lunes, 11 de octubre de 2010
domingo, 10 de octubre de 2010
¿Por qué se limpia el metal con bicarbonato?
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Etiquetas: Curiosidades
Qué son los telescopios robóticos
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Etiquetas: Astronomía
sábado, 9 de octubre de 2010
Mantenga la cabeza del palo baja
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Etiquetas: Deportes Golf
viernes, 8 de octubre de 2010
Loft extra para pasar los árboles
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Etiquetas: Deportes Golf
Limite la presión hacia adelante
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Etiquetas: Deportes Golf
jueves, 7 de octubre de 2010
Suburbs of Cape Town, South Africa
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Etiquetas: Imágenes Protesta
miércoles, 6 de octubre de 2010
Últimas noticias sobre la Neocartografía
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Etiquetas: Geografía
martes, 5 de octubre de 2010
Europa gana por la mínima una Ryder Cup épica
El equipo europeo se impone por 14,5 a 13,5 a EE UU en una competición maratoniana, emocionante e igualada, marcada por la lluvia y que por primera vez en la historia termina en lunes.· Celtic Manor: riesgo, recompensa y tradición en la Ryder Cup
· Ryder Cup: tradición anglosajona, pasión española
· 'Fourballs', foursome and 'singles': guía para no perderse en el formato de la Ryder Cup
· El Mundial del golf
· Lluvia, Twitter y surrealismo en Celtic Manor
· Europa devuelve el golpe en una jornada maratoniana de Ryder
· Lección europea en medio del naufragio en Gales
· Europa reconquista la mágica Ryder
En una jornada soleada que hacía pensar a cualquiera que hubiera visto los días anteriores que estábamos en otro país o en otro planeta, y con un campo en un estado espectacular, los dos capitanes han puesto todo su empeño en marcar territorio en los primeros partidos de los 12 individuales con los que se decidía todo. La fiesta en un tee del uno completamente abarrotado y donde los aficionados coreaban hasta los swings de prácticas hacía olvidar que era lunes.
El día partía con una ventaja de tres puntos para los de Colin Montgomerie, que tenían que ganar 5,5 de 12. Lee Westwood, auténtico líder del bando europeo, salía y dominaba al principio a un Stricker que en los dos días anteriores había llevado en volandas a Tiger en los dos primeros partidos y había perdido estrepitosamente el tercero. Rehecho, sólido y luchador, el estadounidense ha hecho dos birdies y un eagle en el tramo decisivo (del 12 al 15) para dar el primer punto a EE UU.
A partir de ahí, puntos para cada uno de los dos bandos con dos ingleses, dos hombres Ryder en estado puro, Donald y Poulter, muy sólidos y ganando partidos decisivos para sumar tres puntos sobre cuatro para cada uno en esta Ryder. Por el lado norteamericano, Tiger (-9 en 15 hoyos), Mickelson y Johnson, hoy sí, ganaban sus partidos de individuales con solvencia después de haber estado más que discretos por parejas.
La presión de la Ryder
En las cábalas y cuentas que pronto han circulado, todo apuntaba hacia un final trepidante en los últimos partidos. Ahí el capitán Montgomerie ha puesto a dos hombres de su confianza: un Harrington que era la elección más polémica, que ha estado desaparecido y que no ha sido rival para Z. Johnson, y un McDowell que había demostrado en el US Open que ganó en Pebble Beach que sabía aguantar la presión.
Y vaya si lo ha hecho. Un magnífico Fowler, joven debutante, arrancaba medio punto ante Edoardo Molinari con tres birdies en los tres últimos hoyos, ponía a EE UU 13,5 a 13,5 y obligaba a McDowell a ganar su partido, porque el empate le daba la copa a EE UU como ganador en la última edición en Valhalla.
Mahan ha recortado diferencias en el 15, hoyo espectacular que ha centrado parte de la emoción de la Ryder, y se ha puesto a un hoyo del norirlandés, pero entonces ha salido el mejor McDowell que ha ganado el 16. Mahan, famoso por su competitividad y su agresividad, no ha podido con la presión, se ha quedado corto en la salida y ha hecho un salto de rana para quedarse corto de nuevo en el approach. Ryder para Europa y fiesta en el green después de todos los nervios, con Monty al fin relajado y Sergio García, que estaba como vicecapitán, exultante.
La importancia de cada medio puntoPero si había un hombre feliz era Miguel Ángel Jiménez. Con un mal récord en Ryder Cup pero adorado por el público, el español ha ganado su punto con solvencia ante un pegador pero inconsistente Watson y ha elegido el momento perfecto para llevarse su primer partido de individuales en la competición. Su victoria daba a Europa un respiro ante la carga de EE UU.
Los norteamericanos siempre han dominado en los individuales y hoy lo han vuelto a hacer (seis victorias por cuatro de los europeos y dos empates) pero no ha sido suficiente gracias al juego el equipo y el empeño de Europa en determinados puntos o partidos con los que no se contaba o en los que no eran favoritos. McIlroy, que no ha hecho la Ryder que muchos esperaban, ha sabido agarrarse al campo y ha empatado en el 15 para no ceder más ante Cink y con grandes putts mantener el medio punto, al final esencial, para Europa. Ayer, en la jornada mágica en la que Europa ha cimentado su victoria, en una situación similar, los hermanos Molinari obtenían medio punto ante Cink y Kuchar que al final ha sido clave.
Después de la victoria, la explosión de júbilo en el green del 17, en la calle del 18 y en cualquier lugar para celebrar ante miles de aficionados que Europa, con un juego de equipo y con la capitanía acertada de Montgomerie, recupera en una Ryder histórica, extraña e inolvidable, la copa que perdió en Valhalla claramente hace dos años. Próxima cita: Chicago 2012.
Más información:
· Celtic Manor: riesgo, recompensa y tradición en la Ryder Cup
· REPORTAJE: Ryder Cup: tradición anglosajona, pasión española
· 'Fourballs', foursome and 'singles': guía para no perderse en el formato de la Ryder Cup
· El Mundial del golf
· Lluvia, Twitter y surrealismo en Celtic Manor
· Europa devuelve el golpe en una jornada maratoniana de Ryder
· Lección europea en medio del naufragio en Gales
· REPORTAJE: Europa reconquista la mágica Ryder
· Fotogaleria: Los gestos de la Ryder -
JUAN CARLOS GALINDO - Madrid - 04/10/2010
EL PAÍS
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Etiquetas: Deporte Golf
LA ÚLTIMA HOJITA DE OTOÑO
Los rayos del sol que iluminan mi dermis, los siento cada día más débiles. ¿Qué pasa con mis hermanas? Su hermoso y brillante color verde se está transformando en un amarillo... que no me parece nada saludable. Las siento ansiosas, excitadas, temblorosas. Hasta que un día comienzan a caer, una tras otra. Se atropellan, saltan, juegan con la brisa, caen hasta el suelo y vuelven a elevarse en remolinos. Quiero detenerlas, gritarles ¡Vuelvan!.
Mi padre árbol, al ver mi desesperada impotencia, ríe bonachón diciendo. _ Es su destino, han terminado su ciclo, tu también deberás marcharte.
- Me estremezco de miedo y hundo más mi vaina en el nudo. Mis hermanas siguen danzando, y quedan amontonadas unas sobre otras al borde de la acera. Llega un hombre que pala y escoba en mano, las recoge y las hecha todas juntas en un gran tacho con ruedas, sigue recogiendo y siguen cayendo. Miro con temor mi epidermis, está tan verde y lozana como siempre. Por esos misterios de la naturaleza, la savia sigue llegando a mí.
La voz dulce de mi padre me anima,_¡Vamos pequeña! No seas remolona, es el destino de todas las hojas caducas... y ya es otoño_. Suavemente desprende mi vaina de su tallo y comienza mi descenso vertiginoso.
Un viento suave y húmedo viene a jugar conmigo. Comenzamos a dar unas vueltas, pero no tengo deseos, ni alegría; viento se vuelve brusco; por momentos me arrastra por el suelo, me estrella contra la pared._ ¡No seas bruto! ¡ Arruinarás mi limbo!_ (presiento que debo mantener mi belleza, se que algo va a ocurrir) Viento, ofendido me grita con un soplido final. _¡Presumida!_ Y me deja tirada en el medio de la vereda. ¡Grosero!.
Pero... ¡ay! Creo que aquí empieza mi verdadero tormento. _¡Ay ¡ ¡ay! ¡pero señora! ¿Por qué no se fija lo que pisa? Además... podría bajar un poco de peso ¡eh!. ¡Ay, me duelen todas las nervaduras!. ¡Oh, no! ¡No! ¡Esto es el colmo! Es lo último que puede soportar una pobre hoja como yo. ¡No! ¡fuera! ¡fuera pichicho!... puaajj! ¡Qué Ignominia!.
Algo increíble ocurre... una hermosa niña, de tez morena, largos cabellos y grandes ojos oscuros, me levanta, me limpia cuidadosamente, me observa con interés: el borde, las nervaduras, la lámina, el pecíolo... por fin, con un gesto de aprobación, me coloca dentro de un libro gordo y malhumorado que aprieta sin piedad mis nervaduras.
¡Oh! ¿Qué ocurre? ¿Un terremoto? ¡Todo se bambolea, gira!. ¡Qué golpe! ¡¡Ay!! Mi estructura está a punto de resquebrajarse. Por fin quedo quieta. Unos ojos claros ( en un rostro con los mismos rasgos de la niña, pero menos moreno) me miran un momento. (tiene algo en la boca que succiona permanentemente y emite sonidos ininteligibles). De pronto... ¡Horror! su mano cae bruscamente sobre mí: una , y otra, y otra vez. Golpea, me zarandea, me aplasta, tira del pecíolo tratando de arrancarme. ¡Pobre de mí!. Cuando ya veo acercarse mi fin, aparece la niña con su mirada entre asustada y furiosa, pero al verme intacta, se dulcifica. Sus dedos acariciantes parecen aleteos de mariposas. El pequeño monstruito, mira con los ojos muy abiertos, estira su mano hacia mí... y yo... ¡Tiemblo! Pero solo me roza con mucho cuidado. Casi... bueno... sin el casi, podría decir que me he encariñado con él ¡ Me encanta! Cuando posa su dedito regordete sobre mí.
Luego de un corto viaje, creo haber llegado. “por fin” a mi destino definitivo.Me colocan en una pequeña caja con vidrio en la parte superior: Y todos los días, en sus blancos guardapolvos, decenas de caritas hermosas se asoman y me miran. Y siento... siento... ¿Qué siento?... siento como si... como si por mis nervaduras volviese a correr la savia como si los ojitos pícaros e inocentes, plenos de amor, fuesen los rayos del sol, como si mi epidermis volviese a liberar oxígeno, como si con ellos llegara cada día la vida. Y siento... siento algo muy parecido a la felicidad.
Paty Sartori
Corral de Bustos-Argentina.
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Etiquetas: Cuento
lunes, 4 de octubre de 2010
Killers
Es una lástima que películas tan horrendas, vacuas, simples como estas logren un hueco en la pantalla grande y se publiciten a bombo y platillo. Quizá esto obedezca a que la pareja protagonista la forman Katherine Heigl (Jen), Ashton Kutcher (Spencer Aimes) ambos muy populares. Salt era mala, pero está es todavía muchísimo peor.
El guión es un despropósito de comienzo a fin, equiparando el intelecto humano al de un oso de peluche. Digamos que podría ser algo parecido a Mentiras arriesgadas, en cuanto que un asesino profesional, un tal Spencer, cuando está realizando un trabajito en la ciudad costera de Niza queda prendado de Jen decidiendo ese mismo momento dejar su profesión de matón profesional, dedicarse a otra cosa y llevar una vida normal. Ella no sabe que él es un asesino, si bien éste la noche que se conocen, en una alarde de sinceridad impropio de él, se lo diga, pena que ella esté dormida y el mensaje no llega a transmitirse.
Una vez que se declaren amor eterno, tras pisar el altar, él cumplirá su sueño de llevar una vida normal y aburrida residiendo en una urbanización con jardín, si bien la cabra siempre tira al monte y una vez que ha dejado la organización, alguien va tras él, con idea de matarlo.
Killers banaliza la violencia, las muertes se coreografían y son objeto de chiste; da igual disparar a una lata que a un humano, y Jen recatada en un principio parece vanagloriarse de tener al lado un marido con tan buena puntería, chocando ambos sus armas, hermanados en la violencia. Hay lugar para toda clase de tópicos, desde la madre adicta al alcohol, el padre posesivo y vigilante propietario de un mostacho que es la envidia de todo el mundo, hasta la amiga cotorra, pasando por los vecinos plastas, etc.
Desconozco si Ashton Kutcher imposta la voz, o si lo que he oído es su voz natural, pero me parece horrorosa. Por no hablar de lo mal actor que es; nula expresividad, pésimo registro vocal…Que Katherine Heigl se haya embarcado en semejante bodrio tampoco lo entiendo. Si quería algo desenfadado se ha estrellado.
Me ha costado horrores acabarla, y eso que apenas dura hora y media, pero esperar casi una hora, escuchando una sandez tras otra tipo, “abre las piernas”, “no, no te lo voy a poner tan fácil”, para luego justificar sus hechuras de película de acción con media hora de tiroteo, y un final capaz de sonrojar al más complaciente, me obligan a valorar este engendro, con un rosco, un cero patatero.
por Popeye Doyle
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Etiquetas: Cine
Al límite
Edge of darkness (Al límite, Martin Campbell 2009)
Título original: Edge of darkness.
Dirección: Martin Campbell.
Países: USA y Reino Unido.
Año: 2010.
Duración: 126 min.
Género: Thriller, drama.
Interpretación: Mel Gibson (Thomas Craven), Ray Winstone (Darius Jedburgh), Danny Huston (Jack Bennett), Shawn Roberts (Burnham), Bojana Novakovic (Emma Craven), David Aaron Baker (Millroy), Jay O. Sanders (Whitehouse), Denis O’Hare (Moore), Damian Young (senador Jim Pine).
Guión: William Monahan y Andrew Bovell; basado en la serie de televisión escrita por Troy Kennedy Martin.
Producción: Graham King, Tim Headington y Michael Wearing.
Música: Howard Shore.
Fotografía: Phil Meheux.
Montaje: Stuart Baird.
Diseño de producción: Tom Sanders.
Vestuario: Lindy Hemming.
Al igual que El Rey Midas que cuanto tocaba se convertía en oro, todo aquel que se cruza en el camino de Thomas Craven tiene un final aciago. Craven es un policía que recibe la visita de su hija. Al llegar a casa desde la estación del tren, en el umbral de la casa, alguien dispara a bocajarro sobre la hija de Craven muriendo casi al instante. Todo hace suponer el objetivo era Craven, pero éste, al ir indagando por su cuenta descubrirá una trama que afecta a las altas esferas.
El tema de la venganza es manida, y hay pelis muy adrenalínicas como Taken, que son interesantes, pero en esta ocasión, prima la sobriedad, de ahí que no nos encontremos con un producto donde el ruido de los disparos no deja escuchar otra cosa. Aquí hay una historia, un policía al que le pesan los años, de ahí que a poco que corra jadee (cositas que hacen verosímil la historia), que trata de esclarecer los hechos por su cuenta, tomándoselo como algo personal, dado que en su horizonte vital, sin mujer y sin más descendencia no tiene muchas más cosas que ocupen su tiempo, y que poco a poco, paso a paso, presionando aquí y amenazando acullá, irá avanzando en la resolución del caso.
A Mel Gibson estos papeles le van como anillo al dado, porque sin excesos, muy comedido nos hace partícipe de sus desventuras y sus correrías enganchan y hacen interesante esta historia, que combina las ansias de venganza con la necesidad de hacer bien su trabajo de policía, llevando a los culpables de la muerte de su hija ante la justicia, o ante el cañón de su pipa, que vendría a ser lo mismo.
Una película pues que he visto y disfrutado, ya que esperaba encontrarme con una película fallera-pirotécnica y lo que hay es tan solo el empeño de un hombre por buscar la verdad.
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Etiquetas: Cine
SIMONES LABYRINTH (El Laberinto de Simone)(German)
SIMONES LABYRINTH (El Laberinto de Simone) GERMAN+ING+SPA
by sevenrain
(Una niña que tiene un sueño y una mama que duerme y no se tiene en pié)
Duración: 15:39Realizado: 14 marzo 2008
Localización:Barcelona, Catalonia, España“El Laberinto de Simone” ("Simones Labyrinth")
DIRECTED BY IVAN SAINZ-PARDO
Shortfilm 15 min. 2003 Germany/Spain
-Two nominations at the Deutcher Camera Preis.
1º- Award for the best short film at the “International Film Festival of Fantasy Brussels 2004.”
2º- Special Jury Prize at the “International Film Festival WorldFest Houston 2004, U.S.A”.
-Winner of more than 60 International Awards
MORE INFO:
HTTP://IVANSAINZPARDO.BLOGIA.COM
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Etiquetas: Cine Cortos
domingo, 3 de octubre de 2010
Joaquin Sabina y Chavela Vargas - Noches de boda
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Etiquetas: Canciones
sábado, 2 de octubre de 2010
Un poco de pleamar para ti
Cuando tú apareciste,penaba yo en la entraña más profunda
de una cueva sin aire y sin salida.
Braceaba en lo oscuro, agonizando,
oyendo un estertor que aleteaba
como el latir de un ave imperceptible.
Sobre mí derramaste tus cabellos
y ascendí al sol y vi que eran la aurora
cubriendo un alto mar de primavera.
Fue como si llegara al más hermoso
puerto del mediodía. Se anegaban
en ti los más lucidos paisajes:
claros, agudos montes coronados
de nieve rosa, fuentes escondidas
en el rizado umbroso de los bosques.
Yo aprendí a descansar sobre tus hombros
y a descender por ríos y laderas,
a entrelazarme en las tendidas ramas
y a hacer del sueño mi más dulce muerte.
Arcos me abriste y mis floridos años,
recién subidos a la luz, yacieron
bajo el amor de tu apretada sombra,
sacando el corazón al viento libre
y ajustándolo al verde son del tuyo
Ya iba a dormir, ya a despertar sabiendo
que no penaba en una cueva oscura,
braceando sin aire y sin salida.
Porque habías al fin aparecido.
Rafael Alberti
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Etiquetas: Poesía Ajena
Tu vives siempre en tus actos
Tu vives siempre en tus actos.Con la punta de tus dedos
pulsas el mundo, le arrancas
auroras, triunfos, colores,
alegrías: es tu música.
La vida es lo que tu tocas.
De tus ojos, sólo de ellos,
sale la luz que te guía
los pasos. Andas
por lo que ves. Nada más.
Y si una duda te hace
señas a diez mil kilómetros,
lo dejas todo, te arrojas
sobre proas, sobre alas,
estás ya allí; con los besos,
con los dientes la desgarras:
Ya no es duda.
Tú nunca puedes dudar.
Porque has vuelto los misterios
del revés. Y tus enigmas,
lo que nunca entenderás,
son esas cosas tan claras:
la arena donde te tiendes,
la marcha de tu reloj
y el tierno cuerpo rosado
que te encuentras en tu espejo
cada día al despertar,
y es el tuyo. Los prodigios
que están descifrados ya.
Y nunca te equivocaste,
más que una vez, una noche
que te encapricho una sombra
-la única que te ha gustado-.
Una sombra parecía.
Y la quisiste abrazar.
Y era yo.
Pedro Salinas
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Etiquetas: Poesía Ajena
POEMA 5
Para que tú me oigasmis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.
Collar, cascabel ebrio
para tus manos suaves como las uvas.
Y las miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.
Ellas trepan así por las paredes húmedas.
Eres tú la culpable de este juego sangriento.
Ellas están huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas tú, todo lo llenas.
Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.
Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú las oigas como quiero que me oigas.
El viento de la angustia aún las suele arrastrar.
Huracanes de sueños aún a veces las tumban.
Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.
Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.
Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.
Voy haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas.
Pablo Neruda
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viernes, 1 de octubre de 2010
UNA TARDE
¡Tarde horrible!, ¡Del horizonte,la alta esfera, negro velo
recubrió;
triste, oscuro estaba el monte,
triste el valle, triste el cielo,
triste yo!
En medio el cuadro sombrío,
de pavura todo acento
feneció;
mudo estaba el manso río,
muda el ave, mudo el viento,
mudo yo.
De la aldea a la cabaña
buscó un ser mi vista; en vano,
le buscó.
Sola estaba la montaña,
solo el bosque, solo el llano,
¡solo yo!
Y tras el negro horizonte,
solo el poder soberano,
que hoy logró
que ni una flor guarde el monte,
ni una el bosque, ni una el llano
¡ni una yo!;
¡Ah! Del tiempo! a la honda saña
seremos en este arcano,
que él formó,
polvo estéril la montaña,
polvo el bosque, polvo el llano,
¡polvo yo!
EVARISTO SILIÓ Y GUTIÉRREZ
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Y PIENSO QUE LA VIDA
Y pienso que la vida se me va con huidainevitable y rápida, y me conturbo, y pienso
en mis horas lejanas, y me asalta un inmenso
afán de ser el de antes y desandar la vida.
¡Oh los pasos sin rumbo por la senda perdida,
los anhelos inútiles, el batallar intenso!
¿Cómo flotáis ahora, blancas nubes de incienso
quemado en los altares de una deidad mentida?
Páginas tersas, páginas de los libros, lecturas
de espejismos enfermos, de cuestiones oscuras...
¡Ay, lo que yo he leído! ¡Ay, lo que yo he soñado!...
Tristes noches de estéril meditación, quimera
que ofuscaste mi espíritu sin dejarme siquiera
mirar que iba la vida sonriendo a mi lado...
Enrique González Martínez
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BALADA DE LA CÁRCEL DE READING
Balada de la cárcel de Reading por el prisionero C.33 (Oscar Wilde)In memoriam
Carlos T. Wooldridge, soldado que fue de la Guardia Real Montada, ajusticiado en la Cárcel de Su Majestad, en Reading (Berksire) el 7 de julio de 1896.
"Cuando salí de la cárcel, unos me esperaban con ropas y especias; otros, con buenos consejos. Tú me esperaste con amor. *
Oscar Wilde
Versión de Bernardo Arias Trujillo 1948 ®
Charles Thomas Wooldridge, nacido en el condado de Berk, era un mocetón bien erguido de la plebe inglesa.
Soldado fue de la Guardia Real Montada y tenia treinta años cuando el Estado puso en su nuca la corbata trágica de cáñamo. Este hombre, enloquecido por los celos, degolló a su mujer, Laura Ellen Wooldridge, con exquisita premeditación de viejo florentino, a las nueve de la noche del día domingo 29 de marzo de 1896, en Arthur Road, entre la estación de Great Western Railway de Windsor y el pueblito de Clewer. Mujer bella era, y resplandecían en su cuerpo mozo veintitrés años de júbilo.
Wooldridge fue sentenciado por el Juez Harwkins en la Audiencia de Bershire el 17 de junio de tal año. El soldado hizo fe en todo momento de haberlo sido de
veras y de haber ceñido con donaire las presillas a sus hombros: nunca se mostró abatido ni inferior al momento trágico que le tocó sufrir. El Reverendo M. T. Friend fortificó aún más su espíritu para el tremendo trance.
Oscar Wilde
* En el texto original de la Balada, figuraba la dedicatoria a Robert Ross, pero Smithers, el editor, con su aparente gazmoñería, se empeñó en que fuese suprimida, acabando Wilde por ceder de mala gana. Esta es la primera vez que la Balada aparece en idioma alguno con la dedicatoria a Ross, como fue siempre voluntad de Wilde. Si hubo de ceder ante la presión del editor avaro, fue tan sólo porque su miseria no le permitía discrepar gran cosa con quien iba a tirarle a la cara unos denarios míseros por la más alta obra lírica de Inglaterra. Creo interpretar con absoluta lealtad el pensamiento del cautivo de Reading, publicando la dedicatoria auténtica a Mr. Robert Ross, tal como Wilde quiso hacerlo en vida y nunca fue posible que se hiciese.
Nota del Traductor
I
Ya no llevaba la guerrera roja
pues -la sangre y el vino rojos son,
y sangre y vino reteñían sus manos
cuando a él con la muerta se le halló,
con la mísera muerta que él amara
y a la que él en su lecho asesinó.
El caminaba entre los condenados
con su traje color gris viejo y raído
y su gorro de dril en la cabeza.
Su paso, alegre y ágil parecía,
pero jamás vi a un hombre que mirara
con tan ávido afán la luz del día.
Jamás he visto a un hombre que mirara
con tan ávidos ojos esa tienda
diminuta y azul que los penados
en su cautividad 1laman "el cielo",
y esas nubes movidas por el viento
con sus velas de mar, color de argento.
Y caminaba yo con otras almas
en pena, y en órbita distinta,
y yo me preguntaba si el pecado
de aquel hombre sería pequeño o grande,
cuando una voz atrás me dijo quedo:
"El preso que está allí, va a ser colgado".
¡Ah, Cristo querido! Los mismos muros
del penal parecía que tambalearan!
Volviose un casco de candente acero
el cielo azul sobre nuestras cabezas,
y aunque yo era también un alma triste
ya no pude sentir mi propia pena.
Sólo pude saber qué pensamiento
obsesional precipitó su paso,
y por qué contemplaba con pupilas
tan ávidas la luz del claro día:
¡ese hombre había matado lo que amaba
y tenía que morir por esa causa!
* * *
Sin embargo, -¡y escúchenlo bien todos!-
siempre los hombres matan lo que aman!
Con miradas de odio matan unos,
con palabras de amor los otros matan,
el cobarde asesina con un beso
y el hombre de valor con una espada!
Unos matan su amor cuando son jóvenes,
otros matan su amor cuando son viejos,
con las manos del oro mátanlo unos,
con manos de lujuria otros lo asfixian,
y los más compasivos con puñales
pues los muertos así, pronto se enfrían.
Algunos aman demasiado corto,
algunos aman demasiado largo;
unos venden amor y otros lo compran,
éstos aman vertiendo muchas lágrimas,
sin un leve suspiro aman aquéllos,
porque cada hombre mata lo que ama
aunque no tenga que morir por ello!
Él no muere una muerte vergonzosa
un torvo día de desgracia oscura,
ni tiene un nudo al rededor del cuello,
ni su pálida faz un paño cubre,
ni los dos pies para agarrar el piso
estira en el instante que más sufre.
* * *
No se sienta con hombres silenciosos
que atentos lo custodian noche y día,
que vigilan su llanto cuando llora
y cuando va a rezar sus oraciones,
y hasta el último instante lo vigilan
por miedo de que él mismo pretendiese
robarle su botín a las prisiones.
No se despierta al alba a ver figuras
horribles que en su cuarto se amontonan,
ni al capellán de blanco y tembloroso,
ni al alguacil que está severo y torvo,
ni al jefe del penal todo vestido
con tela de un color negro brillante,
y en su rostro la cara del Destino.
El ya no se levanta con piadosa
ligereza a vestirse de convicto;
en tanto, un doctor ruin y malhablado
anota de sus nervios los latidos,
apretando un reloj entre los dedos
cuyo tic-tac pequeño es parecido
a los golpes que da un martillo horrendo.
El no siente esa sed cruel y enfermante
que abrasa la garganta de la víctima
antes de que el verdugo con sus guantes
de jardinero por la puerta salga
para amarrarlo ya con tres correas,
a fin de que su cálida garganta
el ardor de la sed ya nunca sienta.
No inclina la cabeza fatigada
para oír el Oficio de Difuntos,
ni la inclina tampoco cuando su alma
le dice a solas que no ha muerto aún,
ni cuando yendo ya para el patíbulo
se encuentra en el camino su ataúd.
El ya no mira atentamente el aire
por un pequeño techo de cristal;
con sus labios de arena ya no reza
a fin de su agonía apresurar,
ni en sus mejillas temblorosas siente
el beso taciturno de Caifás.
Seis semanas duró aquel sentenciado
paseando por el patio su indolencia,
con su traje color gris, viejo y raído
y su gorro de dril en la cabeza.
Su andar, alegre y ágil parecía,
pero jamás vi a un hombre que mirara
con tan ávido afán la luz del día.
Jamás he visto a un hombre que mirara
con tan ávidos ojos esa tienda
diminuta y azul que los penados
llaman cielo, y las nubes pasajeras
que rielan en vellones encrespados.
No retorcía sus manos como lo hacen
los hombres sin ingenio que se atreven
a erigir la Esperanza tornadiza
en el antro del negro Desespero:
él miraba tan sólo el sol radiante
y bebíase el aire mañanero.
No retorcía sus manos ni lloraba
ni siquiera quejábase en voz baja,
mas bebíase el aire cual si el aire
virtudes saludables contuviese,
y bebíase el sol a boca abierta
así como si el sol un vino fuese.
Y yo, y todas las ánimas en pena
que estábamos en órbitas distintas,
echamos en olvido si fue grande
o si pequeño fue nuestro pecado,
y con torpe mirada asustadiza
mirábamos al que iba a ser colgado.
Era extraño mirarlo cuando andaba
con paso tan ligero y tan alegre,
y extraño mucho más, cuando miraba
la luz del día con ansioso afán;
y extraño era también pensar que este hombre
tenía tan dura deuda que pagar.
* * *
Pues porque en cada primavera brotan
a la encina y al olmo frondas gratas;
más triste es ver el árbol del patíbulo
con sus duras raíces que las víboras
hieren con sus mordiscos más profundos,
y verde o seco, siempre un hombre tiene
que morir, antes de que él dé sus frutos.
El puesto más visible y elevado
es la silla de gracia a la cual tienden
todas las vanidades; sin embargo,
¿quién estaría de pie, sobre un tablado,
con un dócil cordel atado al cuello,
y a través del collar cruel y asesino
por la postrera vez mirar al cielo?
Dulce es bailar al son de los violines
si el Amor y la Vida son propicios;
danzar al son de flautas y laúdes
es siempre un baile delicado y raro;
pero bailar con ágil pie en el aire
no es cosa dulce ni ejercicio grato.
Con sumisión enferma y ojos ávidos,
nosotros lo miramos noche y día,
y a veces divagamos si cada uno
de nosotros tal vez terminaría
en forma parecida, pues ninguno
logra decir en cuál Infierno rojo
puede extraviarse un alma enceguecida.
Por último, una vez, el condenado
ya no más caminó entre los cautivos,
y supe que de pies él había estado
entre la negra celda pavorosa,
y que jamás de nuevo volvería
a ver su rostro alegre o desolado.
Así, cual dos navíos en naufragio
que pasan al furor de una tormenta,
nosotros nos cruzarnos en la vía
de uno y otro, sin hacernos señas
ni decirnos siquiera una palabra;
¡no teníamos palabras qué decirnos
porque no nos hallábamos nosotros
en la noche sagrada y placentera
sino en el día fatal de la Vergüenza!
Un muro de prisión nos rodeaba
a los dos, y dos bandidos éramos,
puesto que el mundo nos había arrojado
de su insensible corazón. Dios mismo
nos alejó también de su cuidado;
la trampa férrea que a la Culpa espera
ya nos había cogido entre su lazo.
III
En la prisión de Debtors Yard, las piedras
duras son, y es alto el chorreado muro;
allí tomaba el aire el prisionero
bajo el cielo de plomo, y un gendarme
a cada lado suyo caminaba
por el terror de que muriese el preso.
O también se sentaba con aquellos
que guardaban su angustia noche y día,
cuando para llorar se levantaba
o cuando se inclinaba para el rezo,
y que lo vigilaban hasta lo último
por temor de que él mismo se robase
su vil presa al patíbulo sangriento.
El jefe del penal era un estricto
cumplidor del severo Reglamento:
el doctor sostenía que la muerte
era un simple fenómeno científico,
y el capellán, dos veces en el día,
un folleto piadoso le dejaba
cuando iba a hacerle la habitual visita.
Y dos veces al día fumaba pipa
y se bebía su jarro de cerveza;
su alma era resuelta y no tenía
un lugar escondido para el miedo;
con frecuencia decía que se alegraba
porque el día de la horca se acercaba.
Pero por qué decía cosas tan raras
los guardas nunca osaron preguntarle,
porque aquel a quien dieron por destino
vigilar una cárcel de desgracia,
sellar debe sus labios con cerrojos
y transformar su rostro en una máscara,
pues también él podría ser ablandado
y dar confortativos y consuelos;
mas... la Humana Piedad, ¿qué hacer podría
mirando el antro de los asesinos?
¿Qué palabra de gracia allí podría
a un alma hermana procurar alivios?
* * *
Con crudo balanceo los presidiarios
al rededor del círculo ensayábamos
la Marcha de los Tontos. ¡Qué importaba!
¡Nosotros bien sabíamos que éramos
tan sólo la Brigada del Demonio!
¡Pies de plomo y cabezas afeitadas
hacen las más alegres mascaradas!
Deshilábamos las cuerdas embreadas
con uñas embotadas y sangrantes;
frotábamos las puertas y los suelos,
y las rejas de hierro las limpiábamos;
con fuerza, tabla a tabla, enjabonábamos
el piso, y con baldes lo golpeábamos.
Cosíamos los sacos, y quebrábamos
las piedras y las rocas, y volteábamos
el polvoso taladro, y golpeábamos
las latas, y gritábamos los himnos,
y sudábamos siempre en el molino;
pero en el corazón de cada hombre
yacía el Terror aún, como escondido!
El Terror se arrastraba cada día
cual ola henchida de marinas algas;
nos olvidamos del destino amargo
que al bandido y al loco les espera,
hasta que cierta vez, yendo al trabajo,
al pasar vimos una tumba abierta,
con bostezante boca de hondo hueco
como para tragarse a un ser viviente;
el mismo barro reclamaba sangre
al sitibundo círculo de asfalto;
y nosotros supimos que mucho antes
de despertar el alba sobre el mundo,
el compañero aquel sería colgado.
Y nosotros seguimos a las celdas
en el alma metidas ya la Muerte
y el Terror y el Destino. Y el verdugo,
con su pequeña bolsa, se iba abriendo
paso entre las tinieblas, renqueando...
Yo estaba tembloroso cual si fuese
camino hacia un sepulcro numerado.
Tal noche, los vacíos corredores
llenos de formas de Terror estaban;
de arriba a abajo, en la ciudad de hierro,
rondaban con pisadas taciturnas
para que no pudiéramos oírlas;
y entre las barras férreas que ocultan
la luz de las estrellas, caras blancas
entre ¡a oscuridad se percibían.
Era como quien duerme un dulce sueño
en una extensa y plácida llanura;
custodiábanlo a él mientras dormía
los celosos guardianes, pero éstos
no podían entender cómo él tenía
tan tranquilo dormir, con un verdugo
de su mano pegado noche y día.
Mas no hay sueño posible cuando lloran
los ¡hombres que jamás habían llorado;
así, todos nosotros, los insanos,
y los bandidos y los fraudulentos,
velamos esa noche interminable;
y con manos de pena se arrastraba
el ajeno Terror en los cerebros.
Qué cosa tan horrenda es sentir uno
las culpabilidades de los otros!,
porque la espada del delito, recta,
penetra hasta su puño envenenado;
¡y eran como de plomo derretido
las lágrimas ardientes que lloramos
por una sangre que jamás vertimos!
Con zapatos de fieltro, los guardianes
marchaban a atisbar por las rehendijas
de las puertas cerradas con candado,
grises figuras que les daban miedo
trazadas en los pisos, y los guardias
pensaban en por qué se arrodillaban
a rezar los que nunca habían rezado.
Hincados de rodillas nos pasamos
toda 1a noche recitando preces;
¡Locos de luto conduciendo a un muerto!
Las plumas agitadas y revueltas
de mitad de la noche, parecían
los penachos fatídicos de un féretro;
y como vino amargo en una esponja
el sabor era del Remordimiento.
* * *
El gallo gris cantó y el gallo rojo
cantó también, mas no llegaba el día;
y tortuosas figuras terroríficas
cruzaban el rincón donde yacíamos;
y cada vil fantasma endemoniado
que en medio de la noche caminaba
delante de nosotros, parecía
jugar entretenido a nuestro lado.
Ellos fosforescían y se apagaban
así como aparecen y se ocultan
los viajeros en medio de la niebla;
de la luna burlábanse y le hacían
corvetas y figuras exquisitas;
con formal paso y repugnante gracia
los fantasmas llegaban a la cita.
Y los vimos marchar haciendo muecas
y gesticulaciones; eran formas
delgadas y cogidas de las manos;
por rutas de pavor, cerca, muy cerca,
ellos trotaban una zarabanda,
y los grotescos condenados hacían
dibujos, como el viento hace en la arena.
Con las piruetas de las marionetas
tropezaban marcando las pisadas,
pero con flautas de terror, llenaban
el aire, como si llevasen ellos
sus máscaras horribles. Y cantaban,
cantaban largamente, pues cantaban
con la intención de despertar los muertos.
¡"Ahohó" ! -cantaban ellos-- "el mundo
es ancho y los encadenados, cojos;
y una o dos veces arrojar los dados
es correcto jugar de caballeros;
¡mas nunca gana el que en pecado juega
en la Casa fatal de la Vergüenza!"
No eran cuerpos aéreos los bufones
que al danzar se hacían 'mal con alegría;
para estos pobres hombres cuyas vidas
estaban con grilletes amarradas
y cuyos pies no andaban libremente
porque estaban también encadenados,
¡ay, llagas de Cristo, tenían vida,
y eran los más terribles de mirarlos!
Al rededor, al rededor, danzaban;
algunos deslizábanse en parejas
burlonas, y con pasos zalameros
de cortesana impúdica, subían
de lado las escalas y ensayaban
sus sarcasmos sutiles servilmente,
y al mirar de soslayo, cada uno
ayudaba a rezar nuestras plegarias.
El viento matinal ya principiaba
su gemir, mas la noche persistía;
en su telar gigante las urdimbres
de las tinieblas deslizáronse hasta
que cada hebra quedó ya bien tejida;
y en tanto que rezábamos, crecía
nuestro miedo hacia el Sol de la Justicia!
El viento gemidor de la mañana
vagaba en torno a los llorosos muros
de la vieja prisión; y así, cual gira
una rueda de acero, los minutos
se deslizaban con angustia y pena;
¡Oh viento gemidor: ¿qué habíamos hecho
para tener así, tal centinela?
Por fin vimos las s0mbras de las barras
-como una celosía de plomo crudo-
directas y a través, movilizarse
frente al muro encalado de un rincón;
y miraba mi cama de tres tablas,
y supe yo que en un lugar del mundo
era roja la horrible alba de Dios.
A las seis de la mañana aseábamos
nosotros nuestras celdas, y a las siete
ya todo estaba quieto; mas el silbo
y el aletear de un ala poderosa
parecía llenar toda la cárcel,
que el Señor de la Muerte ya había entrado
a matar con su aliento congelado.
Mas él no entró con púrpura ni pompa,
ni montado en corcel blanco de luna;
¡Tres yardas solamente de una cuerda,
y alguna tabla escurridiza, es todo
lo que la fúnebre horca necesita!
Así, con una cuerda de vergüenza,
vino el Heraldo a hacer su obra secreta.
Éramos como hombres que en un fango
de sucia oscuridad, fuesen a tientas;
no osábamos decir una plegaria
ni darle libertad a nuestras ansias,
porque algo había muerto en cada uno
de nosotros mismos, y ese algo era
que había muerto en nosotros la Esperanza!
Pues la feroz justicia de los hombres
prosigue su camino sin desviarse
hacia los lados; ella mata al débil,
mata al fuerte también, y tiene un golpe
mortífero y terrible: ella asesina
-¡monstruosa parricida- !, alevemente,
con su talón de hierro a los más fuertes.
El toque de las ocho lo esperábamos
-espesa por la sed la lengua ardiente-
pues las ocho es el toque del Destino
que hace al ,hombre execrable, y el Destino
un nudo corredizo con su lazo
para todos pondrá en uso: lo mismo
para el hombre de bien que para el malo.
Otra cosa que hacer ya no teníamos
-al menos esperar la señal próxima-;
cual piedras en una valle solitario,
inmóviles y mudos nos sentábamos;
no obstante, el corazón nos palpitaba
fuerte y de prisa, cual si fuese
que en un tambor de cuero redoblara.
De repente, el reloj de las prisiones
sonó hiriendo los aires temblorosos;
de desesperación y de impotencia
un grito se escapó de los galeotes,
como el grito que oían los pantanos
salir desde el cubil de los leprosos.
Y así como miramos cosas tristes
al través del cristal puro de un sueño,
así vimos de un garfio que colgaba
de la viga mugrienta, la embreada
y grasosa cuerda. Después oímos
la plegaria que el lazo del verdugo
estranguló impasible en un gemido.
Y todo aquel horror que lo movía
para exhalar tan cruel y amargo grito,
y los salvajes arrepentimientos
y los sudores fríos y sangrientos,
nadie los conoció con la experiencia
con que yo en la prisión los conocí;
pues el que vive más de una existencia
también más de una muerte ha de morir.
No hay oración en la capilla el día
que cuelgan a un proscrito de la horca;
el corazón del capellán se encuentra
enfermo en demasía, y su rostro
se halla ese día demacrado y pálido,
o es que está escrito en sus pupilas algo
que nadie puede contemplar acaso.
Por eso, nos guardaron encerrados
noche y tarde, y entonces, al sonido
de un esquilón, los guardias con sus llaves
tintineantes, cada aposento abrieron;
fuimos bajando por la escala férrea
y cada cual desde su propio Infierno.
Afuera, al dulce aire de Dios, nosotros
fuimos saliendo, pero no del mismo
modo que siempre acostumbrábamos,
pues la cara de este hombre estaba blanca
de miedo, y gris el rostro aquel tenía,
pero jamás yo vi seres tan tristes
mirar con tánto afán la luz del día.
Jamás a un ser vi yo tan apenado,
mirar con tánto afán aquella tienda
diminuta y azul que los penados
dentro de la prisión llamamos cielo,
y cada alegre nube que ensayaba
con tan extraña libertad su vuelo.
Pero algunos había entre nosotros
que marchaban bajando la cabeza,
sabiendo que si cada uno hubiese
tenido que pagar su propia cuenta,
digno se haría de morir por eso;
¡él tan sólo mató una cosa viva
y ellos mataron a su vez a un muerto!
Pues el que peca por la vez segunda
resucita al dolor un alma muerta;
de su propio sudario maculado
la arranca, haciéndola sangrar de nuevo,
y la hace sangrar gotas inmensas
de sangre, y la hace desangrar en vano!
Como un mono o un clown que están vestidos
con monstruosos disfraces dibujados
de saetas torcidas y estrelladas,
fuimos nosotros silenciosamente,
al redor y al redor del patio liso;
al redor y al redor, fuimos callados,
mas ningún hombre una palabra dijo.
Al redor y al redor, callados fuimos,
y en el hueco cerebro de cada uno
el recuerdo de cosas espantosas
como un viento mortal se despeñaba,
y el Horror nos rondaba por delante
y el Terror, por detrás, nos acechaba.
* * *
Los guardias, pavoneándose orgullosos
de arriba a abajo, en uniformes nuevos,
gala de los domingos, vigilaban
el rebaño de brutos de la cárcel,
mas nosotros sabíamos el trabajo
que estuvieron haciendo los guardianes
por la cal que blanqueaba en sus zapatos.
Pues allí donde una tumba abrieron
no se encontraba ya ningún sepulcro;
sólo una zanja había de arena y lodo
de aquella cárcel junto al muro odiado,
y un pequeño montón de cal ardiente
para que le sirviera de sudario.
Pues un sudario bueno tiene el pobre
como pocos pudieran reclamarlo;
profundo, muy profundo, bajo un patio
de pávida prisión, en duro suelo,
desnudo allí para mayor vergüenza,
yace con ambos pies encadenados
y envuelto en una sábana de fuego.
Y día tras otro día, la cal ardiente
va devorando allí carnes y huesos;
-roerá el frágil hueso por las noches
y las carnes tan blandas en el día-;
y comerá por turno carne y hueso,
pero su corazón atormentado
será constantemente devorado.
* * *
Durante un plazo de tres largos años
no sembrarán allí nada que brote;
durante un plazo de tres largos años
y el lugar será estéril y execrable,
y ese yermo rincón mirará al cielo
con ansia y con fijeza irreprochable.
Piensan que el corazón de un asesino
corrompería la más simple semilla
que ellos sembrasen. Mas verdad no es eso,
pues la tierra de Dios es más amable
de lo que creen los hombres sin entrañas:
¡La rosa roja brotará más roja,
la rosa blanca brotará más blanca!
¡Poned sobre sus labios una rosa
roja absolutamente, roja y roja!
¡Sobre su corazón una muy blanca!
Pues quién puede decir las vías extrañas
por las cuales indica Jesucristo
su voluntad divina y soberana
desde que en el bordón de un peregrino
una flor retoñó frente al Gran Papa?
Las rosas color leche o color vino
no florecen en aires de una cárcel.
el casco, el pedernal y los guijarros
Son todo lo que allí se nos ofrece,
pues las flores se sabe que apaciguan
la desesperación del que padece.
La rosa color vino o color blanco
no caerá jamás pétalo a pétalo
en la zanja de arena y de pantano
que está a los pies del muro de la cárcel,
a decir a los hombre encerrados
entre las celdas del presidio odioso,
que el Hijo del Señor murió por todos.
* * *
Aunque el odioso muro de la cárcel
al rededor y al rededor lo cerque,
y un espíritu atado con grilletes
en la noche no puede caminar,
y un espíritu que ahí yace no puede
en tan profundo sitio sollozar,
en paz se encuentra este hombre miserable;
-¡si en paz no está, no tardará en estarlo!-
no hay nada ya que pueda enloquecerlo
ni anda el Terror con él hasta la tarde,
pues ya no hay luz de Sol ni luz de Luna
en la tierra sin luces donde él yace.
Lo ahorcaron lo mismo que a una bestia
y ni siquiera un "requiem" le dijeron
que le hubiera podido dar descanso
a su ánima espantada y temblorosa;
apresuradamente lo cogieron
con el fin de enterrarlo en una fosa.
Despojaron el cuerpo de sus ropas,
y después, a las moscas lo entregaron;
y de su hinchado y purpurino cuello
y de sus ojos fijos, se burlaron,
y hacinaron con duras carcajadas
tierra en la fosa hasta cubrir el hueco
donde el pobre convicto descansaba.
No se arrodillará a rezar plegarias
en su tumba infamada, el capellán,
ni clavarán en ella la sagrada
cruz que a los pecadores Cristo da,
pues era ese infeliz uno de aquellos
a quienes el Señor vino a salvar.
Pero todo esto está muy bien. Apenas
él cruzó la corriente de la vida;
y llenarán por él la urna sagrada
de la Piedad, las lágrimas ajenas
que caigan en su tumba penitente,
pues sólo a él lo llorarán los presos.
Y los encarcelados lloran siempre.
V
Yo no sé si las leyes serán rectas,
yo no sé si serán equivocadas;
todo lo que yo sé, es que para quienes
yacen entre presidios inhumanos,
el muro es fuerte, y cada día, es como
un año cuyos días fuesen muy largos.
Pero lo que sí se yo es que toda Ley
que los hombres han hecho para el hombre
desde que el primer hombre de la tierra
arrebató la vida de su hermano
y tuvo su principio el triste mundo,
desecha el trigo, lo convierte en paja,
o lo cierne en el peor de los cedazos.
Y demasiado sé también yo esto:
-¡ay, ojalá que lo supiesen todos!-
que cada cárcel que construye el hombre
hecha está con ladrillos de vergüenza
y cegada por duros enrejados,
para que el mismo Cristo ver no pueda
cómo el hombre mutila a sus hermanos.
Con barras manchan la graciosa luna
y ciegan del buen sol los resplandores,
y su Infierno hacen bien en ocultar,
puesto que en la prisión cosas son hechas
que ni el Hijo de Dios ni el de los Hombres
no las debieran contemplar jamás.
* * *
Las acciones más viles, cual malezas
en la prisión envenenadas crecen;
pues en la cárcel se marchita y gasta
todo lo que en los hombres hay de bueno.
Y la Pálida Angustia es centinela
y guardián es también el Desespero.
Y aun al pequeño y temeroso niño
ellos lo matan con torturas de hambre
hasta que el niño llore noche y día;
y castigan al débil y al idiota
y algunos presidiarios se enloquecen
y se mofan del viejo encanecido,
y al fin todos los hombres se pervierten,
y un vocablo decir no es permitido.
Y cada estrecha celda que moramos,
es asquerosa y lóbrega letrina,
y ahoga la enrejada claraboya
el vaho hediondo de la Muerte Viva;
todo, con excepción de la Lujuria,
en polvo se convierte sin piedad
en la máquina de la Humanidad.
Y las aguas salobres que bebemos
arrastran un pantano repugnante,
y el pan amargo que en balanza pesan
está lleno de tiza y de cal blanca,
y el Sueño, sin bajar hasta nosotros,
al Tiempo grita, y con furor camina
mostrando siempre sus salvajes ojos.
Mas aunque el Hambre flaca y la Sed verde
luchen cual riña de serpiente y áspid,
ya poco nos importan las raciones,
pues lo que hiela y mata de continuo
con toda libertad, es que la piedra
que cada cual en su labor levanta
en el curso del día, se convierte,
¡ay! en el corazón de cada uno
durante nuestras noches de infortunio.
Siempre en el corazón es media noche
y crepúsculo triste en nuestras celdas;
volteábamos nosotros el manubrio
o también deshilábamos las cuerdas
y cada cual entre su propio Infierno!
¡Siempre en el corazón es media noche!
pero el Silencio es mucho más terrible
que el repicar de un esquilón de bronce!
Jamás humana voz se nos acerca
una gentil palabra a balbucirnos;
el ojo que en la puerta está mirando
nunca tiene piedad y es siempre duro;
nos podrimos, de todos olvidados,
con el alma y el cuerpo maniatados.
Y nosotros así, enmohecemos
la cadena de hierro de la vida
solos y depravados; hombres hay
que lanzan maldiciones y hay algunos
que lloran y otros hay que no se quejan,
pues las leyes de Dios son muy amables
y rompen siempre el corazón de piedra.
* * *
El corazón humano que se rompe
en celda de prisiones o en el patio,
es como el recipiente quebrantado
que lleva su tesoro a Jesucristo,
y unge la sucia casa del leproso
con su nardo más fino y delicado.
¡Ah ! Bienaventurados sean aquellos
cuyos sensibles corazones pueden
quebrantarse y ganar paz y perdones;
¿pues de qué otra manera podría el hombre
seguir sus rectos planes y limpiarse
el alma de pecado y padecer?
¿Si no de esta manera, de qué modo
puede Cristo Señor entrar en él ?
* * *
Y aquel hombre de cuello amoratado
y los ojos abiertos siempre fijos,
espera para sí las santas manos
que guiaron al ladrón al paraíso,
pues un quebrado corazón contrito
no lo despreciará el Crucificado.
Aquel que lee la Ley, vestido en rojo,
tres semanas no más le dio de vida;
¡tres semanas no más para sanarse
el alma de la lucha de su alma,
y limpiarse la sangre arrepentido
de esa su mano que empuñó el cuchillo!
Y limpió con sus lágrimas de sangre
aquella mano que empuñó el acero,
pues las manchas de sangre, únicamente
se borran estregándolas con sangre,
y sólo el llanto nos concede alivio:
la mancha roja de Caín, tornóse
en el sello más cándido de Cristo.
VI
En la Cárcel de Reading, junto al pueblo
de Reading, hay un hoyo de vergüenza
en donde yace un hombre miserable
comido por los dientes de las llamas
y envuelto en una sábana de fuego.
Sin nombre está su tumba abandonada.
Hasta que Cristo llame un día a los muertos
en su silencio yacerá él allí;
no necesita ya lágrimas vanas,
ni un montón de suspiros quiere ahí:
¡ese hombre asesinó lo que adoraba
y por eso tenía que morir!
¡Todos los hombres matan lo que aman!
-y que sea por todos esto oído-:
algunos lo hacen con mirada amarga,
algunos con palabras de dulzura;
el cobarde asesina con un beso
y el hombre de valor con una espada!
Oscar Wilde
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