el famoso escudo de vibranium, y que es el padre de Tony Stark, "Iron Man"...). Confieso que para ser un inicio de franquicia, resulta un film muy bien resuelto, con secuencias de acción ejemplarmente rodadas -aunque Johnston ya sabíamos que hacía eso muy bien-. El personaje nació en la realidad de la pluma de Jack Kirby y Stan Lee como propaganda antinazi en la Segunda Guerra Mundial, pero paulatinamente Marvel lo utilizó para encarnar los ideales del modo de vida americano, y convertirlo en el líder de los Vengadores, el mejor equipo de superhéroes del mundo. Esa es precisamente la fase en la que yo descubrí al Capitán América, y es la que quiero ver en cine. En realidad, este origen del personaje me interesaba realmente poco, pero tengo que reconocer que he disfrutado de lo lindo con este film, que ha resultado ser una muy agradable sorpresa, sobre todo por las (pésimas) expectativas que tenía. Ahora solo nos queda esperar a que "Los vengadores" estrene su película y ver cómo encaja un icono de los años cuarenta del pasado siglo en el siglo XXI. Eso sí, al representante de Chris Evans le habrá costado lo suyo hacer que salga tantas veces sin la careta, porque en los cómics siempre salía con esa característica capucha con las alitas en las sienes, y aunque todo el mundo conocía al Capitán América, casi nadie sabía que en realidad se trataba de un rubio fortachón, antaño enclenque, llamado Steve Rogers.

por Federico Casado Reina

A tope

Medalla Al Empeño


Un lindo cortometraje en el cual se destaca el guión y la interpretación del protagonista. Un hombre mayor necesita dinero y para conseguirlo recurre a una casa de empeño

jueves, 5 de julio de 2012

Orientación sin límites

Oportunista

Olvidé mi PC, qué hacer