domingo, 8 de enero de 2012

LETRILLAS SATÍRICAS


[ I ]
Poderoso caballero
es don Dinero.

Madre, yo al oro me humillo:
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado,
de continuo anda amarillo;
que pues, doblón o sencillo,
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero etc. etc.

Nace en las Indias honrado,
donde el mundo le acompaña,
viene a morir en España
y es en Génova enterrado;
y, pues quien le trae al lado
es hermoso, aunque sea fiero,
poderoso caballero etc. etc.

Es galán, y es como un oro;
tiene quebrado el color;
persona de gran valor,
tan cristiano como moro;
pues que da y quita el decoro
y quebranta cualquier fuero,
poderoso caballero etc. etc.

Son sus padres principales,
y es de nobles descendiente,
porque en las venas de Oriente
todas las sangres son reales;
y, pues es quien hace iguales
al duque y al ganadero,
poderoso caballero etc. etc.

Mas ¿ a quién no maravilla
ver en su gloria sin tasa,
que es lo menos de su casa
doña Blanca de Castilla?
Pero, pues da al bajo silla
y al cobarde hace guerrero,
poderoso caballero etc. etc.

Sus escudos de armas nobles
son siempre tan principales,
que sin sus escudos reales
no hay escudos de armas dobles;
y, pues a los mismos robles
da codicia su minero,
poderoso caballero etc. etc.

Por importar en los tratos
y dar tan buenos consejos
en las casas de los viejos
gatos le guardan de gatos;
y, pues él rompe recatos
y ablanda al juez más severo,
poderoso caballero etc. etc.

Y es tanta su majestad,
(aunque son sus duelos hartos),
que con haberle hecho cuartos,
no pierde su autoridad;
pero, pues da calidad
al noble y al pordiosero,
poderoso caballero etc. etc.

Nunca vi damas ingratas
a su gusto y afición,
que a las caras de un doblón
hacen sus caras baratas;
y, pues hace las bravatas
desde una bolsa de cuero,
poderoso caballero etc. etc.

Más valen en cualquier tierra
-¡mirad si es harto sagaz!-
sus escudos en la paz,
que rodelas en la guerra;
y, pues al pobre le entierra
y hace propio al forastero,
poderoso caballero etc. etc.

[ II ]
Sabed, vecinas,
que mujeres y gallinas
todas ponemos,
unas cuernos y otras huevos.

Vienensé a diferenciar
la gallina y la mujer,
en que ellas saben poner,
nosotras sólo quitar;
y en lo que es cacarear,
el mismo tono tenemos.
Todas ponemos, etc... ...

Doscientas gallinas hallo
yo con un gallo contentas;
mas si nuestros gallos cuentas,
mil que den son nuestro gallo;
y cuando llegan al fallo,
en cuclillos los volvemos.
Todas ponemos, etc... ...

En gallinas regaladas
tener pepita es gran daño,
y en las mujeres de ogaño
lo es el ser despepitadas;
las viejas son emplumadas,
por darnos con que volemos.
Todas ponemos, etc... ...

[ III ]
Solamente un dar me agrada,
que es el dar en no dar nada.
Si la prosa que gasté
contigo, niña, lloré,
y aun hasta ahora la lloro,
¿qué haré la plata y el oro?
Ya no he de dar, si no fuere
al diablo, a quien me pidiere;
que tras la burla pasada,
solamente un dar me agrada, etc... ...

Yo sé que si de esta tierra
llevara el rey a la guerra
la niña que yo nombrara,
que a toda Holanda tomara,
por saber tomar mejor
que el ejército mayor
de gente más doctrinada
solamente un dar me agrada, etc... ...

Sólo apacibles respuestas,
y nuevas de algunas fiestas
le daré a la más altiva;
que do diez reales arriba
ya en todo mi juicio pienso
que se pueden dar a censo,
mejor que a paje o criada.
solamente un dar me agrada, etc... ...

Sola me dio una mujer,
y ésa me dio en que entender;
yo entendí que convenía
no dar en la platería,
y aunque en ella a muchas vi,
sólo palabra las di,
de no dar plata labrada.
solamente un dar me agrada, etc... ...

[ IV ]
Pues amarga la verdad,
quiero echarla de la boca;
y si al alma su hiel toca,
esconderla es necedad.
Sépase, pues libertad
ha engendrado en mí pereza
la pobreza.

¿Quién hace al ciego galán
y prudente al sin consejo?
¿Quién al avariento viejo
le sirve de río Jordán?
¿Quién hace de piedras pan,
sin ser el Dios verdadero?
El dinero.

¿Quién con su fiereza espanta,
el cetro y corona al rey?
¿Quién careciendo de ley
merece nombre de santa?
¿ Quién con la humildad levanta
a los cielos la cabeza?
La pobreza.

¿Quién los jueces con pasión,
sin ser ungüento, hace humanos,
pues untándolos las manos
los ablanda el corazón?
¿Quién gasta su opilación
con oro, y no con acero.
El dinero.

¿Quién procura que se aleje
del suelo la gloria vana?
¿Quién siendo tan cristiana,
tiene la cara de hereje?
¿Quién hace que al hombre aqueje
el desprecio y la tristeza?
La pobreza.

¿Quién la montaña derriba
al valle, la hermosa al feo?
¿Quién podrá cuanto el deseo,
aunque imposible, conciba?
¿Y quién lo de abajo arriba
vuelve en el mundo ligero?
El dinero.

[ V ]
Vuela, pensamiento, y diles
a los ojos que más quiero
que hay dinero.

Del dinero que pidió
a la que adorando estás,
las nuevas le llevarás,
pero los talegos no.
Di, que doy en no dar yo,
pues para hallar el placer,
el ahorrar y el tener
han mudado los carriles.
Vuela, pensamiento, y diles etc. etc.

A los ojos, que en mirarlos
la libertad perderás,
que hay dineros les dirás,
pero no gana de darlos;
yo sólo pienso cerrarlos,
que no son la ley de Dios,
que se han de encerrar en dos,
si no en talegos cerriles.
Vuela, pensamiento, y diles etc. etc.

Si con agrado te oyere
esa esponja de la villa,
que hay dinero has de decirla,
y que ¡ay! de quien le diere.
Si ajusticiar te quisiere,
está firme como Martos,
no te dejes hacer cuartos
de sus dedos alguaciles.
Vuela, pensamiento, y diles etc. etc.

[ VI ]
Que no tenga por molesto
en doña Luisa don Juan,
ver que a puro solimán,
traiga medio turco el gesto,
porque piensa que con esto
ha de agradar a la gente:
Malhaya quien lo consiente.

Que adore a Belisa un bruto,
y que ella olvide sus leyes,
si no es cual la de los reyes
adoración con tributo:
que a todos les venda el fruto
cuya flor llevó el ausente:
Malhaya quien lo consiente.

Que el mercader dé en robar
con avaricia crecida;
que hurte con la medida
sin tenerla en el hurtar;
que pudiendo maullar,
prender al ladrón intente:
Malhaya quien lo consiente.

Que su limpieza exagere
porque anda el mundo al revés,
quien de puro limpio que es,
comer el puerco no quiere,
y que aventajarse espere
al Conde de Benavente:
Malhaya quien lo consiente.

Que el letrado venga a ser
rico por su mujer bella,
más por su parecer de ella,
que por su bien parecer,
y que no pueda creer
que esto su casa alimente:
Malhaya quien lo consiente.

Que de rico tenga fama
el médico desdichado,
y piense que no le ha dado
más su mujer en la cama,
curando de amor la llama,
que no en la cama el doliente:
Malhaya quien lo consiente.

Y que la viuda enlutada
les jure a todos por cierto,
que de miedo de su muerto,
siempre duerme acompañada:
que de noche esté abrazada
por esto de algún valiente:
Malhaya quien lo consiente.

Que pida una y otra vez,
fingiendo virgen el alma,
la tierna doncella palma,
si es dátil su doncellez;
y que dejándola en Fez,
la haga siempre presente:
Malhaya quien lo consiente.

Que el escribano en las salas
quiera encubrirnos su tiña,
siendo ave de rapiña
con las plumas de sus alas;
que echen sus cañones balas
a la bolsa del potente:
Malhaya quien lo consiente.

Que el que escribe sus razones
algo de razón se aleje,
y que escribiendo se deje
la verdad entre renglones:
que por un par de doblones
canonice al delincuente:
Malhaya quien lo consiente.

[ VII ]
Las cuerdas de mi instrumento
ya son en mí soledades,
locas en decir verdades,
con voces de mi tormento:
su lazo a mi cuello siento,
que me aflige y me importuna
con los trastes de fortuna;
mas pues su puente, si canto,
la hago puente de llanto,
que vierte mi pasión loca,
punto en boca.

De las damas has de hallar,
si bien en ello reparas,
ser de solimán las caras,
las almas de rejalgar:
piénsanse ya remozar
y volver al color nuevo
haciendo Jordán un huevo
que les desmienta los años;
mas la fe de los antaños,
mal el aceite revoca.
Punto en boca.

Dase al diablo, por no dar,
el avaro al alto o bajo,
y hasta los días de trabajo
los hace días de guardar.
Cautivo por ahorrar,
pobre para sí en dinero,
rico para su heredero,
si antes no para el ladrón
que dio jaque a su bolsón,
y ya perdido le invoca.
Punto en boca.

Coche de grandeza brava
trae con suma bizarría,
el hombre, que aún no lo oía
sino cuando regoldaba.
Y el que sólo estornudaba,
ya a mil negros estornuda;
el tiempo todo lo muda.
Mujer casta es por mil modos
la que la hace con todos.
Mas pues a muchos les toca,
punto en boca.

[ VIII ]
Que el viejo que con destreza
se ilumina, tiñe y pinta,
eche borrones de tinta
al papel de su cabeza;
que enmiende a naturaleza
en sus locuras protervo;
que amanezca negro cuervo,
durmiendo blanca paloma,
con su pan se lo coma.

Que la vieja de traída
quiera ahora distraerse,
y que quiera moza verse
sin servir en esta vida;
que se case persuadida
que concebirá cada año,
no concibiendo el engaño
del que por mujer la toma,
con su pan se lo coma.

Que mucha conversación,
que es causa de menosprecio,
en la mujer del que es necio
sea de más precio ocasión;
que case con bendición
la blanca con el cornado,
sin que venga dispensado
el parentesco de Roma,
con su pan se lo coma.

Que en la mujer deslenguada
(que a tantos hartó la gula)
hurte la cara a la Bula
el renombre de Cruzada;
que ande siempre persignada
de puro buena mujer;
que en los vicios quiera ser
y en los castigos Sodoma,
con su pan se lo coma.

Que el sastre que nos desuella
haga, con gran sentimiento,
en la uña el testamento
de lo que agarró con ella;
que deba tanto a su estrella,
que las faltas en sus obras
sean para su casa sobras
cuando ya la muerte asoma,
con su pan se lo coma.

[ IX ]
Yo he hecho lo que he podido;
Fortuna, lo que ha querido.

Los casos dificultosos,
tan justamente envidiados,
empréndenlos los honrados,
y acábanlos los dichosos;
y aunque no están envidiosos
en lo que me ha sucedido,
yo he hecho lo que he podido; etc. etc.

Yo no condeno quejosos,
no quiero ensalzar sufridos,
de bienes no merecidos
no sé cómo hay envidiosos;
si no soy de los dichosos
por haberlo merecido,
yo he hecho lo que he podido; etc. etc.

Lísida, siempre acontece,
y es firme ley sin mudanza,
que el bien es del que le alcanza,
y no del que le merece;
y en vano me desvanece
ver, que en cuanto se ha ofrecido,
yo he hecho lo que he podido; etc. etc.

Más honra al que es desdichado
que no se sepa razón,
que puede dar presunción
gran lugar mal empleado;
no me culpa mi cuidado,
porque en cuanto yo he vivido,
yo he hecho lo que he podido; etc. etc.

Méritos son desperdicios
que ofenden todas orejas:
para realzar las quejas
son buenos ya los servicios;
y aunque el sembrar beneficios
produzca agravios y olvido,
yo he hecho lo que he podido; etc. etc.

De mi desdicha me fío,
de fortuna nada espero,
si no es algún mal postrero,
que será el primer bien mío:
no corra más tras desvío,
y por no quedar corrido,
yo he hecho lo que he podido; etc. etc.

Francisco de Quevedo

Lamento en Elca


" Estos momentos breves de la tarde,
con un vuelo de pájaros rodando en el ciprés,
o el súbito posarse en el laurel dichoso
para ver, desde allí, su mundo cotidiano,
en el que están los muros blancos de la casa,
un grupo espeso de naranjos,
el hombre extraño que ahora escribe.
Hay un canto acordado de pájaros
en esta hora que cae, clara y fría,
sobre el tejado alzado de la casa.
Yo reposo en la luz, la recojo en mis manos,
la llevo a mis cabellos,
porque es ella la vida,
más suave que la muerte, es indecisa,
y me roza en los ojos,
como si acaso yo tuviera su existencia.
El mar es un misterio recogido,
lejos y azul,

y diminuto y mudo,
un bello compañero que te dio su alegría,
y no te dice adiós, pues no ha de recordarte.
Sólo los hombres aman, y aman siempre,
aun con dificultad.
¿Dónde mirar, en esta breve tarde,
y encontrar quien me mire
y reconozca?
Llega la noche a pasos, muy cansada,
arrastrando las sombras
desde el origen de la luz,
y así se apaga el mundo momentáneo,
se enciende mi conciencia.
Y miro el mundo, desde esta soledad,
le ofrezco fuego, amor,
y nada me refleja.

Nutridos de ese ardor nazcan los hombres,
y ante la indiferencia extraña
de cuanto les acoge,
mientan felicidad
y afirmen inocencia,
pues que en su amor
no hay culpa y no hay destino. "

Francisco Brines

HE PASADO TODA LA NOCHE SIN DORMIR


He pasado toda la noche sin dormir, viendo, 
sin espacio tu figura.
Y viéndola siempre de maneras diferentes 
de como ella me parece.
Hago pensamientos con el recuerdo de lo que 
es ella cuando me habla,
y en cada pensamiento cambia ella de acuerdo
con su semejanza.
Amar es pensar.
Y yo casi me olvido de sentir sólo pensando en ella.
No sé bien lo que quiero, incluso de ella, y no
pienso más que en ella.
Tengo una gran distracción animada.
Cuando deseo encontrarla
casi prefiero no encontrarla,
Para no tener que dejarla luego.
No sé bien lo que quiero, ni quiero saber lo que
quiero. Quiero tan solo
pensar en ella.
Nada le pido a nadie, ni a ella, sino pensar.

Fernando Pessoa

sábado, 7 de enero de 2012

Amada


Amada, sólo un tema me queda hoy en la vida:
tú eres mi tema, tú eres mi asunto solitario;
en mi espalda te llevo igual que un dromedario
en el desierto lleva su gran agua escondida;

igual que el dromedario cruza los arenales
una vez y otra vez sin salir del desierto,
con su estéril nostalgia de valle, hasta que es muerto
sobre los arenales, sobre los arenales;

igual que el dromedario yo soporto las cargas
con mi paso cansino de soledad, las llevo
sobre mí por arenas persistentes y largas;

y, como el dromedario, avaricioso, traje
mi cántaro de agua, y te bebo y te bebo
sin otro dios que tú mientras dura el viaje.

Félix Grande

A LA QUE VA CONMIGO


Iremos por la vida como dos pajarillos
que van en pos de rubias espigas, y hablaremos
de sutiles encantos y de goces supremos
con ingenuas palabras y diálogos sencillos.

Cambiaremos sonrisas con la hermana violeta
que atisba tras la verde y oscura celosía,
y aplaudiremos ambos la célica armonía
del amigo sinsonte que es músico y poeta.

Daremos a las nubes que circundan los flancos
de las altas montañas nuestro saludo atento,
y veremos cuál corren al impulso del viento
como un tropel medroso de corderillos blancos.

Oiremos cómo el bosque se puebla de rumores,
de misteriosos cantos y de voces extrañas;
y veremos cuál tejen las pacientes arañas
sus telas impalpables con los siete colores.

Iremos por la vida confundidos en ella,
sin nada que conturbe la silenciosa calma,
y el alma de las cosas será nuestra propia alma,
y nuestro propio salmo el salmo de la estrella.

Y un día, cuando el ojo penetrante e inquieto
sepa mirar muy hondo, y el anhelante oído
sepa escuchar las voces de los desconocido,
se abrirá a nuestras almas el profundo secreto.

Enrique González Martínez

EL VIEJO


En una esquina del café sonoro de murmullos confusos
un anciano sentado se inclina sobre la mesa,
leyendo un periódico, sin compañía.

Y en el ocaso de su miserable senectud 
piensa cuán poco gozó en los años
cuando tuvo la fuerza y el verbo y la belleza.

Sabe que está muy viejo, y lo siente, y lo ve.

Y, sin embargo, le parece que la juventud 
fue ayer. ¡Corto intervalo, corto! 

Y piensa en qué forma lo embaucó la prudencia,
cómo de ella se fió y qué locura
cuando la engañadora le decía: «Mañana. 
Tienes todo tu tiempo».

Se acuerda de los impulsos que detuvo y cuántas
delicias sacrificó. Ocasiones perdidas
que burla ahora su prudencia insensata. 

...A fuerza de rumiar pensamientos y recuerdos
el vértigo lo invade. Y se duerme 
inclinado sobre la mesa del café.

Constantine Kavafys

viernes, 6 de enero de 2012

Los Reyes Magos 2012

El Escultor de LIbros

Vía Muy Interesante

Curioso paisaje que simula una cara...

Reyes Magos

jueves, 5 de enero de 2012

miércoles, 4 de enero de 2012

martes, 3 de enero de 2012

Pimientos Fritos

Cocina Sana

Bizcocho de mandarinas

Cocina Ligera

Asado de Carne con Cítricos y Almendras

Cocina Ligera

lunes, 2 de enero de 2012

Arroz con setas de temporada

Cocina Ligera

EMPANADA DE HOJALDRE, BECHAMEL Y ATUN

Esta receta llegó a mi conocimiento a través de mi madre este verano, pero ella a su vez la había aprendido de su amiga Finita, con lo cual es una receta de tercera generación con lo cual su aceptación está sobradamente probada.
    
INGREDIENTES:
 2 láminas de hojaldre
150 ml de bechamel (yo le pongo de la que ya viene hecha en tetrabrik)
4 huevos duros
3 latitas de atún (si son de las más pequeñas pueden necesitarse 4 latas)
1 huevo pequeño batido
Se extiende una de las masas de hojaldre en la bandeja del horno, sobre ella se pone la bechamel bien repartida sin llegar al borde, sobre esta se pone el atún desmigado y escurrido del aceite o agua, se ponen los huevos cortados a rodajas sobre el atún y sobre todo esto se pone con cuidado la otra masa extendida
Se pincela la superficie con el huevo batido, se pincha la superficie con un tenedor para que no suba mucho y se mete en el horno previamente calentado a 200 grados, se mete se baja a 180 grados y se pone 1/2 hora si no se hubiera dorado del todo poner el gratinador 5 minutos.

Cuento de Navidad

El doctor Bonenfantes forzaba su memoria, murmurando:
-¿Un recuerdo de Navidad?... ¿Un recuerdo de Navidad?...
Y, de pronto, exclamó:
"-Sí, tengo uno, y por cierto muy extraño. Es una historia fantástica, ¡un milagro! Sí, señoras, un milagro de Nochebuena.
"Comprendo que admire oír hablar así a un incrédulo como yo. ¡Y es indudable que presencié un milagro! Lo he visto, lo que se llama verlo, con mis propios ojos.
"¿Que si me sorprendió mucho? No; porque sin profesar creencias religiosas, creo que la fe lo puede todo, que la fe levanta las montañas. Pudiera citar muchos ejemplos, y no lo hago para no indignar a la concurrencia, por no disminuir el efecto de mi extraña historia.
"Confesaré, por lo pronto, que si lo que voy a contarles no fue bastante para convertirme, fue suficiente para emocionarme; procuraré narrar el suceso con la mayor sencillez posible, aparentando la credulidad propia de un campesino.
"Entonces era yo médico rural y habitaba en plena Normandía, en un pueblecillo que se llama Rolleville.
"Aquel invierno fue terrible. Después de continuas heladas comenzó a nevar a fines de noviembre. Amontonábanse al norte densas nubes, y caían blandamente los copos de nieve tenue y blanca.
"En una sola noche se cubrió toda la llanura.
"Las masías, aisladas, parecían dormir en sus corralones cuadrados como en un lecho, entre sábanas de ligera y tenaz espuma, y los árboles gigantescos del fondo, también revestidos, parecían cortinajes blancos.
"Ningún ruido turbaba la campiña inmóvil. Solamente los cuervos, a bandadas, describían largos festones en el cielo, buscando la subsistencia, sin encontrarla, lanzándose todos a la vez sobre los campos lívidos y picoteando la nieve.
"Sólo se oía el roce tenue y vago al caer los copos de nieve.
"Nevó continuamente durante ocho días; luego, de pronto, aclaró. La tierra se cubría con una capa blanca de cinco pies de grueso.
"Y, durante cerca de un mes, el cielo estuvo, de día, claro como un cristal azul y, por la noche, tan estrellado como si lo cubriera una escarcha luminosa. Helaba de tal modo que la sábana de nieve, compacta y fría, parecía un espejo.
"La llanura, los cercados, las hileras de olmos, todo parecía muerto de frío. Ni hombres ni animales asomaban; solamente las chimeneas de las chozas en camisa daban indicios de la vida interior, oculta, con las delgadas columnas de humo que se remontaban en el aire glacial.
"De cuando en cuando se oían crujir los árboles, como si el hielo hiciera más quebradizas las ramas, y a veces desgajábase una, cayendo como un brazo cortado a cercén.
"Las viviendas campesinas parecían mucho más alejadas unas de otras. Vivíase malamente; cada uno en su encierro. Sólo yo salía para visitar a mis pacientes más próximos, y expuesto a morir enterrado en la nieve de una hondonada.
"Comprendí al punto que un pánico terrible se cernía sobre la comarca. Semejante azote parecía sobrenatural. Algunos creyeron oír de noche silbidos agudos, voces pasajeras. Aquellas voces y aquellos silbidos los daban, sin duda, las aves migratorias que viajaban al anochecer y que huían sin cesar hacia el sur. Pero es imposible que razonen gentes desesperadas. El espanto invadía las conciencias y se aguardaban sucesos extraordinarios.
La fragua de Vatinel hallábase a un extremo del caserío de Epívent, junto a la carretera intransitada y desaparecida. Como carecían de pan, el herrero decidió ir a buscarlo. Entretúvose algunas horas hablando con los vecinos de las seis casas que formaban el núcleo principal del caserío; recogió el pan, varias noticias, algo del temor esparcido por la comarca, y se puso en camino antes de que anocheciera.
De pronto, bordeando un seto, creyó ver un huevo sobre la nieve, un huevo muy blanco; inclinose para cerciorarse; no cabía duda; era un huevo. ¿Cómo sé hallaba en tan apartado lugar? ¿Qué gallina salió de su corral para ponerlo allí? El herrero, absorto, no se lo explicaba, pero cogió el huevo para llevárselo a su mujer.
"-Toma este huevo que encontré en el camino.
"La mujer bajó la cabeza, recelosa:
"-¿Un huevo en el camino con el tiempo que hace? ¿No te has emborrachado?
"- No, mujer, no; te aseguro que no he bebido. Y el huevo estaba junto a un seto, caliente aún. Ahí lo tienes; me lo metí en el pecho para que no se enfriase. Cómetelo esta noche.
Lo echaron en la cazuela donde se hacía la sopa, y el herrero comenzó a referir lo que se decía en la comarca.
"La mujer escuchaba, palideciendo.
"-Es cierto; yo también oí silbidos la pasada noche, y entraban por la chimenea.
"Sentáronse y tomaron la sopa; luego, mientras el marido untaba un pedazo de pan con manteca, la mujer cogió el huevo, examinándolo con desconfianza.
"-¿Y si tuviese algún maleficio?
"-¿Qué maleficio puede tener?
"-¡Toma! ¡Si yo supiera!
"-¡Vaya! Cómetelo y no digas bestialidades.
"La mujer abrió el huevo; era como todos, y se dispuso a tomárselo con prevención, cogiéndolo, dejándolo, volviendo a cogerlo. El hombre decía:
"-¿Qué haces? ¿No te gusta? ¿No es bueno?
"Ella, sin responder, acabó de tragárselo. Y de pronto fijó en su marido los ojos, feroces, inquietos, levantó los brazos y, convulsa de pies a cabeza, cayó al suelo, retorciéndose, dando gritos horribles.
"Toda la noche tuvo convulsiones violentas y un temblor espantoso la sacudía, la transformaba. El herrero, falto de fuerza para contenerla, tuvo que atarla.
"Y la mujer, sin reposo, vociferaba:
"-¡Se me ha metido en el cuerpo! ¡Se me ha metido en el cuerpo!
"Por la mañana me avisaron. Apliqué todos los calmantes conocidos; ninguno me dio resultado. Estaba loca.
"Y, con una increíble rapidez, a pesar del obstáculo que ofrecían a las comunicaciones las altas nieves heladas, la noticia corrió de finca en finca: 'La mujer de la fragua tiene los diablos en el cuerpo.'
"Acudían los curiosos de todas partes; pero sin atreverse a entrar en la casa, oían desde fuera los horribles gritos, lanzados por una voz tan potente que no parecían propios de un ser humano.
"Advirtieron al cura. Era un viejo incauto. Acudió con sobrepelliz, como si se tratara de auxiliar a un moribundo, y pronunció las fórmulas del exorcismo, extendiendo las manos, rociando con el hisopo a la mujer, que se retorcía soltando espumarajos, mal sujeta por cuatro mocetones.
"Los diablos no quisieron salir.
"Y llegaba la Nochebuena, sin mejorar el tiempo.
"La víspera, por la mañana, el cura fue a visitarme:
"-Deseo -me dijo- que asista la infeliz a la misa de gallo. Tal vez Nuestro Señor Jesucristo la salve, a la hora en que nació de una mujer.
"Yo respondí:
"-Me parece bien, señor cura. Es posible que se impresione con la ceremonia, muy a propósito para conmover, y que sin otra medicina pueda salvarse.
"El viejo cura insinuó:
"-Usted es un incrédulo, doctor, y, sin embargo, confío mucho en su ayuda. ¿Quiere usted encargarse de que la lleven a la iglesia?
"Prometí hacer para servirle cuanto estuviese a mi alcance.
"De noche comenzó a repicar la campana, lanzando sus quejumbrosas vibraciones a través de la sombría llanura, sobre la superficie tersa y blanca de la nieve.
"Bultos negros llegaban agrupados lentamente, sumisos a la voz de bronce del campanario. La luna llena iluminaba con su tibia claridad todo el horizonte, haciendo más notoria la pálida desolación de los campos.
"Fui a la fragua con cuatro mocetones robustos.
"La endemoniada seguía rugiendo y aullando, sujeta con sogas a la cama. La vistieron, venciendo con dificultad su resistencia, y la llevaron.
"A pesar de hallarse ya la iglesia llena de gente y encendidas todas las luces, hacía frío; los cantores aturdían con sus voces monótonas; roncaba el serpentón; la campanilla del monaguillo advertía con su agudo tintineo a los devotos los cambios de postura.
"Detuve a la mujer y a sus cuatro portadores en la cocina de la casa parroquial, aguardando el instante oportuno. Juzgué que éste sería el que sigue a la comunión.
"Todos los campesinos, hombres y mujeres, habían comulgado pidiendo a Dios que los perdonase. Un silencio profundo invadía la iglesia, mientras el cura terminaba el misterio divino.
"Obedeciéndome, los cuatro mozos abrieron la puerta y acercáronse a la endemoniada.
"Cuando ella vio a los fieles de rodillas, las luces y el tabernáculo resplandeciente, hizo esfuerzos tan vigorosos para soltarse que a duras penas conseguimos retenerla; sus agudos clamores trocaron de pronto en dolorosa inquietud la tranquilidad y el recogimiento de la muchedumbre; algunos huyeron.
"Crispada, retorcida, con las facciones descompuestas y los ojos encendidos, apenas parecía una mujer.
"La llevaron a las gradas del presbiterio, sosteniéndola fuertemente, agazapada.
"Cuando el cura la vio allí, sujeta, se acercó cogiendo la custodia, entre cuyas irradiaciones de oro aparecía una hostia blanca, y alzando por encima de su cabeza la sagrada forma, la presentó con toda solemnidad a la vista de la endemoniada.
"La mujer seguía vociferando y aullando, con los ojos fijos en aquel objeto brillante; y el cura estaba inquieto, inmóvil, hasta el punto de parecer una estatua.
"La mujer mostrábase temerosa, fascinada, contemplando fijamente la custodia; presa de terribles angustias, vociferaba todavía; pero sus voces eran menos desgarradoras.
"Aquello duró bastante.
"Hubiérase dicho que su voluntad era impotente para separar la vista de la hostia; gemía, sollozaba; su cuerpo, abatido, perdía la rigidez, recobraba su blandura.
"La muchedumbre se había prosternado con la frente en el suelo; y la endemoniada, parpadeando, como si no pudiera resistir la presencia de Dios ni sustraerse a contemplarlo, callaba. Luego advertí que se habían cerrado sus ojos definitivamente.
"Dormía el sueño del sonámbulo, hipnotizada..., ¡no, no!, vencida por la contemplación de las fulgurantes irradiaciones de la custodia de oro; humillada por Cristo Nuestro Señor triunfante.
"Se la llevaron, inerte, y el cura volvió al altar.
"La muchedumbre, desconcertada, entonó un tedeum.
"Y la mujer del herrero durmió cuarenta y ocho horas seguidas. Al despertar, no conservaba ni la más insignificante memoria de la posesión ni del exorcismo.
"Ahí tienen, señoras, el milagro que yo presencié.
Hubo un corto silencio y, luego, añadió:
-No pude negarme a dar mi testimonio por escrito.


Guy de Maupassant

domingo, 1 de enero de 2012

Brindis por toda la Humanidad

Que tengas un Buen Día

Feliz Año Nuevo 2012