sábado, 13 de noviembre de 2010
viernes, 12 de noviembre de 2010
Animales - Horas de Sueño al Día
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jueves, 11 de noviembre de 2010
Lion Attacks Woman
Lion Attacks Woman - Watch more Funny Videos
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Etiquetas: Animales
El universo girando alrededor de la Tierra
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Etiquetas: Espacio
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Misma distancia, palos distintos
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Etiquetas: Deportes Golf
martes, 9 de noviembre de 2010
El Hombre Lobo – Eugene Field
En el reino de Egberto de Sajonia vivía en Bretaña una doncella llamada Isolda, quien era amada por todos, tanto por su bondad como por su belleza. Sin embargo, aunque muchos jóvenes se acercaban a cortejarla, ella amaba únicamente a Haroldo, y a él le había jurado fidelidad.Entre los jóvenes por quienes Isolda era pretendida había uno, Alfredo, que se había ofendido por que ella demostraba preferencia por Haroldo, por lo que un día Alfredo dijo a Haroldo: “¿Es verdad que el viejo Sigfrido saldrá de su tumba y tomará a Isolda por esposa?” Luego añadió, “Por Dios, buen señor, por qué te has puesto tan pálido cuando he mencionado el nombre de tu abuelo?—
Entonces Haroldo preguntó, —¿Qué sabes tú de Sigfrido que te mofas de mí? ¿Qué recuerdo de él debería angustiarme ahora?— —Sabemos y sabemos,— replicó Alfredo. —Existen algunas historias que nos han contado nuestras abuelas que no hemos olvidado.—
Mucho después las palabras y la cruel sonrisa de Alfredo obsesionaron a Haroldo día y noche.
El abuelo de Haroldo, Sigfrido el Teutón, había sido un hombre de cruel violencia. La leyenda decía que un hechizo pesaba sobre él, y que en ciertos momentos era poseído por un espíritu maligno que descargaba su furia sobre la humanidad. Pero Sigfrido había muerto hacía ya muchos años, y nada tenía el mundo de qué preocuparse más que guardar la leyenda y una lanza diestramente forjada que había dejado Brunilda, la bruja. Esta lanza era un arma tal que nunca había perdido su brillo, ni su punta había sido desafilada. Colgaba en la alcoba de Haroldo, y era la maravilla entre las armas de aquel tiempo.
Isolda sabía que Alfredo la amaba, pero no sabía de las amargas palabras que Alfredo había dicho a Haroldo. Su amor por Haroldo era perfecto en su confianza y bondad. Pero Alfredo había golpeado la verdad: el hechizo del viejo Sigfrido pesaba sobre Haroldo — adormecido durante un siglo, había despertado en la sangre del nieto, y Haroldo conocía el hechizo que pesaba sobre él, y era esto lo que parecía interponerse entre él e Isolda. Pero el amor es más fuerte que todo lo demás, y Haroldo amaba.
Haroldo no le dijo a Isolda del hechizo que pendía sobre él, porque temía que ella ya no lo amara si lo sabía. Cuando fuera que sentía el fuego del hechizo ardiendo en sus venas le decía, “Mañana iré a la caza del jabalí en lo más profundo del bosque—, o, —La semana próxima iré a acechar ciervos en las lejanas colinas del norte.” Tal es así que siempre tenía una buena excusa para su ausencia, e Isolda no pensaba cosas malignas, porque era confiada; y aunque se fue muchas veces y se alejaba por largo tiempo, Isolda no sospechaba nada malo. Por lo que nadie miraba a Haroldo cuando el hechizo caía sobre él en su violencia.
Únicamente Alfredo reflexionaba consigo mismo sobre cosas malignas. —Algo extraño sucede—, decía, —que de cuando en cuando este gallardo amante nos deja sin su compañía y se dirige adonde nadie lo conoce. En realidad será mejor no sacarle la vista de encima al nieto de Sigfrido.—
Haroldo sabía que Alfredo lo observaba celosamente y estaba atormentado por un temor constante de que Alfredo descubriera el hechizo que pesaba sobre él; pero lo que le causaba más angustia era el temor de que quizás en algún momento estando él en la presencia de Isolda, el hechizo se apoderara de él y le causara provocar gran daño sobre ella, por lo que quedaría destrozada o su amor por él se habría terminado para siempre. Por lo que Haroldo vivía en el terror, sintiendo que su amor no tenía esperanza, aún no sabiendo cómo combatirlo.
Ahora bien, sucedió en aquellos tiempos que el país entero estaba siendo azotado por un hombre lobo, una criatura que era temida por todos los hombres sin importar qué tan valerosos fueran. Este hombre lobo era de día un hombre, pero por la noche un lobo dado a la destrucción y a la matanza, y tenía una existencia mágica contra la cual ningún ente humano podía disponer en absoluto. Donde fuera que iba, atacaba y devoraba personas, esparciendo terror y desolación por todos lados, y los adivinos decían que la tierra no sería liberada del hombre lobo hasta que algún hombre se ofreciera a sí mismo en sacrificio voluntario a la ira del monstruo.
Ahora bien, aunque Haroldo era conocido a lo ancho y largo como un extraordinario cazador, nunca había sido declarado para cazar al hombre lobo, y, extrañamente, el hombre lobo nunca atacaba los dominios mientras Haroldo estuviera en ellos. Lo cual extrañaba a Alfredo, quien a menudo decía: “Nuestro Haroldo es un cazador admirable. Quien mejor que él para acechar al tímido gamo e incapacitar al evasivo jabalí? Pero mientras tanto bien planea su ausencia de las apariciones del hombre lobo. Tal valor le sienta bien a nuestro joven Sigfrido.—
Llegado esto al conocimiento de Harold su corazón se inflamó de rabia, pero no emitió respuesta, por miedo a delatar la verdad que temía.
Sucedió por aquel tiempo que Isolda dijo a Haroldo, “¿Irás conmigo mañana a la fiesta en la gruta sagrada?—
—No puedo hacerlo,— respondió Haroldo. —Estoy convocado secretamente en una misión a Normandía de la cual en algún momento te diré. Y te ruego, por el amor que me tienes, que no vayas a la fiesta en la gruta sagrada sin mí.—
—¿Que dices?— exclamó Isolda. —¿Que no vaya a la fiesta de Santa Ælfreda? Mi padre estará muy disgustado si no estoy allí con las otras doncellas. Sería una gran pena que yo desprecie su amor de esa manera.—
—Pero no lo hagas, te lo suplico,— imploró Haroldo. —¡No vayas a la fiesta de Santa Ælfreda en la gruta sagrada! Y si de verdad me amas, no vayas — mira, por mi vida, ¡te lo pido de rodillas!—
—Qué pálido estás—, dijo Isolda, —y temblando—.
—No vayas a la gruta sagrada hasta la noche de mañana”, suplicó él.
Isolda estaba extrañada por sus actos y sus palabras. Luego, por primera vez, pensó que él estaba celoso — lo cual secretamente disfrutó (siendo mujer).
—Ah,— alegó ella, —dudas de mi amor,— pero cuando vio una mirada de dolor asomar a su rostro agregó — como si se arrepintiera de las palabras que había dicho — —¿o es que le temes al hombre lobo?—
Entonces Haroldo respondió, fijando sus ojos en los de ella, —Tú lo has dicho; es al hombre lobo lo que temo.—
—¿Por qué me miras de forma tan extraña, Haroldo?— gritó Isolda. —Por la cruel luz en tus ojos uno casi podría decir que fueras el hombre lobo!—
—Ven acá, siéntate a mi lado—, dijo Haroldo temblando —y te contaré por qué temo dejarte ir a la fiesta de Santa Ælfreda mañana a la noche. Escucha lo que soñé la noche pasada. Soñé que yo era el hombre lobo —no tiembles, mi amor, por que fue solo un sueño.
—Un anciano se paró al costado de mi cama como si me arrancara el alma de mi pecho.
—’¿Qué hacéis?’ grité.—
—’Tu alma es mía’, dijo él, ‘vivirás ahora bajo mi hechizo. Dame tu alma —movió sus manos— dame tu alma,’ dijo.—
—’Tu hechizo no estará sobre mí,’ grité yo. ‘¿Qué he hecho para que tu hechizo pese sobre mí? Tú no tendrás mi alma.’—
—’Por esa ofensa tú sufrirás, y por mi hechizo irás al infierno — así está decretado.’—
—Así habló el anciano, y continuó con sus pases en contra mía, y quitó el alma de mi cuerpo, y dijo, ‘Vé, busca y mata’ — y entonces, yo fui un lobo en el páramo.—
—La hierba seca crujía bajo mi pisada. La oscuridad de la noche era pesada y me oprimía. Horrores extraños torturaban mi alma, que gemía y gemía en aquel cuerpo lobezno. El viento me susurraba; con miles de voces y me hablaba y decía, ‘Vé, busca y mata.’ Y sobre esas voces sonaba la risa horrible de un anciano. Corrí por el páramo — sin saber muy bien el motivo.—
—Llegué a un río y me arrojé en él. Una sed ardiente me consumía, y sorbí las aguas del río, había llamaradas que centelleaban a mi alrededor, y el viento silbaba, y lo que decía era ‘Vé, busca y mata,’ y escuché la risa del anciano nuevamente.—
—Un bosque se extendía ante mí con sus sombras impenetrables, con sus cuervos, sus vampiros, sus serpientes, sus reptiles, y todas sus espantosas especies de la noche. Me lancé entre las espinas y entre las hojas, las ortigas, y las zarzas. Los búhos me ululaban y las espinas lastimaban mi carne. ‘Vé, busca y mata,’ decían todos. Los conejos huían a mi paso; las otras bestias corrían en dirección contraria a la mía; toda forma de vida chillaba en mis oídos, el hechizo estaba en mí, yo era el hombre lobo.—
—Corría a la par del viento, y mi alma gemía en su prisión lobata, y el viento, las aguas y los árboles me susurraban, ‘Vé, busca y mata, tú bestia; vé, busca y mata.’—
—En ningún lugar había piedad para el lobo; ¿qué misericordia, entonces, podría yo, como lobo, tener? El hechizo estaba sobre mí y me llenaba con hambre y sed de sangre. Dentro de mí ser, grité, ‘Déjame tener sangre, oh, déjame tener sangre humana, que esta ira pueda ser aplacada, que este hechizo pueda ser retirado.—
—Por ultimo llegué a la gruta sagrada. La sombra oscurecían los álamos, los robles se henchían sobre mí. Ante mí se paró un anciano — era él, el mismo siniestro anciano, cuyo hechizo padecía. No me asustó. Todas las otras cosas vivientes huían ante mí, pero el anciano no me asustaba. Una doncella se paró a su lado. Ella no me veía, porque era ciega.—
—’Mata, mata,’ exclamó el anciano’, señalando a la niña a su lado.—
—El infierno rugió dentro de mí, el hechizo me impulsaba, — Salté a su garganta. Escuché al anciano reír una vez más, y entonces, entonces desperté, temblando, helado, horrorizado.—
Apenas Haroldo terminó de contar su sueño cuando Alfredo hizo su aparición.
—Ah, Señora,— dijo él, —Yo creo me nunca haber visto un rostro tan triste.—
Entonces Isolda le dijo como Haroldo le había rogado para no asistir a la fiesta de Santa Ælfreda en la gruta sagrada.
—Esos temores son infantiles—, exclamó Alfredo alardeando. —Y tú sufrida, dulce señora, yo seré tu compañía a la fiesta, y un grupo de mis subalternos con sus escudos y lanzas, nos escoltarán. No habrá hombres lobo con nosotros.—
Isolda rió feliz, y Haroldo dijo: —está bien; tú irás a la gruta sagrada, y quiera mi amor y la gracia de Dios resguardarte de todo mal.—
Luego Haroldo fue a su morada, y dio la vieja lanza de Sigfrido a Isolda, y se la entregó en sus manos, diciendo, —Lleva esta lanza contigo a la fiesta mañana a la noche. Es la vieja lanza de Sigfrido, que es símbolo de la fuerza y la virtud.—
Y Haroldo llevó la mano de Isolda a su corazón y la bendijo, y la besó en la frente y en los labios, diciendo, —adiós, oh, mi amada. Cómo me amarás cuando sepas de mi sacrificio. Adiós, adiós, por siempre, oh, amada mía.—
Luego Haroldo prosiguió su camino, e Isolda se quedó sorprendida
En la noche del siguiente día fue Isolda a la gruta sagrada donde la fiesta se había iniciado, y llevó la vieja lanza de Sigfrido con ella en su cinturón. Alfredo la acompañaba, y varios soldados estaban tras él. En la gruta había gran algarabía, y con cánticos y danzas y juegos la gente celebraba la fiesta de Santa Ælfreda.
Pero de pronto se elevó un fuerte tumulto, con gritos de “¡El hombre lobo! ¡El hombre lobo!—. El terror paralizó a todos — los corazones de los fuertes se helaron de miedo. Saliendo de lo profundo del bosque rugió el hombre lobo, bramando, crujiendo sus colmillos y arrojando espuma amarilla de sus fauces. Corrió derecho a Isolda, como si un poder diabólico lo dirigiera hacia el lugar donde ella estaba parada. Pero Isolda no estaba atemorizada; se irguió como una estatua de mármol y vio venir al hombre lobo. Los lanceros, soltaron sus antorchas y cubriéndose tras sus escudos, huyeron; solo Alfredo se quedó ahí para dar batalla al monstruo.
Alzó su pesada lanza ante el lobo que se aproximaba, y la lanzó contra la erizada espalda del hombre lobo, pero el arma era insuficiente.
Luego el hombre lobo, fijando sus ojos sobre Isolda, se preparó por un momento en la sombra. Isolda , pensando en las palabras de Haroldo, sacó la vieja lanza de Sigfrido de su vaina, la levantó, y con la fuerza de la desesperación la lanzó a través del aire.
El hombre lobo vio el arma brillante, y un gritó surgió de su garganta — un grito de agonía humana. E Isolda vio en los ojos del hombre lobo los ojos de alguien que ella había visto y conocido, pero fue sólo por un instante, y luego los ojos ya no fueron humanos, sino los de una bestia feroz.
Una fuerza supernatural pareció impulsar la lanza en su vuelo. Con sobrenatural precisión el arma se enterró en la mitad de su pecho hirsuto de lobo, justo arriba del corazón, y luego, con un aullido monstruoso — como si se le fuera la vida — el hombre lobo cayó muerto entre las sombras.
Luego, ah, luego de verdad hubo gran júbilo, y grandes fueron las aclamaciones, mientras, hermosa en su temblorosa palidez, Isolda fue llevada hasta su casa, donde la gente se congregó para dar una gran festejo en su homenaje, porque el hombre lobo estaba muerto, y ella era quien le había dado muerte
Pero Isolda exclamó: —Vayan, busquen a Haroldo — vayan, tráiganlo a mí. No coman, ni duerman hasta encontrarlo.—
—Mi Buena señora,— dijo Alfredo, —¿como podría ser eso, si él ha marchado a Normandía?—
—No me importa dónde esté,— exclamó ella. —Mi corazón está detenido hasta que pueda verme en sus ojos otra vez.—
—Seguramente no se ha ido a Normandía— dijo Huberto. —Este vecino lo vio entrar en su casa.—
Todos se apresuraron en ir, en vasta compañía, hacia allá. La puerta de su alcoba estaba cerrada.
—¡Haroldo, Haroldo, vamos!— exclamaron, mientras golpeaban la puerta, pero no hubo respuesta a sus llamados y golpes. Ya con miedo, tiraron la puerta abajo, y cuando esta cayó, vieron a Haroldo tendido en su cama.
—Duerme,— dijo uno. —Vean, sostiene un portarretratos en su mano — y es el portarretrato de Isolda. Qué bello está y qué tranquilamente duerme.—
Pero no, Haroldo no estaba dormido. Su rostro estaba calmo y hermoso, como si soñara con su amada, pero su vestimenta estaba roja con la sangre que manaba de una herida en su pecho — una herida horrenda, como de lanza, justo encima de su corazón.
FIN
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Etiquetas: Cuento
lunes, 8 de noviembre de 2010
domingo, 7 de noviembre de 2010
Los números serían más fácil de aprender si tuvieran la misma cantidad de letras que representan
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Etiquetas: Gramatical
Los Sustitutos
País: USA. Año: 2009. Duración: 90 min.
Género: Ciencia-ficción, acción.
Interpretación: Bruce Willis (Greer), Radha Mitchell (Peters), Rosamund Pike (Maggie Greer), James Francis Ginty (Canter), James Cromwell (Canter adulto), Ving Rhames (el Profeta), Michael Cudlitz (coronel Brendon), Boris Kodjoe (Andrew Stone), Jack Noseworthy (Miles), Devin Ratray (Bobby).
Guión: Michael Ferris y John Brancato; basado en la novela gráfica de Robert Venditti y Brett Weldele.
Producción: Max Handelman, David Hoberman y Todd Lieberman.
Música: Richard Marvin.
Fotografía: Oliver Wood.
La historia basada en una novela gráfica de Robert Venditti y Brett Weldele no podía ser más prometedora. Imaginemos que los humanos merced a una desarrollada tecnología consiguen hacer robots perfectos, tal que en lugar de ir los humanos a trabajar, envías a este robot que hace por ti el trabajo y el resto de las actividades diarias. Así creas un siervo robótico, que las más de las veces tiene mejor aspecto que tú. Así quien no tiene pelo muestra replicantes melenudos, más atleticos, de cuerpos cuasi-perfectos.
Frente a estos sustitutos hay cierta resistencia humana, por parte de los que quieren que las cosas vuelvan a ser tan imperfectas como antes. Al mando de la rebelión, está El Profeta. El creador de los robots es Canter, que juega a dos bandas, pues es el mismo que promociona y fomenta las actividades de El Profeta, pues una vez alcanzada su obra magna, tiene la sensación de que no es lo que quería y se dedica a deshacer todo el tinglado.
En medio de todo esto está Greer, un agente de policía que también tiene un robot a su servicio, hasta que un día en una misión casca el huevo. Greer se ve pues obligado a salir de su burbuja y pisar de nuevo a la calle. En su casa las cosas no andan bien, pues perdieron a un hijo, y todavía no lo han superado. A resultas de aquello, Maggie, su mujer, tiene la cara desfigurada y dolores varios, y no quiere salir de su mundo de pastillas.
Como decía la historia es una idea original, que quizá algún día lleguemos a ver, dado los continuos avances operados en el mundo de la nanotecnología y la robótica
Los noventa minutos pasan en un visto y no visto. Dotada de un buen ritmo, alterna la acción y el drama, para sin demasiado esfuerzo dejarnos en la escena final que me recuerdo a los anuncios de Flex.
Otra oportunidad más para ver a Bruce Willis luciendo peluquín, y poniendo el careto que tan bien le sale. Ocasión para deleitarnos con la belleza de las actrices Rosamund Pike y Radha Mitchell. Y ya de paso comprobar como el actor Ving Rhames acomete papeles tan variopintos como este de El Profeta, o aquel de bombero gay (Y os declaro marido y marido)
Sin llegar a los extremos visto en la película, la sociedad actual desarrollada en el mundo, también ha creado mundos virtuales, identidades virtuales, nativos virtuales, generaciones que nacen y se desarrollan en la red, que lo tienen todo a golpe de ratón, con el teclado como apéndice de su brazos, quienes no saben, ni quieren vivir desconectados de ese entorno, lo cual provoca también aislamiento y falta de contacto físico, personal, intercambio de saliva y gestos que la cámara, a Dios gracias, no registra.
por Popeye Doyle
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Etiquetas: Cine
sábado, 6 de noviembre de 2010
Limpia, fija... y jubila letras y acentos
Que la ortografía es un ente mutante lo ilustra bien el hecho de que, en 1741, la primera edición lanzada por la Real Academia Española apenas 30 años después de su fundación se titulaba Orthographía. Por otro lado, que la disciplina que rige la correcta escritura es un asunto sensible para mucha gente lo demuestra la polémica que se desató cuando en 1815 se eliminó la "h" de la palabra "Christo". Por eso, Salvador Gutiérrez Ordóñez, coordinador de la nueva Ortografía académica que publicará Espasa antes de Navidad, evita usar incluso la palabra reforma. No digamos ya revolución.
Pero más que la susceptibilidad de hablantes que se han acostumbrado a guión o quorum como otros se habían acostumbrado antes a obscuridad o Christo, lo decisivo es que, mucho más que el diccionario o la gramática, la ortografía constituye la mayor garantía de unidad del idioma: "En la inmensa extensión del mundo hispanohablante, el español presenta variedades fónicas y léxicas. Sin embargo, comparte unas mismas normas ortográficas. Por eso podemos leer a Rulfo y a Delibes como si tuvieran una misma voz". Puede que la palabra manejar no signifique lo mismo en España y en América, pero en las dos orillas se escribe exactamente igual.
Según su responsable, la nueva obra trata de ser razonada y exhaustiva -tendrá 800 páginas, casi cuatro veces más que la última, de 1999-, pero también simple y legible. Y sobre todo "coherente" con los usos de los hablantes y las reglas gramaticales. De ahí la pertinencia, dice, del consenso panhispánico perseguido por la comisión que ha representado a las 22 Academias de la Lengua Española de todo el mundo. El miércoles pasado, esa comisión, reunida en San Millán de la Cogolla (La Rioja), echó el cierre a la nueva Ortografía de la lengua española. A falta de su ratificación definitiva el próximo día 28 en la Feria del Libro de Guadalajara (México), Gutiérrez Ordóñez, sentado en la biblioteca donada a la RAE por Dámaso Alonso, repasa una obra que en unos casos "legisla" y en otros solo "orienta", pero que, pese a la sorpresa que puedan provocar algunas de sus "innovaciones", tiene cuatro pilares: "El uso, las autoridades (es decir, la literatura), la evolución de la lengua y la coherencia gramatical". Nada que ver con la incendiaria propuesta de García Márquez de jubilar la ortografía, "terror del ser humano desde la cuna". La ge y la jota siguen ahí; las haches rupestres, también. Algunas cosas, sin embargo, cambian.
- La i griega se llamará ye. Cosas del panhispanismo: América pierde la be alta y España, la i griega. Hasta ahora, algunas letras del alfabeto recibían varios nombres: be, be alta o be larga para la b; uve, be baja o be corta, para la v; uve doble, ve doble o doble ve para la w; i griega o ye para la letra y. La nueva Ortografía propone un solo nombre -"sin apellidos"- para cada letra: be para b; uve para v; doble uve para w; ye para y (en lugar de i griega). Según el coordinador del nuevo texto, el uso mayoritario en español de la i griega es consonántico (rayo), de ahí su nuevo nombre, frecuente en muchos países de América: "También decimos yeísmo". Por supuesto, la desaparición de la i griega afecta también a la i latina, que pasa a denominarse simplemente i.
- Ch y ll ya no son letras. Desde el siglo XIX, las combinaciones de letras ch y ll eran consideradas letras, pero ya en la Ortografía de 1999 pasaron a considerarse dígrafos, es decir, "signos ortográficos de dos letras". Sin embargo, tanto ch como ll permanecieron en la tabla del alfabeto. La nueva edición los suprime "formalmente". Así, las letras del abecedario pasan a ser 27.
- Solo en casa, ambiguo pero sin tilde. Hasta ahora, el acento gráfico indicaba la diferencia de uso de formas como este y solo. Pero ya desde 1959 las normas ortográficas limitaban la "obligatoriedad del acento gráfico" a las situaciones de posible am bigüedad (Dijo que ésta mañana vendrá / Dijo que esta mañana vendrá; Pasaré sólo este verano / Pasaré solo este verano). Dado que "esos casos son muy poco frecuentes y se resuelven fácilmente por el contexto", la nueva Ortografía indica que "se puede no tildar el adverbio solo y los pronombres demostrativos". Eso sí, no se "condena" su uso si alguien utiliza la tilde, pero solo en caso de ambigüedad. La RAE, no obstante, lleva ya décadas predicando con el ejemplo y, desde 1960, en sus publicaciones no pone tilde en ninguno de esos casos. Desde hace algunas semanas, este periódico tampoco.
- Un guion puede tener un goya, pero no una tilde. De los 450 millones de hablantes del español, unos pronuncian como diptongo lo que para otros funciona como hiato, por eso la RAE permitía la escritura con tilde a "aquellas personas que percibieran la existencia de hiato". Se podía, por tanto, escribir guion-guión, hui-huí, riais-riáis, Sion-Sión, truhan-truhán, fie-fié... La nueva Ortografía considera que estas palabras son "monosílabas a efectos ortográficos" y que, se pronuncien como se pronuncien, deben escribirse siempre sin tilde.
- 4 o 5 y no 4 ó 5. Las viejas ortografías se preparaban pensando en que todo el mundo escribía a mano. La nueva, entre tanto, no ha perdido de vista los ordenadores. Hasta ahora, la conjunción "o" se escribía con tilde cuando aparecía entre cifras (4 ó 5 millones). Sin embargo, los teclados de las computadoras han eliminado el peligro de confundir la letra o con la cifra cero. Y donde no hay peligro no hay señal de peligro.
- Gran premio de Catar. Aunque no siempre lo fue, como recuerda el coordinador de la nueva ortografía, la letra k ya es plenamente española, de ahí que se elimine la q como letra que representa por sí sola el fonema /k/: "En nuestro sistema de escritura, la letra q solo representa al fonema /k/ en la combinación qu ante e o i (queso, quiso). Por ello, la escritura con q de algunas palabras (Iraq, Qatar, quórum) representa una incongruencia con las reglas". De ahí que pase a escribirse ahora: Irak, Catar y cuórum. ¿Y si alguien prefiere la grafía anterior? Deberá hacerlo como si se tratase de "extranjerismos crudos": quorum, en cursiva y sin tilde. Los nombres propios, sin embargo, quedan excluidos. Llegará, pues, el día en que leer Qatar sea como leer London.
- La ex del golfo de México. Dadas las continuas dudas que provoca la colocación de las mayúsculas, la nueva Ortografía ha optado por un criterio claro: "Se eliminan de los términos genéricos que se anteponen a los nombres propios (golfo de México, calle Felipe IV)". Además, la partícula ex se homologa al resto de prefijos, es decir, "se escribirán unidos a la base cuando sea una palabra simple (exmarido, antisocial, proamericano)" y separados cuando "afectan a bases léxicas compuestas (ex capitán general, pro derechos humanos)".
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid - 06/11/2010
EL PAÍS
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Etiquetas: Gramatical
Ruins of the medieval city of Shali, Egypt
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Etiquetas: Historia
viernes, 5 de noviembre de 2010
Cómo circular en una glorieta o rotonda
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Etiquetas: Tráfico
jueves, 4 de noviembre de 2010
Más de 6 millones de años con la cabeza bien alta
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Etiquetas: Historia
¿Hay animales con poderes hipnóticos?
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Etiquetas: Mundo Animal
miércoles, 3 de noviembre de 2010
LAS FLORES DEL MAR
ductilidad, perfección, acorde absoluto
con el ritmo de las mareas,
la insondable música
que nace allá en el fondo y es retenida
en el santuario de las caracolas.
La medusa no oculta nada,
más bien despliega
su dicha de estar viva por un instante.
Parece la disponible, la acogedora
que sólo busca la fecundación,
no el placer ni el famoso amor,
para sentir: Ya cumplí,
ya ha pasado todo.
Puedo morir tranquila en la arena
donde me arrojarán las olas que no perdonan.
Medusa, flor del mar. La comparan
con la que petrifica a quien se atreve a mirarla.
Medusa blanca como la X'Tabay de los mayas
y la Desconocida que sale al paso y acecha
desde el Eclesiastés al pobre deseo.
Flores del mar y el mal las Medusas.
Cuando eres niño te advierten:
Limítate a contemplarlas.
Si las tocas, las espectrales
te dejarán su quemadura,
la marca a fuego, el estigma
de quien codicia lo prohibido.
Quizá dijiste en silencio:
Pretendo asir la marea,
acariciar lo imposible.
Nunca lo harás: las medusas
no son de nadie celestial o terrestre.
Son de la mar que no es ni mujer ni prójimo.
Son peces de la nada, plantas del viento,
quizá espejismos,
gasas de espuma ponzoñosa
En Veracruz las llaman aguas malas.
José Emilo Pacheco
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Etiquetas: Poesía Ajena
LA LUNA
Cuenta la historia que en aquel pasadoTiempo en que sucedieron tantas cosas
Reales, imaginarias y dudosas,
Un hombre concibió el desmesurado
Proyecto de cifrar el universo
En un libro y con ímpetu infinito
Erigió el alto y arduo manuscrito
Y limó y declamó el último verso.
Gracias iba a rendir a la fortuna
Cuando al alzar los ojos vio un bruñido
Disco en el aire y comprendió, aturdido,
Que se había olvidado de la luna.
La historia que he narrado aunque fingida,
Bien puede figurar el maleficio
De cuantos ejercemos el oficio
De cambiar en palabras nuestra vida.
Siempre se pierde lo esencial. Es una
Ley de toda palabra sobre el numen.
No la sabrá eludir este resumen
De mi largo comercio con la luna.
No sé dónde la vi por vez primera,
Si en el cielo anterior de la doctrina
Del griego o en la tarde que declina
Sobre el patio del pozo y de la higuera.
Según se sabe, esta mudable vida
Puede, entre tantas cosas, ser muy bella
Y hubo así alguna tarde en que con ella
Te miramos, oh luna compartida.
Más que las lunas de las noches puedo
Recordar las del verso: la hechizada
Dragon moon que da horror a la halada
Y la luna sangrienta de Quevedo.
De otra luna de sangre y de escarlata
Habló Juan en su libro de feroces
Prodigios y de júbilos atroces;
Otras más claras lunas hay de plata.
Pitágoras con sangre (narra una
Tradición) escribía en un espejo
Y los hombres leían el reflejo
En aquel otro espejo que es la luna.
De hierro hay una selva donde mora
El alto lobo cuya extraña suerte
Es derribar la luna y darle muerte
Cuando enrojezca el mar la última aurora.
(Esto el Norte profético lo sabe
Y tan bien que ese día los abiertos
Mares del mundo infestará la nave
Que se hace con las uñas de los muertos.)
Cuando, en Ginebra o Zürich, la fortuna
Quiso que yo también fuera poeta,
Me impuse. como todos, la secreta
Obligación de definir la luna.
Con una suerte de estudiosa pena
Agotaba modestas variaciones,
Bajo el vivo temor de que Lugones
Ya hubiera usado el ámbar o la arena,
De lejano marfil, de humo, de fría
Nieve fueron las lunas que alumbraron
Versos que ciertamente no lograron
El arduo honor de la tipografía.
Pensaba que el poeta es aquel hombre
Que, como el rojo Adán del Paraíso,
Impone a cada cosa su preciso
Y verdadero y no sabido nombre,
Ariosto me enseñó que en la dudosa
Luna moran los sueños, lo inasible,
El tiempo que se pierde, lo posible
O lo imposible, que es la misma cosa.
De la Diana triforme Apolodoro
Me dejo divisar la sombra mágica;
Hugo me dio una hoz que era de oro,
Y un irlandés, su negra luna trágica.
Y, mientras yo sondeaba aquella mina
De las lunas de la mitología,
Ahí estaba, a la vuelta de la esquina,
La luna celestial de cada día
Sé que entre todas las palabras, una
Hay para recordarla o figurarla.
El secreto, a mi ver, está en usarla
Con humildad. Es la palabra luna.
Ya no me atrevo a macular su pura
Aparición con una imagen vana;
La veo indescifrable y cotidiana
Y más allá de mi literatura.
Sé que la luna o la palabra luna
Es una letra que fue creada para
La compleja escritura de esa rara
Cosa que somos, numerosa y una.
Es uno de los símbolos que al hombre
Da el hado o el azar para que un día
De exaltación gloriosa o de agonía
Pueda escribir su verdadero nombre.
Jorge Luis Borges
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Y SI DESPUÉS DE TANTAS PALABRAS...
¡Y si después de tantas palabras,no sobrevive la palabra!
¡Si después de las alas de los pájaros,
no sobrevive el pájaro parado!
¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo y acabemos!
¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte!
¡Levantarse del cielo hacia la tierra
por sus propios desastres
y espiar el momento de apagar con su sombra su tiniebla!
¡Más valdría, francamente,
que se lo coman todo y qué más da...!
¡Y si después de tanta historia, sucumbimos,
no ya de eternidad,
sino de esas cosas sencillas, como estar
en la casa o ponerse a cavilar!
¡Y si luego encontramos,
de buenas a primeras, que vivimos,
a juzgar por la altura de los astros,
por el peine y las manchas del pañuelo!
¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo, desde luego!
Se dirá que tenemos
en uno de los ojos mucha pena
y también en el otro, mucha pena
y en los dos, cuando miran, mucha pena...
Entonces... ¡Claro!... Entonces... ¡ni palabra!
César Vallejo
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martes, 2 de noviembre de 2010
EN EL ENTIERRO DE UN AMIGO
Tierra le dieron una tarde horribledel mes de julio, bajo el sol de fuego.
A un paso de la abierta sepultura,
había rosas de podridos pétalos,
entre geranios de áspera fragancia
y roja flor. El cielo
puro y azul. Corría
un aire fuerte y seco.
De los gruesos cordeles suspendido,
pesadamente, descender hicieron
el ataúd al fondo de la fosa
los dos sepultureros...
Y al reposar sonó con recio golpe,
solemne, en el silencio.
Un golpe de ataúd en tierra es algo
perfectamente serio.
Sobre la negra caja se rompían
los pesados terrones polvorientos...
El aire se llevaba
de la honda fosa el blanquecino aliento.
—Y tú, sin sombra ya, duerme y reposa,
larga paz a tus huesos...
Definitivamente,
duerme un sueño tranquilo y verdadero.
Antonio Machado
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BREVES ACOTACIONES PARA UNA BIOGRAFÍA
Cuando tengas dinero regálame un anillo,cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca,
cuando no sepas qué hacer vente conmigo,
pero luego no digas que no sabes lo que haces.
Haces haces de leña en las mañanas
y se te vuelven flores en los brazos.
Yo te sostengo asida por los pétalos,
como te muevas te arrancaré el aroma.
Pero ya te lo dije:
cuando quieras marcharte ésta es la puerta:
se llama Ángel y conduce al llanto.
Ángel González
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Así
Hice el libro así:Gimiendo, llorando, soñando, ay de mí.
Mariposa triste, leona cruel,
Di luces y sombra todo en una vez.
Cuando fui leona nunca recordé
Cómo pude un día mariposa ser.
Cuando mariposa jamás me pensé
Que pudiera un día zarpar o morder.
Encogida a ratos y a saltos después
Sangraron mi vida y a sangre maté.
Sé que, ya paloma, pesado ciprés.
O mata florida, lloré y más lloré.
Ya probando sales, ya probando miel,
Los ojos lloraron a más no poder.
Da entonces lo mismo, que lo he visto bien,
Ser rosa o espina, ser néctar o hiel.
Así voy a curvas con mi mala sed
Podando jardines de todo jaez.
Alfonsina Storni
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lunes, 1 de noviembre de 2010
La bici eléctrica plegable más mini
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Got Milk
Got Milk? - Watch more Funny Videos
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Best bee in UltraSlo slow motion macro
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domingo, 31 de octubre de 2010
Cambio de horario en el Invierno en Europa
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